A modo de presentación


“El análisis de las transformaciones sufridas por la Unión Soviética y de las luchas a partir de las cuales se han efectuado esas transformaciones es, por consiguiente, un análisis de máxima actualidad. Lo que está en juego en el desarrollo de tales luchas son precisamente las concepciones que siguen dominando masivamente al movimiento obrero de los países industrializados (concepción que, en su forma “invertida” -es decir, bajo diversas especies de “izquierdismo”- está igualmente presente en los movimientos revolucionarios de los países escasamente industrializados). Analizar lo más concretamente posible, a través de la extraordinaria experiencia de la Unión Soviética, los errores a los que conduce esa concepción constituye una “lección por la vía negativa” para que los que quieren luchar por el socialismo se desembaracen de tales concepciones.

El análisis de lo que ha ocurrido y ocurre en la Unión Soviética reviste especial importancia para los militantes y simpatizantes de los partidos revisionistas. Estos, en efecto, se encuentran “paralizados” ideológicamente en su capacidad de comprender el pasado de la Unión Soviética y, por eso mismo, su presente. Una manifestación de esta “parálisis” es su recurso a las fórmulas vacías sobre el “culto a la personalidad” o a la actitud consistente en adoptar ciertas distancias con respecto a la Unión Soviética, al mismo tiempo que se multiplican las proclamas de fidelidad a la “patria del socialismo”.

Tales fórmulas y actitudes testimonian una crisis ideológica más profunda de lo que puede parecer, susceptible de ser el preludio de una reflexión que ponga finalmente en entredicho las prácticas reformistas y revisionistas. Esa reflexión debe ser alimentada precisamente por un esfuerzo de comprensión del pasado y presente de la Unión Soviética. De no ser así, estamos condenados a permanecer encerrados en esquemas que oscurecen la historia real. Es visible que los dirigentes revisionistas temen desencadenar tal tipo de reflexión. De ahí las fórmulas mágicas sobre el antisovietismo con que es acogido todo intento de reflexión crítica sobre la historia concreta de la URSS. Semejantes fórmulas no tienen más función que la de intentar prohibir a militantes y simpatizantes de los partidos revisionistas plantearse cuestiones esenciales, cuestiones que permitirían a las luchas proletarias y populares desembocar en vías diferentes a la triada: reformismo electoral, luchas sindicales pretendidamente independientes de toda organización política y espontaneísmo.

Este análisis de la realidad soviética, de su pasado y de su presente, no es, evidentemente, más que uno de los elementos que pueden favorecer una clarificación ideológica y por tanto ayudar al movimiento obrero -y, más particularmente, al “marxismo” esclerotizado predominante hoy en una gran parte del mundo- a salir del círculo en que hasta hoy parece estar encerrado”.

Ch. Bettelheim

Las Luchas de Clases en la URSS

Primer Periodo (1917-1923)

 

 

 


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Tras La Mascarada… Peluquería y Maquillaje



Negociación – Territorio Vergara, Publico

En un artículo anterior que titulábamos Mascarada para un engaño general https://unionccp.wordpress.com/2010/11/01/29-s-mascarada-para-un-engano-general/ publicado a raíz de la pasada huelga general, exponíamos que el motivo principal de la convocatoria por parte de CCOO y UGT era una maniobra de distracción para ocultar las verdaderas intenciones de su política general: la colaboración de clase. Hay que recordar que esta política se concreta en términos económicos en convencer a la clase obrera de la necesidad de que colabore “voluntariamente” en el aumento de la explotación de la fuerza de trabajo asalariada (tanto en cuanto a la cuota como a la masa de plusvalía), a costa de empeorar sus condiciones de vida y trabajo a través del aumento de la productividad del trabajo, de la  flexibilidad de horarios, de la disminución del salario, del aumento de la jornada o la reducción de las pensiones.

Afirmábamos entonces que el objetivo de la huelga, lo que verdaderamente se perseguía desde el punto de vista político, era presionar a sus socios de componendas para hacerse un hueco en la mesa de negociaciones y poder defender los intereses del sector minoritario de los trabajadores que ellos representan, que no es otro que la llamada aristocracia obrera, a sabiendas de que lesionan los intereses de la inmensa mayoría de los trabajadores, en peores condiciones y más afectados por las consecuencias de la crisis. Pero en esta vida nada es gratis y esta política de colaboración de clase recibe a cambio el correspondiente y nada despreciable pago por los servicios prestados, ya sea como subvenciones del Estado, representatividad en distintos organismos, cursos de formación o negociación de los ERE`S, etc.

Una vez concluida la parodia de huelga general han obtenido lo que querían: participar con cierta fuerza en la Negociación y llegar rápidamente y sin mucho esfuerzos a un acuerdo con gobierno y patronal para firmar el tan anhelado Gran Pacto Social que nos sacará a todos de la crisis, que se resume en acordar una serie de medidas económicas y políticas que lleven a la recuperación de los beneficios empresariales y la reducción de los gastos del Estado, necesario para dicha recuperación.

Está claro que con el acuerdo global para un nuevo pacto social lo que se busca son los argumentos más “adecuados” para cerrar el paso a cualquier tipo de movilización que no esté controlada por ellos, encontrándose la negociación en un proceso de maquillaje que haga “atractivo” el apretón de mano entre los empresarios y los “trabajadores”, tutelado y avalado por el Estado. Todo este panorama se muestra aún más sangrante cuando se tiene en cuenta que sólo el diez por ciento de los asalariados de este país están afiliados a esos sindicatos, llamados “mayoritarios, y si sumamos todos los afiliados a los distintos sindicatos, en conjunto, no superan el catorce por ciento. ¿De qué representatividad están hablando? ¿Quién les otorga entonces la representatividad de los trabajadores de la que gozan? Pues sencillamente la imprescindible connivencia del Estado y de la patronal, ya que trabajan a favor de sus intereses para mantener el actual estado de cosas.

Las reuniones que se están celebrando a puerta cerrada y sin publicidad, es la manera como se escenifican los acuerdos, que en realidad ya están sellados de antemano y  orientados a reconducir la tendencia actual de la economía capitalista, que se encuentra en un atolladero, en una de las múltiples crisis que acechan el funcionamiento del capital. Las distintas directrices de los organismos del capital internacional (FMI, Banco Mundial, UE, OCDE…) están centradas a recortar de forma drástica el déficit público de los distintos Estados, es decir, el dinero destinado a mantener las “condiciones externas” del funcionamiento del capital social, improductivo desde el punto de vista económico pero necesario desde el punto de vista político, para mantener la paz social.

Las medidas no están encaminadas a eliminar estas condiciones sino a reducirlas con el objeto de recortar el aprovisionamiento por parte del Estado y de eliminar las trabas que dificultan la explotación de la fuerza de trabajo en el sentido de aumentar la cuota y la masa de plusvalía.

Por un lado, está la Reforma Laboral que tiene la finalidad de abaratar el despido colectivo, aumentar la precariedad del trabajo y abrir el abanico de la contratación laboral para adecuar la fuerza de trabajo a las necesidades concretas del Capital. Por otro, está la Reforma de las pensiones que tiene como propósito prolongar la vida útil de explotación de la fuerza de trabajo en beneficio de las empresas, aumentar la vida de cotización a la Seguridad Social de la fuerza de trabajo en beneficio del Estado capitalista, y recortar la cuantía de la pensión a pagar por el Estado en perjuicio de los trabajadores. Luego está la negociación colectiva que prepara las condiciones para favorecer la compra de la fuerza de trabajo por el capital mediante la paulatina eliminación de los convenios colectivos e ir instaurando la negociación individual en cada empresa, vis a vis, el trabajador individual frente al empresario, sabiendo quién tiene las de ganar, el patrón, con la “garantía” del Estado con sus leyes y el apoyo entusiasta de los sindicatos colaboracionistas. En realidad esto ya está ocurriendo en determinados sectores de la producción, pero de lo que se trata es de institucionalizarlo, hacerlo ley.

¿Qué argumentos se nos propone para que aceptemos la Reforma de las pensiones? Se nos dice que como ha aumentado considerablemente las perspectivas de vida, y ante el envejecimiento de la población, es lógico que aumente en igual medida el tiempo total de trabajo y el tiempo de cotización para recibir el derecho a la pensión y a la cuantía de ella, pues de lo contrario estaríamos contribuyendo a romper las condiciones para mantener el actual sistema. Hay algunas voces que incluso defienden la tesis de que no hace falta poner en marcha estas medidas del gobierno a condición de que se cree un nuevo impuesto para sufragar el aumento del gasto destinado a las pensiones. Esta propuesta es igualmente perniciosa aunque presentado de otra manera, desde otro punto de vista, más atractivo, pues de lo que se trata es de sufragar el aumento a través del recorte del salario vía aumento de los impuestos.

La acción política comunista no puede estar de ningún modo supeditada a las necesidades o posibilidades del Estado capitalista, pues este aparato, pilar en el cuál se sostiene la sociedad burguesa, no es nada neutral, aunque así nos lo tratan de presentar hasta los propios partidos revisionistas y oportunistas. Y tampoco puede ocultar su carácter de clase, ya que viene determinado por las funciones que realiza, destinado a garantizar las condiciones político-jurídicas e ideológico-represivas para la valorización del Capital.

Es, por ello, por lo que la política comunista debe orientar su acción sobre la línea de flotación del régimen capitalista de producción: su financiación. La acción de las masas debe ir dirigida con la intención de no acudir en auxilio o al rescate de las necesidades de la burguesía, tanto en el sentido de aumentar los gastos que sirven para satisfacer las necesidades de las clases explotadas, como en el sentido de no aportar dinero para su financiación vía impuestos. En este sentido, hay que hacer un esfuerzo para romper con la “lógica” de la dinámica impositiva del Estado, sustituyéndola por la lógica de la lucha de clases.

¿Qué hacer entonces?

Desde luego lo que no hay que hacer es asumir las indicaciones que nos lanzan los distintos protagonistas comprometidos en las negociaciones, ya que lo que persiguen unos y otros es que colaboremos con sus propósitos, es decir, con el mantenimiento del actual  régimen capitalista de producción. Alguien se preguntará, pero si no colaboramos ¿qué hacemos? La respuesta a esta pregunta no es sencilla, aunque no implica esperar sentados hasta que encontremos la solución acertada, pues ella dependerá del objetivo que se persiga y la fuerza con que se cuente.

El objetivo, si descartamos la colaboración de clase, no puede estar sujeta ni a lo posible, ni a lo deseable, sino a lo necesario desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera. En cuanto a la correlación de fuerzas dependerá de la capacidad con que se cuenta en cada situación concreta. Está claro que en este momento no es el más favorable para los intereses de la clase obrera para frenar las medidas que se van a adoptar; pero eso no implica que nos crucemos de brazos. Como lo importante no son los obstáculos que nos encontramos en el camino sino el propio camino a andar y la meta a alcanzar, lo más acertado es centrarse en ir creando las condiciones ideológicas y sociales en la dirección de construir una política que ponga en cuestión al propio sistema social, que vaya a las raíces de la explotación capitalista.

El fundamento de la lucha de los comunistas y la de los obreros consecuentes con los intereses de su clase no puede ser la oposición a la existencia de diferentes clases en el capitalismo, sino la oposición a la división en clases de la sociedad, a las condiciones económicas y sociales del régimen capitalista. Esto quiere decir que hay que trabajar por crear las condiciones para la revolución social, un proceso que tenga como finalidad eliminar la propiedad privada capitalista. Para ello es necesario crear las condiciones políticas para la construcción del partido que dirija ese proceso revolucionario en la dirección de derrotar a la burguesía. Esta es la condición sine qua non para iniciar la construcción de una sociedad sin clases: la sociedad comunista.