La CUC: Un Pacto Entre Caballeros Contra La Lucha de Clases

Después de leer y discutir en el seno de nuestro colectivo el documento elaborado por los camaradas del MAI: “La CUC: Un pacto de caballeros contra la lucha de clases”, hemos decidido reproducirlo en nuestro blog, pues representa un buen ejemplo de la lucha que hay que mantener contra el revisionismo y el oportunismo al profundizar en la crítica a las desviaciones que las tres organizaciones integrantes de la CUC, junto a otras, desarrollan en su concepción del marxismo y en su práctica política e ideológica.

Tenemos que recordar que el revisionismo constituye el enemigo principal en el seno de la clase obrera pues es una desviación burguesa que persigue apartar al proletariado de su lucha por la emancipación del Capital y de la construcción de la sociedad comunista. En estos momentos es más necesaria que nunca la denuncia del revisionismo y la lucha contra sus prácticas pues proyectan dentro de la clase obrera propuestas políticas que fomentan la colaboración de clase (apoyo a la democracia burguesa y la III República) como muestra de la posibilidad de una vía pacífica al socialismo.

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LA CUC: UN PACTO ENTRE CABALLEROS CONTRA LA LUCHA DE CLASES

La división del movimiento comunista en el Estado español es una realidad nada nueva. Los objetivos por los que luchar, la estrategia y la táctica adecuada para alcanzarlos, el marco de actuación sobre el que trabajar y, cómo no, el clientelismo sectario generado por las camarillas de cada organización, son algunos de los elementos a través de los cuales cristaliza esa división política y orgánica que cada vez preocupa más a las distintas fracciones de nuestro movimiento.

Estas diversas formas de afrontar la realidad material que tiene cada destacamento comunista en el Estado español,  tienen su origen en la concepción de esa realidad social de cada organización,  que está determinada por la aprehensión o no del marxismo como síntesis revolucionaria de todo el conocimiento humano puesto a disposición de la clase revolucionaria de nuestra época, el proletariado, que desarrolla su lucha de clase contra la burguesía en lo económico, en lo político y en lo ideológico.

Por esto  la justa solución a la división del movimiento comunista, que no deja de ser un concreto más dentro del todo social, no puede escapar a esa lucha entre las diversas concepciones que existen sobre el movimiento social, la marxista proletaria frente a las burguesas, y la división de nuestro movimiento se reproduce una vez más a la hora de abordar la cuestión  de su reestructuración en este país, surgiendo dos modos totalmente opuestos de enfrentar el problema: de un lado la Unidad Comunista  que se aleja de la dialéctica marxista y abraza el oportunismo más rancio. De otra parte, la Reconstitución del Comunismo como única estrategia válida para el proletariado revolucionario del Estado español en el actual período en que las necesidades del proceso revolucionario nos imponen el estudio del marxismo para poner la ideología al mando y poder así observar la realidad conforme a nuestras aspiraciones como clase revolucionaria.

En este contexto de lucha entre concepciones, de lucha ideológica en el seno de nuestro movimiento, de lucha de dos líneas como representación de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, nace la Coordinación de Unidad Comunista –CUC- como última representante de la línea de Unidad.

La CUC formada en marzo de 2010 por la Unión Proletaria, por el Colectivo Comunista 27 de Septiembre y por el Partido de los Trabajadores de España (PTE-ORT) tiene por objetivo la “Unidad de los Comunistas en un solo partido” y por ello se establece como “un organismo que coordine los esfuerzos y el trabajo práctico de cuantas Organizaciones Comunistas estén dispuestas a trabajar, en la práctica y no solo en la teoría, por la UNIDAD DE LOS COMUNISTAS”. [1]

La CUC se desentiende de la experiencia práctica del proletariado revolucionario a la hora de constituir sus organismos de clase. Se estriba en la repetición punto por punto de esa línea de Unidad Comunista que ya ha fracasado en multitud de ocasiones como modelo de construcción partidaria. Los oportunistas se muestran una vez más impacientes por crear un partido de masas que lejos de llevar el marxismo a “la práctica”, se aparta por completo de la ideología para ponerse a la cola del movimiento de resistencia de la clase obrera, entre el cual deambulan nuestros unificadores repartiendo sus panfletos con la venia de las organizaciones mayoritarias de la aristocracia obrera con las que pretenden confluir en la “unidad sindical y de izquierdas” por la que hacen propaganda desde sus distintos órganos de expresión.

Unidad vs Reconstitución; Pacto vs Lucha de clases

La línea de Unidad Comunista sienta su base en la premisa de que el marxismo-leninismo ya ha sido asumido por la mayoría de organizaciones que se proclaman comunistas. La unidad pasa entonces por un acto administrativo, un Congreso de Unificación, en el cual la simple admisión de unos compromisos generales basta para establecer la línea divisoria entre comunismo y revisionismo.

Nosotros siempre hemos defendido que la ideología revolucionaria es el punto de partida para la construcción de todos los instrumentos de la Revolución Proletaria, los cuales se crean al calor de las necesidades de la propia Revolución. Que esta ideología debe estar al mando del proceso revolucionario pues es la que nos permite conocer y comprender las leyes objetivas de la realidad social que pretendemos transformar. Una realidad en constante movimiento y que, por tanto, necesita un estudio continuado que nos facilite el ir añadiendo de forma sintetizada las experiencias del proletariado en su lucha de clases contra la burguesía. Esto es algo que desde el MAI estamos desarrollando ya como una de las tareas objetivas del proceso revolucionario encaminado a la reconstitución del Partido Comunista.

Sin embargo para los integrantes de la CUC la cuestión de la ideología está ya resuelta en el seno de la vanguardia comunista del estado español. Afirmación que choca con una testaruda realidad que muestra a multitud de organizaciones que se reclaman del marxismo-leninismo pero que están disgregadas y divididas. ¿Cómo explicar esto eludiendo la cuestión de partida, el problema de la ideología? Los jefes de la UP se remiten al carrillismo [2] como el agente fraccionalista que sembró la división y el desconcierto en el viejo PCE. Un escueto análisis, el del fraccionalismo, que unido a la repetición machacona y constante de la palabra “Unidad” esconde la verdad: que el PCE fue liquidado por el revisionismo como acabó sucediendo con todos los partidos de la III Internacional, mucho antes de que entrase en acción el eurocomunismo carrillista. Que la ideología proletaria fue derrotada en el seno de ese Partido como paso previo para su liquidación como organización de vanguardia del proletariado en el estado español. Y que por ello es necesaria la reconstitución de la ideología para delimitar los principios del proletario revolucionario y ponerlos en guardia contra toda influencia burguesa que limite nuestra actividad social como sujeto revolucionario organizado.

Según el plan de Unidad Comunista para crear el “nuevo” PCE, ese Partido Unificado, basta con la simple unión de las distintas familias del marxismo-leninismo que hoy se hayan separadas, lo que provocará un genial “efecto multiplicador”  que llevará a los comunistas a estar en todos los frentes espontáneos de la clase obrera para poder ser más papistas que el papa y ser los más republicanos, los más feministas, los más antinucleares…

“La unidad de los comunistas en España nos permitirá alcanzar una cantidad importante de militantes en una sola organización, lo que posibilitará el desarrollo de las propuestas comunistas entre la clase obrera y el pueblo trabajador, en todos los territorios y en todos los frentes parciales de lucha. Lograremos así un efecto multiplicador, tanto en la acción de masas, como en la propaganda y en la labor de organización de nuestra clase. En un solo Partido Comunista, se unirán cuadros que hoy pertenecen a diversos destacamentos marxistas-leninistas, a diferentes sindicatos, a sectores distintos de la clase obrera, al movimiento republicano, al movimiento antifascista, al movimiento estudiantil, etc., y todos ellos, colaborando en una acción coordinada y más racional, bajo una única dirección, unas únicas propuestas y una única bandera. La unidad de los comunistas también tendrá un efecto multiplicador de calidad. La unidad de las experiencias de las diversas organizaciones, de su crítica y autocrítica, de sus elaboraciones teórico-políticas, de sus programas, de su propaganda y de su trabajo de masas, multiplicará la calidad del Partido Comunista unificado.” [3]

Gracias al milagro multiplicador de los panes y los peces ya no es necesario conquistar la independencia ideológica, condición de la política, del proletariado, a pesar de su liquidación política, orgánica e ideológica. Una conquista  que durante  el Ciclo de Octubre realizó primero el bolchevismo y luego la Comintern en lucha contra el revisionismo de la II Internacional. Lucha que provocó la división política internacional del movimiento obrero y la diferenciación de los comunistas revolucionarios respecto del resto de tendencias existentes en el seno de la clase obrera, evidenciando el salto cualitativo producido entre la vieja socialdemocracia (como representante del movimiento de resistencia de la clase), anclada en la reforma del estado burgués y los frentes parciales, y los comunistas (vanguardia revolucionaria de la clase) que luchaban por el derrocamiento de la burguesía  y se organizaban para alcanzar ese objetivo innegociable. Hoy, según la CUC , solo hace falta proclamarse comunista y aceptar unos cuantos puntos en común lo suficientemente heterogéneos como para que permitan la tan preciada Unidad que nos lleve inmediatamente a las “amplias masas” que quedan al margen del proceso en que los comunistas deciden unificarse por decreto. Y es que el Partido Comunista no es para los señores de la CUC  la unidad objetiva de vanguardia y masas, de ser y conciencia, sino la unidad intersubjetiva y voluntariosa de todos los que trabajan por la Unidad de todos los comunistas, máxime en estos tiempos de crisis en que “la unidad de los comunistas se ha vuelto una necesidad urgente por la ofensiva de la burguesía contra los trabajadores”  [4] pues al parecer la construcción de los organismos revolucionarios depende de la política implementada por la burguesía y no de la vanguardia revolucionaria, que deberá ir a remolque de los acontecimientos. Es decir, que para la CUC el devenir del movimiento revolucionario depende en primera instancia de factores externos al mismo movimiento. ¡Toda una lección de marxismo! adaptado a las necesidades del oportunismo más rastrero.

A pesar de su palabrería y su parafernalia, los revisionistas unificadores reniegan de los principios que pregonan haber asumido y defender  pues se desentienden de las tareas objetivas que nos impone la reconstitución del Partido Comunista: la reconstitución ideológica del comunismo como conditio sine qua non para transformar el mundo mediante  la praxis revolucionaria, entendida como fusión del socialismo científico y el movimiento obrero. Fusión que convierta la teoría general del comunismo en Línea Revolucionaria, en Programa Político Revolucionario aplicado a una sociedad determinada, el cual no será ya ni los principios como tales ni la realidad en sí misma, sino su negación dialéctica (la revolucionarización de ambos contrarios). Porque el marxismo-leninismo fusiona el conocimiento y el saber de la humanidad con la posición objetiva del proletariado bajo el régimen social productivo existente y permite que su actividad práctica se convierta en actividad revolucionaria emancipatoria, relacionando la actividad consciente del sujeto con las leyes objetivas del desarrollo de la materia. De aquí la necesidad de haber aprehendido la ideología como tarea previa para transformar la realidad en el proceso revolucionario en que el proletariado se transforma a sí mismo.

Obviamente la traición a la ideología proletaria no puede presentarse como tal, sino que la CUC lo hace desde la conciliación ideológica de sus distintas organizaciones. “¡Si ya compartimos análisis!” brama la UP, “compartimos nuestra filosofía” repite el PTE-ORT (más abajo comprobaremos con detalle cuáles son las conclusiones a las que llegan estos grupos utilizando “nuestra filosofía”). Y se conforman con estas proclamas para dejar los problemas ideológicos en un segundo plano a pesar de ser fundamental pues sobre él se cimenta el movimiento revolucionario. Y para el debate proponen cuestiones tácticas y de Programa político, que como buenos revisionistas utilizan, en vez de como plasmación de los principios generales del proletariado en la realidad concreta, como oferta electoral con la que trapichear con otros grupos políticos en aras de repartirse la representación de la clase obrera dentro del maremágnum republicano y popular.

Vanguardia y masas; sus contradicciones y la reconstitución del P.C.

La Unidad Comunista como forma de construcción partidaria separa a la vanguardia proletaria de sus masas. El Partido se construye alejándose de las masas mediante la unidad de los que ya son comunistas. Se denota en este modo de actuar el dogmatismo y cerrazón con que son observados los conceptos de vanguardia y masas: para el revisionismo la masa siempre será la parte de la clase que no está organizada en partido, las masas profundas de la clase obrera. Y por eso las dejan fuera de su proceso de unidad. Pero el concepto de masas está relacionado directamente con el estado de la vanguardia, con la situación política e ideológica en que se halle el sector más avanzado de la clase. No es el aspecto cuantitativo el que determina que es la masa, sino lo cualitativo, la correlación de fuerzas de clase respecto de la vanguardia revolucionaria, su posición respecto a todas las clases que se relacionan en una sociedad. Así las masas no pueden ser hoy los obreros que simplemente luchan por la mejora de sus condiciones de vida. Las masas para la vanguardia revolucionaria deben ser hoy quienes están predispuestos a la asunción colectiva de la ideología proletaria. Por ello el Partido no puede construirse de espaldas a las masas, porque es precisamente la relación de éstas con su vanguardia, su movimiento y elevación hacia las posiciones de lo más avanzado de la conciencia proletaria la que determina la existencia o no de Partido Comunista, si se concibe este al modo leninista y no al viejo modo burgués como máquina burocrática de representatividad de las masas ante el parlamento y el resto de instituciones burguesas, que es en definitiva como lo contemplan los de la CUC.

La línea de unidad comunista proyecta graves deficiencia de construcción política  que poco tienen que ver con  lo que nos enseña el marxismo-leninismo en cuanto a la relación entre vanguardia y masas. El revisionismo representado por la CUC no logra separarse de la visión burguesa de las organizaciones de clase. De una parte, la CUC, como fiel defensora de la Unidad Comunista, separa a vanguardia y masas a la hora de “unificarse en un solo partido” y de otro proclama que la táctica comunista tiene el deber de “ganarse a las masas de la clase obrera, de unir la lucha económica a la lucha política, de elevar a la clase obrera en conciencia y organización”. [5] Es decir que primero muestran a la vanguardia y a las masas de la clase como elementos ajenos entre sí, sin relación y luego de pronto aparecen unidos y en armonía, produciéndose un salto inexplicable que provoca que la unidad organizativa de los comunistas realizada de espaldas a las masas  se traduzca en un supuesto programa político revolucionario que fusiona ya a vanguardia y masas y  permite “unir la lucha económica a la política”. Con este punto de vista certifican  que el revisionismo encarnado en la CUC ha renegado del materialismo dialéctico para pasarse, siendo generosos, a las filas del mecanicismo más vulgar. Porque se desentienden, primero, de la relación dialéctica entre vanguardia y masas como aspectos contradictorios que son pues los separan y unen a su antojo sin señalar el salto cualitativo que se produce cuando la vanguardia se fusiona con las masas y logra transformar a ambos,  que se sintetizan en Partido Comunista. Y segundo y más importante, se olvidan de todo el sistema de contradicciones que rodean a las relaciones entre la vanguardia (que no es algo monolítico y que encierra numerosas contradicciones internas) y las masas (que como hemos dicho son variables y dependen de la posición de la vanguardia). Un sistema de contradicciones que la vanguardia debe ir resolviendo sucesivamente, no por devaneos voluntaristas, sino porque la dialéctica marxista nos muestra que solo a través de su revolucionarización constante la vanguardia obrera puede avanzar. Y obviar esto es obviar las leyes fundamentales de la dialéctica que rigen el devenir de la materia social y de las que no puede escaparse la organización política del proletariado por muchas vueltas que quieran darle los revisionistas unificadores.

El sistema de contradicciones en el que se halla inmerso la vanguardia obrera, plantea en estos momentos la lucha de contrarios como lucha ideológica entre vanguardia teórica marxista-leninista y vanguardia teórica no marxista-leninista. Para desarrollar correctamente esta contradicción los comunistas debemos crear los  vínculos políticos y organizativos que permitan la unidad de esos elementos contradictorios (solo posible a través de su revolucionarización) en forma de proceso revolucionario para lo cual la lucha de clases se desenvuelve como lucha de dos líneas en el seno de la vanguardia teórica de la clase obrera. Entre la línea revolucionaria coherente con los principios del marxismo-leninismo y la línea revisionista y oportunista que bajo una verborrea pseudo revolucionaria esconde el programa reformista (la III República) y economicista (el sindicalismo) propios de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera.

Esta Lucha en la que nos hallamos inmersos se resuelve como  Reconstitución Ideológica del Comunismo que devuelva al marxismo-leninismo a la posición de teoría de vanguardia del proletariado como paso previo a la conquista de la vanguardia práctica del movimiento obrero la cual se convertirá, una vez reconstituida la Ideología, en la masa a la cual debe dirigirse la vanguardia comunista. Es en este sentido como se desarrollan las contradicciones, como avanza el movimiento comunista y como se demuestra que la vanguardia debe organizarse en base a tareas establecidas desde el estudio de la realidad material (en la que se incluye nuestro movimiento) y ante las cuales, a medida que se van resolviendo, se debe readaptar la organización política obrera. Pues cuando la vanguardia teórica se dirija a la vanguardia práctica, a esos obreros que son vanguardia del movimiento de resistencia de la clase, se habrá operado ese salto cualitativo en las tareas del movimiento revolucionario que estará ya en condiciones de transformarse en Partido Comunista al poder fusionar a ser y conciencia en un todo indisoluble. Por tanto la vanguardia siempre tiene una Línea de Masas, dirigida a ese sector de la clase, que no siempre es el mismo, al  que ha de elevar a sus posiciones ideológicas y políticas. Es así, en las condiciones que ha instaurado la finalización del Ciclo de Octubre, cómo se plasma concretamente esa profunda imagen leniniana del “eslabón de la cadena” al que es preciso asirse para que el movimiento pueda seguir desarrollándose (imagen que por sí misma debería contribuir a desterrar entre los autoproclamados leninistas esa concepción holística –la posibilidad de desarrollar una labor multifacética, sindical, política, ideológica, etc., espontánea e inmediatamente- sobre las tareas que afronta la vanguardia).

Es pues un error compartimentar a “vanguardia” y a “masas” como elementos inconexos antes de la constitución del Partido Comunista, como hacen los defensores de la línea de Unidad Comunista. Vanguardia y masas siempre deben tener vínculos políticos determinados por el desarrollo de la lucha de clases. Hoy esos vínculos, esa Línea de Masas de los comunistas revolucionarios, se muestran a través de la lucha de dos líneas contra el revisionismo, encaminada a la conquista de la vanguardia teórica de la clase para el movimiento revolucionario en su proceso de desarrollo hacia Partido Comunista. Cuando el Partido esté reconstituido esos vínculos  de la vanguardia con las masas se mostrarán a través del movimiento revolucionario, cuando la aportación de la ideología proletaria al movimiento se concrete en movimiento organizado, en suma de organizaciones, en Partido Comunista, que aúne a la vanguardia y el movimiento de las masas hacia ésta (es decir, hacia el marxismo-leninismo) desarrollando Guerra Popular y generando Nuevo Poder.

Y esta ligazón, esta unidad, se traduce en política a través de los distintos organismos que genera el movimiento a medida que se desarrolla. Organismos que pueden coincidir en algún momento con los ya creados espontáneamente por las masas en sus luchas económicas, pero que en general van contra el viejo modelo político y organizativo del  movimiento espontáneo que apuntala la posición objetiva del proletariado en la sociedad y le niega su conciencia revolucionaria.

Esto, que no lo quiere comprender el revisionismo, se muestra en su concepto de ligazón con las masas: para el revisionismo su unidad como vanguardia con las amplias masas no viene determinada por la generación de organismos revolucionarios de masas en su lucha contra el Estado burgués, sino que su unidad es observada  desde la concepción burguesa de la unidad: como apoyo electoral de las masas a “su” partido, como apoyo en las elecciones sindicales y en las huelgas pacíficas a “su” sindicato… convirtiendo la representatividad burguesa en el baremo para medir su relación con las masas ya que enajenan a estas su papel en la historia de ser ejecutoras de su dictadura revolucionaria de clase (siendo objeto y sujeto de la transformación revolucionaria de la sociedad)  para convertirlas en meras masas delegantes ante un aparato burocrático externo a ellas (el Partido de viejo cuño o partido/sindicato).

Es necesario hacer Balance del Ciclo de Octubre

La conquista de la vanguardia teórica es imposible sin hacer un Balance del Ciclo de Octubre para poder asumir desde una perspectiva materialista e histórica toda la experiencia práctica acumulada por el proletariado para así avanzar en el proceso del nuevo Ciclo de la Revolución Proletaria Mundial. Porque aquí no vale el borrón y cuenta nueva. El legado de Octubre no puede ser retomado sin más, porque ha acabado en una dura derrota para el proletariado revolucionario y en un repliegue en todos los frentes desconocido hasta el momento. Reconocerlo no es derrotismo, sino la base de partida para lograr las victorias del futuro. El aquí no ha pasado nada al que se adhieren todos los que niegan la autocrítica comunista como la otra cara de esa moneda que niega la crítica científica de la sociedad capitalista. Porque crítica y autocrítica mantienen una relación dialéctica que en el caso del movimiento comunista le permiten  avanzar como unidad de contrarios, como crítica de la realidad existente y como autocrítica del movimiento práctico encaminado a transformar esa realidad. La autocrítica es pues esencia del materialismo dialéctico pero esto puede ser poco entendible para los que han renegado de la dialéctica. Por ello camuflados en los nuevos tiempos, los revisionistas que tildan de dogmático cualquier intento por retomar la ideología comunista, son en realidad los verdaderos feligreses del dogma que se oponen a la autocrítica empleándose a fondo para que nadie toque a sus iconos políticos, convirtiéndose con ello en obstáculos en el camino de la reconstitución de la ideología y el Partido de la clase obrera.

El estudio heterodoxo de la realidad basado en nuestros principios ideológicos, la crítica y la autocrítica como banderas de combate, no deberían ser tomadas por extrañas por los comunistas pues es lo que Marx y Engels hicieron con las revoluciones de su tiempo. Estudiarlas desde la dialéctica y analizarlas para poder desarrollar los principios políticos de la clase obrera en una situación concreta. Y lo mismo se puede decir de V.I.  Lenin, de José  Stalin o de Mao Tse-Tung. Pero con todo la CUC, como fiel representante del revisionismo, reniega de esta tarea, la esconden bajo la alfombra del oportunismo y llaman a la clase obrera a enfrascarse en sus luchas espontáneas  para alejarla de la ideología y ahogarla aun más en ese pantano economicista en que sus predecesores revisionistas, desde Bernstein y Kautsky  hasta Togliatti y Ludo Martens, metieron al comunismo y al proletariado durante el pasado Ciclo mientras convertían en símbolos  sin contenido revolucionario, en auténticos iconos de culto, a Marx, Engels, Lenin…

Las contradicciones entre vanguardia y masas las soluciona el revisionismo poniéndose a la cola del movimiento de resistencia de masas, ocultando su relación dialéctica y presentando a ser (movimiento) y conciencia (socialismo científico) como elementos armónicos. Esto solo puede producir un retroceso para el movimiento revolucionario puesto que impide que los contrarios se desarrollen para llegar a su síntesis, el Partido Comunista, devolviéndonos a las viejas concepciones socialdemócratas del partido político como partido de masas, como representante de la conciencia en sí de la clase obrera . Esa concepción del Partido en la época del imperialismo es la concepción partidaria propia del revisionismo, propia de la burguesía. Una visión rebasada ya por el bolchevismo hace un siglo. Por eso es indispensable reconstituir la ideología para entender qué es el Partido de Nuevo Tipo, pues si la ideología no ha sido asumida es imposible que esta pueda tornarse en programa revolucionario.

La necesidad de la resolución teórica de todas las contradicciones existentes, premisa indispensable, como nos enseñan Marx y Lenin, para su resolución práctica en la marcha de la lucha de clase proletaria, ya sea como lucha de dos líneas o como lucha por conquistar a lo más profundo de la clase, nos lleva a sistematizar, en la medida de lo posible, las tareas de la vanguardia revolucionaria desde el análisis científico de la realidad que pretendemos transformar. Una sistematización que nos permita definir la estrategia y las tácticas necesarias para construir el Socialismo desde las condiciones actuales de la clase obrera. Sin embargo ante los revisionistas esta tarea, fundamental para relacionar nuestra actividad actual con el futuro que pretendemos conquistar, y que Lenin denominó táctica-plan, solo levanta dolores de cabeza. No quieren saber nada del Poder Revolucionario pues prefieren mendigar ante la burguesía un puesto parlamentario en su futura República para seguir jugando al sindicalismo y dedicarse a emitir comunicados de apoyo en solidaridad con tal o cual lucha obrera que nunca dirigirán. No pretenden la creación  de cuadros comunistas entendidos al estilo bolchevique, como revolucionarios profesionales. Para estas gentes el comunista tipo es aquel afiliado a CCOO que pretende entrar en un Comité de Empresa para estar cara a cara con la patronal y para el que la cuestión ideológica  no es más que una pérdida de tiempo que le impide centrarse en las próximas elecciones municipales.

Ante esta situación, los comunistas revolucionarios debemos poner las cosas en su sitio y no transigir con el sindicalismo de salón que los revisionistas pretenden hacer pasar por comunismo. Para entender la importancia de la ideología y la sistematización de deberes a la hora de constituir los instrumentos de la Revolución Proletaria Socialista volveremos sobre el ejemplo del Partido Comunista del Perú, de cuya constitución ya hemos hablado en más ocasiones y de cuyo análisis huyen despavoridos  todos los revisionistas de la vieja Europa que reniegan igualmente de la necesidad del Balance del Ciclo de Octubre. Porque la reconstitución del PCP es toda una lección para el proletariado internacional pues desde que la vanguardia teórica del proletariado peruano se planteó la toma del poder empezó a organizarse en base a ello y sistematizó las tareas de la vanguardia revolucionaria desde la Lucha de dos líneas iniciada en los años 50 hasta la fase de equilibrio estratégico alcanzado  durante la Guerra Popular a inicios de los 90. El Partido Comunista del Perú se construyó previa elaboración de la ideología de vanguardia (lucha contra el revisionismo y, desde allí, aplicación de lo mejor del marxismo del Ciclo a la realidad peruana) desde fuera del movimiento inmediato, como ya explicó Lenin en ¿Qué Hacer?, llegando a poner contra las cuerdas al Estado reaccionario peruano:

“Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. La historia de  todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas solo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras. Por su posición social, los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa. De igual modo, la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independiente por completo del crecimiento espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural e ineludible del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas. Hacia la época de que tratamos, es decir, a mediados de los años 90, esta doctrina no sólo era ya el programa, cristalizado por completo, del grupo Emancipación del Trabajo, sino que incluso se había ganado a la mayoría de la juventud revolucionaria de Rusia” [6]

A mediados de los años 50 el PCP estaba desestructurado debido a los diversos golpes recibidos por el Estado. En esos años en el PCP se inicia la lucha de dos líneas entre el marxismo y el revisionismo reproduciéndose la lucha ideológica que a nivel internacional se daba entre los revisionistas soviéticos y los comunistas chinos. Así comienza en Perú la Línea de Reconstitución del Partido, implementada por la Fracción Roja del PCP.

En 1962 en el IV Congreso del PCP la Fracción Roja plantea que solo mediante la vía armada es posible la toma del Poder en Perú. Los revisionistas, mayoría en ese Congreso, adoptan la  ambigüedad, tan propia de los oportunistas, reconociendo teóricamente las “dos vías”, la pacífica y la violenta, pero en los hechos siguen la vía pacífica y el electoralismo mediante la coalición con la burguesía en el Frente de Liberación Nacional. El oportunismo reconoce de palabra la lucha armada, pero en los hechos aplica las tesis revisionistas del socialismo pacífico: elecciones y frentismo interclasista para reformar el Estado y sindicalismo para acumular fuerzas. Los comunistas del Perú no cesan en su combate contra el revisionismo y en 1967 se inicia el “Plan estratégico de Reconstituir el Partido para la Guerra Popular”. Esto marca un verdadero hito histórico en la experiencia universal proletaria puesto que desde la lucha de dos líneas la vanguardia revolucionaria preparó la reconstitución del Partido Comunista desde el principio marxista de derrocar mediante la violencia el orden social burgués. Para implantar la dictadura del proletariado la línea revolucionaria, encabezada por Abimael Guzmán,  “Presidente Gonzalo”, pone en el debate los 4 problemas de la Revolución, que se tornarán en el sistema de contradicciones a resolver por parte de la vanguardia proletaria del Perú: el problema de la guía ideológica, el problema del Partido Comunista como dirigente del proceso revolucionario, el problema de la especificación concreta de la Guerra Popular y el problema de la construcción de las Bases de Apoyo o Nuevo Poder.

A partir de este momento se recrudece la lucha ideológica “Desarrollar a fondo la lucha interna” ,“Profundizar e intensificar la lucha interna en la práctica revolucionaria”, etc. Se trabaja por “armar a las masas para la Guerra Popular orientada por el marxismo-leninismo pensamiento Mao”. Durante los años 70 se especifica que el Partido sea el dirigente único de la Revolución, es decir, que el P.C. sea suma de organizaciones como preconizaron Lenin y Stalin: se prepara la construcción concéntrica de los instrumentos de la Revolución. El Partido crea el Ejército y desde este los Frentes (bases de apoyo de la guerra popular). El Partido sobre el fusil y la ideología proletaria atravesando todas las organizaciones del Partido, tal es la forma de construcción revolucionaria.  A finales de 1979 se acuerda el inicio de la Guerra Popular. El revisionismo negó la validez de la lucha armada basándose en que no había condiciones objetivas para desarrollarla. Se desentendió de la labor de estudio científico de la realidad y se limitó a actuar como un partido burgués, como los viejos partidos obreros.  En 1980 se inicia la Guerra Popular que conoció una década de éxitos hasta que la dirección del PCP cayó en 1992. Desde los años 50 hasta 1980 la vanguardia revolucionaria de Perú trabajó para que se diesen las condiciones subjetivas de la Revolución que pasan por la existencia del Partido de Nuevo Tipo:

“En síntesis, todo el proceso de la Reconstitución nos deja un Partido de nuevo tipo preparado para iniciar la guerra popular y dirigirla hasta la conquista del Poder en todo el país, proceso en el cual se forjó el contingente histórico que con la ideología del proletariado y bajo la dirección del Presidente Gonzalo estaba presto a asumir la conquista del Poder a través de la guerra popular.” [7]

Lo que nos demuestra la reconstitución del PCP y la Guerra Popular del Perú, dejando ahora de lado cuestiones polémicas, como la teoría de la Jefatura, es quela vanguardia ideológica marxista-leninista es el motor de la RevoluciónLa ideología ha de fusionarse con el movimiento obrero para dirigirlo conscientemente, desarrollando correctamente el sistema de contradicciones al que ha de enfrentarse, y del que forma parte, la vanguardia revolucionaria   desde la lucha de dos líneas dentro del movimiento comunista hasta el derrocamiento del estado burgués y la construcción del Poder de nuevo tipo.

Oportunistas sin complejos

Buenas intenciones… para enterrar al comunismo

Hasta aquí hemos realizado una crítica desde el punto de vista teórico del plan de Unidad Comunista que defienden los miembros de la CUC contraponiéndolo con el Plan de Reconstitución que defendemos y aplicamos desde el MAI. Ahora vamos a interesarnos por como llevan estos señores a la práctica sus planes, como los defienden y como hacen propaganda de ello.

Ya en el 2007 UP y PCE (m-l) dieron a conocer lo que llamaron “Diez Compromisos de los Comunistas Españoles”  con el fin de sentar la base de la futura unidad de los comunistas españoles. Toda una declaración de buenas intenciones:

“Lucharemos contra el revisionismo de derecha, que es un serio freno a la unidad del proletariado abocándole al espontaneísmo y a la inmediatez del reformismo. A la vez, lucharemos contra el revisionismo “izquierdista”, que es un serio freno para la unidad del proletariado por su sectarismo y radicalismo, abandonando a la mayoría de las masas y haciéndole el juego al reformismo. Tanto el espontaneísmo y el reformismo, como el sectarismo y el radicalismo, son atentados contra los intereses objetivos del proletariado, contra su unidad en pos de objetivos revolucionarios. Por todo ello, nuestro compromiso común de lucha contra el revisionismo de todo pelaje lo desarrollaremos en la disputa por una política revolucionaria, dentro del mismo movimiento de las masas, desenmascarándolo ante ellas en la misma lucha cotidiana.” [8]

Plantean la lucha de dos líneas “dentro del mismo movimiento de las masas”  (refiriéndose al movimiento espontáneo de la clase) algo que desde sus postulados, esos que se olvidan de las relaciones dialécticas existentes entre vanguardia y masas, es bastante coherente. No obstante esto significa reconocer la importancia de la ideología para el movimiento revolucionario pero, eso sí,  mezclando churras y merinas pues a la vez que se habla de “desenmascarar al revisionismo” se nos espeta la siempre bien sonante “Unidad de Acción”. Y esto choca con el reconocimiento de la lucha de dos líneas, aunque este se haga de forma timorata. Porque la unidad de acción  de los revolucionarios se presupone como  aplicación práctica de los principios ideológicos, políticos y organizativos del proletariado, para lo cual se debe haber llegado previamente a una cohesión ideológica que transforme esa Unidad de fracciones en un solo cuerpo orgánico, o mejor expresado, en una suma de organizaciones desde la perspectiva leninista de actuar bajo una sola dirección centralizada, excluyendo de este modo cualquier concesión al fraccionalismo propio de esas “uniones” orgánicas que carecen de cohesión ideológica y que no son más que una coordinación de elementos diversos y sin una base sólida. Pero esto es lo que tiene fundamentar la constitución del Partido Comunista en la unificación de fracciones en vez de cimentar esa Unidad sobre la base científica del marxismo-leninismo,  pues esta unidad que proponen los revisionistas es la que hace desfilar al movimiento por el barranco del oportunismo hasta encontrarse más tarde o más temprano con ese espíritu de grupo  que acabará haciendo antes o después propaganda por la “libertad de crítica” dentro del “Partido Unificado” (que es lo que plantean, como veremos, algunos fundadores de la CUC).

El PCE (m-l) y la UP siguieron su idílica relación para unificar a los comunistas españoles emitiendo un comunicado conjunto en julio de 2008 en el que expresaban que:

“Los marxistas-leninistas, al tiempo que combatimos la influencia burguesa sobre el proletariado y sus organizaciones, apoyamos sin reservas a todas las fuerzas que luchan por el socialismo, la democracia, la paz y la soberanía nacional frente al imperialismo y a la reacción.”

Y más adelante: “Frente a la oligarquía y su régimen, es necesaria la unidad política de la izquierda sobre bases consecuentemente democráticas y antioligárquicas, para impulsar la lucha en torno a un programa mínimo de carácter popular,  de defensa de los derechos sociales, laborales y políticos de la mayoría trabajadora, hacia la conquista de un nuevo marco político más favorable para el desarrollo del combate general por el socialismo: la III República.” [9]

Siguen los popes de la unidad dejando caer ante el resto de la vanguardia la idea de que hay que combatir las influencias burguesas dentro del movimiento obrero y esto mientras ese movimiento se fusiona con la burguesía en torno a un programa mínimo de carácter popular y de bases “consecuentemente democráticas”. Es complicado combatir a la burguesía enarbolando su bandera. Y es más difícil lograr la unidad comunista en base a la unidad popular, porque ¿con quién quieren unirse estos señores, con el proletariado revolucionario o con la burguesía antioligárquica?  Por el programa pacifista y democrático-burgués que plantean está bastante claro. Son los más acérrimos defensores del interclasismo, de la reforma bajo el régimen burgués y son por ello enemigos del proletariado al que quieren condenar a ser eterna comparsa de la burguesía. (Más adelante, a propósito del 29-S, ellos mismos se van a desenmascarar)

La UP como una de las máximas abanderadas de la táctica oportunista de unificación comunista, que pasa por la inmediata unidad “práctica” de los distintos destacamentos “comunistas”, es lógicamente la primera en renegar de la lucha ideológica en cuanto se le presenta oportuna ocasión. Por si a alguien le quedaba alguna duda sobre el oportunismo de estos elementos, veamos lo que dicen sobre la lucha de dos líneas cuando su plan de Unidad empieza a tomar tierra:

“Debemos unirnos para reclamar la preparación de la Huelga General. No debemos seguir dividiendo nuestras fuerzas en manifestaciones confrontadas que reflejan la debilidad actual del movimiento obrero y que, además, producen un efecto muy negativo sobre la mayoría de la clase obrera que no alcanza a entender los motivos de tal dispersión, contribuyendo a su desmovilización” [10]

Pero ¿no iban a desarrollar la lucha contra las influencias burguesas en el mismo movimiento de las masas? He aquí la lucha de estos señores, he aquí toda su palabrería hecha realidad. A la clase obrera, a la que adulan por sí misma, la tratan ahora como estúpida porque “no alcanzan a entender los motivos de tal dispersión”. Pues si ustedes son vanguardia, suyo es el deber de hacer que esas masas alcancen a entender los motivos de la división del movimiento comunista. Pero ni siquiera se plantean esta tarea  porque entonces esas masas verían que el mensaje de la unidad comunista de la CUC , de la UP y cía. es la versión “roja” de la refundación de la izquierda que propone esa coordinadora de burócratas electos que es Izquierda Unida. Porque para estos señores el ejemplo de Partido Comunista revolucionario es el del KKE y el del PC de Portugal. El espejo en el que mirarse para la CUC es del revisionismo que pretende la reforma del Estado imperialista, el del oportunismo que se dedica a encauzar la rabia del proletariado por vía electoral ocultando el carácter de clase del Estado burgués y sus instituciones.

Algunas lecciones políticas de la CUC.

Y es que los postulados ideológicos y políticos de la CUC parecen sacados de una película de Berlanga. Tras unas cuantas frases sobre la lucha ideológica, luego la niegan porque, como recogíamos más arriba, dicen que “compartimos nuestra filosofía”.  Pues bien, veamos cual es el resultado programático de lo que “compartimos” para el resurgido PTE-ORT:

 “Qué duda cabe que el planteamiento, de cómo llegar al Comunismo, que en su día tenían tanto Lenin como Mao, no tendría el respaldo del pueblo en el momento que vivimos, por las diferencias sociales que había entonces y las que hay ahora. El pueblo hoy, está inmerso en opciones de mejora social y disfrute que la sociedad capitalista le da y está más alejado de los deseos de lucha revolucionaria y de militancias en organizaciones y partidos políticos, de lo que estaba entonces, lo que hace necesaria una estrategia muy diferente de la que en aquellos tiempos de movimientos sociales repartidos por el mundo, inspiraron las tesis comunistas tal como las conocíamos de la mano de Lenin y de Mao Tsetung principalmente, ya que los fundamentos del marxismo-leninismo, siguen estando vigentes hoy en día, y son necesarios para una mejora real de las clases trabajadoras, pero no así, el camino para llegar a ellos.

Hablar hoy en día a la mayor parte de la sociedad de luchar por ejemplo, por la “dictadura del proletariado”, solo haría alejarnos de las masas, que mayoritariamente están acomodadas y más aún si les decimos que la alternativa para llegar a ello, sería la lucha armada.” (…)“Es necesario, que de ese Encuentro Estatal de Organizaciones Comunistas, salga la creación de un Movimiento político común de la vanguardia comunista, que conduzca nuestro trabajo Al Socialismo, adaptado a la nueva situación social que vivimos, que reconociendo los logros y beneficios con los que cuenta la mayoría de la sociedad, defienda y coordine, por un lado la solidaridad y la acción entre los partidos comunistas involucrados en este movimiento y por otro lado prepare la condiciones oportunas para que ese futuro Congreso Constituyente de Unificación de todos los Comunistas pueda celebrarse, promulgando ante la sociedad actual, la defensa de la transformación de la sociedad capitalista, en una sociedad socialista, por el propio convencimiento de las masas y no por el “fusil”, como preconizaban Lenin y Mao Tse-tung y como recogen, aún hoy en día, algunos “manifiestos comunistas actuales” (…) “Por todo esto, se hace cada día más necesario, la creación en España de un nuevo “Partido Comunista” adaptado a los cambios vividos en el siglo XX, con un funcionamiento interno alejado del rígido “centralismo democrático”, de otros tiempos, y que bajo la Democracia Participativa Interna, se fundamente principalmente en las bases comunes a la mayoría de los comunistas, del Marxismo- Leninismo, que nos guíe al socialismo, como paso previo al comunismo y la sociedad sin clases, pero modificando “el modo y forma” de cómo conseguirlo.” [11]

¡Nos hemos vuelto locos y hemos tirado la casa por la ventana! ¡Fuera fusiles y dictadura del proletariado! ¡Abajo la lucha ideológica y el centralismo democrático! Las lumbreras del nuevo PTE  tienen la poca vergüenza de autoproclamarse comunistas cuando son el mayor atajo de voceros anti-marxistas que hemos padecido dentro de nuestro movimiento desde que salieron a la palestra los socialfascistas de la UCE , ahora socios de la ultra Rosa Díez. La amplia cita traída hasta aquí, ejemplifica a la perfección quiénes son los promotores de la Unidad Comunista.

Según el PTE-ORT “el pueblo” está inmerso hoy día en opciones de mejora social y disfrute que le ofrece la sociedad capitalista. Pero ¿qué entienden por “el pueblo” en el PTE? ¿Les suena, aunque solo sea de oídas, el concepto de imperialismo? Con razón estos señores, socios de honor de la Coordinación de Unidad Comunista, han convertido en su caballo de batalla la reforma del Estado imperialista.

Vivimos en la época del imperialismo, fase superior del capitalismo. La división social del trabajo se ha desarrollado hasta tal punto que el mundo se ha unificado como mercado único y dividido conforme a la división internacional del trabajo que reproduce a las clases sociales en una escala global. Así han surgido unos cuantos países opresores y una mayoría de países oprimidos. La posición de los países opresores en este entramado mundial de relaciones capitalistas permite que en ellos surjan capas de la población que se benefician del expolio que comete su burguesía. Ya no hace falta ser explotador de trabajo ajeno ni tan siquiera ser propietario de los medios de producción, para gozar y “disfrutar” en la sociedad parasitaria capitalista. Pero incluir alegremente a todo “el pueblo” en este saco de clases privilegiadas es pura y dura propaganda burguesa. Es obvio que en el concepto de  “pueblo” que tiene el PTE-ORT lo que se incluye es la pequeña burguesía, la aristocracia obrera, la guardia civil o los futbolistas de la liga BBVA. Porque el pueblo que trabaja y está sometido, el proletariado, no está inmerso en ninguna bondadosa mejora social. Millones de trabajadores sin trabajo, millones de masas excluidas  por el sistema, millones de obreros inmigrantes, dan fe en las oficinas del INEM, en los extrarradios de las ciudades o en los campos de Andalucía del rostro verdadero del capitalismo: el de la miseria creciente de las masas explotadas que ven en los programas anti-crisis del comunismo republicano, véanse las 20 medidas anti-crisis elaboradas por la CUC [12], otra forma de perpetuar su subordinación económica y social al sistema imperialista. Algo que por otra parte, no debe preocupar mucho a quienes hacen propaganda del imperialismo chino. [13]

En cuanto a la dictadura del proletariado y la lucha armada, para el PTE son un pasado que debemos ocultar so pena de “alejarnos de las masas”. ¡Menudos cantamañanas! Según el PTE-ORT la dictadura del proletariado, y por ende el marxismo-leninismo en su conjunto, son producto de las inspiraciones infundadas por los movimientos sociales de otros tiempos a Lenin y Mao. Esto significa relegar a la vanguardia  a la categoría de retaguardia. Para estos revisionistas de la CUC la conciencia revolucionaria del proletariado es tan solo un subproducto de su movimiento espontáneo. Que es como decir que el “descubrimiento” de la dictadura del proletariado como organización de la violencia revolucionaria del proletariado convertido en clase dominante no se debe al estudio de las formas de Estado habidas hasta el momento, , ni parte de una concepción científica de la sociedad de clases que le dé validez universal. Para los socios de la unidad comunista la dictadura del proletariado es solo una consigna más de esas que caen del cielo y que ahora ya no sirve, como lo puede ser su consigna, hoy muy “revolucionaria”, de pedir al Estado imperialista ayudas para las sufridas PYMES. ¡Pues adelante señores! pero no mezclen la Revolución Proletaria Mundial con sus patrañas de retaguardia del movimiento de la aristocracia obrera.

Los revisionistas reniegan de la dictadura del proletariado porque reniegan del marxismo y del concepto de Estado como instrumento de la clase dominante que ejerce su control y violencia contra las clases dominadas. No son marxistas y por ello no quieren resaltar que el aspecto principal de todo Estado es su aspecto dictatorial por cuanto que es la organización política de la clase dominante imponiendo unos intereses determinados. Por eso los marxistas-leninistas, como vanguardia de la clase obrera, hablamos sin ningún temor de la dictadura del proletariado, porque nuestro objetivo como clase es imponer nuestra dictadura para acabar extinguiendo toda forma de Estado, mientras que los oportunistas no quieren acabar con el Estado, y como se destila de sus programas reformistas tan solo aspiran a defender  ad eternum el podrido Estado del bienestar. Y de aquí que odien  la violencia revolucionaria representada en los fusiles portados por las masas explotadas ejerciendo su papel en la historia. Porque los revisionistas son los más abnegados defensores de la paz bajo las bayonetas del imperialismo. Pero nada nuevo bajo el sol, pues contra este tipo de  elementos,  enemigos confesos de nuestra clase, ya apuntó firmemente Lenin en numerosas ocasiones:

“La dictadura es un Poder que se apoya directamente en la violencia y no está sometido a ley alguna. La dictadura revolucionaria del proletariado es un Poder conquistado y mantenido mediante la violencia ejercida por el proletariado sobre la burguesía, un Poder no sujeto a ley alguna. (…) Que la dictadura supone y significa una “situación” de violencia revolucionaria de una clase sobre otra, cosa desagradable para los renegados, es algo imposible de ocultar. (…) La revolución proletaria es imposible sin destruir violentamente la máquina del Estado burgués y sin sustituirla por otra nueva, que según palabras de Engels, “no es ya un Estado en el sentido propio de la palabra”. Kautsky tiene que encubrir y tergiversar todo esto, lo exige su posición de renegado.” [14]

Esencia de la dictadura del proletariado y poder soviético La victoria del socialismo (como primera fase del comunismo) sobre el capitalismo exige que el proletariado, en su calidad de única clase verdaderamente revolucionaria, cumpla las tres tareas siguientes. Primera: derrocar a los explotadores y, ante todo, a la burguesía, como principal representante económico y político de aquéllos; derrotarlos en toda la línea; sofocar su resistencia; hacer imposibles sus intentos de restaurar el yugo del capital y la esclavitud asalariada. Segunda: atraer y llevar tras la vanguardia revolucionaria del proletariado, tras su Partido Comunista, no sólo a todo el proletariado o a la inmensa y aplastante mayoría del mismo, sino a todas las masas de trabajadores y explotados por el capital; instruirlos, organizarlos, educarlos y disciplinarlos en el curso de una lucha irreductible, audaz, firme y despiadada contra los explotadores; arrancar de la dependencia de la burguesía a esta mayoría abrumadora de la población de todos los países capitalistas e infundirle, a través de la experiencia práctica, confianza en el papel dirigente del proletariado y de su vanguardia revolucionaria. Tercera: neutralizar o hacer inocuas las inevitables vacilaciones entre la burguesía y el proletariado, entre la democracia burguesa y el Poder soviético, por parte de la clase de los pequeños propietarios en la agricultura, la industria y el comercio –todavía bastante numerosas en casi todos los países avanzados, pero que constituye una minoría de la población- y por parte del sector de intelectuales, empleados, etc., que corresponde a dicha clase.” [15]

Kautsky como buen revisionista del marxismo, relegó el concepto de “dictadura del proletariado” a  palabreja  empleada por  Marx que había sido “sacada de contexto” por el bolchevismo. Kautsky hablaba de la democracia en general cuando se refería a la dictadura de la burguesía. Kautsky  planteaba como objetivo del socialismo la democracia pura, y por ello se hacía necesario para él y los suyos ocultar el carácter clasista de toda forma de Estado. Hoy para los que siguen sus pasos, los comunistas unificadores de la CUC , también se hace necesario ocultar que cualquier Estado es una dictadura de una clase sobre otra. A ellos, como al revisionista germano, se lo exige su posición de renegados anti-comunistas.

Con su filosofía,  que dicen compartir con el resto de comunistas (léase arrepublicanados), es normal que en el PTE, parte integrante de la CUC ,  defiendan sandeces idealistas como esta:

“… promulgando ante la sociedad actual, la defensa de la transformación de la sociedad capitalista, en una sociedad socialista, por el propio convencimiento de las masas y no por el “fusil”, como preconizaban Lenin y Mao Tse-tung y como recogen, aún hoy en día, algunos “manifiestos comunistas actuales

Al negar la dictadura del proletariado, los revisionistas unificadores, han liquidado el movimiento práctico del proletariado revolucionario encaminado a transformar la materia social, las relaciones y  fuerzas productivas, elevando a las posiciones de su vanguardia a toda la clase obrera. Un trabajo en que se ven implicados millones de trabajadores y el cual es imposible realizar solo con las ideas como armas, pues las ideas per se  no pueden transformar la materia. Es un absurdo idealista propagar la idea de que bajo las condiciones de la dictadura burguesa todo el proletariado  puede adquirir la conciencia de que debe transformar la sociedad y máxime cuando se hace apología, como hacen desde el PTE-ORT y la CUC , del sistema capitalista.  En palabras de Marx:

“[…] para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución.” * [16]

Y expresado más claramente por Lenin:

“Bajo la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y de pequeños propietarios, a centenares de miles de emplea dos, de funcionarios, de intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la dirección proletaria; habrá que vencer en ellos los hábitos burgueses y las tradiciones burguesas”; habrá también que “. . . reeducar . . . en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por un milagro, por obra y gracia del Espíritu Santo o por el efecto mágico de una consigna, de una resolución o un decreto, sino únicamente en una lucha de masas prolongada y difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre las masas” [17]

Estas concesiones al idealismo que realizan los revisionistas de la CUC,  tienen mucha miga porque dejan entrever lo que será la III República española, popular, democrática, laica, anti-oligárquica… pues todo el comunismo republicano defiende la necesidad de una III república en el Estado español como etapa intermedia de acumulación de fuerzas para llegar al Socialismo. Dan por sentado que en un Estado republicano (aunque eso sí con tintes anti-monopolistas) el proletariado estará capacitado para adquirir conciencia de la necesidad que tiene de  tomar el Poder. El proletariado podrá cogestionar con otras clases ese Estado anti-oligárquico en aras de la armonía social y democrática, pero no ejercerá aún su dictadura política en la futurible república intermedia. En otras palabras, será la burguesía quien siga imponiendo su dictadura. Entonces ¿Cómo va adquirir para nuestros arrepublicanados conciencia revolucionaria el proletariado si está implicado en la gestión republicana del aparato estatal de la burguesía? Pues necesariamente, tras su renuncia a la violencia revolucionaria y la dictadura del proletariado, a través de la propaganda y de las ideas que su vanguardia emitirá en un ambiente de libertad “infinitamente superior” al que concede la burguesía bajo la fachada monárquica.  ¿En qué se diferencia entonces el proyecto idealista del PTE-ORT del resto de organizaciones del comunismo republicano? En nada, pues todos sustentan que a través de la propaganda las amplias masas se convencerán de que el socialismo es mejor que el capitalismo.

Sin embargo la experiencia de la lucha de clases no demuestra nada de esto. En Rusia las masas hondas y profundas se adhirieron a la dictadura del proletariado tras experimentar por sí mismas qué era ejercer el Poder revolucionario. Los Soviets en cuanto eran controlados por bolcheviques, puesto que estos organismos sin dirección bolchevique no tenían nada de revolucionarios,  actuaban  como  doble poder, como Poder proletario contra el Poder  burgués que estaban ya destruyendo mediante la violencia revolucionaria de la clase obrera erigida en clase dominante, desde esos mismos Soviets. E incluso en el campo fue necesaria la alternancia de ambos poderes hasta que finalmente los campesinos optaron definitivamente por apoyar la dictadura del proletariado.

En Perú las masas campesinas se convertían en Bases de Apoyo de la Revolución cuando la vanguardia, desarrollando Guerra Popular, realizaba acciones armadas contra la estructura política y económica de la burguesía, generando vacíos de Poder que eran ocupados por esas masas armadas con fusiles y con la ideología revolucionaria de la mano de su Partido. Es decir, que las amplias masas oprimidas entran, como forma general, en el movimiento revolucionario cuando este ya ha dado un salto cualitativo y desarrolla praxis revolucionaria (como unidad de esas masas con el comunismo a través de la Guerra Popular ). Por lo que mientras que el socialismo científico no logre fusionarse con el movimiento para convertir nuestra actividad subjetiva en praxis revolucionaria;  mediante la propaganda y los postulados teóricos a cerca de la transformación social,  solo algunos sectores de la clase, la vanguardia, pueden “convencerse” de la necesidad del Socialismo y la dictadura del proletariado. Y es solo desde la actividad consciente de esa vanguardia revolucionaria desde donde se puede generar un movimiento político de las masas hacia el socialismo, cuando este toma cuerpo en programa político de transformación real y material (es decir creando vacíos de Poder destruyendo el orden social burgués y construyendo esas Bases de Apoyo o Soviets como forma del Nuevo Poder del Proletariado) y no como programa parlamentario de reformas (Republicano-popular, etc.) que no atentan contra la estructura clasista de la sociedad.

Como colofón, y justo correlato a todo lo anterior, estos militantes de la CUC reniegan del organigrama básico de todo Partido Comunista alegando que el Centralismo Democrático es rigidez de otros tiempos y ha de dar paso a la “Democracia Participativa Interna”. Como no son comunistas no quieren un Partido de disciplina férrea y una sola dirección. Como han renegado de la Revolución Proletaria les es imposible comprender que el Partido Comunista es el instrumento del que se dota la clase obrera para aniquilar a su antagonista, la clase capitalista, que cuenta con numerosos organismos, empezando por el Estado, para defenderse de cualquier agresión y eliminar a cuantos quieran poner fin a su régimen social. No son más que un grupo de republicanos y por tanto les basta con publicitar un “frente popular” interclasista, en el que quepan todas las ideas, en donde nadie pierda su identidad, etc., muy al estilo de los movimientos nacionales y populares de Latinoamérica que están reformando los Estados burgueses bajo la consigna de “democracia participativa” o “socialismo del s. XXI”. Si en nuestro caso los comunistas republicanos del PTE-ORT han optado por llamar Partido a su ente interclasista (aunque dejan caer el nombre de Movimiento al Socialismo en el documento ya citado) debe ser más por cuestiones de oportunidad (al fin y al cabo no quedan hoy comunistas republicanos que no breguen porque su propio chiringuito interclasista se haga un hueco entre las masas) que por convicciones ideológicas. No obstante esto está en plena coherencia con su visión del Partido como unidad de fracciones que han de mantener la libertad de crítica dentro de la “unidad de acción”. Pero para no restarles meritos las notas contradictorias, la ambigüedad y el espacio de confusión que dejan estos oportunistas entre el Partido y el Frente Interclasista mejor las dejamos para que las expliquen, si es que saben, o bien a quienes estuvieron en la fiesta de cumpleaños de reconstrucción del PTE o a quienes son sus aliados y camaradas en la Coordinación de Unidad Comunista.

El caso de la tercera pata de la CUC , el Colectivo Comunista 27 de Septiembre, no es muy distinto al de sus compañeros de viaje. A pesar de proclamar a los cuatro vientos el Socialismo, este colectivo es fiel defensor del reformismo burgués. Y como tal se ha adscrito a un programa electoralista para las elecciones municipales del 2011 firmado por la  “Plataforma de Ciudadanos por la República ” que presenta unos cuantos cambios administrativos en el Estado imperialista como un gran paso en el camino al Socialismo. El cómo defienden esta estrategia es de lo más coherente con los ideales republicanos:

“…el movimiento popular que se había fortalecido en la lucha contra el franquismo, quedó anulado: innumerables experiencias de cooperación y unidad antifascista, de cultura popular y trabajo colectivo, fueron arrinconadas; se separó la vida en los barrios, pueblos y ciudades, de la lucha política, quedando limitada la participación de los ciudadanos a la elección de representantes en base a un sistema electoral perverso que ha terminado por colocar a los aparatos de los principales partidos bajo el control de camarillas internas, cuando no de grupos mafiosos y de especuladores.”(…) “Llegados a este punto, va quedando claro que la protesta no basta, pues cualquier manifestación de oposición se convierte en un simple desahogo si no se lucha por llevarla allí donde se deciden las cuestiones que afectan a los ciudadanos; va quedando claro que cada vez es más necesario expresar políticamente nuestras reivindicaciones. Por separado, las luchas son muy limitadas o están abocadas al fracaso; por separado no queda más que institucionalizar la protesta.  Lo que nos reclama ahora la ciudadanía, es redoblar los esfuerzos para llevar las reclamaciones populares a los foros e instituciones donde se deciden las grandes cuestiones que nos afectan como ciudadanos. Y para hacerlo es precisa la unidad. La unidad nos hace fuertes.” [18]

Parece que es la maldad intrínseca del actual sistema electoral burgués el que convierte a los principales partidos de la burguesía en aparatos al servicio de la burguesía. ¡Qué cosas más raras pasan en este país! La democracia atenazada por grupos de mafiosos y las pobrecitas bases de los partidos políticos, como las de CIU, PSOE, ERC, PP, PNV, IU… sometidas a los designios de sus malvadas camarillas internas. Es como si estos republicanos, con los que van de la mano el comunismo arrepublicanado (CUC, PCE M-L…) intentasen ocultar los límites de la democracia burguesa tras su denuncia a estos perniciosos grupos de especuladores que desde la oscuridad confabulan contra la democracia. Pero es que esta es la verdadera democracia que ofrece el régimen social capitalista. Los límites democráticos de este régimen no vienen determinados  por cuatro leyes más o menos condesciendes con los  trabajadores o con los que de mayores quieren ser diputados del parlamento. Los límites de esta democracia están en su carácter de clase. Y frente a ella los comunistas no podemos  plantear más que la dictadura del proletariado. Pero sigan ustedes, los arrepublicanados, hablando de “la ciudadanía”, sigan  haciendo propaganda de la democracia en general, sigan hurtando al proletariado los conceptos científicos que cuando haga suyos lo elevarán al Poder. La burguesía les estará agradecida por muchos años y tal vez más de uno vea sus esfuerzos recompensados siendo nombrado concejal en algún ayuntamiento de la III República Española. Y será desde esa institución burguesa desde donde nos traerán estos concejales la revolución, pues como el “movimiento popular” fue confinado a las instituciones durante la transición del corporativismo fascista al parlamentarismo imperialista lo que hay que hacer ahora es institucionalizar aquella parte del “movimiento popular” que todavía no esté institucionalizado. Porque para esta gente el lugar en donde se unen las luchas parciales de ¿la clase obrera? (realmente no sabemos de que clase social hablan, como la ciudadanía lo abarca “todo”) es en las instituciones de poder creadas por la burguesía. Que esto lo defiendan los seguidores de Manuel Azaña nos parece comprensible. Que lo hagan quienes dicen seguir la estela de Lenin y Stalin ya se torna en un grave problema porque reproduce la ideología burguesa dentro del maltrecho movimiento obrero. Aunque al menos  pone de relieve, una vez más, que el marxismo-leninismo fue liquidado como teoría de vanguardia y es necesaria su reconstitución.

Estos son los ingredientes para el cóctel de la unidad comunista: la negación de la ideología proletaria a las masas, el cretinismo parlamentario, el reformismo y el seguidismo a las luchas espontáneas de la clase obrera operando como retaguardia del movimiento y como base de apoyo de la cada vez más burocratizada aristocracia obrera.

Frente al oportunismo, reconstituir el Comunismo.

Unidos todos estos grupos en la CUC han enderezado el rumbo, pero hacia el oportunismo sin complejos. Siguen ahondando en todos los males del reformismo burgués ya que su fin no es unir a los comunistas sino agrupar a todos los revisionistas del Estado español para que hagan lo que hacen hoy día por separado pero juntos y de buen rollo. El mejor ejemplo de lo que criticamos ha sido la puesta en escena del revisionismo ante la huelga general del 29-S convocada por la aristocracia obrera en un contexto de lucha interna entre las clases dominantes, en donde la clase obrera, al estar desprovista de sus organismos de clase para sí, es tan solo carne cañón para engrosar las filas de las procesiones convocadas por CCOO-UGT  y demás mafias sindicales o para depositar una papeleta en una urna en favor del PSOE, de IU o del último chiringuito electoral montado a su izquierda.

Ante la huelga de funcionarios del 8 de junio en la CUC tuvieron la valentía de plantear sus reclamaciones a un sector del Estado burgués:

“… exigimos a las cúpulas de CCOO y UGT, principalmente, que convoquen lo antes posible la HUELGA GENERAL y movilizaciones continuadas hasta la derogación de las medidas de recorte y como freno a la reforma laboral.”  [19]

Sin duda debieron asustar a los sindicatos vendeobreros porque para finales de septiembre se convocó la tan ansiada Huelga General (2 años llevaban reclamándola los revisionistas). La fecha del 29-S se tornaba así en la perfecta oportunidad de estrechar lazos con los sindicatos verticales, algo que la CUC no podía desaprovechar. Por ello lanzaban este aviso a navegantes   ¡dos meses antes de la huelga!, quienes hace un par de años se iban a comer el mundo desarrollando  la lucha contra el revisionismo “dentro del mismo movimiento de las masas”:

“La unidad sindical nos hará fuertes. En el momento actual, la crítica destructiva hacia los sindicatos mayoritarios y la renuncia a la participación en las movilizaciones planteadas, con la honrada pretensión de dar más profundidad a dichas movilizaciones, puede causar el efecto contrario, puede provocar la desmovilización, la desunión y la desorganización de los trabajadores, haciendo sin quererlo un trabajo paralelo a los medios de comunicación del capital que buscan el fracaso de la huelga general y la destrucción de todo sindicalismo reivindicativo.”  [20]

Es decir que para no confluir con el gran capital lo que tiene que hacer el proletariado es confluir con la aristocracia obrera. ¡Genial ofensiva táctica!,  la planteada por la CUC. Como el proletariado está más que capacitado para hegemonizar la lucha sindical (que sea  la aristocracia obrera la única con capacidad de movilización y convocatoria es poco más que una anécdota  sin importancia). Como está comprobado que el proletariado tiene ya un firme programa revolucionario anclado en los principios del marxismo-leninismo (lo de tomar el reformismo por bandera es algo puntual) puede permitirse el lujo de desfilar codo con codo con un sector de la democracia imperialista, los Toxo, Méndez… e incluso puede ampliar su alianza democrática y anti-monopolista, sin miedo a perder un ápice de su “carácter revolucionario”, a capas más altas de las clases dirigentes. Pasen y vean:

“Los intereses de las PYMES están objetivamente enfrentados a los de los bancos de cuyos préstamos dependen, a los del Estado a quien deben tributar y a los de las grandes empresas que les imponen sus condiciones y las explotan. A pesar de que los obreros asalariados sufrimos la explotación laboral de estos empresarios y hemos de defendernos contra ella, nuestras organizaciones sindicales y políticas deben desarrollar la contradicción entre ellos y el gran capital, deben defenderlos frente a éstos, deben ofrecerles una alianza antimonopolista y antioligárquica. Debemos conseguir que las próximas huelgas generales sean apoyadas efectivamente por un número creciente de pequeños y medianos empresarios: deben cerrar sus negocios en las jornadas de huelga para escenificar el aislamiento de la oligarquía financiera y la hostilidad del pueblo hacia ella. Son ejemplos que debemos divulgar y extender los apoyos a la pasada Huelga General por parte de las asociaciones de comerciantes chinos, de varios sindicatos policiales y de la guardia civil, de intelectuales y artistas, de asociaciones de vecinos, culturales, etc. Y debemos seguir luchando por convertir al movimiento republicano en la expresión política más elevada de esta alianza democrática de lucha de las clases populares contra la oligarquía financiera.”  [21]

Las PYMES, los comerciantes chinos, los Bardem, la guardia civil, la policía nacional… si los camaradas de los sindicatos se hubiesen dignado a convocar un par de huelgas generales más hasta el Ejército español obligado trágicamente y contra su voluntad democrática a tomar los aeropuertos, garantizar la unidad de la patria y bombardear a la insurgencia afgana, todo por los exclusivistas intereses  del gran capital español y la clase terrateniente, se habría adscrito a la alianza democrática del movimiento republicano. Tan solo faltaría algún Sanjurjo moderno que pudiese ser nombrado director general de la guardia civil republicana. Quizás el coronel Martínez Inglés, buen republicano, patriota y con reconocida experiencia de guerra en las viejas colonias de Sidi Ifni y Sáhara, esté presto a ocupar ese cargo.

Volviendo a los revisionistas, y dejando de lado su querida e interesante política ficción, se puede decir que han abandonado cualquier tipo de complejo. Y han perdido la poca vergüenza que les pudiese quedar. Ya no les importa absolutamente nada. Les da igual una Bandera Roja con la Hoz y el Martillo que una blanca adornada con las iniciales del Sindicato Unificado de Policía. En toda su propaganda ocultan qué es el imperialismo y cuáles son las relaciones de poder que ha generado en el Estado español. El pequeño comerciante, el liberado sindical, el picoleto o el txakurra, el dueño de una PYME… ¿qué opresión sufren bajo la actual composición clasista del Estado? Todos ellos están representados de uno u otro modo en la democracia burguesa: En el diálogo social, en los parlamentos y ayuntamientos, en la estructura jurídico-policial del Estado, en las Cajas de Ahorro, en las Cámaras de Comercio, etc. Se benefician de la actual situación como lo hacen los accionistas del IBEX-35, pues son sus socios en la gestión de la dictadura burguesa contra el proletariado y las masas trabajadoras. Es el imperialismo, del que forman parte, el que les permite tener una posición privilegiada respecto a los proletarios asalariados y harán, y hacen, todo lo posible por perpetuar el mundo en que viven porque para todos estos que hoy ejercen su dictadura contra los obreros, este es en verdad el mejor de los mundos posibles, como parece también lo es para la CUC.

Caracterizando a toda clase social que no sea la de los banqueros y los terratenientes como aliada del proletariado en una potencia imperialista como es el Estado español, demuestran que la III República de unidad comunista, de unidad sindical y de unidad popular no es más que maquillaje para el imperialismo y el Estado burgués. Para la democracia de la policía, de los sindicatos, de los empresarios y de los banqueros.

El revisionismo implementa la línea oportunista a la hora de reconstituir el Partido Comunista. Se relega la ideología comunista a mero anecdotario del pasado con la excusa de estar pegados a la realidad concreta. Se aplazan las cuestiones referentes al objetivo del Poder proletario y se convierte cada lucha espontánea en un frente de vital importancia en el camino al Socialismo en el que cada vez hay más y más estaciones interclasistas. Pero lo que ocurre es que el revisionismo se desliga por completo de la realidad material. Por arte de magia desaparecen las tareas objetivas a resolver por la vanguardia para reconstituir el P.C., no hay contradicciones en el seno mismo de la vanguardia (entre la m-l y la no m-l; entre la teórica y la práctica…) y acaban por esfumarse  hasta las relaciones objetivas existentes entre las clases sociales. Se obvia que en la democracia burguesa las contradicciones de las clases dominantes se dirimen democráticamente en el Parlamento y en los órganos de poder, de viejo poder, generados para ello. Y se representa una república idealizada en que libres de los malvados banqueros, los obreros junto a la pequeña y no tan pequeña  burguesía y sus policías, vivirán en perfecta armonía y adquirirán, no se sabe cómo, conciencia revolucionaria. El oportunismo y el idealismo son el precio a pagar por olvidar que los principios proletarios son objetivos y radican en la ciencia de la materia social. Éste es el impuesto político que los revisionistas pagan por haber abandonado el marxismo-leninismo.

El revisionismo moderno, el del comunismo republicano, ha apostado todo por la unidad directa de los comunistas, renegando del combate ideológico y tomando la reconstitución del Partido como un bonito pacto entre caballeros, que desemboque en la  inserción de los comunistas en todas las luchas espontáneas y reformistas que se dan en la sociedad imperialista. Y con esta apuesta han certificando su bancarrota.

Porque  para poder converger con el movimiento espontáneo de las masas y transformarlo en movimiento revolucionario se torna indispensable haber reconstituido el Partido Comunista, sobre las bases científicas del marxismo-leninismo que le permitan ser el organismo social de vanguardia que enlace con el movimiento social práctico  de la clase obrera de un modo revolucionario. Porque la vanguardia no puede limitarse a adaptarse al movimiento y formas del espontaneísmo popular que se dirigen al Estado como fuerza de presión, como grupo reivindicativo tendente a la reforma del Estado, que espera que  la clase dirigente conceda algún derecho o lleve a cabo tal acción. Clamoroso ejemplo es que toda la “Izquierda”, desde los más ortodoxos marxistas-leninistas arrepublicanados hasta los neotrotskistas postmodernos, lleva más de dos años mendigando ante los sindicatos, aliados de la burguesía monopolista, la convocatoria de una huelga general. Más siguiendo el ejemplo del pope ortodoxo que encabezó a la muchedumbre para mendigar al zar en enero de 1905, que el del bolchevismo, del que todos dicen ser fieles seguidores, que derribó en Octubre, y sin pedir permiso, el Estado de los republicanos rusos.

El P.C. una vez que se ha reconstituido debe transformar y elevar las reivindicaciones espontáneas de las masas a praxis revolucionaria, a violencia revolucionaria que destruya, y no reforme, el viejo orden de las cosas en función de la Guerra Popular que la historia ha certificado como estrategia universal de la Revolución Proletaria Mundial. Porque la Guerra Popular es el máximo exponente de cómo las masas explotadas son convertidas por su vanguardia en masas armadas revolucionarias. Entregándoles el poder para que adquieran experiencia propia y puedan valorar por sí mismas que dictadura política es mejor, si la suya o la de los burgueses.

La Guerra Popular como Praxis Revolucionaria es la plasmación en la vida real de cómo la vanguardia debe elevar a las masas y como estas se transforman a sí mismas, transcienden  su posición objetiva en la sociedad y se convierten de forma efectiva en sujeto y objeto de la transformación social, en masas revolucionarias, en las parteras de esa nueva sociedad que la clase obrera lleva dentro pero que es imposible que salga a la luz si la vanguardia no aporta al resto de la clase la conciencia necesaria, la conciencia de que hay que destruir para construir.

Pero para que la Guerra Popular transforme a las masas en masas revolucionarias armadas, el movimiento social exige que la ideología comunista dirija el proceso revolucionario, pues sin marxismo la revolución es imposible pero con marxismo todo es posible. Por eso es imprescindible reconstituir al comunismo como ideología de vanguardia. Por eso la  lucha de dos líneas debe ser hoy la base de la reconstitución para conquistar una Unidad cimentada en el marxismo-leninismo y en la lucha de clases frente a los enemigos que predican y prometen la falsa y oportunista unidad agarrada con pinzas a un pacto entre caballeros.

Movimiento Anti-Imperialista
Junio 2011

http://www.nodo50.org/mai/Documentos/MAI/CUC/CUC.html

Notas


[1] C.U.C, Comunicado sobre la unidad de los comunistas, 29 de marzo de 2010.

[2] Ver “Boletín de Unidad Comunista”, nº 1, pg. 3, abril 2009. Unión Proletaria.

[3] Unión Proletaria, “Boletín de Unidad Comunista”, nº 1, pg. 3, abril 2009.

[4] C.U.C., “Comunicado sobre la unidad de los comunistas”, 29 de marzo de 2010.

[5] C.U.C.,  “Comunicado sobre la Unidad de los Comunistas”, 29 de marzo de 2010.

[6] V.I. Lenin. “¿Qué Hacer?” Capítulo II, La espontaneidad de las masas y la conciencia socialdemócrata, Ed. Progreso, Moscú, pg. 31.

[7] Partido Comunista de Perú, “Línea Militar”,  Ed. Bandera Roja, 1988.

[8] PCE (m-l) y U.P, “Diez Compromisos de los comunistas españoles”.

[9] “Comunicado conjunto del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y de Unión Proletaria ¡Por la unidad de los marxistas-leninistas, por el Partido Comunista!”, Madrid 22 Julio de 2008.

[10] Unión Proletaria, “Boletín de Unidad Comunista” nº 1, abril 2009.

[11] Secretaría política del PTE, “La Unidad de los comunistas en el s.XXI”, 1 de Junio de 2009.

[12] ”Contra el des-ajuste del plan del gobierno” es un panfleto firmado por PTE-ORT y UP, en junio de 2010,  en el que además de dar ideas al ejecutivo del PSOE de cómo ahorrar en sus presupuestos, se recogen las “20 medidas para salir de la  Crisis” que estos señores de la CUC exponen ante la sociedad capitalista para sacarla del embrollo económico en que se ha metido.  Estas medidas no pasan de ser un homenaje a J. M.  Keynes. Por citar algunas de ellas: “1.Nacionalización de la Banca, Financieras y Empresas estratégicas: Telecomunicaciones, energéticas, astilleros, altos hornos, autopistas, etc. (…) 8.Recuperación del Impuesto de Sucesiones para fortunas medias y grandes fortunas a partir de 300.000 € (…) 11. Eliminación de ayudas y financiación a la Iglesia católica (…) 12. Apoyo a la pequeña y mediana empresa. 13. Créditos blandos personales y mejora de los créditos ICO. (…) 19. Ayudas a la inversión I+D. tecnológica y medio ambiental.” Tras el recital de reformas proteccionistas del régimen, los firmantes afirman que esto solo es viable “Mediante la proclamación de la III República, que haga posible el control y desarrollo de todas estas medidas, que desarrolle la concienciación política, de democracia popular”. Este es el programa de acción de la CUC. Diseñado para los que cotizan a la seguridad social por el RETA o para el sufrido empresario dueño de una PYME. Pero no para la emancipación del proletariado.

[13] En Noviembre de 2010 la Unión Proletaria se alineó descaradamente con el imperialismo chino publicando un artículo titulado “Cómo China ayuda al movimiento obrero”. En esta obra, que el día se conozca en Pekín seguro será recompensada, se refieren a China como un país dirigido por un Partido m-l, que trabaja por el avance del movimiento comunista internacional, cuyas relaciones económicas con los países oprimidos carecen de expolio. Comparan la política de Deng Xiaoping, implementada  27 años después del triunfo de la Revolución  y 10 después del inicio de la Gran Revolución Cultural Proletaria, con la NEP de la URSS. Y hasta aplauden la restauración total de las relaciones capitalistas porque estas, dicen, facilitarán el paso a las relaciones socialistas. Por supuesto no faltan referencias a Marx y a Lenin.

[14] V.I. Lenin, “La Revolución Proletaria y el renegado Kautsky”. Obras escogidas, Tomo IX, p. 5, Progreso, Moscú 1973.

[15] V. I. Lenin, “Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista”. Obras escogidas, Tomo XI, p. 61-62, Progreso, Moscú 1973.

[16] C. Marx, “La cuestión judía (y otros escritos)”. p. 214, Barcelona, 1992.

[17] V.I. Lenin, citado por J. Stalin en “Los fundamentos del leninismo”, págs. 46, 47; Ed. Lenguas Extranjeras Pekín, 1972.

[18] “Llamamiento de la Plataforma de ciudadanos por la República a la participación unitaria en las elecciones municipales del 2011”, 5 de septiembre de 2009.

[19] PTE-ORT y UP, “Contra el Des-ajuste del plan del Gobierno”, 4 junio de 2010.

[20] C.U.C. “Por la unidad de los trabajadores, preparemos la Huelga General”, junio de 2010.

[21] Unión Proletaria, “Desarrollar el movimiento obrero a partir de la Huelga General del 29-S”, 28 de Octubre de 2010.