Germen Rojo Nov. 2011

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Ante Otro Circo Electoral, NO VAYAS A VOTAR

El 20 de Noviembre es el día elegido para la celebración las próximas Elecciones Generales, así lo ha decidido el gobierno del PSOE y lo ha sancionado la monarquía. Se elegirán a los representantes de la próxima legislatura que actuarán en nombre de la soberanía popular, que es la forma como se oculta el dominio de la clase dominante en las sociedades democrático burguesas, en oposición a los regímenes dictatoriales que tienen la virtud de manifestarse con toda su crudeza, sin ocultar su naturaleza de clase, por medio de imposiciones menos sutiles pero con la misma finalidad.

Las partidos burgueses y los de la izquierda institucional que defienden al régimen capitalista de producción, se esfuerzan por embellecer al sistema parlamentario burgués con el argumento de que es el más conveniente para los intereses nacionales y la libertad individual, basada en la libre empresa y la economía de mercado, pilares de la civilización occidental. Incluso determinadas organizaciones comunistas se esfuerzan aún más en su argumentación indicando que la participación significa un paso en la lucha de los trabajadores por sus derechos y un peldaño para conquistar poder popular al copar puestos en los aparatos del estado. Por eso, unos y otros, por diferentes motivos, llaman a votar de manera indiscriminada (lo importante es votar), aunque apelando a la libertad para elegir individualmente al partido que más se aproxime a sus intereses personales.

Los comunistas y los obreros consecuentes, en su lucha por sus intereses de clase, saben que la participación en unas elecciones en un régimen capitalista, separado de la lucha por derrotar a la burguesía, es una solemne ilusión, un esfuerzo político estéril, pues lo único que consiguen, en la actual correlación de fuerzas, es embellecer al sistema parlamentario y legitimar los resultados salido de las urnas, que en la práctica se concreta en la aceptación de las reglas de juego impuestas, reforzando la política general de la clase dominante, la única realmente beneficiaria de la celebración de unas elecciones “libres”.

La derecha y la izquierda se unen para llamar a votar

Las organizaciones de izquierdas, incluidas las comunistas que concurren de una u otra forma en las Elecciones, mantienen que participando consolidan una posición entre el sector de las masas que se opone a las políticas neoliberales de la burguesía. Con ello, dicen, quieren cohesionar un frente político cuya finalidad es neutralizar dichas políticas por medio de un programa que defiende dos puntos básicos: la República, como garantía de un Estado democrático; y el Estado del Bienestar, como instrumento para favorecer la justicia social a través de la redistribución de la riqueza creada.

El argumento fundamental de estas organizaciones comunistas que conservan un discurso “revolucionario” para participar en las elecciones es que supone un paso para profundizar en la democracia real y una enseñanza para las masas trabajadoras, pues se ejercitan democráticamente al elegir a sus representantes. En último extremo, argumentan que al defender lo público se defiende el socialismo por venir, pues el Estado burgués, en la medida que se va haciendo “social” por el desarrollo del Estado del Bienestar, va adoptando un nuevo carácter que se aleja del capitalismo depredador y se acerca a un capitalismo más social y luego a un asequible socialismo de nuevo tipo, acorde con los nuevos tiempos.

Estas organizaciones salen a la caza del ansiado voto como fin supremo, tratando de ajustarse al nivel de conciencia de las masas más atrasadas, adaptando a ellas su propaganda electoral, intentando ilusionar a su posible electorado. Por eso aportan propuestas, por un lado, realistas de espalda a la realidad, a la actual correlación de fuerzas de la lucha política; por otro lado, consecuentes, sujeta al nivel más bajo de las masas, que en el fondo coinciden con los intereses de la pequeña burguesía. Se combina el realismo más reaccionario con el idealismo más extravagante, abandonando los principios más elementales de la lucha de clase del proletariado.

Practican un doble juego en este arte de la confusión: En su discurso ponen en marcha un lenguaje aparentemente revolucionario cuando cuidadosamente hablan de Revolución y Socialismo, de superación de la democracia burguesa y del Estado burgués, pero en su acción práctica apoyan ciegamente los mecanismos de la democracia burguesa, reforzando el estado burgués al pedir a las masas, en la ceremonia de la votación, que los elijan para poder participar en el juego parlamentario ¿No es ello una contradicción desde el punto de vista revolucionario?

Esta irresponsable actitud contribuye a confundir la conciencia social de las masas al crear desconcierto y desconfianza sobre la necesidad de las organizaciones revolucionarias y en sus propias fuerzas para librar la batalla contra la burguesía.

Con la actual correlación de fuerzas, visiblemente desfavorable para la clase obrera, la participación en las Elecciones en este contexto supone colaborar con el entramado de legitimación del sistema democrático burgués, reconociendo implícitamente que la lucha política debe estar regida por la Constitución burguesa, supeditando el principio proletario de la acción de las masas, como principal método para derrotar a la burguesía y su sistema social. Estas organizaciones que dicen representar al conjunto de la clase obrera y dicen trabajar por su provenir, se sitúan entre las masas más atrasadas, al defender reivindicaciones más próximas a los intereses de la pequeña burguesía, abandonando los verdaderos intereses de la clase obrera: la derrota de la burguesía para empezar a construir la sociedad comunista. (como ejemplo invitamos a la lectura del programa del PCPE, para comprender esto que decimos, pues no ocultan las verdaderas intenciones que persiguen, ni se ruborizan de los argumentos que utilizan para justificar sus pretensiones). En realidad queda patente la naturaleza del revisionismo, adobándose con unas gotas de oportunismo, y su política de menor resistencia revolucionaria y mayor alianza interclasista.

Los comunistas llamamos al boicot

La posición política más consecuente con los intereses históricos de la clase obrera, en cuanto a las elecciones generales, en la actual situación en el Estado español, es la del boicot, pues la participación favorece, como hemos dicho anteriormente, al desarrollo de la política general de la burguesía: 1º Aportando legitimidad al dominio de la burguesía al aceptarse los resultados que arrojan las urnas y 2º Reforzando la colaboración de clases, “forzando” a la clase obrera a apoyar la política de la burguesía por ser la clase dirigente legítima de la sociedad capitalista.

El boicot es la posición más revolucionaria de la clase obrera, pues al disminuir sensiblemente la participación electoral, 1º No contribuye a debilitar ideológicamente la conciencia de clase del proletariado en su conjunto y 2º no colabora en la legitimación de los planes políticos de la burguesía, sino que ofrece resistencia en un primer término, al menos pasivamente, a los dictados del capital, pudiendo constituir un punto de apoyo para ir construyendo las condiciones políticas e ideológicas de una alternativa independiente de la influencia de la burguesía.

Este último aspecto es el más importante de la posición del boicot, porque va dirigido a los sectores más avanzados de la clase obrera, ya que dicha consigna constituye una síntesis de la línea de masas de la política revolucionaria del proletariado. No es punto y final, sino más bien principio y acción de la política general del proletariado revolucionario en su lucha por su emancipación como clase explotada y oprimida por el capital: en estos momentos situada en la etapa de la construcción del partido.

¿En qué medida el boicot contribuye a esta importantísima tarea? Pues nada más y nada menos que abriendo un debate entre las fuerzas que se sitúan en el campo de marxismo sobre cuáles son las condiciones generales y particulares en la actual situación histórica, dominada por la fase imperialista del desarrollo capitalista, donde unos de sus aspectos contradictorios es el estancamiento en que se encuentra el desarrollo teórico del marxismo.

La llamada al boicot no puede ser una consigna aislada del marco general de la política revolucionaria del proletariado, pues de lo contrario se estaría favoreciendo la concepción anarquizante de la acción política del proletariado, más propio de la pequeña burguesía en su competencia con sus hermanos de clase burgueses, para conseguir mejoras en el reparto de las migajas de la explotación del trabajo asalariado. Tampoco podemos separarla de la tarea de la construcción del partido, ya que en la actual situación es la tarea principal y más importante si es que queremos contribuir a la derrota de la burguesía en la lucha por la sociedad comunista. Ello constituye la aplicación de un principio marxista: articular lo particular con lo general en la aplicación de la política comunista a la situación concreta.

La abstención es la posición política más acertada actualmente para la clase obrera

Es claro que propugnar la abstención es una señal de protesta colectiva de la clase obrera contra el corazón del sistema económico y político de la burguesía. Se expresa claramente y sin matices en que no presta su colaboración a su enemigo de clase. La solución de los problemas de los obreros no pasa por el Parlamento, por el fortalecimiento del funcionamiento del Estado burgués, ni por contribuir a crear ilusiones democráticas, que el propio Estado, con la aplicación de sus leyes, se encarga diariamente de desengañarlos.

Pone de manifiesto la lucha contra las ideas que propagan, tanto la burguesía como el reformismo de izquierdas entre las masas de que el Parlamento es donde reside la soberanía popular. La abstención debilita esa falsa idea, es una crítica al sistema democrático burgués, al juego parlamentario sobre quién debe dirigir en cada momento el gobierno del Estado al servicio de los intereses capitalistas, quedando oculto el carácter de clase de dicho Estado, que es lo verdaderamente importante: no en qué partido o coalición de partidos recae la dirección de la política general de la burguesía.

Es una posición activa contra el anti partidismo y el pasotismo de las amplias masas, que desengañados de la “política” deciden no hacer nada por cambiar las cosas quedándose en su casa como si no pasara nada o creyendo que nada se puede hacer por cambiar las cosas que nos afectan.

Es una bofetada a la política revisionista que tiene por finalidad crear ilusiones entre las masas de que con simplemente depositar una papeleta se cambia el curso de la historia. Detrás de esta idea hay una concepción que al repetirse machaconamente afianza la creencia entre las masas de que sólo se tienen que preocupar de emitir su voto, el que sea, y una vez cumplida religiosamente su inexcusable cita con las urnas, irse tranquilamente a su casa, para dejar que del resto se encarguen los profesionales de la política, las personas preparadas y curtidas en el difícil “oficio” de pactar los grandes acuerdos que beneficiarán a todos.

Ante esta situación de penuria material e ideológica de la clase obrera ¿qué alternativa le queda a los obreros? Participar en el circo electoral significa darle su consentimiento para que les sigan engañando. Cuando todo el entramado económico y político que mantiene al sistema hace aguas por todos lados, No votar es al menos un acto de resistencia, un grito de rebeldía consecuente con su situación de explotado y oprimido por la existencia del capital. Sólo la lucha es el mejor voto que la clase obrera deposita en la urna de la historia.

LA LUCHA ES EL VOTO ÚTIL PARA LA CLASE OBRERA

NO VAYAS A VOTAR