Al Rojo Vivo

El sector de la minería de Asturias, Aragón y León lleva varias semanas en lucha. Los mineros están en pié de guerra por la defensa de sus puestos de trabajo. Como otros sectores de la clase obrera, se rebelan contra las recetas que los distintos gobiernos, central y autonómicos, quieren imponerles, acatando las directrices de la Unión Europea. El creciente grado de explotación que están soportando los trabajadores llega a ser tan asfixiante que no tienen más salida que la lucha declarada contra la burguesía. Aunque no lo sepan y lo hagan en la mayoría de los casos inconscientemente, y a través de centrales sindicales colaboradoras del sistema, no tienen más remedio que enfrentarse inexorablemente a las leyes del capital.

El enfrentamiento directo de los distintos sectores de la clase obrera contra las políticas burguesas es una reacción en defensa de sus intereses inmediatos frente a las contradicciones del sistema capitalista, entre el carácter privado de los beneficios y el carácter social de la producción, que se manifiesta como enfrentamiento antagónico entre la rentabilidad del capital invertido y el precio de la fuerza de trabajo (salario).

Pero esta reacción espontánea de los trabajadores, con ser justa y audaz, no altera ni supera las estructuras materiales de la producción capitalista, puesto que persigue restablecer el equilibrio perdido, que el capital ha modificado en su lógica de buscar la máxima rentabilidad; como tampoco modifica los esquemas mentales de los que se rebelan, si siguen el curso que les marca el desarrollo de la contradicción capital/trabajo, porque tiene que ser obra de una actuación consciente de por qué ocurren así los hechos y cómo vencerlos.

La reacción de los distintos sectores de la clase obrera se queda, a lo sumo, en una desagradable molestia para la burguesía, si no es comprendido por la parte más avanzada de los trabajadores que el problema concreto por el que luchan es sólo un aspecto parcial del problema general: las condiciones de la producción capitalista.

Tanto los mineros como el conjunto de los trabajadores tienen que entender esta máxima del capital, al que se encuentra sometido todo trabajo asalariado, pues de lo contrario estarían dando palos de ciego en su lucha, enfocándola desde un punto de vista equivocado. Podemos valorar positivamente que la lucha adopte una forma radical, enfrentándose a los cuerpos represivos y al conjunto del aparato estatal mediante acciones directas y nada convencionales, pero claramente insuficientes si la finalidad no va dirigida a eliminar las condiciones de la producción capitalista, origen y causa del paro.

Hay que conocer esto pues de lo contrario no se está haciendo nada por elevar el nivel de conciencia de los trabajadores y, como consecuencia, la necesidad de actuar colectivamente contra los mecanismos de explotación del capital.

No basta con luchar, en abstracto, como dicen el sindicalismo integracionista y el revisionismo, sino que hay que hacerlo de la manera que más beneficie a los intereses estratégicos de la clase obrera. Sin una dirección revolucionaria no hay lucha revolucionaria.

¡¡Viva la lucha de los mineros!!

¡¡Viva la lucha revolucionaria de la clase obrera!!