Sobre La Construcción del Partido (II)

 

Ningún partido político puede conducir un gran movimiento revolucionario a la victoria si no posee una teoría revolucionaria, un conocimiento de la historia y una comprensión profunda del movimiento práctico.          

Mao Tse-tung

 

Sobre la construcción del partido (2ª parte)

3. – La construcción del partido

3.1. – El final de una etapa y el comienzo de una nueva

El revisionismo siempre se ha caracterizado por su labor de desacreditar a la teoría marxista a través de las revisiones de sus tesis fundamentales: el objetivo era crear un estado de confusión ideológica y  desconfianza política  entre la militancia comunista de que la teoría marxista sea el instrumento teórico de la revolución proletaria. Como el revisionismo es cambiante, se acomoda al desarrollo de la realidad social para hacer daño entre las masas proletarias en donde más le duele: la desconfianza en sus fuerzas para ser los constructores de la nueva sociedad, el socialismo como paso previo y necesario a la sociedad sin clases.

A ello se han dedicado con gran ahínco desde la caída del muro de Berlín. Los distintos partidos “comunistas” de aquellas sociedades y los de las sociedades burguesas que seguían las directrices del revisionismo soviético plantean claramente y sin tapujos que el capitalismo es invencible, señalando que la tarea a realizar es corregir sus excesos para democratizarlo y humanizarlo, es decir, ponerlo a disposición de “todos los ciudadanos”, de toda la “sociedad”. Se esfuerzan en realizar una labor de maquillaje de las condiciones de explotación del capital con la finalidad de ocultar el carácter privado del régimen capitalista de producción. Con ello se da rienda suelta a su afán de combatir a la teoría marxista y la lucha revolucionaria del proletariado con las mismas armas ideológicas que le ofrece la burguesía: considerar que el comunismo y la sociedad sin clases son una utopía.

Dichos partidos se dedican casi en exclusividad a la vía electoral y a la lucha sindical, entendiendo que es el único camino para insertarse en los aparatos del Estado una vez determinado las bondades del “Estado neutral”, santo y seña de esta corriente colaboracionista. Han pasado a comprobar los beneficios que les reporta defender al capitalismo y a sus amigos los burgueses, entregándose en cuerpo y alma a recoger las migajas que el sistema les entrega por su labor de desorganizar y desactivar cualquier lucha de la clase obrera que no pueda ser asumida y canalizada por la burguesía y su estado. Se dedican a criticar el fervor revolucionario de las masas obreras, al idealismo de la juventud y a un voluntarismo que no se corresponde con la realidad social como “se puede comprobar con el paso del tiempo y la responsabilidad que otorga la madurez”. Se dedican a desacreditar el camino revolucionario que debe recorrer la clase obrera para destruir las relaciones sociales en que se apoya el régimen capitalista de producción. Se han adaptado a la lógica capitalista, considerándola aceptable siempre y cuando se eliminen los aspectos nocivos del funcionamiento del mercado, la dictadura que impone el capital financiero, al que culpan de los excesos y males de la sociedad democrática, tótem cultural de la sociedad poscapitaliasta.

Las organizaciones oportunistas (OCE-BR, LCR, PT, ORT, PCE(m-l), MC, etc.) que en el periodo de la transición democrática se situaban fuera de las estructuras del PCE, no se sentían al margen de la ideología marxista, pero al no lograr romper con los aspectos centrales del revisionismo se convirtieron en rehenes de sus propias contradicciones, en donde dominaba la influencia de las tesis revisionistas en detrimento de una vía marxista minoritaria. Esta vía no se podía desarrollar en estas organizaciones por dos causas fundamentales: 1) no estaba en la dirección, lo que dificultaba su desarrollo dentro de la vida organizativa, máxime cuando en las organizaciones comunistas de la época que estamos describiendo dominaba una concepción burocrática, disciplinaria, del centralismo democrático, instrumento que utilizaban las distintas direcciones para imponer su método de trabajo y dirección, afín a las tesis no marxista, 2) la poca preparación teórica marxista de las organizaciones en general y de sus militantes en particular, en donde la formación se concebía como la actividad para consultar libros de los “maestros” con el objeto de extraer citas para la lucha ideológica con otras organizaciones. Esta práctica ha dado lugar a que se fortalezcan desviaciones que nos ha llevado a la actual situación, debido a la poca tradición marxista y a los intereses particulares de los distintos dirigentes que han concebido a las organizaciones como patrimonio particular.

Hemos dejado para el final el balance sobre las organizaciones que se situaban en el terreno del marxismo. Su papel fue especialmente importante en dos campos: la lucha contra el revisionismo y la crítica a la democracia burguesa. Pero no todo el monte era orégano, pues estaban impregnados de un ardor revolucionario que se alimentaba de una idea romántica e idealista sobre el socialismo y, especialmente, sobre el periodo de transición del capitalismo al socialismo, que no se correspondía con las necesidades de la revolución en aquel momento, con las tareas que demandaba la realidad social, que no eran otras que la construcción del partido, que iban por otra parte muy distinta a la que se encaminaban la actividad de dichas organizaciones: participación directa en los escenarios de la lucha política.

Aunque en dichas organizaciones no hubo olvido de la formación teórica y del desarrollo del marxismo, nunca se comprendió exactamente lo que se quería decir. Aunque se hablaba de ello nunca se impulsó decididamente como tarea necesaria para la consolidación y desarrollo de dichas organizaciones como núcleos de apoyo a la construcción del partido, pues quedaba plegada y anulada a la actividad cotidiana que se centraba en la práctica política, en el trabajo en la calle que es en donde se consideraba que estaba el enfrentamiento de clase y el lugar idóneo para el desarrollo de la influencia ideológica y la captación política de compañeros e integrarlos en el proyecto organizativo que se defendía.

En este sentido, a la vanguardia se le consideraba como los elementos más decididos en las luchas, más dispuestos al enfrentamiento político, organizando a las masas por reivindicaciones económicas con el trasfondo de la crítica política al capitalismo, al cual se le consideraba el origen de todos los males sociales pero sin conocer su funcionamiento interno, sin llegar a comprender las leyes que rigen su comportamiento objetivo. El Capital, la obra de Marx,  estaba en todas la librerías de los militantes, pero su lectura y estudio estaba destinada a un reducido círculo de “intelectuales” con capacidad para comprender lo que allí se exponía, o para aquellos que de manera individual lo abordaban a título personal con el objetivo de comprender a fondo la estructura capitalista.

La lucha contra el revisionismo se abordaba de manera mecánica porque no se llegaba a comprender que ello, sin desarrollar la teoría marxista y sin consolidar y desarrollar una alternativa revolucionaria mediante la construcción de un partido, era una tarea imposible reduciéndose a buenas intenciones revolucionarias, pero sin ningún efecto práctico para la lucha de clases desde los intereses estratégicos del proletariado.

Se luchaba internamente de manera intensiva contra el revisionismo, aunque se descuidaba la lucha contra el economicismo, que es un aspecto importante de la línea de masas de la política revisionista y la manera de adentrarse en el seno de las organizaciones revolucionarias por la puerta trasera, corroyendo su estructura ideológica si no se le combate dando un salto cualitativo en los niveles de conciencia interno y en su relación con las masas, es decir, de la comprensión de la situación política y de las tareas a impulsar en cada momento histórico. El economicismo, aún siendo dañino por sí mismo, lo es más para la disolución de la conciencia revolucionaria si va acompañada de una posición derrotista y de desconfianza en el papel de las masas en la lucha de clases, que va tomando cuerpo poco a poco en el desarrollo de una política oportunista o, en su reverso, liquidacionista.

La concepción liquidacionista se apoderó en su último periodo de las organizaciones revolucionarias de aquella época histórica, al menos de la nuestra, que se concretó en un proceso de liquidación de lo que se había conseguido, de liquidar la línea revolucionaria porque se llegó a la conclusión individual o colectiva de que el capitalismo es invencible o que el socialismo es irrealizable por “ser utópico”, aunque no se compartieran, en un principio y necesariamente, las tesis revisionistas. Es la reacción de los incrédulos y renegados que piensan que han perdido parte de su vida en una militancia que no va a ninguna parte. Con el tiempo, unos se han incorporado a las organizaciones revisionistas, sindicalistas o reformistas, y otros se ocupan de llenar su vida de una manera totalmente “apolítica”. Para nuestro balance, lo más importante no son los comportamientos individuales, sino la línea de actuación ideológica y política de la concepción burguesa del mundo contra el comunismo en general y el marxismo en particular.

3.2. – La significación teórica y política de la crisis del marxismo

Nosotros concebimos el marxismo como la teoría científica que permite producir, mediante el estudio y la práctica social, el concepto de la producción capitalista, el conocimiento de la sociedad regida por las relaciones capitalistas de producción y su transformación mediante la lucha de clases. Como ciencia, consta de un cuerpo teórico (principios y conceptos fundamentales) y de una actividad teórica (que actúa con una metodología específica) con la finalidad de transformar la realidad social.

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones: la crisis del marxismo es la crisis de su desarrollo como ciencia, tanto en el terreno teórico como en el terreno práctico. En este sentido, el marxismo no se puede concebir como algo ajeno a las leyes que rigen la naturaleza, a la dialéctica, a la lucha de los contrarios, que avanza en la medida que su lado revolucionario y científico domina a su otro lado revisionista e ideológico, influencia de la concepción metafísica y economicista propia de la burguesía. El leninismo y el maoismo son dos momentos de cambio de esta lucha que dio como resultado un desarrollo específico del marxismo. La revolución rusa y china fueron posibles por varios aspectos que se concentran en un momento dado, teniendo en la formulación teórica del momento histórico, a la vez que la condensación de las contradicciones materiales, el motor principal de la revolución que hicieron posible la heroica lucha del proletariado ruso y chino, apoyados por el campesinado pobre.

No entender, o al menos comportarse, como que el marxismo no es un cuerpo teórico estático e inmutable a los cambios, es caer preso de la posición ideológica burguesa. No entender, o al menos comportarse, como que el marxismo no está sometido al desarrollo de la evolución dialéctica del mundo, en donde es necesario e imprescindible su adecuación a la realidad social mediante el proceso de desarrollo intelectual comprobado con la práctica social, es la manera más directa de caer en el esquematismo y en el subjetivismo que rige la concepción burguesa del mundo.

Cuando el marxismo no logra desarrollarse desde el punto de vista teórico, entra en crisis política, dado que no está capacitado para realizar su labor: conocer la realidad concreta para transformarla. Repite en la realidad actual esquemas y prácticas de una época pasada que no da la posibilidad de cambiar porque no tiene su concepto: lo que tiene que cambiar y cómo cambiarla. La crisis del marxismo tiene una doble significación: la inexistencia de la práctica teórica marxista y la inexistencia de la práctica política revolucionaria.

3.3. – Los pequeños dogmas y grandes errores a combatir

Si queremos hacer balance de una etapa concluida es necesario reflexionar sobre los dogmas que han guiado la actividad de los comunistas y los errores que se han cometido. Sin ello sería completamente imposible comenzar una nueva etapa.

En primer lugar, tenemos que recurrir a describir sintéticamente el pasado para comprender con rigor la naturaleza y actuación de los comunistas. Este pasado ha estado caracterizado, desde el punto de vista político, por tres escenarios: 1) por el auge de la lucha revolucionaria para la construcción del socialismo, lo que proyectaba una corriente de simpatía entre el proletariado a nivel internacional, 2) por el auge de los movimientos estudiantiles y obreros en torno a la oposición a las guerras imperialistas, en apoyo al Mayo francés, a la guerrilla en Sudamérica y a la Revolución Cultural en China, y 3) por el auge de la lucha de las fuerzas sociales, estudiantil y obrera, en contra de la dictadura franquista, lo que estimulaba el espíritu asociativo y organizativo de la sociedad española que había sido muy reprimido por las estructuras franquistas.

La tradición marxista en el estado español ha sido nula, circunscribiéndose a la concepción y actividad del PCE y a las distintas escisiones que se han producido entre sus filas, que se han ido situando en el aspecto organizativo y político, pero son excepciones los casos que se han situado en el terreno ideológico y, mucho menos, en el teórico, por lo que ha dominado una concepción economicista del marxismo, que ha ido revisando todas sus tesis desde el punto de vista revisionista hasta dejarla en una simple teoría de análisis de la economía política pero sin ninguna significación transformadora, revolucionaria.

Está claro que hemos formado parte de este pasado, un pasado que nos ha marcado para bien y para mal, pero que necesitamos superar si es que queremos continuar. Este pasado nos ha convertido en víctimas pero, a su vez, en verdugos de una situación que hemos ido reproduciendo de manera acrítica, pensando que colaborábamos en preparar las condiciones para la revolución por el mero hecho de querer hacerlo al seguir las pautas que nos “indicaba el Marxismo”. El Marxismo, como los diez mandamientos para el cristiano, era la guía a seguir de manera mimética si queríamos llegar a buen puerto: el socialismo.

Esta “creencia” general basada en el voluntarismo “revolucionario” empieza a desmoronarse cuando se comprueba que las cosas no funcionan como se piensa, que la militancia ciega no consigue avanzar hacia la revolución porque ésta depende de otros factores que no se tienen en cuenta, como el desarrollo de la realidad material, el desarrollo de una línea política en correspondencia con el conocimiento del desarrollo de esa realidad social y el grado de vinculación que se tiene con las masas explotadas, sobre todo con su sector más avanzado políticamente.. Se reflexiona sobre le creencia y se empieza a poner en cuestión, llegando a la conclusión de que siendo necesaria para la militancia, sobre todo en una primera etapa, puede llegar a ser nociva si no se tiene en cuenta la certeza, como su contrario, motor de la militancia revolucionaria, pues la búsqueda de la verdad tiene que pasar por el filtro de la práctica social, que constituye el criterio objetivo de los conocimientos que se tiene sobre la realidad exterior.

Otro dogma que ha hecho mucho daño y que ha dominado la concepción y práctica del “marxismo” español, en donde han tenido mucho que ver las lecturas ideológicas que se han hecho y se siguen realizando de las obras de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao, etc, que no el estudio sistemático de la teoría marxista en cuanto a sus bases teóricas y en su relación con la realidad social, es la creencia que el impulso revolucionario (la preparación y consecución de la revolución) iba de la mano de la decadencia reaccionaria (la crisis estructural del capital), cuando en realidad son cosas distintas que deben su desarrollo a sus contradicciones internas que pueden llegar a confluir, afectándose la una a la otra porque están interrelacionadas.

No menos importante ha sido la creencia, con carácter de dogma, que en el seno de la clase obrera su movimiento lo constituye todo, pensando y actuando como que toda movilización es un paso adelante, y que en la movilización está su liberación, sin tener en cuenta que la mayor parte de la movilización es espontánea, mecánica, e inducida externamente, es decir, inconsciente, no motivada por la comprensión de sus intereses estratégicos. El movimiento consciente de la clase obrera está originado, como en todas las cosas, por la lucha interna de sus polos opuestos, en donde tiene mucho que ver el desarrollo de una línea revolucionaria que se va imponiendo en su “actividad” política frente a la línea colaboracionista que actúa a su vez, como podemos comprobar en todas las manifestaciones del enfrentamiento entre las clases.

En el terreno de los errores, el más importante es la consideración de que el marxismo es una teoría acabada, haciéndose fuerte la ideologización de la teoría marxista. No se dice así explícitamente pero se le trata como así fuera cuando no se tiene la predisposición para continuar su desarrollo, ya sea por la propia incapacidad teórica de la que seguimos arrastrando, ya sea porque no se tenga en cuenta una de las leyes de la dialéctica: las cosas se desarrollan por la lucha de sus contrarios. Cuando ello no ocurre, estamos haciendo dejación de nuestra principal tarea: desarrollar la teoría marxista, esto es, utilizar los instrumentos teóricos para conocer el desarrollo de la realidad social, comprobando mediante la práctica social la veracidad de la teoría marxista y la posibilidad de la transformación revolucionaria. La lucha contra el revisionismo tiene en este aspecto su principal tarea, pues no se puede concentrar el mayor esfuerzo en la crítica ideológica a su desviacionismo y colaboracionismo. Para que sea efectiva la lucha contra el revisionismo, tiene que desarrollarse necesariamente el aspecto teórico del marxismo, tiene que retroalimentarse, pues de lo contrario va perdiendo terreno con respecto al revisionismo, frente a su contrario en su lucha contra la transformación revolucionaria de las condiciones capitalista de producción.

Otro error, no menos importante, que se profundiza en la situación política actual, es hablar de la necesidad teórica de construir el partido pero no hacer nada en la práctica para llevarlo a cabo. La construcción del partido es un largo proceso que tiene su inicio en la comprensión de su necesidad, en la comprensión teórica de la actual etapa del proceso histórico en que nos encontramos por las condiciones concretas del capitalismo en el estado español, y continúa con el esfuerzo para desarrollarlo, es decir para la elaboración de una línea política revolucionaria (que tenga en cuenta tanto la finalidad del proceso, la sociedad sin clases, como las condiciones concretas en que se desarrolla su actividad para la toma del poder político) y la formación de una sólida estructura organizativa (que permita la vinculación con las masas explotadas, con sus distintos niveles de conciencia, en la dirección de incorporarlos al proceso revolucionario, al proceso de realización de su tarea histórica). En concreto nos referimos a la pereza y desidia con que se aborda este proceso, ya que no se demuestra en la práctica una mínima preocupación y, mucho menos, predisposición para empezar a unir las fuerzas disponibles para realizar esta tarea, sin ánimo de desperdiciar ninguna que esté dispuesta a prestar su contribución por muy débil que sea su aportación. Una cosa a discutir previamente es qué requisitos ideológicos y políticos deben aceptar los distintos colectivos para formar parte del proceso de construcción del partido, porque su posterior desarrollo forma parte de los criterios que adopten los componentes del proceso.

3.4. – El desarrollo de la línea política y su vinculación con las masas

El partido no es fin en sí mismo, sino el instrumento político que empuñan las masas explotadas para su liberación del capital. Sus características vienen determinadas por la finalidad de la tarea, el carácter de clase de su acción política y el conjunto de tareas que despliega. Por eso, la construcción del partido comunista no es un acto formal, burocrático o mecánico, como entiende el revisionismo y el oportunismo, sino un proceso prolongado que se compone de varias etapas, dependiente de la realidad histórica y las situaciones sociales concretas.

El partido lo podemos definir como la estructura organizativa que se articula en torno a una línea política y unos métodos de trabajo y dirección en la perspectiva de dirigir la actividad revolucionaria hacia la creación de condiciones sociales para la toma del poder político. En todo este proceso el aspecto dominante debe ser el político, condicionando lo organizativo, que le sirve de vehículo para una mejor elaboración y aplicación de la línea política.

En este sentido, no debemos tener apego a los nombres ni a las formas particulares que en el proceso se vayan construyendo, que se tienen que poner al servicio de su desarrollo. En la actualidad no existe una estructura organizativa ni una línea política que asuma la dirección del proceso de construcción del partido, aunque existen distintos núcleos de apoyo a la teoría marxista y al comunismo que les unen sus principios ideológicos y posicionamiento político afines, pero desarticulados, sin ligazón orgánica ni planteamientos políticos colectivos, lo que hace inviable en estos momentos el elementos dinamizador del proceso de construcción del partido.

Los núcleos comunistas tenemos la tarea de desarrollar la voluntad revolucionaria en la dirección de construir el partido comunista. Para ello es preciso profundizar en el conocimiento histórico de los procesos revolucionarios, para afianzar la comprensión de la cientificidad del marxismo y el carácter  histórico del comunismo, y en el papel de las masas en la revolución, para comprender su potencialidad revolucionaria, aspectos sin los cuales es imposible la transformación revolucionaria de la sociedad.

Por línea política entendemos el conjunto de principios por los que se debe regir la actividad revolucionaria de acuerdo a su finalidad, el conocimiento a grandes rasgos de la experiencia histórica de la lucha del proletariado para conseguir su liberación social, el conocimiento concreto de la realidad concreta en que se desarrolla la lucha de clases y la táctica general y particular en su enfrentamiento de clase contra la burguesía. El proceso de elaboración de la línea política depende de muchos factores, entre ellos de la fuerza con que cuenta para abordarlo y, en particular, de la formación del núcleo dirigente de la revolución: de la vanguardia revolucionaria, que es la estructura que establece las condiciones y el grado de vinculación con las masas explotadas simpatizantes con la revolución social.

3.5. – La vanguardia y las tareas a desarrollar en el momento actual

Construir el partido es avanzar en la formación de una vanguardia revolucionaria. El revisionismo asume la tarea histórica de retrasar en la medida de sus posibilidades esta construcción a través a difundir y aplicar la política economicista en la lucha de clases que somete a los elementos más avanzados del proletariado a la consecución de “logros” y “derechos” parciales y desviando la lucha general de la clase obrera hacia el pacto social y el colaboracionismo de clase.

Por vanguardia entendemos al destacamento encargado de dirigir el proceso de construcción del partido junto con el sector de las masas que asumen su papel histórico en la lucha de clases. Esta vanguardia no se puede constituir metafísicamente, sino que tiene que partir de la comprensión de su necesidad y de la necesidad de su constitución. Los diferentes colectivos de apoyo a la revolución proletaria para convertirse en vanguardia tienen que empezar por asumir las tareas para la construcción del partido, transformando de esta manera su voluntad revolucionaria en práctica revolucionaria, convirtiéndose en revolucionarios activos.

La tarea principal, como ya lo hemos señalado, es la construcción del partido. Para ello debemos partir de las fuerzas con que contamos, que todo hay que decirlo son muy débiles. Para determinar la táctica de este proceso debemos tener en cuenta algunos aspectos importantes: 1) la meta que nos proponemos: los objetivos revolucionarios hacia dónde queremos dirigir la acción de las masas, que no son otros que las condiciones capitalistas de producción y la organización colectiva de la clase que ejerce la dominación política y la explotación económica, el estado burgués, 2) el medio por el que avanzamos: el análisis materialista y dialéctico de la situación actual, y 3) la aplicación correcta de la teoría marxista a la revolución proletaria en el estado español.

Dicho objetivo necesita de un plan divido al menos en tres etapas.

Nos vamos a centrar en la primera etapa. Esta etapa es la de reagrupación de las fuerzas marxistas: en las actuales circunstancias debemos empezar por reagrupar a los núcleos de apoyo a la revolución, tender a la cooperación y unidad de acción en la perspectiva de crear las condiciones políticas para la unificación en un proyecto común que tenga por finalidad la construcción del partido. La reagrupación debe tener como tareas inmediatas: 1) fortalecer el proceso de constitución de la vanguardia a través del estudio teórico y la lucha ideológica relacionado con los problemas que tiene que resolver la revolución, y 2) establecer vínculos políticos con los elementos más avanzados de las masas explotadas con el propósito de revolucionar la contradicción burguesía-proletariado.

La segunda etapa de elaboración de la línea política, y la tercera consolidación organizativa.

El combate con el revisionismo y el oportunismo, la formación y desarrollo de círculos de formación y experiencia marxista, la elaboración y difusión de la propaganda marxista, la formación teórica y la investigación científica, el conocimiento y difusión de las experiencias históricas del proletariado, etc. deben estar inscritos y dirigidos por estos criterios, los cuales debemos debatir en profundidad.

4. – Conclusiones

·         Los mecanismos políticos-ideológicos de la estructura democrática burguesa tienen entre sus objetivos construir una representación subjetiva, ideal, de las relaciones sociales, de manera que dificulte el cuestionamiento de las condiciones de explotación capitalista, que son invisibles por la propia estructura del funcionamiento productivo del capital. Las categorías ideológicas y políticas del sistema democrático burgués a la vez que hacen opaco el funcionamiento de la estructura capitalista, embellece sus resultados al envolverlos en una aureola de esfuerzo y participación colectiva. En este sentido, es una tarea imprescindible la crítica de manera continua, fundamentada y argumentada, al sistema de relaciones políticas e ideológicas y a las funciones del conjunto de los aparatos del estado en que se asienta la dictadura del capital como medio para legitimar las condiciones de explotación del capital.

·         Al desarrollarse la estructura de reproducción del capital a nivel internacional, se empiezan a crear las condiciones para su necesaria centralización política. Al crearse estas estructuras se potencia la intervención política de la burguesía, fortaleciendo su dominio como clase frente al proletariado al actuar con normas y directrices generales que se aplican de manera centralizada en los distintos estados nacionales. Este desarrollo de las estructuras económicas y políticas de intervención no deja al margen las formas de existencia y funciones del proletariado, que se incorpora formalmente al proceso pero como condición externa a su propio desarrollo como clase, como necesidad del desarrollo del proceso del capital: la movilidad y flexibilidad de la fuerza de trabajo es una condición de la acumulación de capital, como lo fue en su momento la concentración y adiestramiento de la fuerza de trabajo a las nuevas técnicas de la producción capitalista. Lo curioso de este proceso es que mientras que la burguesía ha fortalecido su dominio con la internacionalización del capital y la formación de bloques imperialistas, el proletariado ha retrocedido de manera manifiesta en su potencialidad como clase. Esto lo está consiguiendo la burguesía por medio de la aplicación de una política que consiste en el debilitamiento nacional de la organización política y sindical de la clase obrera. En este sentido, es imprescindible deslindar los movimientos políticos e ideológicos de la aristocracia obrera, que toma un papel predominante dentro y fuera de la clase obrera con el desarrollo del capital, así como es preciso combatir política e ideológicamente el papel reaccionario de esta fracción de clase que muestra una predisposición a la conciliación y apoyo a la política imperialista con el único propósito de defender sus intereses de clase al margen y contra los intereses económicos y políticos del conjunto de la clase obrera y del proletariado revolucionario en particular.

·         Las cosas hay que tratarlas según su naturaleza. En este sentido, el tratamiento a dar a la crisis económica capitalista depende de la naturaleza de la crisis, que es estructural, pues depende del conjunto de contradicciones sociales y de su desarrollo concreto. La alternativa a la crisis no puede ser de naturaleza económica, de aplicación de medidas económicas para corregir los desajustes estructurales, sino de naturaleza política, es decir, una alternativa a la estructura del sistema de explotación del capital. Esta alternativa política no se puede centrar en los aspectos formales de la estructura de dominación de clase del capital, en las instituciones y formas democráticas de las relaciones de dominio (reformas políticas para el control democrático del mercado), sino en la toma del poder político que es el medio para construir el socialismo. En este sentido, es necesario continuar con la crítica general y concreta al revisionismo y al oportunismo ya que son vehículos que transportan la política de la burguesía adecuada al nivel de conciencia de las masas obreras atrasada.

·         El marxismo tiene una gran tarea que realizar en las actuales circunstancias pues se le presenta un campo de actuación favorable que tiene que aprovechar. Por un lado, tiene que trabajar por crear las condiciones para la construcción del partido en cada estado, ya que es el marco político necesario en donde se tiene que realizar y desarrollar la revolución. Por otro lado, tiene que trabajar para crear las condiciones para la construcción de la internacional comunista que represente los intereses del proletariado a nivel mundial, pues el escenario internacional es el marco político en donde confluyen los intereses objetivos de los distintos estados, los intereses de las distintas clases, que por el proceso de internacionalización del capital y la formación de los bloques imperialistas se van agrupando en torno a un interés común. En este sentido, hay que tener presente las diferentes experiencias históricas de organización política del proletariado; en concreto, las que se han desarrollado en los diferentes estados en donde se han realizado las revoluciones socialistas (para aprender de sus aciertos y errores, teniendo en cuenta las condiciones históricas en que se han desarrollados para no ser trasladadas de marea mecánica a todas las situaciones y estados), como los intentos que se han realizado en el propio estado en que se ha querido construir dicha alternativa revolucionaria, para que después de un minucioso análisis aporte elementos valiosos al respecto.

·         Lo que proponemos, en definitiva, es dar un salto cualitativo en el proceso de construcción del partido, de pasar de la necesidad de organizar las condiciones políticas de la revolución proletaria a la fase de darle sentido colectivo a la militancia comunista como práctica colectiva en la dirección de contribuir a la liberación del proletariado del yugo del capital, de las relaciones que lo enajena de sus funciones sociales (producción de las condiciones materiales de la reproducción humana y construcción de una sociedad sin clases, nuevas relaciones sociales basadas en la propiedad colectiva de los medios de producción y el dominio social de la apropiación de las condiciones de su existencia, de las relaciones con la Naturaleza) para someterlo a la producción de plusvalía y consumidor de mercancías. En este sentido, es necesario replantearse el concepto actual de militancia comunista, muy supeditada en la actualidad a la particularidad de cada organización y, dentro de ella, a la de cada individuo, y al peso específico de Internet, sobre dimensionado por la cultura de la información.

 

 

 

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Sobre la Construcción del Partido (I)

 

 

Sobre la construcción del partido (1ª parte)

Este documento es continuación y desarrollo de otros dos, elaborados para dos momentos puntuales: un análisis político de las Elecciones Generales de 2011: La alternativa al capitalismo es el comunismo-, y con motivo del 1º de Mayo de 2012: En lucha contra el capital, en lucha por el comunismo-.

Lo dedicamos a todos los militantes revolucionarios que piensan que la tarea principal en estos momentos es la construcción del partido. Particularmente nos dirigimos a los camaradas del MAI y Odio de Clase, colectivos con los que compartimos principios ideológicos y posiciones políticas en favor de la revolución socialista y la dictadura del proletariado, aunque no estemos de acuerdo con sus respectivos estilos y métodos de trabajo para abordar y tratar las contradicciones.

No entendemos especialmente la posición del MAI de eludir el debate que le propusimos sobre la construcción del partido, una vez les enviamos los dos documentos anteriormente referidos. Pensamos que el silencio no es un método correcto en el debate entre comunistas para seguir avanzando.

También nos dirigimos al Colectivo Odio de Clase con la misma propuesta de debate en torno a la construcción del partido con objeto de conocer, aunque fuera una aproximación, de sus posiciones y opiniones con relación a los materiales que les remitimos. Hemos esperado conocer su posición pero hasta ahora no hemos recibido respuesta alguna. Entendemos que la crítica insistente al revisionismo a nivel internacional es incompleta si no se actúa internamente en el estado español en la contribución a la construcción del partido.

Esperamos y deseamos un cambio de actitud y relación fructífera. 

 

1. – Introducción

 El ciclo expansivo que ha vivido el capital desde la crisis del 73 se ha visto interrumpido por la actual crisis económica, poniéndose al descubierto las debilidades internas propias del imperialismo, en donde la crisis se generaliza y expande, por la propia internacionalización del capital. El periodo expansivo proyectó sobre la conciencia social la idea de que el sistema capitalista es la sociedad del bienestar y el progreso, además de eterno, en donde todo marcha siguiendo una línea ascendente y dominado por la abundancia, en el terreno económico, y la libertad, en el terreno político. Esta creencia se vio reforzada por el derrumbe de las “sociedades socialistas” del telón de acero, y la “transformación” del carácter de clase de los partidos que sustentaban esas sociedades, abrazando sin ruborizarse el modo de producción capitalista y el sistema democrático burgués que le acompaña.

Durante la crisis económica se abre un escenario favorable para combatir con decisión esta falsa idea, aunque hay que contar que los mecanismos ideológicos de la democracia burguesa se esfuerzan por hacer su trabajo, esto es, ocultar las contradicciones internas del capital al enmascarar la realidad a través de un conjunto de categorías ideológicas que embellecen las relaciones sociales capitalistas, en donde la libertad individual y el estado neutral (social, le llama el revisionismo) son los abanderados de la ideología burguesa.

Los comunistas debemos ser conscientes de esta situación, lo que nos obliga a desplegar una lucha ideológica de envergadura, adecuada a las necesidades de la tarea a desarrollar, que es amplia. Aunque aprovechemos cualquier ocasión para difundir propaganda marxista, debemos centrar nuestros esfuerzos en los elementos y sectores más avanzados de la clase obrera con el propósito de incorporarlos a las tareas de la revolución proletaria en el contexto de la construcción del partido, principal tarea de los comunistas en el momento actual.

A esta finalidad pretendemos contribuir con este documento que presentamos. Hemos de aprovechar la actual coyuntura para hacer avanzar la revolución rompiendo con nuestras incompetencias teóricas y pereza militante. Debemos ponernos en marcha todos los colectivos que nos situamos en el campo de marxismo para aunar fuerzas en una dirección común: la construcción del partido en la actual situación histórica. La cuestión a dilucidar es ¿qué debemos hacer? A ello debemos dedicar nuestra reflexión. Debemos dar un salto cualitativo en nuestras distintas actividades, pasando de las voluntades y acciones de cada colectivo a la una unidad de acción más amplia, previa discusión de las tareas a realizar en el contexto de la construcción del partido. Poco valen las voluntades y acciones individuales si no se configuran y desarrollan dentro de un marco colectivo y desde la perspectiva de preparar las condiciones para la revolución proletaria. Sin ello es absurdo el concepto de militancia comunista.

2. – Situación política

2.1. – Algunas consideraciones

Los últimos treinta y cinco años han supuesto una base firme para el desarrollo capitalista en el estado español (gobernado alternativamente por el PSOE y el PP, si exceptuamos los primeros años de UCD), lo que ha permitido una considerable acumulación de capital, a costa de la superexplotación del trabajo asalariado, y consolidación del capital financiero como dirigente de dicho desarrollo.

El sistema democrático burgués se ha fortalecido con la inestimable participación de los sectores más atrasados de la clase obrera influenciados por la alternativa política que representan PSOE y PCE/IU. La experiencia vivida nos confirma que los mecanismos democráticos burgueses, más que significar una apertura a la organización y lucha de la clase obrera con respecto a la dictadura franquista, facilitándole su unidad e identificación de sus enemigos de clase, han supuesto un freno a las reivindicaciones y combatividad, incluso las económicas, pues ha contribuido a desarticular cualquier tentativa de lucha del sector de la clase obrera con más conciencia, conduciendo las reivindicaciones y luchas hacia los intereses de los partidos y sindicatos colaboracionistas e integracionistas. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la situación actual en que vive la clase obrera es fruto de este proceso bien calculado por la burguesía y apoyado por las organizaciones del arco parlamentario.

La democracia burguesa ha cubierto varios frentes políticos con el objetivo de aglutinar todas las clases en una misma dirección: la defensa de la economía nacional, de la economía capitalista. Los Pactos de la Moncloa inician el proceso de colaboración de clase abierta y sin tapujos con la finalidad de dar estabilidad al funcionamiento del capital para planificar a largo plazo la explotación de la clase obrera. El tiempo ha puesto de manifiesto que es un marco político adecuado para la libre competencia de las fuerzas burguesas en su camino hacia el control del aparato estatal. También ha conseguido canalizar y neutralizar las luchas obreras y el descontento obrero por medio de los partidos burgueses con base obrera (PSOE, PCE-IU) y el largo etc. de fuerzas “socialistas” y “comunistas” que aceptan la legalidad democrática burguesa, renunciando a la preparación de la clase obrera para la defensa de sus intereses por la vía revolucionaria. Así mismo, ha fortalecido el entramado sindical compuesto por CCOO y UGT y otras fuerzas minoritarias para contar con unos interlocutores “válidos” que en el plano económico negocien con la patronal y apoyen la política de pacto social que impulsa el Estado capitalista.

El proceso de los últimos treinta y cinco años ha contribuido, como era de esperar, al aumento de asalarización de la fuerza de trabajo, al aumento de concentración y centralización del capital y al desarrollo del sector turístico como motor principal de la economía española. La actividad del capital inmobiliario, en donde tiene mucho que ver el capital financiero, tuvo en un primer momento efectos positivos para la economía capitalista (acumulación rápida de capital), pero ahora se están viendo y sufriendo las consecuencias de dicha intervención, lo que hace atrasar el desarrollo del capital en su conjunto, que tiene que luchar contra la recesión económica y el aumento del paro, y la competencia intercapitalista (claramente desfavorable para la burguesía española por la propia estructura de su entramado productivo, más orientado al sector turístico que al industrial por lo que no puede primar el desarrollo tecnológico como instrumento para abaratar las mercancías y aumentar la explotación del trabajo asalariado). Dos escollos importantes para iniciar la recuperación económica.

En el estado español se concentran y cruzan varias crisis a la vez por las particularidades del desarrollo capitalista.

·         Crisis económica: crisis de acumulación y de crecimiento económico. Consecuencia inmediata: aumento del paro y descenso generalizado del consumo. A ello ha contribuido el estallido de la burbuja inmobiliaria, lo que profundiza la recesión económica por la cantidad de capital tóxico en manos de los bancos que no puede fluir como crédito a las empresas para reincorporarlo como capital productivo. Junto a la destrucción masiva de tejido productivo, el estado pone en marcha una nueva Reforma Laboral que abarate la fuerza de trabajo y flexibilice las condiciones de trabajo para adecuarse a las nuevas exigencias y situación de la producción.

·         Crisis financiera: crisis de disponibilidad de capital efectivo. Consecuencia inmediata: descenso de la inversión en la economía productiva, descenso del crédito a las empresas y aumento de los activos tóxicos como consecuencia de la gran masa del capital especulativo ligada al capital financiero y su incontrolada actividad. El remedio que se ha puesto en marcha como instrumento para que no caiga la estructura financiera es la Reforma del sistema financiero para concentrar y centralizar aún más la inversión de capital.

·         Crisis fiscal: crisis recaudatoria del estado motivado por la recesión de la economía, lo que hace desequilibrar la relación entre ingresos y gastos. Consecuencia inmediata: incapacidad financiera por parte del Estado para hacer frente a las necesidades del funcionamiento del aparato estatal, lo que hace aumentar los gastos del estado. El remedio clásico que se está impulsando es el control y reducción del gasto público y el aumento de las cargas impositivas.

·         Crisis de la función pública: crisis de la gestión compartida de las funciones político-administrativas del Estado: Central y Autonómico. Consecuencia inmediata: Proceso de adelgazamiento de las administraciones públicas y centralización de las funciones.

El entrelazamiento de los cuatro aspectos de la crisis de reproducción del capital  no está provocando una crisis política que cuestione la producción capitalista ni la legitimidad política del capital, del sistema democrático burgués, por más que se manifieste en la calle un descontento por el tratamiento que le están dando los distintos gobiernos a la crisis, por no considerar “democrático” ni “equitativo” las medidas que se están aplicando por recaer mayoritariamente sobre las espaldas de los trabajadores. A esta percepción está contribuyendo la política revisionista y oportunista por la forma de abordar la situación, poniendo el acento en que hay otra alternativa a la salida de la crisis que la que impulsa la Unión Europea y los distintos gobiernos nacionales: la de repartir las cargas, aceptando las políticas burguesas si son compartidas entre todos: entre los “débiles” y los “poderosos”, las grandes fortunas.

Veamos cómo está afectando el entramado de la actual crisis de reproducción del capital a la situación política desde el punto de vista de la contradicción principal. La contradicción particular y principal del régimen capitalista de producción es la formada por la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que se manifiesta a su vez como relación de clase entre la burguesía y el proletariado, ocupando el lugar principal desde el principio hasta el final del proceso capitalista. Esta determinación del pensamiento siendo cierta es insuficiente para el conocimiento de la realidad social, pues para ello hay que determinar las características particulares de cada etapa del proceso, que es la que va a proporcionar el conocimiento concreto de la realidad concreta.

La etapa en la que se desenvuelve la lucha de clases es la del imperialismo. En esta etapa del capital se agudiza la contradicción burguesía proletariado, surge con fuerza la contradicción entre el capital monopolista y el capital de libre competencia, que lo somete a sus intereses, se intensifica las contradicciones entre los países más desarrollados y menos desarrollados, a la vez que se agudizan y se hacen más guerreras las contradicciones entre los países imperialistas por el reparto del mundo. Por el carácter específico de esta etapa la única revolución consecuente es la revolución proletaria. No cabe para esta etapa de desarrollo del capital métodos del pasado, como por ejemplo la revolución democrática popular que tiene por objetivo la restauración de la República burguesa para realizar reformas políticas necesarias que se adecuen a la estructura social y a las alianzas de clase que dirijan el proceso del capital.

Pues bien, en esta etapa la burguesía es el aspecto principal y, por tanto, dominante de la contradicción, asumiendo su papel dirigente mediante la explotación de la fuerza de trabajo asalariada con métodos que le son propios: la plusvalía relativa, como consecuencia del aumento del capital constante y su inversión en tecnología. La burguesía española se ha visto reforzada en su acción al pasar a formar parte de la cadena imperialista insertada en la Unión Europea, aportándole ésta seguridad y poder para dominar política e ideológicamente al proletariado, aunque ello lleve aparejado desajustes en la esfera nacional. En este sentido, hay que tener presente que las decisiones económicas y políticas de los distintos estados están supeditados a las directrices de la Unión Europea, que es la que marca la dirección colectiva de los estados capitalistas, apartando hacia un lado la “soberanía” de las distintas burguesías, siendo más propio de un tiempo pasado en donde los estados planificaban su acción de acuerdo a los intereses particulares de las burguesías nacionales en competencia con las otras. El dominio de la burguesía como clase en el proceso productivo, se ha reforzado por el funcionamiento de los mecanismos democráticos burgueses, que han ido calando en la conciencia y práctica de los trabajadores en la dirección del colaboracionismo de clase mediante el reconocimiento del pacto social como método para dirimir la diferencia entre las clases.

El proletariado, el otro polo de la contradicción principal, también ha sufrido modificaciones por el desarrollo de las relaciones imperialistas: si bien es cierto que ha aumentado desde el punto de vista cuantitativo por el crecimiento de la asalarización de la fuerza de trabajo disponible y en acción, también ha aumentado cuantitativa y cualitativamente el sector de la aristocracia obrera (insertada en las medianas y grandes empresas y, sobre todo, en los distintos aparatos asistenciales del estado), que ha pasado a controlar y dirigir las formas y el contenido de las reivindicaciones y las luchas de la clase obrera. Desde el punto de vista político ha ido quebrantándose la unidad e intereses colectivos de la clase obrera al desarrollarse los intereses del capital financiero y el estado adecuado a ello, ocupando la aristocracia obrera la dirección de la acción del proletariado en su propio provecho a través de los partidos colaboracionistas y los sindicatos integracionistas. Desde el punto de vista ideológico porque ha ido borrándose el instinto y la posición de clase en cuanto a la identificación de quienes son sus enemigos de clase, contribuyendo en ello, como decimos más arriba, la consolidación de la democracia burguesa y las categorías ideológicas que le son propias, calando en la conciencia obrera una visión democrática burguesa de la lucha de clases.

2.2. – Las fuerzas políticas y su papel en la coyuntura actual

Bloque continuista. A este bloque pertenecen todas las fuerzas que actúan de forma que las cosas continúen como están. Son los defensores del capitalismo dejando intacto la Constitución y el Estado Autonómico, aunque reformando aquellos aspectos que consideran necesarios, como por ejemplo aquellas instancias que duplican actividades y gastos. PP y PSOE son las dos fuerzas representativas de este bloque por su carácter genuinamente burgués y su concepción nacional del poder de la clase dominante. Le acompañan las fuerzas nacionalistas más importantes (CIU, PNV, CC, etc.) que mantienen un tira y afloja permanente con estos partidos nacionales para verse recompensados en sus peticiones nacionalistas favorables a los intereses de la burguesía de sus diferentes territorios y a los de ellos como representantes políticos de esta fracción. Una característica de este bloque es la pertenencia al poder político (por el método del bipartidismo y el colaboracionismo: una vez en el gobierno y otra en la oposición), dando con ello estabilidad y seguridad al sistema político como soporte del sistema de explotación.

Bloque reformista. A este bloque pertenecen las fuerzas que apoyan al sistema capitalista pero que propugnan reformas políticas para consolidar el sistema de explotación. El objetivo de los reformistas se sitúa en reformar la Constitución y el sistema de representación parlamentaria, que le es desfavorable para sus intereses partidistas. IU-PCE es el referente de este bloque que está constituido además por los sindicatos CCOO y UGT y por otros pequeños partidos y asociaciones a la sombra de las organizaciones citadas.

Bloque rupturista. Tiene como núcleo a las organizaciones comunistas que se sitúan en el campo del revisionismo, aceptando las vías democráticas burguesas (mediante reformas) para conseguir la revolución democrática popular a través de la alianza entre las clases antimonopolistas. Su cabeza visible es el PCPE, acompañado por otras organizaciones más pequeñas que comparten en el fondo su concepción política, aunque se resisten a integrarse ¿por qué? Su lógica natural es formar parte del bloque reformista, aunque la actividad de los revolucionarios es actuar entre sus filas de manera crítica para irse atrayendo a los elementos más indecisos.

Bloque no comprometido con la vía democrática burguesa. Lo forman diversos colectivos y organizaciones situados en el campo del marxismo. El aglutinante principal es el rechazo a la vía democrática burguesa y al revisionismo, pero con grandes resistencias a la unidad de acción. Una de sus características más negativas es que no rompen la tendencia a actuar cada uno por su lado, entendiendo el marxismo a la manera de su experiencia histórica particular. La tarea principal de este bloque es aglutinar sus fuerzas para la discusión sobre las condiciones teóricas de la construcción del partido en la realidad actual para desarrollar las tareas necesarias para tal fin.

El entramado político-democrático domina el enfrentamiento entre clases, sometiendo la lucha de la clase obrera a las estructuras del sistema de dominación burgués. La lucha de la clase obrera sigue moviéndose entre la espontaneidad que explota en momentos determinados y el control de los sindicatos y partidos colaboracionistas que lo lleva al terreno de la confianza en la democracia burguesa y de la negociación colectiva.

2.3. – El marxismo ante la situación actual

Las organizaciones y colectivos que se sitúan en el campo del marxismo estamos, hay que confesarlo, un tanto confusos y desorientados ante la situación, dada la incomprensión que tenemos del actual desarrollo del capitalismo y del proceso que ha supuesto la caída del socialismo en la URSS y del cambio profundo del socialismo en China hacia la economía capitalista. No estamos acostumbrados a entender que lo nuevo es fruto de un trabajo previo basado en el conocimiento y la práctica revolucionaria, pues es muy arraigada la concepción de que el marxismo es el método de  aplicar la teoría (elaborada para siempre) a la práctica.

Nos movemos con esquemas antiguos y dogmáticos para analizar lo que ha pasado y está pasando, sin acertar por dónde debemos caminar. No tenemos las herramientas actualizadas, labor del desarrollo teórico del marxismo, mediante las cuales abordar la lucha política desde una perspectiva de clase proletaria y revolucionaria. Los resultados son desoladores en cuanto que nuestra presencia en la lucha de clases se ha reducido casi a cero, situación que debe servir para analizarla en profundidad con ánimo de superarla. Nos tenemos que dejar de lamentaciones para coger el toro por los cuernos con ilusión ideológica renovada apoyada en una militancia materialista.