Sobre la Construcción del Partido (I)

 

 

Sobre la construcción del partido (1ª parte)

Este documento es continuación y desarrollo de otros dos, elaborados para dos momentos puntuales: un análisis político de las Elecciones Generales de 2011: La alternativa al capitalismo es el comunismo-, y con motivo del 1º de Mayo de 2012: En lucha contra el capital, en lucha por el comunismo-.

Lo dedicamos a todos los militantes revolucionarios que piensan que la tarea principal en estos momentos es la construcción del partido. Particularmente nos dirigimos a los camaradas del MAI y Odio de Clase, colectivos con los que compartimos principios ideológicos y posiciones políticas en favor de la revolución socialista y la dictadura del proletariado, aunque no estemos de acuerdo con sus respectivos estilos y métodos de trabajo para abordar y tratar las contradicciones.

No entendemos especialmente la posición del MAI de eludir el debate que le propusimos sobre la construcción del partido, una vez les enviamos los dos documentos anteriormente referidos. Pensamos que el silencio no es un método correcto en el debate entre comunistas para seguir avanzando.

También nos dirigimos al Colectivo Odio de Clase con la misma propuesta de debate en torno a la construcción del partido con objeto de conocer, aunque fuera una aproximación, de sus posiciones y opiniones con relación a los materiales que les remitimos. Hemos esperado conocer su posición pero hasta ahora no hemos recibido respuesta alguna. Entendemos que la crítica insistente al revisionismo a nivel internacional es incompleta si no se actúa internamente en el estado español en la contribución a la construcción del partido.

Esperamos y deseamos un cambio de actitud y relación fructífera. 

 

1. – Introducción

 El ciclo expansivo que ha vivido el capital desde la crisis del 73 se ha visto interrumpido por la actual crisis económica, poniéndose al descubierto las debilidades internas propias del imperialismo, en donde la crisis se generaliza y expande, por la propia internacionalización del capital. El periodo expansivo proyectó sobre la conciencia social la idea de que el sistema capitalista es la sociedad del bienestar y el progreso, además de eterno, en donde todo marcha siguiendo una línea ascendente y dominado por la abundancia, en el terreno económico, y la libertad, en el terreno político. Esta creencia se vio reforzada por el derrumbe de las “sociedades socialistas” del telón de acero, y la “transformación” del carácter de clase de los partidos que sustentaban esas sociedades, abrazando sin ruborizarse el modo de producción capitalista y el sistema democrático burgués que le acompaña.

Durante la crisis económica se abre un escenario favorable para combatir con decisión esta falsa idea, aunque hay que contar que los mecanismos ideológicos de la democracia burguesa se esfuerzan por hacer su trabajo, esto es, ocultar las contradicciones internas del capital al enmascarar la realidad a través de un conjunto de categorías ideológicas que embellecen las relaciones sociales capitalistas, en donde la libertad individual y el estado neutral (social, le llama el revisionismo) son los abanderados de la ideología burguesa.

Los comunistas debemos ser conscientes de esta situación, lo que nos obliga a desplegar una lucha ideológica de envergadura, adecuada a las necesidades de la tarea a desarrollar, que es amplia. Aunque aprovechemos cualquier ocasión para difundir propaganda marxista, debemos centrar nuestros esfuerzos en los elementos y sectores más avanzados de la clase obrera con el propósito de incorporarlos a las tareas de la revolución proletaria en el contexto de la construcción del partido, principal tarea de los comunistas en el momento actual.

A esta finalidad pretendemos contribuir con este documento que presentamos. Hemos de aprovechar la actual coyuntura para hacer avanzar la revolución rompiendo con nuestras incompetencias teóricas y pereza militante. Debemos ponernos en marcha todos los colectivos que nos situamos en el campo de marxismo para aunar fuerzas en una dirección común: la construcción del partido en la actual situación histórica. La cuestión a dilucidar es ¿qué debemos hacer? A ello debemos dedicar nuestra reflexión. Debemos dar un salto cualitativo en nuestras distintas actividades, pasando de las voluntades y acciones de cada colectivo a la una unidad de acción más amplia, previa discusión de las tareas a realizar en el contexto de la construcción del partido. Poco valen las voluntades y acciones individuales si no se configuran y desarrollan dentro de un marco colectivo y desde la perspectiva de preparar las condiciones para la revolución proletaria. Sin ello es absurdo el concepto de militancia comunista.

2. – Situación política

2.1. – Algunas consideraciones

Los últimos treinta y cinco años han supuesto una base firme para el desarrollo capitalista en el estado español (gobernado alternativamente por el PSOE y el PP, si exceptuamos los primeros años de UCD), lo que ha permitido una considerable acumulación de capital, a costa de la superexplotación del trabajo asalariado, y consolidación del capital financiero como dirigente de dicho desarrollo.

El sistema democrático burgués se ha fortalecido con la inestimable participación de los sectores más atrasados de la clase obrera influenciados por la alternativa política que representan PSOE y PCE/IU. La experiencia vivida nos confirma que los mecanismos democráticos burgueses, más que significar una apertura a la organización y lucha de la clase obrera con respecto a la dictadura franquista, facilitándole su unidad e identificación de sus enemigos de clase, han supuesto un freno a las reivindicaciones y combatividad, incluso las económicas, pues ha contribuido a desarticular cualquier tentativa de lucha del sector de la clase obrera con más conciencia, conduciendo las reivindicaciones y luchas hacia los intereses de los partidos y sindicatos colaboracionistas e integracionistas. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la situación actual en que vive la clase obrera es fruto de este proceso bien calculado por la burguesía y apoyado por las organizaciones del arco parlamentario.

La democracia burguesa ha cubierto varios frentes políticos con el objetivo de aglutinar todas las clases en una misma dirección: la defensa de la economía nacional, de la economía capitalista. Los Pactos de la Moncloa inician el proceso de colaboración de clase abierta y sin tapujos con la finalidad de dar estabilidad al funcionamiento del capital para planificar a largo plazo la explotación de la clase obrera. El tiempo ha puesto de manifiesto que es un marco político adecuado para la libre competencia de las fuerzas burguesas en su camino hacia el control del aparato estatal. También ha conseguido canalizar y neutralizar las luchas obreras y el descontento obrero por medio de los partidos burgueses con base obrera (PSOE, PCE-IU) y el largo etc. de fuerzas “socialistas” y “comunistas” que aceptan la legalidad democrática burguesa, renunciando a la preparación de la clase obrera para la defensa de sus intereses por la vía revolucionaria. Así mismo, ha fortalecido el entramado sindical compuesto por CCOO y UGT y otras fuerzas minoritarias para contar con unos interlocutores “válidos” que en el plano económico negocien con la patronal y apoyen la política de pacto social que impulsa el Estado capitalista.

El proceso de los últimos treinta y cinco años ha contribuido, como era de esperar, al aumento de asalarización de la fuerza de trabajo, al aumento de concentración y centralización del capital y al desarrollo del sector turístico como motor principal de la economía española. La actividad del capital inmobiliario, en donde tiene mucho que ver el capital financiero, tuvo en un primer momento efectos positivos para la economía capitalista (acumulación rápida de capital), pero ahora se están viendo y sufriendo las consecuencias de dicha intervención, lo que hace atrasar el desarrollo del capital en su conjunto, que tiene que luchar contra la recesión económica y el aumento del paro, y la competencia intercapitalista (claramente desfavorable para la burguesía española por la propia estructura de su entramado productivo, más orientado al sector turístico que al industrial por lo que no puede primar el desarrollo tecnológico como instrumento para abaratar las mercancías y aumentar la explotación del trabajo asalariado). Dos escollos importantes para iniciar la recuperación económica.

En el estado español se concentran y cruzan varias crisis a la vez por las particularidades del desarrollo capitalista.

·         Crisis económica: crisis de acumulación y de crecimiento económico. Consecuencia inmediata: aumento del paro y descenso generalizado del consumo. A ello ha contribuido el estallido de la burbuja inmobiliaria, lo que profundiza la recesión económica por la cantidad de capital tóxico en manos de los bancos que no puede fluir como crédito a las empresas para reincorporarlo como capital productivo. Junto a la destrucción masiva de tejido productivo, el estado pone en marcha una nueva Reforma Laboral que abarate la fuerza de trabajo y flexibilice las condiciones de trabajo para adecuarse a las nuevas exigencias y situación de la producción.

·         Crisis financiera: crisis de disponibilidad de capital efectivo. Consecuencia inmediata: descenso de la inversión en la economía productiva, descenso del crédito a las empresas y aumento de los activos tóxicos como consecuencia de la gran masa del capital especulativo ligada al capital financiero y su incontrolada actividad. El remedio que se ha puesto en marcha como instrumento para que no caiga la estructura financiera es la Reforma del sistema financiero para concentrar y centralizar aún más la inversión de capital.

·         Crisis fiscal: crisis recaudatoria del estado motivado por la recesión de la economía, lo que hace desequilibrar la relación entre ingresos y gastos. Consecuencia inmediata: incapacidad financiera por parte del Estado para hacer frente a las necesidades del funcionamiento del aparato estatal, lo que hace aumentar los gastos del estado. El remedio clásico que se está impulsando es el control y reducción del gasto público y el aumento de las cargas impositivas.

·         Crisis de la función pública: crisis de la gestión compartida de las funciones político-administrativas del Estado: Central y Autonómico. Consecuencia inmediata: Proceso de adelgazamiento de las administraciones públicas y centralización de las funciones.

El entrelazamiento de los cuatro aspectos de la crisis de reproducción del capital  no está provocando una crisis política que cuestione la producción capitalista ni la legitimidad política del capital, del sistema democrático burgués, por más que se manifieste en la calle un descontento por el tratamiento que le están dando los distintos gobiernos a la crisis, por no considerar “democrático” ni “equitativo” las medidas que se están aplicando por recaer mayoritariamente sobre las espaldas de los trabajadores. A esta percepción está contribuyendo la política revisionista y oportunista por la forma de abordar la situación, poniendo el acento en que hay otra alternativa a la salida de la crisis que la que impulsa la Unión Europea y los distintos gobiernos nacionales: la de repartir las cargas, aceptando las políticas burguesas si son compartidas entre todos: entre los “débiles” y los “poderosos”, las grandes fortunas.

Veamos cómo está afectando el entramado de la actual crisis de reproducción del capital a la situación política desde el punto de vista de la contradicción principal. La contradicción particular y principal del régimen capitalista de producción es la formada por la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que se manifiesta a su vez como relación de clase entre la burguesía y el proletariado, ocupando el lugar principal desde el principio hasta el final del proceso capitalista. Esta determinación del pensamiento siendo cierta es insuficiente para el conocimiento de la realidad social, pues para ello hay que determinar las características particulares de cada etapa del proceso, que es la que va a proporcionar el conocimiento concreto de la realidad concreta.

La etapa en la que se desenvuelve la lucha de clases es la del imperialismo. En esta etapa del capital se agudiza la contradicción burguesía proletariado, surge con fuerza la contradicción entre el capital monopolista y el capital de libre competencia, que lo somete a sus intereses, se intensifica las contradicciones entre los países más desarrollados y menos desarrollados, a la vez que se agudizan y se hacen más guerreras las contradicciones entre los países imperialistas por el reparto del mundo. Por el carácter específico de esta etapa la única revolución consecuente es la revolución proletaria. No cabe para esta etapa de desarrollo del capital métodos del pasado, como por ejemplo la revolución democrática popular que tiene por objetivo la restauración de la República burguesa para realizar reformas políticas necesarias que se adecuen a la estructura social y a las alianzas de clase que dirijan el proceso del capital.

Pues bien, en esta etapa la burguesía es el aspecto principal y, por tanto, dominante de la contradicción, asumiendo su papel dirigente mediante la explotación de la fuerza de trabajo asalariada con métodos que le son propios: la plusvalía relativa, como consecuencia del aumento del capital constante y su inversión en tecnología. La burguesía española se ha visto reforzada en su acción al pasar a formar parte de la cadena imperialista insertada en la Unión Europea, aportándole ésta seguridad y poder para dominar política e ideológicamente al proletariado, aunque ello lleve aparejado desajustes en la esfera nacional. En este sentido, hay que tener presente que las decisiones económicas y políticas de los distintos estados están supeditados a las directrices de la Unión Europea, que es la que marca la dirección colectiva de los estados capitalistas, apartando hacia un lado la “soberanía” de las distintas burguesías, siendo más propio de un tiempo pasado en donde los estados planificaban su acción de acuerdo a los intereses particulares de las burguesías nacionales en competencia con las otras. El dominio de la burguesía como clase en el proceso productivo, se ha reforzado por el funcionamiento de los mecanismos democráticos burgueses, que han ido calando en la conciencia y práctica de los trabajadores en la dirección del colaboracionismo de clase mediante el reconocimiento del pacto social como método para dirimir la diferencia entre las clases.

El proletariado, el otro polo de la contradicción principal, también ha sufrido modificaciones por el desarrollo de las relaciones imperialistas: si bien es cierto que ha aumentado desde el punto de vista cuantitativo por el crecimiento de la asalarización de la fuerza de trabajo disponible y en acción, también ha aumentado cuantitativa y cualitativamente el sector de la aristocracia obrera (insertada en las medianas y grandes empresas y, sobre todo, en los distintos aparatos asistenciales del estado), que ha pasado a controlar y dirigir las formas y el contenido de las reivindicaciones y las luchas de la clase obrera. Desde el punto de vista político ha ido quebrantándose la unidad e intereses colectivos de la clase obrera al desarrollarse los intereses del capital financiero y el estado adecuado a ello, ocupando la aristocracia obrera la dirección de la acción del proletariado en su propio provecho a través de los partidos colaboracionistas y los sindicatos integracionistas. Desde el punto de vista ideológico porque ha ido borrándose el instinto y la posición de clase en cuanto a la identificación de quienes son sus enemigos de clase, contribuyendo en ello, como decimos más arriba, la consolidación de la democracia burguesa y las categorías ideológicas que le son propias, calando en la conciencia obrera una visión democrática burguesa de la lucha de clases.

2.2. – Las fuerzas políticas y su papel en la coyuntura actual

Bloque continuista. A este bloque pertenecen todas las fuerzas que actúan de forma que las cosas continúen como están. Son los defensores del capitalismo dejando intacto la Constitución y el Estado Autonómico, aunque reformando aquellos aspectos que consideran necesarios, como por ejemplo aquellas instancias que duplican actividades y gastos. PP y PSOE son las dos fuerzas representativas de este bloque por su carácter genuinamente burgués y su concepción nacional del poder de la clase dominante. Le acompañan las fuerzas nacionalistas más importantes (CIU, PNV, CC, etc.) que mantienen un tira y afloja permanente con estos partidos nacionales para verse recompensados en sus peticiones nacionalistas favorables a los intereses de la burguesía de sus diferentes territorios y a los de ellos como representantes políticos de esta fracción. Una característica de este bloque es la pertenencia al poder político (por el método del bipartidismo y el colaboracionismo: una vez en el gobierno y otra en la oposición), dando con ello estabilidad y seguridad al sistema político como soporte del sistema de explotación.

Bloque reformista. A este bloque pertenecen las fuerzas que apoyan al sistema capitalista pero que propugnan reformas políticas para consolidar el sistema de explotación. El objetivo de los reformistas se sitúa en reformar la Constitución y el sistema de representación parlamentaria, que le es desfavorable para sus intereses partidistas. IU-PCE es el referente de este bloque que está constituido además por los sindicatos CCOO y UGT y por otros pequeños partidos y asociaciones a la sombra de las organizaciones citadas.

Bloque rupturista. Tiene como núcleo a las organizaciones comunistas que se sitúan en el campo del revisionismo, aceptando las vías democráticas burguesas (mediante reformas) para conseguir la revolución democrática popular a través de la alianza entre las clases antimonopolistas. Su cabeza visible es el PCPE, acompañado por otras organizaciones más pequeñas que comparten en el fondo su concepción política, aunque se resisten a integrarse ¿por qué? Su lógica natural es formar parte del bloque reformista, aunque la actividad de los revolucionarios es actuar entre sus filas de manera crítica para irse atrayendo a los elementos más indecisos.

Bloque no comprometido con la vía democrática burguesa. Lo forman diversos colectivos y organizaciones situados en el campo del marxismo. El aglutinante principal es el rechazo a la vía democrática burguesa y al revisionismo, pero con grandes resistencias a la unidad de acción. Una de sus características más negativas es que no rompen la tendencia a actuar cada uno por su lado, entendiendo el marxismo a la manera de su experiencia histórica particular. La tarea principal de este bloque es aglutinar sus fuerzas para la discusión sobre las condiciones teóricas de la construcción del partido en la realidad actual para desarrollar las tareas necesarias para tal fin.

El entramado político-democrático domina el enfrentamiento entre clases, sometiendo la lucha de la clase obrera a las estructuras del sistema de dominación burgués. La lucha de la clase obrera sigue moviéndose entre la espontaneidad que explota en momentos determinados y el control de los sindicatos y partidos colaboracionistas que lo lleva al terreno de la confianza en la democracia burguesa y de la negociación colectiva.

2.3. – El marxismo ante la situación actual

Las organizaciones y colectivos que se sitúan en el campo del marxismo estamos, hay que confesarlo, un tanto confusos y desorientados ante la situación, dada la incomprensión que tenemos del actual desarrollo del capitalismo y del proceso que ha supuesto la caída del socialismo en la URSS y del cambio profundo del socialismo en China hacia la economía capitalista. No estamos acostumbrados a entender que lo nuevo es fruto de un trabajo previo basado en el conocimiento y la práctica revolucionaria, pues es muy arraigada la concepción de que el marxismo es el método de  aplicar la teoría (elaborada para siempre) a la práctica.

Nos movemos con esquemas antiguos y dogmáticos para analizar lo que ha pasado y está pasando, sin acertar por dónde debemos caminar. No tenemos las herramientas actualizadas, labor del desarrollo teórico del marxismo, mediante las cuales abordar la lucha política desde una perspectiva de clase proletaria y revolucionaria. Los resultados son desoladores en cuanto que nuestra presencia en la lucha de clases se ha reducido casi a cero, situación que debe servir para analizarla en profundidad con ánimo de superarla. Nos tenemos que dejar de lamentaciones para coger el toro por los cuernos con ilusión ideológica renovada apoyada en una militancia materialista.

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