Los Derechos Humanos como Espejismo Burgués

1 Déclaration

Los Derechos Humanos como espejismo burgués 

Este trabajo tiene el propósito de hacer una crítica a las bases ideológicas y políticas de los llamados “nuevos movimientos sociales”, que están proliferando en el panorama político español e internacional, muestra del evidente desprestigio de los partidos y sindicatos que gestionan el poder político de la burguesía. Nos referimos a los distintas plataformas o Foros cívicos o ciudadanos que surgen por doquier, y según confiesan, tienen el objetivo de defender la Democracia con mayúscula frente a la tiranía y la opacidad de la “clase política” a través de una legítima oposición pacífica al poder corrupto que somete la voluntad de la “mayoría ciudadana” a los intereses de una minoría depredadora.

1)      Los nuevos cachorros de la democracia burguesa

Vamos a proceder siguiendo el método que marca la investigación científica: empezando por la manifestación del movimiento de la materia para producir mediante el pensamiento el conocimiento de la realidad o, al menos, parte de ella.

La propia crisis económica y su desarrollo, unido a la corrupción económica generalizada, actúan sobre la conciencia de la clase obrera y parte de la pequeña burguesía, explotadora o amancebada, de manera que están favoreciendo una corriente ideológica que pone en cuestión la naturaleza y el carácter de los mecanismos democráticos burgueses debido al divorcio entre su función abstracta (favorecer la libertad de los individuos a través de la participación social y la armonización de los intereses entre las distintas clases sociales mediante la redistribución de la riqueza) y su función concreta (legitimar el sometimiento de la clase obrera a los intereses de la burguesía, propietaria de los medios de producción). Esto ocurre, hasta cierto punto, puesto que esta manifestación no va más allá de la visualización de este divorcio ya que no penetra en las causas económicas que hacen “legítima” la división en clases de la sociedad, ya que desde el punto de vista legal así se recoge en el ordenamiento jurídico.

Es un hecho palpable, que las instituciones burguesas están perdiendo prestigio entre las masas trabajadoras en la medida que se hacen patentes los efectos de la crisis económica. Así mismo, la política institucional burguesa cada vez cuenta con menos apoyo entre las masas al extenderse la corrupción dentro de los partidos que apuntalan el sistema político burgués en connivencia con las empresas privadas participantes del negocio público (llamativos son, por lo publicitado, los casos Gurtel, Bárcenas, o los ERE en Andalucía) como medio de financiación y enriquecimiento de las estructuras y de dirigentes de los principales partidos del sistema.

Insistimos, ello no implica que el sistema económico y político de la burguesía esté abocado a un inminente colapso, ni que el actual ambiente de desconfianza social hacia las instituciones burguesas y sus aparatos político-burocráticos trabaje a favor de una crisis social. No pensamos que el sistema capitalista está a punto de inmolarse. Ello sólo puede ocurrir si existiera una organización política y un sistema ideológico revolucionarios estrechamente ligados a los intereses de las masas trabajadoras y enraizados los movimientos sociales y que pusiera en cuestión los cimientos de la sociedad burguesa en la dirección de destruir las relaciones sociales capitalistas.

En el Estado español, el bipartidismo PP-PSOE sobre el que descansa el ejercicio del poder político de la burguesía, se encuentra actualmente con serias trabas para cumplir con eficiencia su cometido, pues el descontento social hace mella en la confianza y legitimidad que necesitan los mecanismos democráticos burgueses para funcionar con normalidad. Gran parte del reinante estado de aceptación o pasividad de las masas se asienta en la creencia de que más pronto que tarde todo va a volver a la situación de bonanza anterior, que retornarán las vacas gordas en cuanto pase este mal sueño, sin comprender que ello no es más que el punto de partida para la próxima crisis, y que esa es la forma normal de proceder del capital.

Ciertos sectores sociales se impacientan ante el agravamiento de su situación material y plantean luchar contra los efectos de la crisis, viendo exclusivamente su problemática concreta. Esta lucha espontaneísta y parcializada, al no estar ligada a la finalidad histórica del proletariado, aísla cada lucha de las demás sometiéndolas al desgaste del propio movimiento, actuando como una losa sobre los participantes: cada movimiento aborda sus reivindicaciones sin atender a la problemática del conjunto, pensando que es un asunto de cada cual. La conciencia social influenciada por la ideología dominante tiende a luchar contra la crisis actuando sobre sus efectos, como si fuera una desgracia natural que se puede remediar con medidas que contribuyan a la salida de la crisis, recurriendo a la buena voluntad y al empeño del gobierno de turno.

Si frente a esta ideología dominante, no se posee un sistema ideológico alternativo que represente a los intereses de las masas explotadas y se sustente en una concepción materialista y dialéctica del desarrollo de la sociedad, no se puede comprender que la crisis económica capitalista existirá mientras existan las relaciones capitalistas de producción, mientras exista la producción de plusvalía y el trabajo asalariado dependiente del capital. No se puede llegar a entender que la crisis económica capitalista es, por un lado, la manifestación necesaria del funcionamiento dialéctico del capital, es decir, de la contradicción antagónica que se desarrolla en el capital entre el carácter social de la producción, expresado como desarrollo de las fuerzas productivas, y de la apropiación privada de la riqueza creada, expresada como acumulación de capital que tiende a destruir fuerzas productivas, debido al carácter privado de las relaciones capitalistas de producción. Es, por otro lado, condición necesaria del funcionamiento dialéctico del capital, esto es, la forma social concreta en que se desenvuelve esta contradicción que hemos señalado anteriormente. Por eso cada crisis económica no es un fin en sí mismo, sino una etapa en el desenvolvimiento y desarrollo general del capital (depurarse y reestructurarse sobre una nueva base), una etapa en el ciclo de existencia y reproducción del capital. Querer eliminar las crisis económicas en el capitalismo es como querer eliminar la luz en el sistema solar, es simplemente ¡Imposible!. Por contra, concebir la crisis económica desde el punto de vista de condición necesaria del funcionamiento dialéctico del capital es percibir acertadamente que el capitalismo tiene capacidad económica para superarla, lo cual implica que su destrucción no deviene por un colapso interno, de un derrumbamiento de sus propios mecanismos, sino que tiene que venir de la existencia y empuje de una fuerza externa a su estructura, de la lucha de clases que tiene que ejercer el proletariado para superar el capitalismo como organización social caduca en la actual situación histórica.

2 No hay pan

Lo mismo ocurre con la corrupción económica, ya que no puede ser comprendida por el mero hecho de existir de una manera cruda y sangrante. La corrupción económica no es un fenómeno genuino del capitalismo, puesto que también se da en otros modos de producción, como así ha ocurrido en el socialismo. La corrupción económica, esto es, recibir prebendas de particulares o apoderarse de bienes de la colectividad por los servicios prestados, no puede eliminarse o mitigarse con simples medidas jurídicas, puesto que ello depende del poder de la sociedad ejercida por una casta de dirigentes separada de todo control de las masas trabajadoras: ello está claro en el capitalismo, el poder está en manos de la burguesía por la división social de la producción y es delegado por esa clase en unos gestores para que administren la sociedad en su nombre e intereses de clase, dando la oportunidad a esos gestores para corromperse por los servicios prestados.

En el socialismo esto no está tan claro, pues aunque aparentemente el poder está en manos del proletariado, en gran medida y hasta el desarrollo pleno de las relaciones socialistas de producción, una corte de burócratas, técnicos y oportunistas son los que detentan los medios de producción, las riendas del Estado y el poder social efectivo. Si a esta casta no se le controla socialmente, es decir, no se le somete al control político de las masas, a la dirección económica de las relaciones de producción y a la dirección del proceso socialista hacia el comunismo, la corrupción estará servida.

Estos dos fenómenos sociales, crisis económica y corrupción económica generalizadas están despertando entre las masas obreras una corriente de repudio hacia los partidos parlamentarios, con más rechazo a los partidos de mayor protagonismo de gobierno pues no dan alternativa a sus reivindicaciones económicas y a su concepción democrática de participación dominada por el concepto burgués de igualdad de oportunidades. Este rechazo va tomando cuerpo mediante la articulación de un proyecto político heterogéneo que recoge estas aspiraciones preñadas de ideología burguesa, aunque formalmente equidistante de los grandes partidos y sindicatos oficiales del sistema. Y esto ocurre así por dos razones: el movimiento económico está desplazando parte de los intereses políticos hacia fuera de la estructura del sistema tradicional al no estar representados esos intereses en el momento actual. Este desplazamiento político se articula en estructuras “nuevas” desde el punto de vista organizativo pero se integra política e ideológicamente en el sistema por la influencia que ejerce sobre sus dirigentes y sus representantes de marcada ideología burguesa, su seña de identidad es el democratismo burgués y su odio hacia toda noción comunista e ideología marxista. La otra razón es la inexistencia de un movimiento comunista.

Ciertos dirigentes ligados a la intelectualidad, a la pequeña burguesía explotadora y al revisionismo patrio trabajan para articular un proyecto político que sea lo suficientemente atractivo con el que ganarse la simpatía y confianza de amplias masas “ciudadanas” con el objeto de conseguir sus votos en las próximas elecciones generales, autonómicas o locales. Se pretende construir un Frente Electoral para competir con los partidos tradicionales, a los que consideran parte del problema, no de la solución. Estos dirigentes y sus proyectos políticos y sociales no cuestionan el sistema económico y político, a lo sumo persiguen un timorato cambio de modelo productivo y de sus opacas formas de actuación institucional, que proponen erradicar por medio de una regeneración democrática, que ellos impulsarán con el apoyo de la “ciudadanía” indignada.

Los distintos representantes de estas plataformas apuestan por un programa regenerador y democrático, que ya está elaborado, simplemente basta aplicarlo: son los Derechos Humanos, preceptos universales pisoteados por los gobiernos nacionales a instancia de los organismos internacionales que actúan a las órdenes de las redes tejidas por las multinacionales. Como dicen, nacen para defender y limpiar los canales tradicionales de la vieja democracia burguesa, instituciones que consideran válidas pues representan la soberanía popular, aunque viciadas por una ley electoral arcaica que impide la igualdad de oportunidades y la ventilación de los filtros democráticos, y permitiendo así la corrupción de los partidos elegidos democráticamente.

Como podemos observar es el viejo proyecto de la burguesía progresista que se enfrenta al sistema feudal, la idealización y filantropía de la burguesía emprendedora que considera al ciudadano burgués como el centro de la acción política social y a la democracia como el instrumento para conseguir la participación ciudadana en pos de la redistribución de la riqueza, eso sí, dejando a un lado intacto, las condiciones y leyes de la producción, cambio y distribución burguesas, que como todos sabemos se rigen por la explotación del trabajo asalariado. Desde aquí, les decimos a dichas asociaciones que en esa línea, la tarea resulta harto difícil, que, puesto que no se piensa en transformar la sociedad sino en hacerla “más equitativa” dentro de los cauces capitalistas, sus propuestas pueden contar con el beneplácito y la simpatía de la burguesía emprendedora, la pequeña burguesía y la aristocracia obrera, que sus concepciones de la vida son tan mezquinas como las de la mediana y gran burguesía, por más que lleguen al auto-convencimiento de que la igualdad es posible en el capitalismo. Que incluso es posible por la buena voluntad de los gobernantes, si así se lo proponen. ¡Cuánto daño han hecho estas palabras, cuantos muertos ha causado por no tener en cuenta los fundamentos materiales de la realidad histórica y de la lucha de clases!

¡Cuán ingenuos los promotores de estas asociaciones y qué candorosa forma de concebir las relaciones sociales! Algunos de ellos viejos desertores de la lucha del proletariado por su emancipación, que se reconvierten, a la vejez, en agentes de la burguesía para dar credibilidad moral a sus pretensiones de defensa del una idealizada “democracia real” que ven amenazada por la corrupción generalizada del “capitalismo salvaje” y “especulativo”, convertido en verdadero azote de la Humanidad, mientras anhelan retornar al capitalismo “productivo” y “civilizado” del estado del bienestar, reformado sobre una base moral, todo ello sin comprender cómo opera realmente la sociedad burguesa, y por qué sus leyes se imponen inexorablemente a los personas sin que puedan sustraerse a ellas individual o colectivamente, por mucho que lo deseen.

empujemos

2) Los Derechos Humanos son un sistema moral que brota de las condiciones de producción burguesa

Pero dejemos, por ahora, esta crítica a los animadores de dichas iniciativas y centrémonos en su programa electoral. La declaración universal de los Derechos Humanos está construida sobre unos valores eternos y universales, ajenos al tiempo y al espacio que los hicieron nacer, puesto que pervivirán a todas las etapas históricas y sociales del ser humano. Está elaborado, por tanto, a modo de un pensamiento esquemático que envuelve a toda relación social, que la considera deudora de ella (al revés de como ocurre en la realidad social, es decidir, las ideas y conceptos que nos hacemos de las cosas es un  reflejo de las condiciones de producción).

Lo cierto es que se suscribió a mediados del siglo XX por la Asamblea General de la ONU, lo que nos indica que fue elaborada después de que el capitalismo se hubiese desarrollado hasta su fase imperialista y que las revoluciones socialistas de la URSS y China se hubieran realizado como forma de destruir el capitalismo. Está escrito a modo de un gran sistema moral, articulado sobre la base de un principio universal de justicia que defiende y justifica la existencia y pervivencia del capitalismo e intenta contrarrestar el empuje de las ideas comunistas que proclaman la eliminación de las clases sociales.

La Declaración de la Derechos Humanos como sistema moral y político universal descansa sobre tres principios fundamentales del pensamiento burgués: libertad, justicia y paz. Decimos burgués porque, como todos sabemos, tales principios no son inmutables e imperecederos sino que cada sociedad los adapta a sus condiciones de existencia con la finalidad de que los individuos se comporten de acuerdo al rol que realizan, ejecutando y reproduciendo sus funciones en el contexto de la clase a la que pertenece desde el punto de vista económico, es decir, que asuma su función social como lógica y legítima. A continuación veremos el contenido que le otorga la Declaración de los Derechos Humanos a los principios y derechos en correspondencia con las condiciones de producción que le preceden, por más que éstas se oculten en el juego de palabras plasmadas sobre un papel.

A la pregunta de ¿qué es una verdad eterna? la respuesta es muy concreta, por más que se complica innecesariamente de manera interesada: pues la que sirve para toda condición social e histórica, abstrayéndose y situándose por encima de las mismas.

Pertenece al mundo del pensamiento moral y del derecho que lo acompaña, los cuales conforman el mundo natural y social. Para los defensores de esta manera de razonar hay dos mundos bien separados: el lógico, situado en el pensamiento, creador de las verdades, y el sensible, situado en el exterior, lugar en donde se desenvuelves las cosas del mundo sensible.

El primero, el del pensamiento, tiene sus propios principios que aparecen como verdades eternas e imperecederas pues se rige por el criterio de la razón. A este mundo pertenece tanto la ciencia como la moral y el derecho, ya que no están sometidos al caos de la realidad sensible ni a la confusión que pueda derivar el azar. El pensamiento burgués interpreta que la realidad es una copia del concepto, al que considera superior; por eso, le da el carácter de soberanía al pensamiento sobre la realidad material, cuando se trata de lo contrario, es decir, la producción del pensamiento parte de la realidad material para determinar el contenido de su producción, determinando que es un reflejo más o menos científico de la realidad en la medida que comprenda y reproduzca en el pensamiento las condiciones y el desarrollo de la realidad a través de sus contradicciones internas. De lo contrario, la realidad sería una marioneta del pensamiento, que se acomodaría a su arbitrariedad e interés de las personas que ejercen su pensamiento.

En el sentido materialista de concebir la relación entre el ser y el pensamiento está la clave para comprender que las verdades están sujetas a la realidad y a su desarrollo histórico-natural, es decir, a la producción social y a la lucha de clases que de ello se deriva. ¿Es una verdad eterna e inmutable que la moral sobre el matrimonio sea la unión entre el hombre y la mujer? No, en todo caso se tendría que decir que es una verdad eterna para la reproducción, pero nada más, aunque ello queda obsoleto con el avance de la ciencia y su aplicación práctica, cuando descubre que la reproducción no está sujeta al estado moral del matrimonio, pues se puede procrear a través de la reproducción asistida. ¿Es otra verdad eterna e inmutable que dice que toda producción material es mercancía como sostiene el derecho laboral? No, en todo caso se tendría que decir que para que ello sea eterno se tendría que producir eternamente para el cambio, pues cuando no sea así la mercancía y, con ello el valor, dejará de existir. Existirá valor de uso, pero no valor.

Las verdades de la moral y del derecho son como todas las verdades, relativas y ajustadas al desarrollo de la realidad que le da contenido. Afirmamos que toda teoría moral es fruto de las condiciones de producción en que se desarrolla y, por tanto, no es única sino diversa, tanto como clases sociales hay presentes en la lucha entre ellas.

ONU

Los principios

La libertad

Engels, en su Anti-Dühring, señala que Hegel fue el primero que definió correctamente la libertad, al definirla como la comprensión de la necesidad. Ejercer la libertad es actuar conforme a las leyes de la naturaleza y de la sociedad de acuerdo a ciertos fines determinados. La libertad, determinada por el conocimiento de la realidad, es un producto del desarrollo histórico y, por tanto, en las sociedades divididas en clases y de la lucha entre ellas, en el sentido que no es un principio absoluto, eterno e intemporal, sino concreto, dependiendo de los intereses y finalidad de cada clase en cuanto a su lugar en la estructura social de cada época histórica. En este sentido la libertad de la burguesía no tiene nada en común con la libertad del proletariado, aunque el código civil los asimila no en cuanto a su finalidad sino en cuanto a sus distintas funciones en la relación social. Lo que se deriva de ella es otra cosa en cuanto en la libertad.

La libertad económica burguesa consiste en la libre voluntad de acuerdo a los fines de la relación capitalista: la compra y venta de la fuerza de trabajo, la compra y venta de mercancías, etc.

La libertad política burguesa es la de la libre voluntad de acuerdo a los fines de la relación burguesa: la sociedad es el conjunto de los individuos que se organizan de acuerdo a preservar el bien común: la propiedad privada capitalista como origen de la prosperidad capitalista y la voluntad popular capitalista como origen del sometimiento de la minoría a la mayoría por medio del sufragio universal.

Así pues, en el concepto burgués de libertad no tiene cabida el conocimiento de la realidad en que se debe apoyar la libertad sino en el sometimiento de la voluntad a las leyes de la sociedad que dan carta de legalidad a la voluntad de explotar y oprimir. Esto es lo que sanciona con gran pompa la Declaración de los Derechos Humanos.

 La justicia

La justicia busca que se cumpla la igualdad entre los seres humanos, que son iguales en tanto que humanos, unas voluntades que persiguen el mismo objetivo: la felicidad. La igualdad entre los seres humanos reside en la finalidad que se persigue de acuerdo a la voluntad que es soberana: ser feliz, lo cual es muy loable pero encuentra impedimentos para que se realice: por la sencilla razón que no todos pueden ser felices porque no todos son iguales. Unos son altos y otros bajos, unos jóvenes y otros viejos, unos listos y otros no tanto, unos laboriosos y otros menos, unos ricos y otros pobres, etc. La igualdad, en este sentido, es un resultado y no un presupuesto.

La justicia intenta subsanar esta desigualdad al aplicar la ley. Con ello se borra todo tipo de injusticia que pueda existir por la acción desigual de las personas ¿Pero de quién proviene la justicia? No puede ser de las personas, que son desiguales, sino de algo superior a ellas: del Estado, que aplicando la ley establece la igualdad de la desigualdad. Pero la ley no hace sino juzgar y sancionar lo que se da en la realidad social, remedia sus conflictos y establece la relación de fuerzas sobre la base de la interpretación de la ley sin juzgar la naturaleza y condiciones de la relación social, de la cual la ley es uno de sus productos. El capitalista cumple la ley pagando el valor de la fuerza de trabajo, el proletario cumple la ley trabajando las horas convenidas por convenio a pleno rendimiento. Si alguna de las dos partes no cumple lo estipulado se rompe la igualdad legal que la ley sanciona.

El revisionismo da un paso al frente reclamando la igualdad social, que repara la desigualdad a través de la redistribución de la riqueza creada pero sin eliminar la relación social. Dicen: eliminemos los privilegios de clase pero sin eliminar las clases sociales, que es lo que el proletariado persigue: eliminar la desigualdad social, es decir, la propiedad privada capitalista y el trabajo asalariado asimilado a ella.

La paz

La paz es considerada por la ONU como la categoría suprema de la Declaración de los Derechos Humanos, a la que consagra su existencia. Y es así porque interpretan que el ser humano y los distintos pueblos que conforman la sociedad humana tienden a ello por un sentido natural de supervivencia. Es paradójico que así se piense, cuando el régimen social de producción, sobre el que está edificada la estructura de las Naciones Unidas, tiende de manera “natural” hacia la guerra por la propia evolución y desarrollo del régimen capitalista de producción, adoptándola como modo de resolver los conflictos entre los distintos Estados y las distintas clases en oposición. ¿No será que su existencia se debe más a someter a los distintos polos en lucha al interés general de funcionamiento del capital como sistema dominante a nivel internacional, que a crear un clima de entendimiento que favorece los distintos intereses en disputa?

La cosa está clara pues la existencia y dominio de las relaciones capitalistas de producción conllevan, en su desarrollo, los conflictos bélicos. Es la forma que tienen los capitales, de resolver, en última instancia, sus contradicciones para frenar la tendencia decreciente de la cuota de ganancia.

También queda claro cómo pretenden infundir entre las masas explotadas la creencia en el pacifismo y la mansedumbre como condición natural de existencia de cualquier tipo de sociedad, inclusive las sociedades divididas en clases, cuando lo que realmente persigue es debilitar la posición ideológica del proletariado de que la guerra contra el capitalismo y la consiguiente eliminación de las clases sociales, es la forma legítima que adquiere la contradicción cuando la lucha de clases llega a su punto álgido.

GPPindia

Los derechos

Hemos dejado atrás los principios en donde descansan los Derechos Humanos para abordar a continuación los derechos que de ellos se derivan. Estos derechos están divididos en dos clases: los individuales, los relativos a su exclusiva persona, y los sociales, los relativos a las relaciones del individuo con los demás. Tanto unos como otros están en consonancia con el régimen capitalista de producción, en su versión democrática burguesa, que es la forma considerada como la más estable y productiva para la clase dominante puesto que está regida por la paz social que establecen voluntariamente los individuos a través de las organizaciones que aceptan el marco constitucional.

Estos derechos se desgajan, como hemos apuntado, de los principios ya analizado anteriormente, fundamentos racionales y universales de la sociedad capitalista. Debemos señalar que el capitalismo como régimen de producción está interesado en mantener una fuerza de trabajo en buenas condiciones físicas, psíquicas y económicas para que rinda a satisfacción de los intereses del capital (produciendo trabajo excedente) y satisfaga sus necesidades sociales mediante la compra de las mercancías producidas por el capital (realice su función de consumidor). No es lo mismo un obrero con capacidad adquisitiva que arruinado, con un salario que apenas puede adquirir la estrictamente necesario para reproducirse. No es lo mismo un obrero sano, con vivienda, tiempo libre y formado, que una fuerza de trabajo malnutrida y con poca resistencia física o con problemas psiquicos para trabajar a pleno rendimiento.

Pero esto entra en contradicción con las reglas que establece la acumulación de capital, que tiende a empobrecer la vida de la clase obrera por la necesidad del aumento de la cuota de plusvalía, con lo que disminuye el salario individual y social. En esta tendencia se mueve el precio de la fuerza de trabajo que negocian la patronal y los sindicatos para imponérselas de manera generalizada a los trabajadores (salario base, convenios, etc.) Las condiciones generales ideales se truecan en su contrario, condiciones deplorables, por el carácter capitalista de la producción que es lo que en última instancia determina la marcha de las condiciones de la producción.

Veamos detalladamente estos derechos…

Derechos individuales:

El derecho a la vida.

¿Cómo la vida va a ser un derecho si es la forma de existencia de la materia? (su movimiento). ¡valiente tontería! De una tautología se quiere derivar una verdad absoluta. Ello se puede considerar un derecho. Si se está pensando en los no nacidos, es decir, el derecho de estos por nacer sin interferencia de nadie: condena explícita al aborto. De otra manera es una tautología porque la vida consiste inevitablemente en vivirla, en el caso del ser humano, en desarrollar las condiciones físicas y psíquicas de que se compone la vida hasta que cesa. Sin reproducción de la fuerza de trabajo no hay producción y, por tanto, explotación, es decir, la forma económica típica de las sociedades divididas en clases.

Para la burguesía el derecho a la vida transmite el derecho a ejercerla en libertad ¿De qué libertad se habla? Se es libre cuanto se actúa de acuerdo a ley. Según esta concepción, el criterio de la libertad lo establece la ley (más concretamente el consenso social que es la que le da legitimidad a la ley) y como la ley es ciega, también lo es la libertad. Para el materialismo dialéctico la ley no tiene nada que ver con la libertad, que está relacionada con la necesidad, pues son dos cosas, incluso opuestas: la ley pertenece a la esfera del comportamiento social a priori, determinado por la legalidad, y la libertad pertenece a la esfera del comportamiento social a posteriori, determinado por el conocimiento de la realidad, es decir, por el conocimiento de la materia y la actividad del ser humano por comprenderla y transformarla.

Para la burguesía el derecho a la vida implica el derecho a casarse y fundar una familia, es decir, al núcleo burgués de reproducción de la fuerza de trabajo. Sin la familia burguesa sería imposible la reproducción burguesa, como hemos dicho anteriormente.

justicia

El derecho a la propiedad

Este derecho es el central de la Declaración, pues de ello se deriva la organización de la sociedad y el papel de los individuos en ella. La Declaración no es rigurosa con los conceptos que emplean, pues lo que trata es de ocultar su contenido real sustituyéndolo por generalidades que no aclaran nada o que se sitúan en la idea vulgar que se tienen de ellos.

Tal como está recogido este derecho es otra tautología, puesto que la propiedad conseguida mediante el esfuerzo propio, con el propio trabajo a cada uno le pertenece. Eso lo saben hasta los niños de teta y los que así se comportan: esto es mío, luego me pertenece. Pero en realidad lo que trata de decir es que la propiedad privada capitalista es un derecho.

La propiedad hay que analizarla desde dos puntos de vista: desde lo jurídico y desde lo económico. Desde lo jurídico es la capacidad para disponer sobre una cosa para su uso y consumo personal. Desde lo económico es la capacidad para disponer de una cosa para su uso y consumo económico. Esta última capacidad de disponer de la cosa viene determinada por la relación social de que pueda ser usada a través de la compra y venta de medios de producción como medio de producir riqueza: capacidad para explotar fuerza de trabajo. En la propiedad capitalista la capacidad económica es lo determinante puesto que es la que permite producir plusvalía y acumular capital para la compra de fuerza de trabajo, planificación del proceso de producción y apropiación de la plusvalía, que lo jurídico sanciona como legal. La propiedad capitalista es la capacidad para explotar fuerza de trabajo ajena, que es lo que verdaderamente está sancionado legalmente como un derecho.

El derecho a la libre circulación de personas

La libre circulación no es un derecho, sino una necesidad del régimen capitalista de producción porque promueve el desplazamiento tanto de mercancías, de capitales, como de fuerza de trabajo para satisfacer las necesidades de la producción en los centros, sectores y naciones que así lo demanden. Con respecto a la fuerza de trabajo es conocido que se promueven grandes desplazamientos a través de las migraciones, contrayéndose o dilatándose la demanda dependiendo del desarrollo de la economía.

El derecho al trabajo

Tampoco es cierto puesto que la ocupación productiva de la fuerza de trabajo es una necesidad del capital. También sabemos que es la manera como se produce la plusvalía en el capitalismo: explotando fuerza de trabajo. La ocupación de la fuerza de trabajo depende de la marcha de la economía pues debido al carácter capitalista de la producción, la ocupación está determinada por su rentabilidad en cuanto tiene que crear para su reproducción además del excedente que se apropia el capitalista gratuitamente.

 El derecho a la salud y a la educación

La educación y sanidad tampoco son un derecho sino una necesidad de la producción debido a que el proceso productivo necesita planificar las condiciones óptimas para que la fuerza de trabajo esté apta para producir más y en las mejores condiciones. Necesita una formación mínima y unas condiciones sanitarias favorables por la complejidad del proceso productivo capitalista, que no se puede parar debido a circunstancias ajenas a la producción.

cola

Derechos colectivos:

El derecho a la libertad de pensamiento

El derecho a la libertad de expresión

El derecho a la libertad de reunión y manifestación

El derecho a elegir a sus representantes

Todos los derechos colectivos están enmarcados en el desarrollo del concepto de libertad individual que hemos expuesto anteriormente, tomando cuerpo como libertades democráticas. Estos derechos tratan de regular los múltiples derechos individuales y de clases en una finalidad común: el progreso social, eufemismo que esconde su la verdadera intención, la acumulación de capital.

Estas libertades colectivas crean la sensación de democracia, proyecta sobre la conciencia social de que en realidad todos somos iguales pues tenemos la oportunidad de expresar nuestra opinión y conformar mediante el sufragio universal la dirección de la sociedad, expresión de la soberanía popular.

A través de las categorías y prácticas democráticas es cómo la burguesía va imponiendo y legitimando su poder político y su proyecto de sociedad como el de todos, ya que va dando sentido de normalidad y universalidad a las prácticas sociales, las mismas que reproducen las funciones y roles que le destina a cada clase social el régimen de producción.

El derecho a manifestación, reunión y elección están sujetas a las normas y leyes del ordenamiento jurídico que reconocen la lucha por la defensa de los intereses individuales pero para reclamar reformas o mejoras del sistema, nunca para ponerlo en cuestión y menos para sustituirlo.

A tenor de los hechos, está meridianamente claro que estos nuevos-viejos demócratas reconvertidos, radicales en cuanto a su forma pero conservadores en su contenido, no tienen otra misión que limpiar los desagües del sistema democrático burgués para darle más lustre, carta de legitimidad al sistema de producción capitalista al introducir pequeños retoques como la concepción democrático-cristiana (intercambio justo) en los procesos de producción.

no es crisis

Es una versión humanista del sistema capitalista, con sus buenos y malos, considerando las relaciones mercantiles como dependientes de la voluntad de los individuos, y de un Estado que funciona como instrumento de redistribución de la riqueza creada (revisionismo). Esta corriente tiene abonado el terreno para ganar adeptos, tanto por la parte del electorado que apoya a los partidos tradicionales de “derechas” e “izquierdas”, hastiados del comportamiento de éstos entregados al no disimulado reparto del botín que le ofrece el sistema parlamentario como pago al mantenimiento de la sociedad capitalista, como asi ocurre con algunas organizaciones marxistas que no cuentan con presencia ideológica y política en el terreno de la lucha de clases.

Resulta absurdo dedicarse a buscar atajos pensando que la revolución vendrá por sí sola, que caerá como una breva madura, cuando las masas no aguanten más su penosa situación, y no tendrán más remedio que abrazar la dirección política redentora, o bien imaginar que mediante un proceso natural de la evolución social, por la acción democrática de los “ciudadanos” se irá modulando el proceso que producirá el cambio.

Abrigar tales esperanzas no es comprender el desarrollo histórico basado en la división en clases de la sociedad, donde todas las revoluciones sociales que se han producido, se debieron, sin ninguna duda, a la acción consciente de las fuerzas que las impulsaron, incluyendo la acción armada para desplazar las antiguas fuerzas en que descansa el viejo orden nacido de las condiciones de la producción material.

El momento actual está situado en la etapa de dominio de la burguesía sobre el proletariado en todos los terrenos, debido a la marcada debilidad política de los comunistas, fruto de sus propias contradicciones internas, las cuales deben ser estudiadas con detenimiento, especialmente en lo que respecta a la influencia que el reformismo y el revisionismo ejerce sobre las masas obreras. Lo cierto es que la ideología comunista no tiene una presencia activa en la lucha de clases, sino que está reducida a núcleos dispersos que se reclaman partidarios de la revolución proletaria. Estos núcleos trabajan con grandes dificultades para asimilar en profundidad la teoría marxista y su papel en la lucha de clases desde los intereses del proletariado, haciendo labores de propaganda e intentando articular un proyecto revolucionario entre ellos. Ante tal cúmulo de tareas, la de construir un nuevo partido revolucionario puede parecer para algunos un asunto sin excesiva urgencia, motivado, entre otro, por la debilidad de las fuerzas, pero es sin embargo una necesidad objetiva, imprescindible para poder avanzar en la lucha por la revolución socialista. Hay que comprender que esta tarea no es un hecho puntual sino resultado de un proceso que debe cubrir toda una etapa histórica, la primera etapa de la lucha hacia el comunismo.

cartel chino

Siria, Otra Guerra Inter-Imperialista

SIRIA, OTRA GUERRA INTER-IMPERIALISTA

Dueños del mundo

El régimen capitalista de producción tiene por finalidad regenerar continuamente sus condiciones de producción, esto es, producir plusvalía mediante la explotación de la fuerza de trabajo asalariada y su acumulación en capital mediante su inversión productiva, ya sea como capital variable, ya sea como capital constante.

Por la propia naturaleza de este régimen, las contradicciones económicas y sociales se van tensando por el propio funcionamiento del capital y el desarrollo de las condiciones de producción, dando paso a situaciones explosivas desde el punto de vista social. Una de estas situaciones son los conflictos armados, ya sean de carácter local, nacional o internacional. Estos tipos de conflictos se pueden enmarcar en tres tipos diferentes debido a su carácter y resolución, aunque todos tengan un origen común: la existencia de relaciones capitalistas de producción.

El primero es el originado por el desarrollo y agudización de los intereses de las distintas unidades de producción, que existen separadas orgánica y económicamente, que conforman un sector económico (cada uno produce lo mismo a precios distintos por la composición orgánica de cada unidad de producción) que unidos nacionalmente se enfrentan al mismo sector de otra nación-estado que comparten la misma finalidad pero con intereses contrapuestos (mantener el mercado conquistado y copar nuevos mercados para vender sus productos).

La unidad orgánica de los distintos capitales nacionales o de los distintos capitales monopolistas se enfrenta a otras unidades orgánicas por intereses contrapuestos en cuanto a su finalidad (explotar más fuerza de trabajo y con mayor intensidad), aunque no en cuanto a su forma (producir valores-mercancías).

El desarrollo del capital nacional e internacional provoca los conflictos económicos entre capitales, a la vez que conflictos entre el capital y el trabajo, que se resuelven amistosamente (una OPA en el enfrentamiento entre capitales o desapariciones de empresas y aplicación de una política colaboracionista en el caso entre el capital y el trabajo) o violentamente (intervención militar entre países, en el caso de los capitales, y lucha armada entre clases, en el caso del capital y el trabajo o de modos de producción cualitativamente distintos).

Es el conflicto armado entre países o bloques imperialistas en donde se intenta someter a un país por otro o coalición de países, o su anverso, este de carácter antiimperialista para liberarse un país del sometimiento de otro o coalición de países. Tanto una como otra forma referida tiene un carácter burgués, pues el conflicto no implica, en un principio, ir al corazón del causa que da origen al enfrentamiento armado (relaciones capitalistas de producción), sino su delimitación política, no de clase.

Este tipo de conflicto no se puede anular o remediar por la simple voluntad de los individuos ya que tienen un origen material, no ideal, mientras no se eliminen las condiciones de su existencia, es decir las relaciones capitalistas de producción. Por eso, la lucha antiimperialista tiene un carácter burgués si no contempla la lucha por la eliminación de las clases sociales. El proletariado participa en este conflicto ya que se encuentra en medio, no pudiendo sustraerse al hecho, pero teniendo claro que su actuación tiene que ir en la dirección señalada de eliminar las condiciones económicas y políticas que hacen posible la existencia de las clases sociales: la propiedad privada capitalista, el trabajo asalariado y la división del trabajo social que de ello se deriva.

El segundo tipo de conflicto es el que enfrenta el sistema capitalista con el socialista con la finalidad de debilitarlo o eliminarlo como polo antagónico en la lucha de clases a nivel internacional. Debilitarlo por diferentes medios: injerencia en las contradicciones internas para intervenir en los aspectos económicos, políticos e ideológicos que todavía arrastra las formaciones sociales socialistas de la etapa capitalista anterior; otro medio es el embargo económico y comercial para asfixiar la economía de un país intentando reducirla al desarrollo productivista. Eliminarlo por medio de la intervención militar, ya sea directa o indirecta, obligándole a destinar grandes recursos económicos a la inversión militar no productiva, lo que hace retardar su desarrollo económico y social. Teniendo en cuenta que este conflicto también es objetivo, no pudiéndose anular o remediar si no es desarrollando el polo comunista a nivel nacional e internacional.

El tercer tipo de conflicto es el enfrentamiento entre clases en un mismo estado, teniendo como finalidad mantener o sustituir las relaciones sociales de producción. En el caso del proletariado es su intervención en la lucha de clases para realizar la revolución proletaria hacia el objetivo de construir la sociedad sin clases. Este conflicto también es un hecho objetivo, no pudiéndose tampoco anular o solucionar; en todo caso, retroceder, que es lo que hace la burguesía y sus aliados, el revisionismo y el oportunismo, al intentar desviar la lucha del proletariado hacia posturas economicistas, denunciando únicamente la degradación de las condiciones de vida y de trabajo, sin cuestionar el propio sistema de producción capitalista.

Esta larga introducción viene al caso dado que la ideología dominante, de la cual emanan las concepciones revisionistas y oportunistas de la lucha de clases, pregona sin rubor que las guerras se pueden evitar siempre que haya “buena voluntad” mediante el diálogo y la diplomacia, entre las partes en conflicto. Cuando de lo que se trata es de comprender el papel que juegan las distintas potencias imperialistas en su rivalidad por el reparto del mundo y de sus recursos.

Esta ideología quiere ocultar que esa “buena voluntad” es simplemente la supremacía de los intereses de los pueblos opresores y sus clases explotadoras sobre los pueblos oprimidos y las clases explotadas. Es posible que esta política de “buena voluntad” consiga en un momento determinado que no se desencadene una guerra, pero esa es una situación transitoria, que reaparece en cuanto surgen nuevas contradicciones antagónicas, pues la guerra no depende del buen o mal talante entre gobernantes, sino objetivamente de las condiciones de existencia del capital, que son las relaciones dominantes a nivel mundial entre los estados y las clases que se enfrentan como polos opuestos antagónicos: condicionados entre sí, pero obligados a enfrentarse necesariamente para suprimir el polo contrario.

Aclarado esto, debemos determinar cuál debe ser la actuación del proletariado llegado el caso del enfrentamiento militar. Cuando es el caso de la revolución proletaria en un estado capitalista está claro que es destruir las condiciones sociales de existencia de la burguesía, tanto en el terreno militar como en el económico-político-ideológico, guerra abierta hasta su derrota según la fase que en cada momento social se encuentra el proceso general. La guerra de clase contra la burguesía no sólo es legítima (basada en la naturaleza de la contradicción en que está sometida la lucha de clases), sino necesaria para derrotarla y construir una sociedad sin clases.

Cuando es el caso del enfrentamiento entre estados capitalistas y socialistas se aplica el mismo principio que la guerra revolucionaria de clases en un mismo estado: guerra abierta hasta la derrota de la agresión capitalista. En este caso, para estar bien preparado militarmente se debe trabajar para consolidar las relaciones socialistas de producción, tanto en el sentido económico como en el político-militar, es decir, incorporación consciente de las masas a las tareas de la revolución proletaria, incluido el principio del pueblo armado, además de desarrollar el internacionalismo proletario mediante la creación y desarrollo de la internacional comunista.

Cuando es el caso de una invasión imperialista sobre otro estado capitalista, el papel del proletariado debe seguir el principio de desarrollar su propia política, independiente de la burguesía nacional, según el criterio de la correlación de fuerzas con que se cuente. En el caso actual de la guerra en Siria, disentimos abiertamente del artículo de los compañeros de Revolución o Barbarie (RoB) La agresión imperialista contra Siria y la revolución proletaria, por considerarlo erróneo, pues no está basado en un análisis concreto de la realidad concreta, sino que sigue ciegamente las pautas generales marcadas para la lucha anti-imperialista que aplicó el PC en China en su lucha contra la invasión japonesa y otras potencias en el siglo pasado. Esta práctica es muy común en no pocos partidos y organizaciones que se reclaman comunistas, pero que en el fondo aplican una política revisionista y oportunista en la intervención de esta contradicción, como es la alianza de clases nacional para rechazar la invasión extranjera. RoB justifica esta política en el caso de Siria apelando al falso y reaccionario argumento del mal menor, de lo menos malo. ¡Bonito método marxista de tratar las contradicciones!

El proletariado sirio debe de organizarse política y militarmente de manera independiente de la burguesía siria pues sus objetivos en la lucha contra la invasión imperialista son cualitativamente diferentes: no consiste simplemente en rechazar la intervención imperialista (en este caso occidental, pero no olvidemos que el gobierno de Bachar al-Asad es aliado de otras potencias, no menos imperialistas, con importantes intereses en la región, como son Rusia y China), sino luchar contra las distintas formas de existencia del capital, ya sea extranjera o nacional.

Al no estar constituido el proletariado sirio como partido comunista, no puede formar alianza con la burguesía para repeler la agresión puesto que no existe como clase organizada, únicamente existe como fuerza enrolada en el ejército sirio a las órdenes de los intereses de la burguesía que dirige Bachar al-Asad, o en los grupos rebeldes bajo mando de las potencias imperialistas occidentales y de las monarquías del golfo. Por ello debe actuar según los intereses políticos del proletariado sirio dependiendo el nivel de organización que tenga en ese momento, pero nunca bajo el mando de la burguesía nacional. Someterlo a esta alianza es condenar su desarrollo político a los intereses del más fuerte y mejor organizado: la burguesía nacional siria. Ya tenga un carácter dictatorial, o un carácter democrático-burgués, lo fundamental no es la forma del dominio económico-político sino su naturaleza y el contenido de la contradicción de clase.

Si ello no fuese así, tendríamos que llegar a la conclusión que los mecanismos democráticos-burgueses son más favorables para el desarrollo político de clase del proletariado para la realización de sus intereses estratégicos. El proletariado se desarrolla políticamente en las condiciones sociales en que existe, al margen de la formalidad en que se manifiesta ese dominio de clase, dependiendo fundamentalmente del desarrollo de la teoría marxista y la formación del partido comunista. El desliz teórico-ideológico de RoB es propio de la concepción y práctica revisionista y oportunista que educa a las masas en la alianza de clases y en el tacticismo bajo el peregrino argumento de ir acumulando fuerzas dada la debilidad política-ideológica en que se encuentra el proletariado. Ahora les dice que es el momento de la alianza de clases para proteger lo conseguido, posponiendo para más adelante las políticas adecuadas a la correlación de fuerzas.

El proletariado y la burguesía nacional nunca tienen intereses comunes, ni siquiera en momentos excepcionales como una agresión militar de las burguesías imperialistas, pues las dos formas de existencia del capital son peores, ya que persiguen lo mismo, diferenciándose cuantitativa pero no cualitativamente en la producción de plusvalía. Es el mismo dilema que se plantea cuando se pretende diferenciar entre de un lado la pequeña y la mediana burguesía y de otro la gran burguesía, para el proletariado las tres son peores.

La cuestión política que se plantea no es vencer al imperialismo (más bien a una parte) en una alianza con la burguesía nacional pues, como bien señala RoB, en la situación actual el proletariado no existe como clase independiente, como clase organizada, como partido político y por tanto, la derrota del imperialismo no depende de su lucha, sino de la pugna entre la burguesía nacional y las burguesías de los países agresores.

Para concluir podemos decir que la guerra civil en Siria nos viene a demostrar a los comunistas de todo el mundo dos hechos incuestionables:

La necesidad de la construcción del partido en cada estado y, junto a esta premisa, la exigencia de la formación de la Internacional comunista que dirija la revolución proletaria mundial.