Contra la ley de (in)seguridad ciudadana, por el fortalecimiento de la vanguardia comunista

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Contra la ley de inseguridad ciudadana, 

por el fortalecimiento de la vanguardia comunista

En los dos años de gobierno del PP, sin olvidar los gobiernos del PSOE, se han realizado una serie de reformas en el Estado español que afectan a diversos ámbitos de la lucha de clases. Entre ellas la económica-laboral, la educativa-ideológica y la jurídica-penal que ya han sido cerradas, al menos de de momento, concentrando ahora los esfuerzos en el aborto, la seguridad “ciudadana” y las huelgas. Nos centramos en una de ellas que afecta directamente a la vanguardia comunista, no porque arremeta directamente contra los colectivos que la conforman, sino porque se pretende romper los vínculos que puedan establecer estos colectivos con los elementos más combativos de la clase obrera, proclives a la influencia del marxismo-leninismo en su posición política ante la burguesía y su estado.

El gobierno del PP ha iniciado los trámites para reformar la actual Ley de Seguridad Ciudadana. Cabe preguntarse ¿a qué se debe tanto interés y premura en llevar adelante este proyecto de reforma? si la burguesía tiene controlada la actividad reivindicativa de los trabajadores al vehiculizarla por la senda que más favorece a los intereses del capital, en estrecha connivencia con los sindicatos colaboracionistas y los partidos parlamentarios, aunque algunos de ellos muestren su rechazo al proyecto del P.P.

Pero nada está establecido de una vez y para siempre, nada es blanco o negro en su totalidad. La burguesía sabe, o al menos lo intuye, que la contradicción entre su clase y el proletariado puede llegar a tener un carácter irreconciliable. Ello hace pensar al PP que los intereses generales de la burguesía han de salvaguardarse con medidas pensadas tanto para el presente como para el futuro, anticipándose a posibles inconvenientes que puedan surgir del enfrentamiento entre las clases. De ahí que se plantee disponer los medios políticos, jurídicos y represivos ante las respuestas que se puedan producir por parte del proletariado frente a la batería de agresiones del ejecutivo en plena sintonía con las nuevas condiciones capitalistas de producción.

En esas respuestas aparecen dos frentes bien diferenciados y antagónicos. De un lado se encuentra el frente democrático-burgués, en donde se inserta no sólo el reformismo, sino también el revisionismo y el oportunismo, dirigiendo los movimientos de protesta, en defensa de los lesionados intereses de la aristocracia obrera, aceptando la democracia formal burguesa como el mejor de los sistemas políticos posibles, pretendiendo representar al ciudadano medio. De otro lado se sitúa el frente revolucionario, que, si bien no tiene en estos momentos presencia significativa en el seno del proletariado, lucha por constituirse en referente revolucionario de los explotados y oprimidos por el capital.

El primer frente está representado por demócratas de diferente pelaje que pugnan entre sí por adjudicarse el favor electoral de los votantes, soñando con la imparcialidad de los mecanismos y aparatos del Estado de derecho para organizar la vida social en beneficio del conjunto de la “ciudadanía”, considerando a éstos como seres pasivos que reciben las “dádivas” del Estado, en lugar de agentes sociales que pertenecen a diferentes clases, antagónicas entre sí, por el lugar que ocupan en la producción. Estos personajes de pacotilla no saben o, al menos, tratan de ocultar deliberadamente que las instituciones burguesas forman un intrincado sistema de relaciones y funciones que se articulan para imponer y fomentar las desigualdades sociales que se desprenden de un régimen de producción que tiene por bandera la explotación económica y opresión política del proletariado.

El aspecto ideológico a nivel popular más característico del sistema democrático burgués es la elección de los representantes políticos para componer el Parlamento, institución donde se supone reside la soberanía popular. Mas este voto de los “ciudadanos” lleva impregnada la manipulación a que somete este régimen social a los votantes, en su mayoría pertenecientes a la clase obrera, que creen ejercer un acto de plena soberanía, sin ser conscientes de estar realizando, en realidad, un ejercicio de legitimación de la política que la clase dominante desea impulsar en cada momento concreto, a través de intermediarios políticos parlamentarios, y con ello garantizar la reproducción de las condiciones de producción capitalista.

El segundo frente encuentra más dificultades entre las masas para captar su atención pues tiene primeramente que constituirse en vanguardia para ser comprendido, templándose en la teoría marxista-leninista y organizándose en una estructura que rechace de plano tanto la dirección y la influencia ideológica de la clase dominante como la ficción electorera del oportunismo y el cretinismo parlamentario del revisionismo.

El proceso de construcción de esta vanguardia es lento y laborioso debido a múltiples dificultades por resolver, pero va desarrollándose inexorablemente al ritmo que le marcan los elementos que componen dicha vanguardia, es decir, a la conciencia colectiva de su necesidad que es punto de partida y resultado de cómo se constituye. La burguesía sabe que esa vanguardia no está constituida y de ahí que el movimiento de masas del proletariado actúe de forma espontaneista, que se encuentra huérfano de la conciencia comunista –aceptación y asunción de la teoría marxista-leninista- y de una dirección del movimiento de masas para poder perturbarla mínimamente. Las condiciones de la producción capitalista y la influencia de la ideología burguesa condicionan poderosamente a las masas para que estas no puedan ver más allá de los efectos inmediatos que sobre ellas ejerce el funcionamiento de las relaciones capitalistas de producción.

Como decimos, esta vanguardia no es actualmente un referente político-ideológico de la lucha de clases, pero se está constituyendo en las actuales circunstancias al calor y bajo la dirección de la teoría marxista-leninista, lo que ofrece garantía de éxito si persevera en esta dirección, que nada tiene que ver con anteriores intentos de constitución, influenciados por el revisionismo y el oportunismo que anteponían la participación en el movimiento de masas a la formación de la vanguardia, pues entienden que ésta se constituye por el simple hecho de atribuirse su dirección, o más bien como aceptación formal de la teoría marxista-leninista, y pretendiendo que se fortalece en la medida en que dicho movimiento se desarrolla desde el punto de vista cuantitativo, al entender que las masas desarrollan su conciencia de clase al fragor de la lucha reivindicativa.

Pero la formación de la vanguardia, aunque tiene un contenido y un tiempo propio, no está desvinculada de las masas (sus condiciones de existencia y sus aspiraciones) así como de su lucha por hacerla realidad, pues se forja en la lucha de clases en acción, reafirmando sus posiciones correctas a la vez que corrige sus errores. Para que esta vanguardia se fortalezca necesita forjarse en la teoría marxista-leninista, en la concepción científica que basa su existencia en la lucha de clases como motor de la historia. Ello presupone que el capitalismo es fruto del desarrollo histórico y que, por tanto, su existencia tiene fecha de caducidad ligada a la preparación de las condiciones materiales de una nueva sociedad (fruto del desarrollo antagónico del propio régimen capitalista de producción) y a la constitución de la vanguardia y en su relación con las masas que toma las riendas del proceso de transformación social hacia el comunismo.

Sin un movimiento de masas puede perfectamente constituirse la vanguardia revolucionaria, pues ello dependerá de la comprensión el desarrollo histórico del capital y del papel que desempeña el proletariado en dicho proceso, necesitando del movimiento de masas dirigida por una política revolucionaria, la que ella elabora, para desarrollarse corrigiendo sus errores a la vez que establece relaciones políticas justas con las masas. Sin embargo, sin una vanguardia no puede existir un movimiento de masas revolucionario pues este depende de una línea política revolucionaria que determine el desarrollo de clases en la dirección de los intereses históricos del proletariado: la revolución socialista vía guerra popular revolucionaria y la dictadura del proletariado como fase necesaria del proceso general hacia el comunismo.

Es un deber ineludible de los colectivos comunistas fortalecer la vanguardia ya que representa la actual fase del proceso general de construcción del partido, tanto fortaleciéndose a nivel interno mediante una mayor comprensión de la teoría marxista y de la experiencias histórica de la lucha del proletariado con el fin de crear cuadros que estén a la altura de la tarea histórica que corresponde a los comunistas, como implementar lazos de unidad, basado en la lucha de dos líneas, entre los distintos colectivos mediante una política de colaboración y cooperación para ir elaborando la línea política general de la revolución proletaria.

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