Israel, los Colmillos del Imperialismo USA-UE en Oriente Medio

En defensa del heroíco pueblo palestino

Israel, los colmillos del imperialismo USA-UE en Oriente Medio

Cuando nos volvamos una fuerza con peso después de la creación del Estado (de Israel), aboliremos la partición y nos expandiremos a toda Palestina. El Estado será solamente una etapa en la realización del sionismo, y su tarea es preparar el terreno para nuestra expansión. El Estado tendrá que preservar el orden, no con palabras, sino con ametralladoras.

David Ben Gurion, 1936 (Primer presidente de Israel)

El conflicto israelí-palestino, o más bien la guerra de exterminio del Estado de Israel contra el pueblo palestino no es nuevo, sus inicios teóricos datan de finales del siglo XIX, aunque se desarrolló con virulencia después de la segunda guerra mundial, tras la creación del Estado de Israel en el año 1948. Esta política de ocupación sistemática ha sido desarrollada por los distintos gobiernos israelíes, tanto conservadores, laboristas como ultra-nacionalistas con el objetivo de anexionarse los territorios que habita históricamente la población palestina, lo que está consiguiendo, a tenor de los hechos, con la dispersión obligada de una parte importante de la población palestina hacia distintos países árabes limítrofes como reacción a las continuas incursiones del ejército israelí y la política de asentamiento de colonos, que llevan a cabo en los territorios palestinos como medio para ir conquistando tierras, sumado a la posibilidad de prospecciones para encontrar hidrocarburos en el mediterráneo, especialmente frente a Gaza, etc.  Lo que favorece su posición económica y estratégica.

La política de expulsión de la población palestina tuvo su apogeo a raíz de la primera guerra árabe-israelí, posteriormente se fue consolidando por la política de hostigamiento militar y de guerra abierta contra los restos de enclaves palestinos de Gaza y Cisjordania. Esta política ha logrado que no se consolide una acción política palestina organizada en el interior de su territorio, lo que ha conseguido debilitar la creación de un estado palestino, que unido a la ocupación militar prolongada está retrasando la formación de una conciencia revolucionaria que afronte el conflicto de manera correcta a los intereses de la clase obrera palestina, de manera que se pueda afrontar la lucha contra un enemigo con un marcado carácter de clase capitalista, apoyado por los imperialistas norteamericanos y europeos principalmente. Estos padrinos y protectores mantienen al “fiel guardián de Oriente Medio” ya que con ello defienden sus propios intereses económicos y políticos en la zona, mientras enredan la lucha del pueblo palestino en las mallas de las sutilezas diplomáticas de Naciones Unidas y la legalidad jurídica burguesa del derecho a la autodeterminación de los pueblos, que se concreta como el acatamiento a las grandes potencias que dominan el Consejo de Seguridad de la ONU y el sometimiento a sus intereses.

La burguesía israelí sabe cómo tratar el problema con Palestina, tiene experiencia en incorporar a las distintas clases sociales israelíes a sus intereses, vendiéndolo como defensa del “interés nacional” para posicionarse sin fisura en la guerra, consiguiendo el respaldo a las acciones bélicas y la política de ocupación territorial como tarea necesaria frente al “terrorismo árabe” que persigue socavar la “seguridad nacional” y desintegrar el Estado “democrático” de Israel. Esta manipulación ideológica del Estado burgués israelí, en connivencia con el imperialismo internacional, aporta buenos réditos al conjunto de la sociedad israelí, llevando a la clase obrera a colaborar con las políticas de su reaccionaria burguesía y del imperialismo, pero en contra de sus propios intereses como clase y el de los obreros palestinos y demás pueblos de Oriente Medio.

El pueblo palestino, más concretamente su clase obrera, tiene que tratar el problema desde sus raíces, teniendo presente que sólo se puede vencer al imperialismo con las armas revolucionarias que le brinda el marxismo-leninismo, la única alternativa revolucionaria del proletariado, es decir, confiando en sus propias fuerzas y organizándose para la toma del poder político al margen de los intereses y posiciones de sus dirigentes, sean Al Fatah o Hamas, dominados por una concepción afín a sus intereses de clase (sometiendo el desarrollo de las relaciones sociales a los designios y mandatos de Dios con la única finalidad de que el poder político y económico siga permaneciendo en manos de las clases dominantes) ya sean colaboradores o contrincantes ocasionales del imperialismo internacional. El conflicto israelí-palestino es en el fondo, una guerra de clase, nacional e internacional, aunque la disfracen como una guerra entre dos pueblos y dos religiones. La solución está en manos de la clase obrera palestina e israelí para luchar organizada y conjuntamente por derrotar a sus respectivas burguesías a través de la guerra popular revolucionaría.

También la labor de los comunistas y de los obreros conscientes en todo el mundo es alzar la voz, como en cualquier otra situación de explotación y opresión del capital, contra el terror sionista que imponen a Palestina, contra los criminales planes del imperialismo contra el pueblo palestino y la clase obrera mundial. Alzar la voz no es sólo denunciar los continuos atropellos y la barbarie de tantos años de ocupación israelí, eso ya lo hace el humanitarismo pequeño burgués, sino trabajar firmemente por la creación de la internacional comunista con el fin de armar ideológica y políticamente la lucha por la emancipación mundial del proletariado.