Podemos, El Vendedor Ambulante de la Democracia Burguesa

PODEMOS, EL VENDEDOR AMBULANTE

DE LA DEMOCRACIA BURGUESA

Los popes “sociales” y los oportunistas están siempre dispuestos a soñar con un futuro socialismo pacífico, pero se distinguen de los socialdemócratas revolucionarios precisamente en que no quieren pensar ni reflexionar en la encarnizada lucha de clases y en las guerras de clases para alcanzar ese bello porvenir.

V.I. Lenin, 1916

El nacimiento de Podemos hay que situarlo en el contexto de la situación política general en el Estado español, que está condicionado por la lucha de las diferentes clases y fracciones de clase en disputa por sus intereses económicos y políticos. En este sentido, Podemos es un producto político típicamente burgués ya que su programa (como más adelante tendremos ocasión de analizar) es expresión de las aspiraciones de parte de la pequeña burguesía no explotadora y de la aristocracia obrera que sienten lesionados sus intereses ante la acentuación de la crisis capitalista, tratando de poner algún remedio a través del mismo sistema de representación parlamentario que consideran secuestrado por la casta oligárquica.

Podemos se desarrolla como organización política al calor de los “éxitos” que tuvieron las movilizaciones en torno al 15M, conglomerado heterogéneo de personas y colectivos que perseguían una regeneración democrática y contra la corrupción de los partidos y de las estructuras del Estado. En la medida que los grandes partidos en que se apoya el dominio político de la burguesía ha ido perdiendo credibilidad y fuelle electoral, ha favorecido la estructuración de una alternativa electoral que se “oponga” al funesto bipartidismo como expresión de estas fracciones de clase al calor de un proyecto ideológico pequeño burgués, basado en la defensa de los Derechos Humanos como banderín de enganche parar volver a “ilusionar” al electorado y encarrilarlos de nuevo por la sensata senda de la participación electoral.

Tres condiciones son las que han favorecido la aparición del fenómeno Podemos: 1º La crisis económica, en cuanto que ha golpeado fuertemente las aspiraciones de la pequeña burguesía no explotadora así como los privilegios de la aristocracia obrera desencantada con los sindicatos y partidos “de izquierdas” que tradicionalmente han defendido sus intereses a costa de ir aumentando la explotación de la clase obrera; 2º La falta de canales políticos para poder defender sus intereses como fracciones de clase ya que los grandes partidos del sistema taponan sus aspiraciones en beneficio de sus estructuras partidistas, lo que ha estimulado la iniciativa de organizarse políticamente con el fin de “asegurarse” modificar la elegibilidad de los representantes del pueblo; 3º La palpable incapacidad de la democracia burguesa en cuanto sistema que garantice la igualdad de oportunidad entre las distintas clases, permitiendo a estas fracciones de clase presentarse como regeneradores del sistema, con la pretensión de recuperar la soberanía y la democracia, secuestradas por la “casta” y las “élites políticas”, y reducir la nefasta desafección de los ciudadanos a la política y sus instituciones. Manifestando que con los resultados obtenidos en las Europeas del 25 de mayo, se ha precipitado un escenario de descomposición del sistema político de 1978.

En este sentido, Podemos es un destacamento ideológico y político de la burguesía como clase, que trata de hacer admisible un sistema de explotación y opresión a las distintas clases, sobre todo a la clase obrera que es la más interesada en eliminar las condiciones de existencia del capital.

Nos sumergirnos a continuación en el programa electoral de Podemos, que da contenido político a su existencia y dibuja el perfil de dicho partido-movimiento en la realidad social. Es de subrayar que, situados como estamos en plena era del capitalismo imperialista, el programa de Podemos, desarrollando su docta y posmoderna visión de futuro, prefiere retrotraerse a los valores eternos de las revoluciones burguesas del siglo XVIII, con sus decimonónicas consignas de Libertad, Igualdad, Fraternidad; todo ello amenizado con un batiburrillo de propuestas recogidas de aquí y allá, adaptadas al gusto del consumidor-ciudadano y de las reivindicaciones que fueron surgiendo del 15-M, hilvanando el todo con una concepción interclasista de la sociedad, en donde no existen lucha de clases, ni Estado capitalista, sino ciudadanos y un Estado democrático que regula las relaciones sociales con vistas al interés general.

El programa económico no se anda por las ramas, va al directamente al grano, pues se centra en recuperar la economía mediante su reactivación (pag. 2 del programa colaborativo). Este objetivo, propio de un partido burgués, que no se diferencia ni un ápice de cualquiera que se presente a las elecciones; si acaso en pequeños retoques al estilo de Izquierda Unida para hacerlo más atractivo a un sector de votantes preocupados por aspectos sociales que no afecta en nada al núcleo duro de una economía regida por las leyes del capital. Es por ello que afirmamos que Podemos es lo más parecido a un vendedor ambulante que se mueve por el mercado de libre competencia aspirando a colocar sus productos con ofertas que impacte a unos compradores ávidos de ventajosos precios y con algún que otro producto con etiqueta de “milagroso” que actúa como reclamo de venta de otros productos. Sin reparar mucho en la calidad de la mercancía.

El programa que ellos venden con la vitola de colaborativo, para hacerlo más alternativo a los ojos de los electores pro15M, no se sale del marco del sistema capitalista, impulsando las medidas necesarias para rentabilizar el capital empleado en las empresas mediante la inevitable explotación de la fuerza de trabajo asalariada, a la cual obvian descaradamente ocultándola tras el aséptico concepto de “ciudadanía” con el objeto de no enfrentarse a la contradicción principal de la sociedad capitalista (burguesía/proletariado). En realidad, no se pueden pedir peras al olmo ya que Podemos no puede dirigirse a la clase obrera puesto que no es expresión de ella: ni nace en su seno, ni pretende meterse dentro de la clase, es decir, tomar posición política de acuerdo a sus intereses de clase estratégicos.

En un primer apunte, observamos que la filosofía que precede al programa económico es muy sencillo y básico: como el capitalismo no se puede derrotar, ya que es insustituible, hagámonos sus socios y defensores. Este precepto es el que determina su comportamiento social cuando fijan las siguiente medidas para la reactivación económica: 1) inversiones y políticas públicas, 2) creación de empleo de calidad y 3) reconversión del modelo productivo hacia una economía basada en la innovación que contribuya al bien común teniendo en cuenta criterios de responsabilidad social, ética y medioambiental (pag. 2)

Está claro que estas líneas de actuación están dirigidas a la rentabilización del capital y su acumulación mediante una política económica que somete a la clase obrera a una explotación de acuerdo a las necesidades del capital, es decir, aumentar la plusvalía tanto a nivel intensivo (aumento de la cuota de plusvalía) como extensivo (aumento de la masa de plusvalía). Es decir no propone nada nuevo. No olvidemos que:

a) Las inversiones de capital público tienen como objetivo aportar más capital a la esfera de la producción para acometer un incremento de capital constante en acción (necesario en el funcionamiento del capital que no produce directamente plusvalía pero necesario para el funcionamiento del capital variable que explota fuerza de trabajo asalariada mediante el aumento del capital total en acción) ahorrándoselo al capital privado, haciendo más rentable la inversión de capital privado.

b) La creación de empleo, sea o no de “calidad”, precario o indefinido, a tiempo parcial o jornada completa, tiene como objetivo aumentar, en un primer momento, la masa total de plusvalía, que como consecuencia de la crisis económica capitalista ha descendido considerablemente por el aumento del desempleo, y lo que se trata de corregir de manera inmediata en la medida de lo posible.

c) El cacareado cambio del modelo productivo que tiene como propósito crear empresas que se asienten en una productividad más alta que creen mercancías competitivas con un mayor valor añadido, es decir, una manera de ocultar el descenso de los precios unitarios de las mercancías creadas por el aumento de la cuota de plusvalía a través del aumento de la explotación de la fuerza de trabajo asalariada. Estas medidas son típicas de una política económica imperialista basada en el dominio del capital monopolista, aunque sean disfrazadas de antimonopolista por el mero hecho de dirigirla hacia la promoción y protección de la pequeña y mediana empresa a través del “desvío” de recursos económicos públicos en la creación de empleo, resaltando el papel de las entidades de la economía social (pag. 2).

Para dar un toque exótico al programa se proponen algunas medidas a todas luces risibles: democratización de la dirección de los bancos y Cajas de ahorro (pag. 4), control democrático del BCE (pag. 3) y recuperación del control político de los sectores estratégicos de la economía (pag. 4), propuestas muy al estilo de IU y de organizaciones revisionistas demostrando un alto nivel de ingenuidad y/o de oportunismo, todo sea para ilusionar a los potenciales votantes, vengan de donde vengan.

El programa político se centra en fortalecer el sistema parlamentario burgués, al que consideran el instrumento legitimo y necesario para que se respeten los Derechos Humanos, piedra filosofal de las sociedades democráticas (impulso de una Carta Democrática Europea, pag. 8). También este objetivo es propio de cualquier partido burgués que se precie pues consideran al Estado un poder por encima de las clases, debiendo su existencia a la voluntad de los “ciudadanos” y a la necesidad de que haya un orden superior “neutral” que regule las relaciones sociales en beneficio de todos. Ciertamente Podemos va un poquito más allá de la simple posición liberal burguesa dominante para acomodarse en las faldas de cierta socialdemocracia, cuando la legitimidad que le confiere al Estado la participación popular puede verse alterada, en algunos casos, por la acción despótica de los gobernantes, corrompiéndose la legitimidad, lo que aleja al pueblo de las instituciones del Estado. Para que ello no ocurra se tienen que introducir medidas correctoras, esa milagrosa solución se llama: democratización, es decir, el control en las decisiones de los gobernantes por parte de la ciudadanía ¿Cómo se consigue esto? En realidad no se sabe bien, pues sólo se repite machaconamente el salmo de la democratización del poder político, de la gestión municipal, de la economía, de los bancos,…

La concepción democrática sintetizada en la unión de legitimidad popular y control político de las acciones del poder ejecutivo es prácticamente idéntica a la que pueden tener PSOE o IU, con algunos matices poco importantes, pues estos últimos también conciben el control del gobierno a través del Parlamento, que Podemos amplía a otras formas de intervención en el control. En el fondo, tanto una como otra forma son lo mismo, pues lo que se persigue es establecer el control desde el Parlamento como instrumento político legítimo para ejercer el dominio de clase sobre las clases subalternas por el capital, pues lo verdaderamente importante no es la forma en que se ejerce ese poder sino la naturaleza y el carácter de clase del poder ejercido.

El programa social de Podemos es un derroche de “buenas intenciones” a la zaga de la reactivación económica, teniendo como finalidad vender por un plato de lentejas la resistencia de la clase obrera, tejiendo la concertación social, es decir, el Pacto Social entre la burguesía y el proletariado en beneficio de la economía capitalista. Las medidas “sociales” que se articulan en torno al Pacto son principalmente tres: 1) Jornada laboral de 35 horas, 2) Edad de jubilación a los 60 años y 3) Renta Básica. Estas medidas se justifican porque constituyen el mecanismo para redistribuir “equitativamente” el trabajo y la riqueza (pag. 2 y 8). En primer lugar, tenemos que decir que la clase obrera no necesita medidas paliativas, medidas que mitiguen, en la medida que lo permite el capital, las condiciones de la explotación y opresión a que le somete el régimen capitalista de producción, sino una verdadera revolución en esas condiciones en la dirección de eliminar la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado que le acompaña como medio para la producción y apropiación del trabajo excedente por los capitalistas.

En cuanto a la propuesta de Renta Básica, la crisis económica ha puesto de nuevo encima de la mesa el debate por la defensa e implantación de esta vieja reivindicación que hunde sus raíces en los orígenes de la revolución burguesa, cuando el régimen capitalista de producción apenas empezaba a dar sus primeros pasos.

Hoy, los modernos demócratas, los reformistas de toda laya, movimientistas, sindicalistas, etc., abanderados por una intelectualidad pequeño burguesa, con su eterna desconfianza en la lucha revolucionaria del proletariado, pretenden que el futuro de la clase obrera siga encadenado al de sus enemigos de clase los capitalistas, sacando del baúl de los recuerdos esta vieja y reaccionaria consigna, orquestando para ello todo un debate teórico, resaltando sus enormes virtudes para que los trabajadores no se dejen llevar por arrebatos radicales y mantengan la necesaria paz social para una futura recuperación económica, salvaguardando el desgastado y putrefacto sistema burgués. Podemos, pretendiendo salir en auxilio de los intereses de “los de abajo”, incluye también en su programa la llamada Renta Básica, para así, hacer más creíble y embaucadora, la democracia del capital. Un calmante que amortigüe las contradicciones capital/trabajo, para frenar o desviar los legítimos intereses del proletariado como clase llamada a hacer la revolución.

En la era del capitalismo imperialista la única alternativa válida para que la humanidad pueda salir de las garras de un capitalismo depredador, sanguinario y competitivo, donde su principal interés es la cuota de plusvalía que obtiene de la explotación del trabajo asalariado, es la lucha por la revolución proletaria que siente las bases para la construcción de un orden social nuevo, la sociedad comunista, una sociedad donde no tienen cabida los parásitos, una sociedad donde se haga realidad el principio de a cada cual según sus necesidades de cada cual según su capacidad.

Consideramos este un tema ideológico de gran calado y caballo de batalla de toda suerte de reformistas en la lucha por prolongar la existencia del régimen capitalista, por lo que pensamos que merece hacer una crítica en toda regla que le dedicaremos próximamente.

Como estamos viendo, lo verdaderamente relevante del fenómeno Podemos, lo que le hace atractivo a los ojos de la burguesía, pese a sus públicas condenas, es que es un proyecto dirigido para seguir sometiendo a la clase obrera, y cómo no contra el sector de la vanguardia, los comunistas, pues de lo que se trata es de rescatar a las gentes desengañadas del sistema democrático burgués para incorporarlos de nuevo al redil, a la rueda que gira en torno a la democracia burguesa como soporte político-ideológico del sistema de explotación capitalista, dando un golpe de mano a la concepción materialista-dialéctica del desarrollo histórico de la sociedad, en donde el proletariado se constituye como sujeto revolucionario para dirigir la fase hasta el comunismo, con la derrota de la burguesía a través de la guerra popular revolucionaria y la instauración de la dictadura del proletariado.

En este sentido, Podemos se configura como un aglutinante de la “izquierda democrática”, con cierta conciencia “crítica”, con pretensiones anti-oligárquica, pero resueltamente anti-comunista. También puede ser un polo de atracción para un sector que milita en las filas del revisionismo que observan boquiabiertos cómo se van consolidando como una alternativa electoral antagonista a la desgastada pareja PSOE / IU, lo que le convierten en un banderín de enganche para los que tienen puesto sus esperanzas en la máxima del revisionismo: ocupar cotas de poder en las instituciones burguesas. La crítica que puede recibir Podemos desde el revisionismo tiene un contenido fundamentalmente electoral, pues su proyecto vital no se diferencia en lo esencial, ya que tanto unos como otros no quieren acabar con el capitalismo, sino reformarlo para hacerlo más “democrático” y “justo”.

Nuestra crítica a Podemos sin embargo, no va dirigida a la opción electoral que pueda representar, pues no tiene ninguna importante para el presente y futuro de la clase obrera, sino a lo que representa política e ideológicamente en la lucha contra la formación de la conciencia de clase proletaria. La misión de la ideología burguesa es ir disolviendo por oposición cualquier elemento ideológico que contribuya a elevar la conciencia proletaria por la acción de la propaganda marxista-leninista y la actividad revolucionaria comunista. En este sentido, Podemos es un nuevo producto de la burguesía, un enemigo de clase al que hay que combatir enérgicamente pues se está consolidando como un foco de atracción entre sectores de la clase obrera al actualizar la ideología burguesa. Enemiga número uno de la ideología comunista contiene elementos ideológicos que al embellecer y falsear la realidad social calan en la conciencia ordinaria de las clases explotadas. Combatir la ideología democrática burguesa entre la clase obrera no consiste simplemente en criticar sus conceptos, sino ligarlo a la lucha por su superación, es decir, armar una alternativa política al capitalismo desde las bases teóricas y políticas del marxismo-leninismo, construyendo el partido que dirija la revolución proletaria a través de la formación y consolidación de su vanguardia, tarea principal en estos momentos.