¿Qué Ha Cambiado en Cinco Años?

¿QUÉ HA CAMBIADO EN CINCO AÑOS?

A raíz del último documento publicado por el MAI relativo al derecho a la autodeterminación de Cataluña, decidimos hacer un alto en el camino en nuestras tareas con objeto de entrar de lleno en las posiciones y argumentos que allí se desarrollan por considerarlas erróneas, máxime cuando desde dicha organización se pretende reconstituir la vanguardia proletaria bajo su influencia ideológica. Tal es así, que no se ha hecho esperar la cascada de documentos defendiendo al unísono esa misma posición política y argumentos que la justifican.

En relación con el derecho a la autodeterminación de Cataluña y la posición que el proletariado debe adoptar, ya expusimos en su momento nuestros puntos de vista en dos artículos: ¿autodeterminacion burguesa o internacionalismo proletario? y El estado federal: nadar y guardar la ropa por lo que no considerábamos necesario volver a incidir sobre el asunto ante el anuncio de la celebración de la consulta del 9N. Sin embargo, analizando el contenido del documento del MAI, nos vemos en la obligación de volver nuevamente a incidir dentro del contexto general de la lucha de dos líneas.

Ante ello manifestamos nuestra sorpresa, tanto por la posición como el razonamiento argumental de los camaradas del MAI con relación a esta cuestión, que está impulsando una fracción de la burguesía catalana para conseguir la independencia política del Estado español y preservar sus intereses de clase. No esperábamos esta reacción de los camaradas, a tenor de anteriores documentos críticos con otras organizaciones. ¿Qué ha cambiado en estos cinco años?

I – ¿Tenía razón Kimetz?

Queremos empezar nuestra crítica exponiendo de manera comparativa las posiciones que ha mantenido el MAI en relación al tema que nos ocupa para que los lectores juzguen por sí mismos. Para ello nos vamos a valer del documento crítico con las posiciones de la organización vasca Kimetz que el MAI publicó en 2009 titulado: ¿Kimetz Informa? y el referido documento sobre el referéndum del 9N de 2014: Un posicionamiento por la unidad internacionalista del proletariado.

Los párrafos en cursiva pertenecen al artículo del año 2009, y los párrafos en negritas al del 2014.

1.- El movimiento de las naciones oprimidas debe ser dirigido por la Internacional, es la alianza de todos los proletarios desde la Internacional la que dirige la liberación. Lenin plantea primero destruir el Estado y luego la autodeterminación, justo lo contrario del independentismo que nos plantea Ekaitz desde su visión economicista de la unidad internacional del proletariado. (pág. 9)

El actual apoyo a la independencia nacional emana de las circunstancias concretas que hemos referido. Si estas circunstancias cambiaran, como por ejemplo en la constitución de un movimiento revolucionario del proletariado que ocupe la centralidad del escenario de la lucha de clases, cabría replantearse esta postura en función de la correlación entre el movimiento proletario revolucionario de liberación general y el movimiento burgués de liberación de la nación oprimida. (pág. 13)

De este modo, se estableció que la cuestión nacional es un problema de carácter fundamentalmente democrático burgués, resoluble en las condiciones del capitalismo con la aplicación consecuente de los principios democráticos. (pág. 2)

2. – Así partiendo de su análisis de capitalismo plantean una alianza táctica con esta clase. Es complicado, por no decir imposible, plantear esto cuando la burguesía nacional vasca tiene un sitio, conforma y, por tanto, apuntala al Estado español y al bloque hegemónico de dominación de clase que representa, objetivo común a destruir junto con el proletariado español. La burguesía vasca no necesita de un Estado-nación independiente para mantener su dominación de clase, ya que dispone del Estado español, en el que se encuentra integrado. El Estado no sólo es el sistema de dominación de una clase sobre otra, sino que también representa la alianza entre las distintas fracciones de la burguesía que lo integran, y en el Estado español esta alianza de dominación es una alianza internacional de la clase obrera. (pág. 4)

Esta dialéctica del tratamiento proletario revolucionario del problema nacional (entre el aspecto democrático, que se concreta en la firme propugnación del derecho a la autodeterminación y la igualdad de las naciones, y el aspecto revolucionario, expresado en la defensa de la unidad internacional de su lucha de clases) se expresa en que la democracia, la inequívoca defensa de la autodeterminación e igualdad de todas las naciones, permite atenuar, limar y desactivar los roces y desconfianzas nacionales, allanando y permitiendo la implementación práctica de la unidad internacionalista esencial del proletariado en su lucha revolucionaria. (pág. 2)

3. – En vez de educar al proletariado en la lucha de clases contra el enemigo común, el Estado español, liberando a las masas de la influencia de las aspiraciones nacionalistas burguesas, intentan identificar dos conceptos contrarios: la idea de reconstitución del partido comunista en torno al MLM como algo innovador, y, por otro lado, ideología burguesa (nacionalismo), producto de sus desviaciones practicistas. Esto genera una línea política y de masas burguesa. (pág. 6)

El propio Lenin señaló que no se puede educar a las masas desde la propaganda de los principios generales del comunismo, sino que para ello es necesaria la acción política específica de la vanguardia. En estos momentos, privados de las condiciones necesarias (Partido Comunista) para implementar el tipo de aprendizaje más consecuente, la experimentación de masas con el Nuevo Poder, hemos de intervenir, cuando las exigencias de la lucha de clases lo reclamen imperiosamente, como es el caso, desde un posicionamiento correcto, que amplíe en lo posible el radio de acción de la vanguardia, aunque éste se limite aún a los sectores más avanzados de nuestra clase, con la única perspectiva de impulsar el desarrollo revolucionario del proletariado. (pág. 4)

4. – En lugar de apuntalar las posiciones políticas de la burguesía, Kimetz debería utilizar el m-l como arma para la crítica que permita transformar la realidad política del País Vasco, dotándole de un discurso revolucionario capaz de polarizar el debate político de la vanguardia en torno a las tareas de la revolución, combatiendo el nacionalismo y creando el referente político para el posterior encuadramiento de las masas en torno a la lucha de clases. (pág. 6).

En el terreno internacionalista, la tarea a que se deben consagrar los proletarios conscientes no es a la preservación de una unidad de clase inexistente sino a la reconstrucción de esa unidad, es decir, qué podemos hacer en las actuales circunstancias para recuperar la confianza entre los obreros de las distintas naciones, qué hacer para aumentar la comprensión entre ellos, empezando por sus elementos de avanzada, cómo podemos cerrar el paso de la forma más eficaz a la perniciosa influencia del nacionalismo entre el proletariado. (pág. 7)

II – Sobre el concepto de autodeterminación

Empezaremos esta segunda parte de la crítica por el principio, es decir, por el concepto de autodeterminación de Cataluña que viene dado por la consideración de que Cataluña es una nación oprimida por el Estado español. A este respecto queremos puntualizar algunas cosas, aunque sea brevemente, pues ya expusimos con claridad nuestra posición en los artículos señalados más arriba:

Tanto la opresión en Cataluña, como en el Estado español, tienen un carácter de clase. Estando bajo el imperio del modo de producción capitalista, sigue siendo el proletariado la clase oprimida tanto por la burguesía española, catalana, como internacional, no ocurriendo así con las distintas fracciones burguesas que participan de una u otra forma de la plusvalía que se apropian con la explotación de la fuerza de trabajo asalariada. Dicha condición determina su opresión política porque le impide por medios políticos, jurídicos o militares, si fueran necesarios, que el proletariado se organice como clase para conseguir su objetivo estratégico: la derrota de la burguesía y la construcción del Estado proletario, condición necesaria para que se puedan cimentar unas relaciones socialistas de producción.

A lo máximo que puede aspirar el proletariado en el capitalismo es a participar en el juego democrático burgués, que no es otra cosa que colaborar para que se valorice el capital, recibiendo a cambio un aumento de la renta salarial en períodos de bonanza del capital o arrancando mejoras a través de luchas obreras. Eso es todo, ahí se queda su lucha si tiene un carácter reformista.

No compartimos por tanto la opinión de que Cataluña es una nación oprimida por el Estado español, dado que “Cataluña” forma parte del Estado central, tanto desde el aspecto económico como el político, es decir, es una parte del todo donde imperan las relaciones capitalistas de producción. La Comunidad Autónoma de Cataluña está lo suficientemente desarrollada como para que se la pueda considerar una nación oprimida, como tampoco se le impide desarrollarse desde el Estado central: sólo está sujeta, como cualquier comunidad autónoma de un estado imperialista, a los derroteros del desarrollo del capital financiero que somete todos los demás capitales, sean pequeños o medianos, como fracciones que son de la clase capitalista, a los intereses del capital dominante.

Sobre este aspecto es importante subrayar lo que Lenin planteaba en su texto sobre los problemas de política nacional, en donde defendía el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas como una medida para que se pueda desarrollar el capital nacional de dichos países, lo que significa en la práctica que se desarrollaría el proletariado como clase independiente de la burguesía y con un marcado carácter internacionalista por la influencia de la política m-l.

Durante la llamada transición, la burguesía española diseñó el desarrollo capitalista a través de la construcción y el impulso del Estado de las Autonomías, instrumento por medio del cual abordaba dos tareas generales para los intereses de la burguesía: el “equilibrio” territorial del desarrollo económico capitalista y el “equilibrio” político de las contradicciones intraburguesas. Al proletariado se le asignaba la tarea de mero acólito de las distintas burguesías con el señuelo de apoyar su tierra, sus “genuinas” costumbres, su cultura y su lengua.

A dicha misión se emplearon sin distinción las diferentes burguesías regionales, a cambio de la gestión de las anheladas competencias transferidas desde el Estado central, que es, en última instancia, el que marca la política general que dicta el capital financiero. Los distintos gobiernos autonómicos sólo podrían tener una  influencia limitada, dependiendo del apoyo que le prestaran al partido gobernante de turno, a cambio de una mayor aportación económica o de competencias.

A las fracciones burguesas de las Comunidades más desarrolladas ya no le sale a cuenta la estructura del Estado de las Autonomías, pues fue diseñada para otra función que no corresponde con la actual situación de sus necesidades económicas capitalistas, lo que quiere decir que las Comunidades más desarrolladas necesitan de unos mecanismos que no le dificulte su crecimiento, sino que lo impulse sin tener en cuenta al conjunto de las Comunidades Autónomas (distintas fracciones burguesas ligadas por sus inversiones en una comunidad): esto es el Estado Federal o la independencia, dependiendo de lo que históricamente tenga más arraigo en esa comunidad.

Que Cataluña tenga el derecho burgués a la autodeterminación, el derecho a la independencia política, es decir, a la creación de un estado propio, no es lo verdaderamente significativo para el proletariado (ello es la forma política que se dota el régimen capitalista de producción para tratar las contradicciones entre distintas naciones capitalistas), sino que lo verdaderamente substancial para el proletariado es el papel que va a jugar en el proceso de convocatoria para el referéndum sobre la independencia. Como decimos, es irrelevante para el proletariado pues de lo que se trata es de concretar la política del proletariado en dicho proceso de independencia dirigido por distintas fracciones de la burguesía para defender sus intereses económicos y políticos de clase. En este sentido queda claro para nosotros que la postura correcta ante la  convocatoria del referéndum  para la formación de un estado “genuinamente catalán” debe ser el boicot,  dada su naturaleza y carácter de clase burgués.

III – Los Argumentos

Los argumentos que emplean los camaradas del MAI para dar sentido a su posición política en el referéndum de autodeterminación de Cataluña son muy sutiles, cargado, por un lado, de un sentido utilitarista, y, por otro lado, de un sentido tacticista, pero si profundizamos en ellos podemos observar que la sutiliza con que se arman da paso a un discurso bien construido desde el punto de vista literario y, hasta poético, pero falto de rigor teórico, dado que se recurre a formas ideológicas que intenta seducir al lector en lugar de convencerlo. Al menos eso es lo que ha ocurrido con nosotros.

Otra cosa que nos ha chocado es que la argumentación se rodea de un escenario real (la correlación de fuerzas entre un inexistente movimiento revolucionario del proletariado y el movimiento burgués de soberanía nacional) con otro ficticio (la existencia del Partido Comunista que desplazaría la estrategia pactista de la burguesía nacionalista), pensamos que para darle más contenido, cosa que no necesita ninguna argumentación pues de lo que se trata es de demostrar lo que se dice sin recurrir a ningún artificio estilístico.

Los argumentos los vamos a dividir en dos grandes grupos, de la siguiente manera:

Grupo I – Los que pertenecen al campo utilitarista, siendo útiles para la educación política de las masas:

“La defensa de la autodeterminación e igualdad de todas las naciones permite atenuar, limar y desactivar los roces y desconfianzas nacionales, allanando y permitiendo la implementación práctica de la unidad internacionalista esencial del proletariado en su lucha revolucionaria” (pág. 2-3)

“En el terreno internacionalista, la tarea a que se deben consagrar los proletarios conscientes no es a la preservación de una unidad de clase inexistente, sino a la reconstrucción de esa unidad, es decir, qué podemos hacer en las actuales circunstancias para recuperar la confianza entre los obreros de las distintas naciones, qué hacer para aumentar la comprensión entre ellos, empezando por sus elementos de avanzada, cómo podemos cerrar el paso de la forma más eficaz a la perniciosa influencia del nacionalismo entre el proletariado” (pág. 7)

“En estas condiciones concretas, urge que la vanguardia m-l empiece a articular una posición política que vaya, enmarcada en el proceso general de reconstitución del comunismo, en la dirección de reconstituir esa unidad de clase, intentando, en la medida de lo posible y dada la agudización del conflicto nacional y la división y desconfianza nacionales en el seno de nuestra clase, ampliar el radio de acción e influencia de la vanguardia en pos de la educación internacional del proletariado” (pág. 8)

Grupo II – Los que pertenecen al campo táctico, siendo eficaces porque favorece la correlación de fuerzas a favor del proletariado con la trascendencia de que debilita a la burguesía en sus dos vertientes: a la nacional porque quita influencia sobre el proletariado que trabaja en Cataluña al conseguir sacudirse la opresión política nacional, y a la nacionalista porque le resta argumentos para aparecer como los responsables del empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo del proletariado.

“Pensamos, por tanto, que es necesario materializar el compromiso proletario con la igualdad nacional, en las circunstancias concretas que hemos reseñado, con un decidido posicionamiento político específico que restaure y sustancie el contenido del concepto de autodeterminación, demostrando a los obreros catalanes y de otras naciones oprimidas que los proletarios conscientes españoles entienden que la unidad internacional del proletariado empieza, más allá de las fronteras establecidas por el status quo, en la esfera ideológica-política y que para ellos antes está la fraternidad de clase que las fronteras de “su” estado nacional. Así mismo, es necesario una posición que sirva como el revulsivo más eficaz posible, como auténtica “terapia de choque”, para unas masas españolas educadas por la burguesía y el revisionismo en la naturalidad y complacencia en los privilegios nacionales” (pág. 8)

“Se trata también en que la vanguardia m-l, aún naturalmente bisoña, empiece prudentemente a dar los primeros pasos para familiarizarse con las maniobras tácticas que exige la política de la lucha de clases a gran escala” (pág. 9)

“La independencia política no liberará a los catalanes de las garras del capital financiero, es cierto, como no es menos cierto que tampoco los liberará la permanencia y unidad del actual Estado español. Sí los liberará, al menos, de la opresión política nacional y dejaría a la burguesía nacionalista con un elemento menos con el que canalizar el malestar social y facilitaría la disolución de clases y la implementación de la lucha de clases” (pág. 12).

Como podemos ver, son argumentos que se sitúan en el campo de las amplias masas (hondas y profundas como les gusta de llamarle el MAI) y no en la educación m-l de la vanguardia proletaria, que es lo pertinente en esta situación política atravesada por la necesidad de construcción de la vanguardia como paso necesario para la construcción del Partido Comunista. En este terreno, creemos que se ha dado un paso atrás, al poner en primer plano a las masas en lugar de la vanguardia.

Creemos que la vanguardia sale confundida pues no ha comprendido bien cuál es su papel y el de las masas, ni distinguir la propaganda de la agitación, en el proceso que estamos debatiendo. La vanguardia tiene la obligación de comprender certeramente la naturaleza y el carácter de dicho proceso (independencia de Cataluña) para actuar en consecuencia, determinando la política general en cuanto a la autodeterminación de los pueblos explotados y oprimidos por el capitalismo internacional y la autodeterminación de las nacionalidades en un Estado-nación en donde impere el capitalismo financiero: en cada situación la posición del proletariado tiene que ser distinta, debido a las condiciones concretas de la realidad social. Lo que está claro es que el proletariado en Cataluña debe adoptar una posición de no participar en un proceso abierto por fracciones de la burguesía catalana para construir un estado catalán burgués.

III – En torno a la posición ante las elecciones y/o referéndums

La toma de posición del proletariado revolucionario sobre su relación con las consultas o procesos electorales en las democracias burguesas deben ser estudiadas con detenimiento una a una, puesto que no se puede determinar a priori sin un análisis concreto de la situación concreta. Por eso no entendemos tanto la afirmación del MAI sobre su posición “tradicional” al boicot a las consultas electorales como las llamadas a la participación en los distintos referéndums que se han celebrado convocados por la burguesía en una correlación de fuerzas favorables a sus intereses, legitimándose los resultados por la participación popular.

Las diferentes posiciones se justifican a priori en que se postula el boicot cuando son convocadas elecciones para elegir representantes con el argumento de que con ello no se subordinan los intereses de la clase obrera a los de la burguesía, mientras que en los referéndums se llama a participar porque el proletariado expresa libremente su posición política sin ninguna mediación por parte de la gran burguesía: votando NO, el proletariado deja su testimonio histórico que recogerá como un hecho positivo de lucha cuando se reactive el proceso revolucionario.

En cuanto a la propuesta por la independencia de Cataluña y la posición que debe adoptar el proletariado hay que estudiarla detenidamente, ya que lo que se va dilucidar, más allá de la forma política que adopte el resultado, es sobre la formación o no de un estado catalán pero dentro del marco y los parámetros de la sociedad capitalista, sin ponerse en ningún momento en cuestión el carácter burgués de dicho Estado. Tenemos que recordar que en la consulta lo que se va a pedir al proletariado que trabaja en Cataluña es si quiere participar pasivamente en la creación de un nuevo Estado, guardián y defensor de los intereses del conjunto de la burguesía catalana a costa de su explotación económica y opresión política como clase. Dicho de otro modo, se le pide que decida, tanto si vota SÍ o NO, por la misma esencia, aunque con distinto ropaje: Estado catalán burgués o Estado español burgués.

Para una parte de la burguesía catalana esta opción puede ser de vital importancia para la defensa de sus intereses de clase frente a la competencia que establece con el capital financiero y otros capitales regionales, pero para el proletariado que trabaja en Cataluña como en el resto del Estado español no le afecta en absoluto, ya que da lo mismo de qué territorio o nacionalidad provenga la explotación a que está sometido: lo que verdaderamente importa es el contenido de las relaciones sociales de producción, no la nacionalidad con que se vista dichas relaciones.

Votar SÍ-SÍ es una posición de lucha contra el capital monopolista, mientras que el boicot como consigna general es una posición de lucha contra el conjunto de la burguesía, la grande, mediana y pequeña, se vista como se vista, que consideramos más acertado que la timorata del voto SÍ-SÍ.

En contraste de lo que apuntan los camaradas del MAI, para nosotros la abstención no significa desentenderse de los acontecimientos políticos, sino tomar una posición ante una propuesta política de carácter estrictamente burgués: no se puede apoyar los intentos de la pequeña y mediana burguesía para desafiar a la gran burguesía, pues supone darle la razón a los oportunistas y revisionistas de todo pelaje. Como puede ser, por ejemplo, apoyar la República para fortalecer a las “fuerzas progresistas” en lucha contra la gran burguesía (política antimonopolista), más propio de un país con escaso desarrollo capitalista, nada que ver con un país imperialista como el Estado español. Hay que ser consecuente con lo que se dice en todos los terrenos, no sólo en el que interesa.

A modo de epílogo

En los países de desarrollo capitalista avanzado la contradicción antagónica entre el capital y el trabajo asalariado se simplifica al extremo que no cabe más solución que la revolución proletaria, por mucha resistencia que presente el capital. Por ello la política proletaria ha de centrarse en preparar las condiciones para la derrota del régimen social capitalista eliminando la propiedad privada capitalista e instaurando la propiedad social sobre los medios de producción, con el fin de eliminar las condiciones sociales para la existencia de la división en clases de la sociedad.

Y dicho proceso no admite concesión alguna, sea táctica o estratégica, a cualquiera de las fracciones de la burguesía en interés del conjunto de su clase y en perjuicio del proletariado, como es el caso que nos ocupa. El internacionalismo proletario, la comprensión del carácter internacional de su lucha (la unidad intrínseca se convierte en unidad política por la existencia del Partido Comunista y su realidad como movimiento revolucionario), deviene de sus propias entrañas, de su naturaleza como clase, y no de dar un rodeo como el que nos propone el MAI (apoyar la independencia de Cataluña, es decir, la creación de un Estado capitalista catalán).

El proletariado no niega a la burguesía o a cualquiera de sus fracciones el “derecho” democrático a independizarse, pero sí a que cuente con él para construir un nuevo Estado burgués frente al ya existente, también burgués. A ello ha de oponerse con todas sus fuerzas enfrentándose a cualquiera de las fracciones burguesas, fomentando y extendiendo el carácter internacionalista de su lucha, y construyendo el Partido Comunista que prepare las condiciones para la revolución proletaria y la edificación del Comunismo.