Una Valoración Política de las Elecciones Andaluzas

Una valoración política de las

elecciones andaluzas de marzo 2015

Una vez celebrada las elecciones autonómicas en Andalucía es hora de hacer una valoración que pretenda arrojar algo de luz a lo sucedido en el panorama político. Nuestro interés al realizar este análisis es profundizar y llegar a conocer el comportamiento de las clases en esta cita electoral.

En primer lugar vamos a exponer los datos estadísticos de las tres últimas elecciones autonómicas en Andalucía para observar su evolución.

Tabla 1 *Los resultados del 2015 son aún provisionales.

Tabla 2 Tabla de confección propia con los porcentages de votos de las tres últimas convocatorias.

Una vez reseñados los resultados, podemos extraer las siguientes conclusiones:

El PSOE, partido vencedor de estos comicios, ha conseguido 1.409.042 votos, un 35,43% de los votos emitidos y 47 diputados. En relación con el año 2012 ha supuesto una pérdida de 114.423 votos con los mismos diputados y con respecto al año 2008 la pérdida ha sido de 769.254 votos.

El PP, uno de los partidos derrotados, ha conseguido 1.064.168 votos, un 26,76% de los votos emitidos y 33 diputados. Respecto al año 2012 ha perdido 506.665 votos y 17 diputados, respecto al año 2008 la pérdida ha sido de 665.986 votos.

IU, otros de los partidos peor tratados por el electorado, ha conseguido 273.927 votos, un 6,89% de los votos emitidos y 5 diputados. Respecto al año 2012 ha perdido 163.518 votos y 7 diputados. Respecto al año 2008 la pérdida es de 43.635 votos, debido a la fuerte subida que cosechó en el año 2012, cuando pasó de 6 a 12 diputados.

Tanto Podemos como Ciudadanos (C´s) irrumpen con fuerza en el mercado electoral Andaluz. Podemos con 590.011 votos, un 14,84% de los votos emitidos y 15 diputados,  y C´s con 368.988 votos, un 9,28% de los votos y 9 diputados. Los dos adelantan a IU, que de ser la tercera fuerza electoral en 2008 y 2012 ocupa ahora la quinta plaza a considerable distancia de ambas formaciones.

PA y UPyD pierden un importante número de votos, distribuyéndose entre las formaciones electorales de forma diversa. Hay que señalar en el caso de UPyD, la mayoría de sus votantes se han decantado esta vez por engrosar las cuentas de Cuidadanos, su competencia más directa.

A título anecdótico apuntamos los resultados del PCPA, para que se comprenda la ridiculez de los argumentos que utiliza el revisionismo para justificar su participación en las elecciones burguesas sin ningún tipo de principios. Han conseguido 3.490 votos, el 0,09%, perdiendo 629 con respecto al 2012, lo que significa el 14,3% de los votos cosechados anteriormente, aunque con respecto al 2008 su saldo es positivo en 747 votos, lo que le puede dar lugar a pensar, y auto convencerse que ha sido un mínimo traspiés, pero que sigue siendo una fuerza en ascenso, con proyección política entre las masas obreras.

Vemos que el llamado bipartidismo sigue vivito y coleando, no ha muerto como apresuradamente declaró Albert Rivera, dirigente de Ciudadanos. Si acaso se ha convertido en una suerte de bipartidismo ampliado: las dos principales fuerzas del régimen con sus respectivas tropas auxiliares. PSOE y PP por sí solos han cosechado casi dos millones y medio de los votos emitidos, lo que supone que el 62% de los votantes siguen eligiendo estas marcas electorales para gobernar alternativamente el Estado burgués en Andalucía. Sin embargo no se puede desdeñar que el bipartidismo sigue perdiendo fuelle paulatinamente, ya que con respecto al año 2012 pierde 817.778  votos y 1.435.240 según el año 2008, lo que podemos considerar significativo pero que la ley D´Hondt mitiga, pues esto no se traslada directamente a una pérdida de escaños (80 en 2012 y 103 en 2008), permitiendo a estos partidos hacer sus cábalas y pactos sin poner en evidencia y en peligro sus comunes estrategias de gobernar para el conjunto de la burguesía. Conforme se vayan consolidando los partidos alternativos se verá si la burguesía va modificando algunos supuestos inamovibles, como por ejemplo la ley electoral, lo que le permitirá adecuarla a las nuevas demandas ciudadanas, aunque no sea más que el disfraz que oculta el empuje de los nuevos dirigentes para pillar tajada en los órganos de dirección del Estado.

La pérdida de voto del bipartidismo ha recorrido su camino “natural”. Una parte ha ido a Podemos, la gran mayoría provenientes de IU y de la abstención, en menor cuantía del PSOE, y otros han ido a parar a Ciudadanos, una parte desde el PP y otra, más importante, desde UPyD. Dos opciones políticas próximas ideológicamente que conforman las dos alas en que se divide el bipartidismo: la progresista que representa el PSOE y la conservadora representada por el PP. La irrupción de Podemos en el panorama electoral no ha supuesto un cambio trascendental en la situación política general, sino más bien es una redistribución de los votos dentro del bloque democrático burgués. No ha tenido que hacer un gran esfuerzo, sólo ha tenido que esperar a que las cosas empiecen a madurar y seguir el guión previsto: al trasvase de votantes del PSOE, el aspecto de menor importancia, hay que sumarle la sangría de IU y la operación de atracción de las simpatías de unos sectores de pequeña burguesía progresista, desengañados e indignados, y ahora ilusionados con el grito de guerra del “poder de los ciudadanos”. Hay que remarcar que Podemos se ha apoderado de gran parte del electorado de IU, que se ha hundido debido a su posición de pleitesía y de manifiesto oportunismo ante el PSOE, determinado por su línea política y su programa electoral claramente burgués (disfrazado con pequeños toques populistas) y sobre-determinado por la ambición de sus dirigentes políticos. Ciudadanos ha atraído los votos que ha perdido el PP pero sobretodo UPyD, pues representa una opción política conservadora con un cartel electoral más moderno y dinámico. También le ha favorecido la habilidad que tienen los votantes de derechas para concentrar el voto y, con ello, fortalecer sus opciones políticas, pulverizando en este caso a UPyD. Esta fuga de votos de las filas del bipartidismo es más bien aparente, puesto que en cualquier momento pueden volver a su templo a través de los pactos pos electorales. Todo dependerá de la aritmética política y de las prebendas que se ofrezcan a sus dirigentes, dado que no se diferencian ideológicamente las viejas opciones con las de nuevo cuño.

IU necesita un punto y aparte en este análisis pues a su posicionamiento ideológico (reformismo reaccionario burgués) se le une la ambición de sus dirigentes políticos, que no dudan en abrazar y hacer suyo lo más detestable de la acción política de los representantes burgueses (sacar ventaja económica de ello) aún a costa de hundir a quién dicen representar. Es el camino que recorren los partidos que no están asentados en ninguna ideología definida pero que dicen representar y “luchar” por una clase trabajadora para traicionar al fin sus aspiraciones. Hablamos de los oportunistas de medio pelo que amparándose en un programa electoral que tiene por bandera el mantenimiento del Estado de Bienestar y la salida social de la crisis, que se concreta en la defensa de lo público y de los Derechos Humanos. Los afiliados y simpatizantes de esta formación, por carecer de ideología proletaria, no saben qué hacer ante tal situación, por eso a lo máximo que aspiran es a colocarse en distintas administraciones como sus jefes o abandonar el barco pasando a las filas de la fracción o el pasotismo. Los votantes de esta formación huelen esta podredumbre, pero no saben cómo actuar, entregándose a la desilusión o al trasvase, pasando a las filas del nuevo partido de los de abajo.

Tabla 3

Fuentes: BOJA Nº 62, 30 marzo, 2004; BOJA Nº 63, 1 Abril 2008; Resolución Junta electoral Andalucía 12 de abril de 2012; INE-Nota de prensa 2 febrero 2015-Censo electoral Andalucía. (*Los datos de 2015 son aún provisionales)

Con un incremento en el censo electoral de 104.065 personas ha descendido la abstención en 241.379 personas, lo cual es significativo porque representa cerca del 4% del censo electoral. En estas votaciones se ha roto la tendencia al aumento continuado de la abstención, (aumento del 10% en 2012 respecto al 2008). Seguramente que la caída de la abstención viene como consecuencia del trabajo que ha realizado Podemos entre un sector importante de los jóvenes, al crearles la ilusión de que el sistema se puede reformar por sí mismo si se está atento a los “desajustes” que se producen. Podemos ha abierto una veta para reanimar la confianza en el sistema, de que es posible arreglar las cosas con la voluntad de los ciudadanos honestos y su participación en la política para llevar adelante la cruzada por la regeneración democrática. Si el PP y el PSOE representan la casta política del régimen oligárquico, la que se quiere perpetuar por todos los medios y con ello garantizar su dominio, Podemos representa la colaboración de clases, la “hermandad” de los ciudadanos frente a la casta oligárquica, para afrontar los problemas sociales al margen de las clases sociales y de las condiciones capitalistas de producción.

En cuanto al análisis político de clases se pueden extraer las siguientes consideraciones:

A los distintos partidos que han logrado representación parlamentaria hay que meterlos todos en el mismo saco, dado que todos, en mayor o menor medida, representan los intereses de la burguesía española y la defensa de su posición en contexto del imperialismo internacional. El análisis político no puede ser presa de la concepción sociológica burguesa que separa a las distintas formaciones políticas entre derechas e izquierdas o arriba y abajo, puesto que ello embellecería a los que formalmente se incluyen en el campo de la clase obrera (izquierda) para granjearse la simpatía de los trabajadores con el objetivo de apoyar el proyecto burgués, a diferencia de los que pertenecen al campo de la burguesía (derecha), votos de corte puramente burgués.

Los burgueses, cuando van a votar, lo hacen reafirmando su posición de clase, esto es, sabiendo que con ello van a afianzar el sistema político que defiende y salvaguarda sus intereses económicos y políticos como clase dominante. Sin embargo, cuando lo hacen los obreros, los distintos sectores de la clase obrera que votan no reafirman su posición de clase, inconscientemente refuerzan el sistema político que le somete a ser muletilla de la política general de la burguesía.  Ahí radica la diferencia entre el voto de la burguesía y el de la clase obrera, aunque esta tenga una gran superioridad numérica, lo que en realidad hace es legitimar la política de su enemiga de clase, la burguesía. Los dirigentes y cuadros de los partidos reformistas y revisionistas que dicen representar a la clase obrera sí son conscientes de esta diferencia, puesto que actúan convenciendo a la clase obrera, de que tiene que colaborar con la burguesía para mejorar sus condiciones de vida y trabajo.

El revisionismo no aprende de su experiencia, de la inutilidad y de la traición de su acción democrático-burguesa pues no le reporta nada valioso a los sectores más consciente del proletariado; todo lo contrario, se aleja cada vez más de las aspiraciones de estos sectores de crear una alternativa revolucionaria al capitalismo basada en el marxismo-leninismo. Esta opción asienta su posición en la incomprensión del marxismo-leninismo, y de las aspiraciones pequeño-burguesas y reaccionarias de sus dirigentes y cuadros por ocupar cargos políticos en los aparatos del Estado burgués. Como si el hecho formal de ganar unos sillones a costa de rebajar los principios de la teoría revolucionaria y debilitar aún más la influencia política del proletariado, fuera un hecho trascendental para el futuro de la clase obrera.

Una política revolucionaria debe tener en cuenta que no basta con argumentar por el boicot en las elecciones burguesas, sino que además se debe trabajar ante los procesos electorales en tres aspectos, que a nuestro entender son:

·        Criticar decididamente el revisionismo por su posición democrático burguesa basada en la falta de principios y por tanto de legitimación del sistema de dominio burgués.

·        Contrarrestar con argumentos sencillos pero determinantes la posición equivocada de los sectores obreros que participan en la liturgia del voto, con el propósito de que comprendan que su acción favorece a la burguesía y perjudica seriamente la lucha de la clase obrera.

·       Argumentar que la abstención debe tener un contenido activo, no conformándose sólo con no ir a votar, sino que el objetivo es elevar el nivel de conciencia de los sectores más proclives a la revolución en la dirección de construir el partido comunista que dirija la revolución proletaria.

Galeano

Reproducimos este artículo escrito en plena Operación Pilar Defensivo de Israel contra Gaza de noviembre del 2012, en homenaje al desaparecido escritor  y periodista uruguayo.

Gaza

Por Eduardo Galeano*

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)

* Escritor y periodista uruguayo. Es el autor de Las venas abiertas de América Latina, Días y noches de amor y de guerra, la trilogía Memoria del fuego, entre muchos otros.

Fuente: Contracorriente (Paraguay).