Una Valoración Política de la Elecciones Municipales

26 Dibujos que muestran todo lo que se hace mal en el mundo.

Una valoración política de las

Elecciones Municipales 2015

 El pasado 24 de Mayo se celebraron las Elecciones Municipales en todo el país junto con las Autonómicas, excepto en las Comunidades de Cataluña, Andalucía, Euskadi y Galicia. Nos centraremos en esta ocasión en examinar las Municipales, que arrojaron los resultados electorales, que a continuación pasados a analizar:

Porcentajes de votos obtenidos entre 1995-2015:

C.1

Número de votos obtenidos en 2007, 2011 y 2015:

C.2

Vemos que el PP sigue siendo la primera fuerza política obteniendo 6.057.767 votos, que supone el 27% de los votos válidos, En segundo lugar ha quedado el PSOE con 5.603.823 votos y un 25% de los votos válidos. Entre los dos partidos que forman el bipartidismo orgánico han conseguido el 52% de los votos. Izquierda Unida ha cosechado los peores resultados que se recuerdan en unas municipales desde 1983, con una pérdida del 3,7% de los votantes (respecto a 2011 ha tenido una perdida de 366.507 votantes).

En conjunto, los partidos PP-PSOE han perdido más de 3 millones de votos (2.416.264 + 672.264), que han ido a parar fundamentalmente a las candidaturas impulsadas por Podemos y Ciudadanos. La pérdida electoral más importante ha sido para el PP (una caída del 10,50% de los votantes con respecto al año 2011, que supone casi 2,5 millones de votantes). El PSOE ha cosechado el peor resultado de las municipales desde el año 1983, con una caída del 18% de los votantes con respecto a dicho año. En cuanto al número de votos perdidos con respecto al año 2011 supone casi 700.000 votos.

Un análisis cuantitativo de los resultados de Madrid y Barcelona nos ofrece las siguientes conclusiones:

Madrid

C.3

En Madrid, PP/PSOE han perdido un 23,8% de los votos conseguidos en el año 2011. La mayor parte ha recaído en el PP, casi el doble que el PSOE (15,2% y 8,6% respectivamente). Ahora Madrid y Cuidadanos han cosechado el 43,2% de los votos, un 6,5% menos que el bipartidismo orgánico (49,7%), lo que significa un duro golpe para el PP/PSOE que ven como pierden influencia electoral en beneficio de los nuevos partidos burgueses emergentes. Es significativo el desplazamiento del voto de IU en Madrid hacia la opción de Podemos como palanca para no convertirse en una referencia electoral residual. Estos resultados van a contribuir a replantearse seriamente la alianza electoral de las izquierdas contra las derechas en las próximas elecciones generales para derrotar a la alternativa derechista pura y dura.

Barcelona

C.4
En Barcelona, PP/PSOE han perdido el 21% de los votos conseguidos en el año 2011 (8,5% y 12,5% respectivamente), lo que significa otro duro golpe al bipartidismo orgánico que vé como su influencia electoral se resquebraja considerablemente en beneficio de los partidos burgueses emergentes y los partidos que impulsan el nacionalismo independentista, han aumentado un 5% de los votos con respecto al año 2011 (un 36,1% en el año 2011 frente al 41,1% en el año 2015). Este aumento también se ha producido en el conjunto de Cataluña, que han pasado del 38,2% de los votos en el año 2011 al 45,06% en el año 2015, aunque hay que reseñar que CIU ha perdido apoyo electoral tanto en Barcelona como en Cataluña en beneficio de ERC y la CUP.

El bipartidismo orgánico está perdiendo apoyo electoral a manos de los partidos burgueses emergentes pero no en cuanto a la coalición de los partidos catalanes que defienden el independentismo, lo que está por confirmar es si esto va a repercutir en los resultados de las próximas autonómicas en Cataluña, convocadas para el mes de Septiembre. El tiempo dirá si se abre uno nuevo escenario, sean cuales sean los resultados ante el desafío del independentismo burgués en Cataluña.

En cuanto a la participación en todo el Estado, estos son los resultados obtenidos:

Resumen de participación de Total España

C.5De estos datos se pueden extraer las siguientes conclusiones:

La participación electoral ha ido recorriendo el camino inversamente proporcional al recorrido del censo: cuando desciende éste, aumenta la participación (2011) y cuando aumenta aquél, desciende la participación (2015). Se debe seguramente a factores particulares de cada elección, ya que el arrastre de la abstención por la arrolladora victoria del PP frente a la caída respecto del PSOE en el año 2011 y leve caída de la participación en 2015 por la posición abstencionista de fieles votantes del PP, que esta vez lo han boicoteado debido al rechazo a determinadas promesas incumplidas y que consideran señas de identidad del Ideario del PP, especialmente: ley del aborto, apoyo a la familia tradicional, etc…

Vemos que el aumento o disminución de la abstención se debe fundamentalmente a la mayor o menor ilusión con que los votantes afrontan las elecciones, PP y PSOE esencialmente. De ahí se deduce que la abstención pertenece a la esfera de la concepción democrática burguesa de afrontar la lucha política (elección de una opción electoral frente a las demás) y en ningún caso se puede considerar reflejo de una posición de cambio en la concepción y práctica rupturistas con el sistema democrático parlamentario. Para que ello se pueda considerar así es necesario que exista una referencia política revolucionaria que lo impulse en el seno de la clase obrera, lo que no ocurre todavía en el Estado español.

Bipartidismo sí, bipartidismo no

Este dilema contínuamente pregonado representa un falso problema, puesto que no es una cuestión que tenga que dilucidar la clase obrera. Lo realmente importante para los obreros consecuentes con sus intereses generales de clase es distinguir el carácter de clase del gobierno que sale de las urnas y no la forma que adopta la función de gobernar en un momento dado, unipartidismo, bipartidismo o pluripartidismo, en la formación del gobierno. Los partidos burgueses emergentes, arrogándose la representación de una parte de la opinión pública, manifiestan que el bipartidismo favorece las decisiones arbitrarias de los que gobiernan, considerando que el pluralismo en la formación del gobierno se ajusta mejor al desarrollo democrático de la sociedad y a los intereses de la mayoría frente a los abusos y la corrupción de una minoría antidemocrática.

Con este discurso interclasista y de democracia en general se han ganado las simpatías y el voto de una parte importante del electorado, de los demócratas desencantados que unas veces apoyan al PP y otras al PSOE, sumados a los que están hartos de los bandazos incoherentes de IU. La crítica al bipartidismo, para que sea consecuente con los intereses de clase del proletariado, hay que hacerla desde una posición anticapitalista, cosa que no hacen los que se posicionan abiertamente contra esta opción política, pues su crítica tiene como objetivo labrarse un espacio propio en el sistema democrático burgués para así afianzar su poder como fracción de clase.

El argumento crítico contra el bipartidismo se fundamenta en que es perjudicial para la democracia bien entendida, porque la desnaturaliza al permanecer presa de los intereses de dos únicas opciones políticas que se alternan en el poder, en detrimento de los intereses de la mayoría, favoreciéndose los abusos y la corrupción de los que detentan el poder económico y político. Esta crítica no pone en cuestión la naturaleza de la democracia burguesa, ocultándose su carácter de clase al hacer creer que existe libertad e igualdad en la sociedad burguesa, cuando en realidad es en esencia una dictadura de la burguesía para poder reproducir las condiciones de la explotación capitalista desde el ámbito de las instituciones políticas mediante la conciliación de clases y la represión que se ejerce cuando se pone  en cuestión las medidas y leyes que se impulsan para que se cumplan dichos objetivos. Los defensores de la democracia real frente a la falta de libertades democráticas para la mayoría que le sustrae el bipartidismo no es más que un intento burdo de embellecer la dictadura de la burguesía sobre el proletariado con bonitas palabras de falta de democracia y de recorte de libertades públicas para conciliar el propósito de los capitalistas (explotación del trabajo asalariado) con el respeto a las normas democráticas burguesas por parte del proletariado a cambio de una ”mejora” en sus condiciones de relacionarse con el Estado.

Hay que entender que el bipartidismo no sólo es la forma organizativa que adopta el dominio político de la burguesía (la alternancia de los partidos burgueses en la ejecución de su poder de clase), sino que hay que entenderlo más ampliamente: la forma política que adopta los intereses de la burguesía en el ejercicio de su dominio (bipartidismo programático), que se concreta en el programa político que desarrolla en cada situación concreta. En este sentido, los distintos partidos burgueses emergentes que han aparecido en el panorama político y electoral forman parte del bipartidismo, cada uno en su “polo correspondiente”: Ciudadanos, en el conservador (derecha) y Podemos, en el progresista (izquierda) del ejercicio de poder de la burguesía, pues desde sus fundaciones abrazan las normas democráticas que marca la Constitución burguesas y el sistema económico que consagra la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado. Las críticas a la casta, a la corrupción y a los recortes de las libertades democráticas no son más que formas ideológicas para integrarse en el sistema de poder de la burguesía por parte de la aristocracia obrera, y de una parte de la pequeña burguesía que se han visto relegados y desplazados de sus privilegios y funciones en los aparatos del Estado.

La clase obrera tiene su propio camino

Con el desarrollo del régimen capitalista de producción se desarrolla y se depuran las formas políticas de dominación de la burguesía sobre el proletariado. Se articula en torno a las leyes de producción capitalista una estructura política que tiene por misión oprimir al proletariado y “educarlo” a las formas peculiares de producción del capital por medio de los aparatos del Estado. El sistema político tiene como aspecto central de actuación de poder el parlamentarismo burgués, sistema de elección de los representantes de la clase dominante, la burguesía, y de dominación y reproducción de poder de dicha clase, por medio de la elaboración y ejecución de las leyes que rigen la vida social y asegurar su aplicación con el soporte represivo, dispuesto en cada momento para intervenir en el caso que dichas leyes sean cuestionadas por las masas explotadas.

La democracia burguesa y el parlamentarismo burgués no son un invento social para la defensa del “bien común”, sino la condición necesaria, en lo político, para que no se interrumpa la reproducción del capital. Este modo de producción necesita de unas condiciones políticas favorables, aunque la misma producción capitalista, por su particularidad, a diferencia de otros modos de producción anteriores, garantiza su reproducción mediante la explotación del trabajo asalariado. Dicho medio es la conciliación de clases, dado que la plusvalía emana del trabajo asalariado, trabajo que aportan los obreros asalariados mediante la explotación de su fuerza de trabajo en las empresas capitalistas. Explotación que necesita que se haya tenido que contratar mediante la libre voluntad de las partes contratantes: el capitalista y el obrero según unas condiciones previamente establecidas por el código judicial y las ordenanzas laborales.

El capitalismo en su fase última de desarrollo, la imperialista, utiliza una doble táctica para aplicar su política: guante de seda (democracia) en las metrópolis y guante de hierro (dictadura) en la periferia. Tanto una como otra forma de dominación política persigue el mismo objetivo: explotar y oprimir al proletariado aunque adopte distintas formas de dominación dependiendo las necesidades del capital para la extracción y apropiación de plusvalía. No se puede caer en la trampa ideológica que interesadamente tiende el capital a los proletarios de decidir sobre una u otra forma de dominación, dado que las dos son peores para el proletariado que tiene que luchar con la misma perseverancia y radicalidad si quiere derrotar a la burguesía para instaurar su dictadura de clase con el fin de construir una sociedad libre de explotación de clase.

Los que desde la “izquierda”, ya sean demócratas, socialistas o comunistas, defienden la democracia burguesa y el sistema parlamentario burgués como antídoto contra la dictadura de la burguesía y la defensa de los intereses de los trabajadores, olvidan que el sistema parlamentarista burgués está penetrado por el carácter del Estado, que es una parte de los aparatos del Estado de la burguesía, de la máquina de opresión y represión de la burguesía. El discurso de los distintos partidos que consideran el parlamentarismo burgués como la representación genuina del pueblo no hacen más que contribuir a ocultar y engañar a la clase obrera, que su apoyo al parlamentarismo burgués no es más que un cheque en blanco para que la explote y oprima con el consentimiento de los propios trabajadores, a la vez que le hacen creer que la burguesía, al aceptar los mecanismos democráticos, renuncian a mantener sus intereses particulares en pos del interés general de la sociedad, lo cual es imposible desde el punto de vista del funcionamiento del capital.

Los que defienden la democracia burguesa y el parlamentarismo burgués fomentan la pasividad de las masas explotadas, la colaboración de clases a favor del sistema económico y político que los explota y oprime, además de desarmarlos ideológica y políticamente para entablar decididamente su lucha contra la clase que le impide desarrollarse como clase independiente y revolucionaria, permaneciendo a la sombra de un Estado que lo obliga a respetarlo y lo adormece para la función social a la cual está destinada a realizar por su capacidad revolucionaria, adquirida por el desarrollo del capitalismo y la conciencia formada por la comprensión de la teoría revolucionaria del desarrollo materialista y dialéctica de la sociedad: el marxismo-leninismo.

El sistema ideológico burgués tiene la particularidad de proyectar ideas engañosas y falsas como si fueran Las tablas de la ley, consolidando la creencia de que la democracia burguesa actúa en pos del interés general sin reconocer la división en clases de la sociedad, situándose por encima de ellas. Esta función de la democracia burguesa no la perciben la gran mayoría de los obreros, pero sí lo tienen que saber las organizaciones que se autoproclaman comunistas pues es una de las tesis fundamentales del materialismo dialéctico, la función que tiene la ideología burguesa de invertir y ocultar el contenido de las relaciones sociales capitalistas. Por poner un ejemplo esclarecedor de esta cuestión: el dinero aparece ante los ojos de los agentes sociales con un poder social (la capacidad infinita de comprar cualquier mercancía), cuando en realidad no es más que una relación social; el producto de las relaciones mercantiles capitalistas (esa capacidad que hablábamos antes se la otorga el valor de cambio de las mercancías, el valor que adquiere el producto del trabajo social destinado al cambio).

Sin embargo para el revisionismo, cuanto más se desarrolla la democracia burguesa, es que más democracia real puede haber, más libertad para elegir y decidir tiene la clase obrera en la sociedad burguesa. Pero la realidad nos demuestra que el Parlamento sigue en manos de los mismos: los capitalistas de uno u otro signo. Lo que importa del Parlamento no es quienes lo componen, sino qué leyes elabora y qué política impulsa y aplica. No por estar la izquierda sentada en el hemiciclo se va a aplicar una política que favorezca económicamente a los trabajadores, sino más bien que se gobierna para las empresas en donde trabajan los obreros asalariados. Estos piensan que por que esté un partido de izquierdas en el gobierno va a mejorar sus condiciones de vida y trabajo, pero la realidad es muy distinta: aunque haya un batallón de profesionales de la política de izquierdas su condición de explotados sigue vigente incluso con más fuerza, porque frente a la condición formal de igualdad entre todos los miembros de un Estado burgués se alza la condición real de la división en clases de la sociedad, de la cual el Estado es su mayor exponente.

Entonces ¿Por qué defiende el revisionismo el parlamentarismo burgués en cualquier situación del enfrentamiento entre burguesía y proletariado? Porque piensa que la única manera de ganar adeptos y apoyos de la clase obrera es por medio de una política de conciliación de clases, acumulando fuerzas a partir del movimiento espontáneo de las masas al margen de una política revolucionaria impulsada por el partido comunista, ya que ha renunciado al principio marxista de que la clase obrera se fortalece política e ideológicamente en la medida que crea sus propias estructuras políticas (entre ellas el partido, la más importante) al margen de las estructuras del Estado burgués y su lucha contra la organización política de clase de la burguesía.

Y aunque los mecanismos democráticos burgueses le dan la razón en un primer momento, creándole la ilusión de que tiene cierto apoyo social por conseguir un puñado de votos en las elecciones burguesas, pero el tiempo y la lucha de clases poco a poco le va quitando el velo que oculta su torpeza y traición, desnudando sus vergüenzas ante la clase obrera que lo juzgará con dureza y severidad a través del desprecio y el olvido. Los resultados electorales van dándole bofetada tras bofetada poniendo de manifiesto su carácter de clase burgués que cada día que pasa se derechiza más, convirtiéndolo en un apéndice colaborador de la burguesía. Su función de manipular el marxismo leninismo para hacerlo asequible al movimiento espontáneo de masas y de los intereses de la aristocracia obrera se convierten poco a poco en un brazo de la burguesía para difundir la imposibilidad de la revolución proletaria y la construcción del comunismo. A lo único que aspira realmente el revisionismo es a ayudar a la burguesía a desarrollar las fuerzas productivas con la participación de la clase obrera, poniéndola a las órdenes de los intereses de la burguesía nacional e internacional por un plato de lentejas. Juran y perjuran que los enemigos de la clase obrera son los monopolios, el gran capital, ocultando que la fase imperialista del capital es el resultado social de las relaciones capitalistas de producción.

Esta fase imperialista del capitalismo en que estamos inmersos no sólo pone en evidencia el carácter burgués del revisionismo sino que demuestra, además, su negación como necesidad para construir el comunismo a través de la guerra revolucionaria de clases y la dictadura del proletariado. Negar el capitalismo a través de la revolución proletaria es negar el revisionismo como política burguesa en el seno de la clase obrera que se aferra con todas sus fuerzas a la democracia burguesa para frenar la preparación de las condiciones y ejecución de la guerra revolucionaria de clases contra cualquier poder de la burguesía. Negar al revisionismo es hacer hegemónico el marxismo leninismo como referente político e ideológico en el seno de la clase obrera en su lucha contra la burguesía. El principio de su negación es la creación de la vanguardia marxista-leninista que vaya ejerciendo la crítica y la lucha a las posiciones y a las políticas revisionistas.