Boicot a las Elecciones del 20-D

Somos el cambio2

LA MISMA FARSA ELECTORAL

CON DOS NUEVOS ACTORES

BOICOT A LAS ELECCIONES DEL 20-D

Los obreros comprometidos con los intereses de su clase no deben
participar en las elecciones que propone la burguesía para renovar
su dictadura de clase. Su posición debe ser el boicot.

El 20 de Diciembre se celebran nuevas elecciones generales para elegir los parlamentarios que representarán los intereses del capital para aplicar la política general de la burguesía, tanto a nivel nacional como internacional. Se desarrollará apaciblemente dado el dominio ideológico y político que ejerce sobre la clase obrera, la cual contribuye inconscientemente a que el régimen político de la burguesía refuerce sus grilletes sobre los explotados.

Ello seguirá siendo así mientras que el proletariado siga creyendo que las leyes sociales son neutrales, que defienden la justicia social y el bien común por encima de las clases sociales, mientras respete el orden burgués y los intereses nacionales como si fueran de todos. Mientras siga creyendo en la respetabilidad burguesa que encubre la explotación a la que está sometida, campará por sus respetos la desigualdad, y la injusticia social será la norma a acatar.

Este dominio ideológico de la burguesía sobre el proletariado se asienta en la propiedad privada capitalista que establece las funciones y los roles de cada clase, pero se hace efectiva en la convicción de que siempre tienen que existir ricos y pobres como existen personas buenas y malas, fruto de la genética humana y no de la herencia social que determina a los individuos en función de las clases sociales. El parlamentarismo burgués actúa reforzando esta idea pues proyecta en la conciencia de los individuos que la norma que actúa en las relaciones sociales es LA DEMOCRACIA, el contrapeso que establece la sociedad contra los abusos dictatoriales de los que se toman la “justicia” por su mano. Por eso es tan importante que las vanguardias proletarias se nutran de una ideología propia, una ideología basada en el materialismo dialéctico que explique tanto la realidad como que aborde la transformación social a través de la lucha de clases sin concesiones a los pactos y etapas artificiales que recorer para la toma del poder político por el proletariado, única clase que puede realizar una revolución que transforme la sociedad hacia la eliminación de la propiedad privada individual y las clases sociales.

El sistema capitalista tiene sus propios mecanismos internos para, desde el punto de vista democrático, rejuvenecerse y regenerarse mediante la creación de nuevos partidos. Ello no ocurre de una manera apacible o natural, sino abruptamente dado que los partidos políticos existentes se resisten a cambiar ya que se pone en cuestión los privilegios que obtienen al gestionar el sistema capitalista. A simple vista se puede pensar que los partidos burgueses de nueva creación son obra de la voluntad de los dirigentes que los promueven, cuando en realidad no es más que la forma en que se manifiesta la necesidad del sistema por perpetuarse contra la opinión del electorado, harto de las promesas electorales que no se cumplen porque básicamente están hechas para ganarse la confianza de los trabajadores, como las abejas a un panal. El caso de Podemos es paradigmático en este sentido, pues aparece como una reacción espontánea de un sector de la población que se rebela contra las falsas ilusiones creadas por las maquinarias electorales y que lucha por restaurar la democracia “plena” que los partidos tradicionales han “secuestrado”.

Es evidente que el parlamentarismo burgués está sufriendo un fuerte desgaste de popularidad por el desprestigio de los partidos mayoritarios motivado por el cúmulo de casos de corrupción que han ido aflorando en medio de la crisis y en los que están involucrados directamente. Como reacción a este fenómeno, la burguesía ha comprendido que tiene que poner en marcha una urgente operación política de lavado de cara con la intención de renovar la imagen de los partidos llamados a gobernar el Estado y hacerlos más creíbles. Impulsando la formación de nuevos partidos, uno para el electorado de “izquierdas” y otro para el electorado de “derechas”, con el objeto de controlar sin sobresaltos las consecuencias de la pérdida de credibilidad en el sistema político parlamentario. Ante la deriva derechista de la socialdemocracia aparece Podemos, y debido a la derechización del liberalismo nace Ciudadanos, con el objeto de controlar el “equilibrio” entre derecha e izquierda tan al gusto de un sector amplio del electorado.

Esta operación está consiguiendo sus frutos, dado que se prevé que la participación electoral detenga su tendencia a la abstención, a la vez que está consiguiendo, por ahora, revertir el desprestigio de los mecanismos democráticos burgueses que se había dado por la conjunción del aumento de la corrupción y la desidia por no cambiar el estatus que gozan los partidos del bipartidismo en seguir manteniendo sus privilegios apegados a la función de gobernar. La burguesía alienta esos privilegios para que los partidos parlamentarios, sobre todo, los que gobiernan, se vean comprometidos defendiendo los planes generales de dicha clase.

Ello se asienta, y lo sabe bien la burguesía, que estos dos partidos van a apuntalar al bipartidismo indirectamente, pues van a apoyar, uno y otro, al polo ideológico al que pertenece para la gobernabilidad del país sin tener en cuenta los intereses contrapuestos de la clase obrera y la burguesía, pero a favor de ésta última. Esta operación política no tiene otro objetivo que encandilar a una parte del electorado, el que se caracterizada por votar discrecionalmente, de manera que elige un partido u otro no por motivos ideológicos o políticos sino por meras razones de imagen, en donde entra en juego plenamente el marketing publicitario, son los que las empresas consultoras etiquetan como indecisos.

Del conjunto de contradicciones en el momento actual, es la interimperialista la que domina, y en la que la clase obrera realiza el papel de peón de brega para las distintas fracciones burguesas imperialistas a través de las políticas que definen los Parlamentos nacionales. En Europa estos Parlamentos son los encargados de nacionalizar los intereses de la Unión Europea, que es donde se concentra el poder político del polo imperialista europeo en oposición al norteamericano, ruso o chino. Como decimos, la clase obrera juega un papel subalterno en la lucha de clases pues se ha ido imponiendo la contradicción interimperialista a costa de desplazar a un tercer lugar la contradicción burguesía/proletariado o, lo que es lo mismo, la contradicción socialismo/capitalismo, ocupando el segundo lugar la contradicción entre las distintas fracciones de la burguesías nacionales, la contradicción entre la burguesía imperialista (gran burguesía) y la burguesía no imperialista (pequeña y mediana burguesía), que se expresa como la contradicción internacionalismo burgués/nacionalismo. El caso de Cataluña es un ejemplo evidente de esta última contradicción dentro de un Estado imperialista que todavía no ha resuelto políticamente sus estructuras políticas para adecuarla a la actual situación del desarrollo capitalista: la federalización.

A la vez que el proyecto revolucionario de la clase obrera como opositor al proyecto capitalista ha ido perdiendo fuerza, también el revisionismo lo ha ido perdiendo como proyecto de la clase obrera frente al marxismo-leninismo por su derechización en favor de la socialdemocracia pura y dura, lo que desorienta todavía más los intentos revolucionarios para superar la crisis en que se debate el marxismo-leninismo como ideología del proletariado, tanto en el terreno ideológico (una prueba de ello sería nuestro propio desviacionismo cientificista sobre cómo se tiene que desarrollar la teoría m-l), como político (otra prueba de ello sería las veleidades tacticistas del Movimiento por la Reconstitución expresado en el referéndum por la autodeterminación de Cataluña, en donde se expresan cuales deben ser las condiciones actuales para establecer la vanguardia teórica la ligazón política de las masas).

Es evidente que el revisionismo no goza actualmente de la misma salud que décadas pasadas cuando la burguesía necesitaba de sus servicios para desviar la atención de la lucha de la clases hacia posiciones más conciliadoras. Su influencia entre la clase obrera ha descendido debido, en gran parte, a que esas luchas obreras han perdido fuerza, moviéndose al son que marca los intereses de las distintas fracciones burguesas. El revisionismo militante es escaso, brilla por su ausencia, lo mismo que la alternativa programática que presentan al electorado, que cada vez tiene más un cariz socialdemócrata que de clásico revisionismo pues a lo que se dedican es a reivindicar descaradamente el Estado del Bienestar y la defensa de la empresa pública, como si ello fuera la solución para conseguir ablandar el intratable capitalismo salvaje. Ya no se preocupan de justificar sus posiciones antiobreras como lo hacia el PCE en los primeros tiempo de la transición, pues de lo que se preocupan en la actual coyuntura es que los obreros crean que el capitalismo es una etapa perversa del desarrollo social que se puede desechar en lugar de -como proponía el PCE- transformarlo con buenas intenciones. pasando por el desván de la sicología social para que convenzan a los dirigentes de la sociedad que es mejor que se comporten como buenos ciudadanos permitiendo que mejore la economía a través de introducir leyes sociales en el entramado capitalista.

El revisionismo patrio actual, el del PCPE y compañía, tiene mucho de pose y poco de política, pues a lo que se dedican fundamentalmente es a cubrir el trámite de sus campañas electorales como mejor pueden porque sus resultados son desalentadores a tenor de los hechos, aunque tratando de ocultar su política conciliadora con la burguesía a través de grandes proclamas en defensa del “marxismo” que, en realidad, no es otra cosa que literatura embrollona para ocultar el carácter contrarrevolucionario del “socialismo” que proclaman: el socialismo burgués del siglo XXI que todo lo centra en la propiedad social de los medios de producción sin hacer mención al carácter colectivo del poder político del proletariado que tiene que tomar el poder necesariamente a través de la guerra popular y no en la profundización de la democracia en general. Ello es una ley del socialismo científico, que se deriva de la resolución de las contradicciones antagónicas (materialismo dialéctico).

Para el revisionismo es relativamente fácil conectar con las masas obreras, lo hace de manera casi espontánea con los más combativos por reivindicaciones económicas inmediatas porque les ofrece aparentemente una alternativa que con poco esfuerzo mejorará sus condiciones de vida centrada en la conciliación de clase. Va adquiriendo mayor influencia en el seno de la clase obrera por dos circunstancias interrelacionadas: cuando el movimiento obrero está en una posición de lucha reivindicativa y cuando la vanguardia comunista es inexistente o muy débil políticamente (cuando hablamos de debilidad nos estamos refiriendo a su aspecto cualitativo, es decir, a existir con posiciones fuertemente arraiga a la teoría marxista-leninista). Durante la época que duró el periodo de la transición democrática quedó demostrado lo acertado de esta opinión, pues se dieron las circunstancias que apuntamos aunque esa realidad quedaba oculta en cuanto a la existencia de la vanguardia comunista pues aunque se creía que existía como tal, las organizaciones que constituían esa vanguardia eran en su mayor parte oportunistas o bisoñas en el conocimiento de la teoría marxista-leninista, lo que no propiciaba una lucha efectiva contra el revisionismo de aquella época.

Otra cosa le ocurre a la vanguardia m-l, pues la relación que tiene que establecer con las masas no va a depender de ellas, sino de la previa constitución de la vanguardia como tal, es decir, de la elaboración y consolidación de la teoría m-l en línea política que se va abriendo camino como línea de masas en el seno de la clase obrera. Por esta sencilla pero difícil circunstancia, la línea proletaria, en oposición a la línea revisionista, se va implantando en el seno de la clase obrera al margen de que la lucha de los obreros organizados sea mayor o menor cuantitativamente, esté desarrollado la influencia del revisionismo o no, pues va a depender únicamente de la fortaleza ideológica de la propia vanguardia en los principios del m-l, que irá escalando posiciones en lucha con la línea revisionista. Claro está, cumplimentado esta etapa, su influencia se desarrollará más rápidamente en la medida en que el revisionismo sea más débil políticamente como ocurre en la actual coyuntura política, siempre y cuando cumpla sus expectativas de constitución como vanguardia comunista.

El actual proceso de constitución de la vanguardia comunista en el Estado español iniciado por el MAI sigue un camino acertado en cuanto a su contenido, pues es preceptivo que antes de constituirse como núcleo organizado tiene que reconstituirse ideológica y políticamente, es decir, tiene que labrar las condiciones actuales de su constitución a partir de criticar y superar los errores cometidos en el pasado, en donde se suponía que el tipo de vanguardia a constituir y el tipo de partido a construir deben seguir a pies juntillas los esquemas ideológicos y políticos de la revolución de Octubre, como si ellos fueran exactamente iguales para cualquier época histórica en que el proletariado tenga que abordar su revolución pendiente. Esto es un avance muy importante, diríamos el más importante, para iniciar el proceso, sin lo cual se volvería a repetir los mismos o parecidos errores del pasado.

Se quería partir de una experiencia de construcción del partido, haciendo general el proceso, sin entender que esa experiencia era sencillamente el principio de una concepción de construir el partido de nuevo tipo que se tiene que desarrollar con las nuevas aportaciones que se van introduciendo a raíz de las experiencias posteriores, que corrige lo viejo del concepto anterior e introduce lo nuevo de la nueva experiencia, depurando lo viejo a la vez que aporta lo nuevo en el concepto general desarrollándolo. En este sentido debemos perseverar en el actual proceso reflexionando cómo proseguir, cuáles deben ser las condiciones de la nueva etapa una vez se consolide la comprensión general de la reconstitución de la vanguardia como paso previo de la construcción del partido de nuevo tipo.

La burguesía cuando va a depositar su voto actúa con conciencia a sus intereses de clase: vota a los partidos que defienden un programa que contemple como única alternativa el sistema capitalista. Su voto tiene un significado político claro pues va a servir para que la marcha del sistema siga su curso produciendo plusvalía del trabajo asalariado que realiza su labor en sus empresas y a sus órdenes.

El voto de la burguesía puede dividirse entre los distintos partidos que se presentan con un programa netamente burgués, aunque tiende a concentrarse en uno solo dependiendo de la situación política y económica en donde se celebren las elecciones. La burguesía tiene sus propios partidos anclados en la ideología más reaccionaria (liberal, democristiano, monárquico, etc.), aunque también tiende sus tentáculos hacia otros partidos de corte “progresista” (demócratas radicales, republicanos, socialistas, revisionistas, etc.) para captar el voto asalariado que nada tiene que ver a sus intereses de clase pero que tiene que atraer para gestionar al conjunto de la sociedad como clase dirigente: ello es lo que legitima socialmente su dirección política, lo que no podría ser desde el punto de vista democrático con sus propios votos por ser una clase cuantitativamente pequeña aunque con un gran poder que se lo otorga su posición económica. Es característica de esta clase la casi nula abstención, demostrando con ello lo importante que es votar para sus intereses de clase.

La pequeña burguesía es tradicionalmente la clase compuesta por pequeños propietarios, del campo y la ciudad, que explotan su propio trabajo y, en muchos casos, el de su familia a cambio de vivir de ese trabajo y poder acumular capital para agrandar sus propiedades de cara a un futuro próximo. Su aspiración es convertirse en burgués, explotador de grandes cantidades de fuerzas de trabajo asalariada. A esta clase también pertenecen, tanto los profesionales que ejercen su trabajo por cuenta propia y personal intermedio de las empresas y del Estado, como los propietarios que explotan circunstancialmente fuerza de trabajo ajena en pequeña proporción debido a lo reducido de su negocio.

La burguesía española para atraerse políticamente a la pequeña burguesía articuló sus intereses económicos a través del Estado de las Autonomías, lo que permitió en su momento un desarrollo articulado de las distintas zonas geográficas del Estado y, por tanto, a la vez que se desarrollaba el gran capital por las inversiones que se transferían a las distintas Autonomías, de las cuales eran favorecedoras por sus capacidades técnicas y económicas y las redes con que contaban en los aparatos del Estado, favorecían a la pequeña burguesía que crecía al calor de los negocios de las grandes empresas.

Esta clase social tiene un comportamiento electoral distinto pues su voto es más variable: votan a los partidos que defienden un programa netamente burgués en cuanto a su contenido pero seleccionando su voto en cuanto a la forma en que se presentan los programas, dispersándose el voto entre reaccionarios, progresistas, radicales, etc. dependiendo de la labor económica que realizan, su procedencia social y educación intelectual que tengan. Lo que busca la pequeña burguesía es reafirmar su ideal como clase: sacar algún provecho de todas las situaciones que se presentan con el menor esfuerzo posible al rebujo de las demás clases.

La clase obrera es el sector de la población más numeroso, que según estimaciones representa entre un 70 y un 80% del censo electoral. Cualquier resultado tiene que partir de este dato si es que se quiere comprender qué papel juega dicha clase en la elección de las Cortes Generales. El grueso mayoritario de participación pertenece a la clase obrera, al igual que el grueso mayoritario de abstención: participa porque está imbuido de la ideología burguesa dominante que le reserva el papel de elector pasivo como modo de combatir que se pueda convertir en actor activo de su propio porvenir; se abstiene porque los mecanismo de participación ciudadana burguesa no le seduce ni le ofrece garantías de que pueda ser eficaz para la defensa de sus intereses. En esta contradicción se debate cuando tiene que responder ante los mecanismos democráticos burgueses de elección de los representantes de la “voluntad popular”, dominando el polo participativo debido a que está falto de una dirección política revolucionaria que derive su lucha contra el poder de clase burgués a través de la toma del poder político, la alternativa revolucionaria a la participación democrática burguesa.

Para tratar de comprender su actual nivel de conciencia es necesario retrotraerse a su historia más reciente, al periodo comprendido por la transición democrática, que fue el periodo en donde se fraguó las rupturas de los diferentes partidos y sindicatos de la izquierda democrática a la oposición al franquismo y se diseño cuales iban a ser sus papeles en la democracia burguesa. El PSOE rompió con su referencia ideológica con el marxismo democrático de la mano de Felipe González con el objeto de posicionarse políticamente ante los nuevos tiempos que se avecinaban para poder obtar a formar gobierno para gestionar los intereses de la burguesía y la perpetuación del sistema capitalista. El PCE escenificó el abandono al leninismo de la mano de Santiago Carrillo con el objeto de posicionarse políticamente ante la burguesía como partido responsable que respeta el orden constitucional burgués y presentándose ante los trabajadores abrazando el socialismo democrático en oposición al socialismo científico, que pertenecía al pasado, a una situación pretérita correspondiente al capitalismo de libre competencia. Los sindicatos adheridos a dichos partidos, UGT y CCOO, cumplimentarían sus virajes de sindicatos reivindicativos con vitola de defensores de las condiciones económicas de los trabajadores a meros sindicatos gestores de la sociedad democrática que defendían la economía nacional, proponiendo el pacto social como herramienta para armonizar los intereses de los agentes sociales. Todo ello se ha visto agravado por la inexistencia de una vanguardia m-l que se encargara de ir recogiendo el malestar de sectores de la clase obrera que no se identificaban con estas organizaciones y que ponían en cuestión si esa debería ser la política que defiende sus intereses de clase.

Con ello se daba el paso a la ansiada desmovilización de la clase obrera como instrumento necesario, en beneficio del control salarial, para el desarrollo planificado de la economía capitalista con vista a la futura integración en el Mercado Común Europeo. Esta operación política de la burguesía en complot con las organizaciones citadas ha dado como resultado una progresiva despolitización de la clase obrera, en donde empieza a perder la identificación de su enemigo de clase en sus aspectos más elementales (la patronal ya no es responsable de su situación económica, sino que es la que permite que los trabajadores tengan un puesto de trabajo y puedan comer). El voto que en un principio de la transición distinguía difusamente a las distintas clases entre izquierda y derecha, se ha ido desdibujando progresivamente pasando a ser interclasista, esto es, trasvasándose de un partido a otro del bipartidismo dependiendo de la situación política concreta, como se puede comprobar en el análisis de los resultados electorales de las distintas elecciones generales.

Tabla1

La parte más consciente de la clase obrera, los comunistas, deben de tomar posición política clara ante los planes de la burguesía. No deben, en ninguna situación, esconderse de su responsabilidad de decirle claramente a la clase obrera cuál debe ser su actuación ante las distintas situaciones de la política general de la burguesía. Su participación, en la actual situación de dominio político, en las distintas llamadas electorales que le propone la burguesía es un paso más en asegurar su esclavitud asalariada, puesto que supone darle su apoyo incondicional a la política de la burguesía a través de la colaboración de clases y la legitimación de que la burguesía debe seguir siendo la clase dirigente de la sociedad, la misma que explota y oprime al proletariado.

La abstención es la posición política más acertada de la clase obrera ante las consultas electorales de la burguesía, siendo más dolorosa para la burguesía cuanto mayor sea. La llamada al boicot por parte del sector más consecuente de su clase es una bocanada de aire fresco para el proletariado, puesto que no contribuye a debilitar ideológicamente su conciencia de clase, aportando argumentos contra la conciliación de sus intereses con los de la burguesía, sino ofrecer resistencia en la medida de su capacidad a los dictados del capital. La llamada al boicot es una lucha directa y abierta contra la política revisionista que considera parte de su táctica participar en los mecanismos de la democracia burguesa, puesto que ello le reportará influencia política de las masas obreras al permitirle hacer propaganda de sus propuestas y alternativa política.

La consigna de boicot a la participación a las elecciones burguesas no es una consigna aislada del marco general de la política revolucionaria del proletariado, pues ello sería más propio de una política más próxima al anarquismo que al comunismo, que trata de hilvanar todas las propuestas en una única política general: elevar el nivel de conciencia de la clase obrera para construir sus condiciones ideológicas y políticas para emanciparse como clase explotada por el capital. Somos conscientes que la llamada al boicot no va a tener un eco importante entre los distintos sectores de la clase, sino más bien es una posición política del sector más avanzado que la liga a la tarea de la construcción de la vanguardia proletaria como paso previo para la construcción del partido comunista. El boicot para los sectores más avanzados de la clase obrera y la abstención para el conjunto de la clase es la posición más consecuente actualmente contra la política capitalista en el terreno electoral.

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La Independencia de Cataluña

Esp vs Cat

INDEPENDENCIA DE CATALUÑA:
ENTRE BURGUESIAS ANDA EL JUEGO

El derecho de autodeterminación en Cataluña ha adquirido una importancia relevante en el sistema de contradicciones de la lucha de clases en el Estado español, creando una situación que no puede pasar desapercibida. Esencialmente se trata de una contradicción interburguesa, en la que una fracción de la burguesía catalana y nacional, gran burguesía, no quiere mover un ápice el marco jurídico y político actual. Sus principales representantes políticos, PP y Ciudadanos, amparándose en una lectura monolítica de la Constitución burguesa, pretenden que nada se mueva en Cataluña y resto del Estado español con objeto de que la burguesía financiera siga ejerciendo su dominio político en las decisiones económicas del Estado. El PSOE, aún defendiendo también los intereses generales de la burguesía financiera y acatando la Constitución, opta por su particular vía de reformas para reconocer las singularidades de las distintas nacionalidades (federalismo), un camino del medio para así desactivar de manera inmediata el movimiento independentista actual y abrir un camino al reconocimiento del derecho de autodeterminación de los distintos pueblos que conforman el Estado español. Las otras fracciones de la burguesía en liza, están representadas políticamente, en el momento actual en Cataluña, por CDC, ERC y en menor medida Unió, y en el resto del Estado por Podemos e IU, que con diferencias políticas ante la independencia de Cataluña, pretenden un cambio en el marco legal constitucional, que consideran obsoleto, aunque la acatan, así como su  modelo de sociedad capitalista con matices secundarios. Pero lo verdaderamente novedoso de la cuestión son las vacilaciones “nacionalistas” que se han originado en el seno del movimiento comunista revolucionario español, al obviar la crítica al nacionalismo burgués de aquellos que defienden la independencia de las naciones oprimidas en el Estado español, con el argumento de que se trata de un cambio táctico ante la actual situación política de tensiones interburguesas en Cataluña.

La política, siempre la política
Previamente a la valoración política de las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña, queremos precisar que la cuestión planteada en Cataluña sobre el derecho a la autodeterminación no es de carácter jurídico, como así lo presenta ante la opinión pública el PP por boca de Rajoy (descalifica la reivindicación de la autodeterminación por ser ilegal al no estar recogido en la constitución), PSOE y demás partidos burgueses, sino político, es decir, sujeto a la voluntad soberana del pueblo catalán, por ser un derecho democrático burgués que tienen todos los pueblos a independizarse de la nación que los explota económica y oprime políticamente, y formar un estado propio. Derecho reconocido mundialmente por la burguesía y que en los albores del capitalismo se le impone al Estado absolutista como medio político para el desarrollo económico del régimen capitalista de producción en los distintos estados nacionales configurando un mercado interno.

La posición ante la relación entre lo jurídico y lo político es de especial relevancia. De aceptar la preeminencia de lo jurídico sobre lo político en la sociedad dividida en clases, estaríamos aceptando la ley como algo inmutable e inamovible y, por tanto, la base de la desigualdad de las clases –la existencia y reproducción de la propiedad privada de los medios de producción en manos de una clase- como algo natural que es sancionada por la ley como justa, por lo que hay que defenderla y respetar. La consecuencia de ello es evidente: condenar al proletariado a la condición de clase explotada y oprimida por la burguesía pues así lo establece la ley, cuando en realidad ésta no es más que la expresión jurídica (legal) de las relaciones sociales de producción impuestas como inexorables, determinando sus funciones sociales y condiciones de existencia.

Abundando en lo expuesto: si el proletariado mostrara respeto por la ley burguesa no sólo tendría que aceptar su condición de clase explotada y oprimida por el capital, sino también la imposibilidad de rebelarse contra dicha condición por “ser justa”, condenándose para siempre a su dependencia del capital. 

Lo jurídico deviene de lo político, siendo la expresión legal de las condiciones de la producción y de la correlación de fuerzas de la lucha de clases en un momento determinado en la Historia. Por ello no es inmutable e inamovible, estando sujeto a las vicisitudes de la lucha de clases que es la que hace cambiar las expresiones y los sistemas jurídicos (las leyes) en el proceso histórico. Cataluña seguirá perteneciendo al Estado español o construirá su propio Estado dependiendo de la fuerza social de las fracciones de clase que impulsan dicho proceso independentista, por cierto, por los cauces democrático burgueses (de eso no cabe la menor duda), al margen de que ahora tenga o no encaje en el ordenamiento jurídico constitucional, que será modificado por medio de la negociación política si llegara el caso, si la correlación de fuerzas es favorable a las fracciones de clase burguesa independentistas en la lucha interburguesa a que está sometido el proceso de independencia de Cataluña.

Cataluña, ¿una nación oprimida?
Cataluña es una comunidad históricamente determinada, es decir, fruto del desarrollo económico y social en donde dominan las relaciones capitalistas de producción como en cualquier otra comunidad autónoma. La burguesía catalana sabe perfectamente que Cataluña no es una nación oprimida por el Estado español, puesto que desde el punto de vista económico está situada a la cabeza del desarrollo capitalista en España, en parte debido a su propia potencialidad como suma de capitalistas emprendedores -como clase se han preocupado de poner en acción los mecanismos necesarios para desarrollar las condiciones de producción tanto desde el punto de vista humano como material- en parte debido al mayor apoyo económico a través de inversiones que se le ha proporcionado desde el Estado. Tampoco puede hacerlo recurriendo al idioma y la cultura, ya que tiene su propia lengua que la utiliza con gran profusión en todos los ámbitos sin ningún tipo de cortapisa. Por eso la burguesía independentista se cuida mucho de no situar en estos terrenos la opresión. Si no hay opresión desde el punto de vista político ¿Dónde reside la opresión histórica de la que se habla?, ¿Por qué recurrir al derecho de autodeterminación que significa separación y formación de un Estado propio?.

Tabla 1

La economía catalana es la primera por PIB de las CC.AA., seguida por Madrid y Andalucía. Sin embargo su crecimiento ha sido desigual con respecto a otras Comunidades: a partir de la crisis económica del 2007, la tasa de crecimiento interanual del PIB per cápita ha sido negativa en el año 2009-2010 (-4,1%) y positiva en el año 2014-2015 (+1,2%), muy inferior a la etapa anterior a la crisis pero que pone de manifiesto una progresiva recuperación. Si se compara con otras Comunidades su desaceleración del PIB per cápita es acentuado ya que Madrid y Extremadura, por ejemplo, crecieron un 7,2% y 4,8%, respectivamente. Anteriormente a la crisis, las tasas de crecimiento anual del PIB mostraban un incremento inferior a la media de la economía española (en el período 2000-2006 creció en Cataluña un 3,21% frente al 3,34% en España). Estos datos, juntos a otros, nos pueden aportar elementos para pensar que la reivindicación de independencia por las fracciones de la burguesía catalana está reactivada por la pérdida de influencia económica, tanto con el mercado interior como en el exterior, la Unión Europea, fundamentalmente.

Tabla 2

Los partidos defensores de la independencia de Cataluña, como expresión política de las fracciones burguesas catalanas proclives a la separación del Estado, sitúan concretamente la opresión del Estado sobre la sociedad catalana en la financiación de la Generalitat que, al no resolverse mediante una negociación con el Estado central, se ha elevado al derecho a decidir sobre la autodeterminación y/o al proceso de independencia, que es el punto en donde está situada ahora la contradicción interburguesa, de modo que según estos partidos, Cataluña recibe una cantidad de los impuestos que recauda el Estado central notablemente inferior a lo que en realidad le pertenece según la producción creada y el consumo realizados por sus habitantes.
Este desencuentro entre las distintas fracciones de la burguesía catalana, pequeña y media, por un lado y la gran burguesía española se intentó resolver durante del gobierno tripartito de Maragall y el gobierno de Zapatero mediante la promulgación de un nuevo Estatut de autonomía y la negociación con CiU para modificar la financiación de la Generalitat, aunque no se consiguió llevar a efecto, como eran: el aumento de la participación de la Generalitat en los impuestos del Estado (del  33% al 50% del IRPF, del 40% al 58% de los impuestos especiales, y del 35% al 50% para el IVA), a cambio de renunciar a que la Agencia Tributaria Catalana los recaudara. Además el gobierno español se comprometía a invertir en Cataluña una cantidad equivalente al peso de su economía en el conjunto de España, el 18,5% del PIB. La diferencia entre lo que establecía el nuevo Estatuto aprobado en el Parlamento catalán y lo que finalmente salió de las Cortes generales es notable, puesto que la Agencia Tributaria catalana sólo gestionaría los tributos propios de la Generalitat y no todos los impuestos que se generan en Cataluña, que son gestionados por el Estado central. Es aquí donde residen las diferencias reales entre las distintas fracciones de la burguesía, y que en nada afectan a los intereses de la clase obrera cuyo papel en esta disputa es la de mera  productora de plusvalía y pagadora de impuestos para que los gestionen las distintas fracciones de la burguesía mediante la intervención de los distintos aparatos del Estado, central y autonómico.
El marxismo-leninismo es muy claro respecto a la cuestión nacional, se diferencia cualitativamente de la doctrina burguesa en que todas las naciones tienen el derecho a la autodeterminación como medio de sacudirse la opresión que sufren de cualquier otra nación (aspecto democrático burgués de la reivindicación como medio para resolver la contradicción interburguesa entre el aspecto nacional e internacional del capital), pero cada clase representa unos intereses muy distintos, determinado por su naturaleza social y la finalidad que persigue: El aspecto reaccionario, nacionalista-burgués de la burguesía al se desarrollarse como clase nacional independiente, disputando con otras burguesías nacionales su derecho a apropiarse de la plusvalía arrancada a su proletariado. El aspecto revolucionario, internacionalista del proletariado al desarrollarse como clase internacional, que se lo impide el interés de la nación opresora limitando su desarrollo cuantitativo y cualitativo al condicionar el desarrollo económico de la nación oprimida. Si no se tiene en cuenta esta importantísima diferencia se pueden mezclar los dos intereses en uno sólo, como hace el socialimperialismo, sometiendo el interés de la clase obrera a los intereses de su burguesía nacional.

Sobre  los datos electorales
Es a partir del año 2006, año en que se aprueba el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña en el  Parlamento catalán, y se tramita ese nuevo Estatuto en las Cortes Generales, cuando la posición por la independencia empieza a ser relevante y tener un peso político como para desafiar al Estado central, fundamentalmente  por el viraje de CDC a favor del soberanismo, en un primer momento y la autodeterminación después, ligado a su pérdida de influencia política en la sociedad catalana. De ser CDC el partido más votado en el año 2003 y no lograr la mayoría absoluta, aún contando con los escaños del PP, se ve obligado a pasar a la oposición por la formación del gobierno tripartido del PSC, ERC e ICV-EUiA. En las elecciones del 2006 fue de nuevo el partido más votado pero no consiguió desbancar al tripartito que revalidó la mayoría absoluta, dando paso a un nuevo ascenso en las elecciones del 2010 con una subida importante a costa de la caída de ERC, pero esa tendencia se quiebra en las elecciones del 2012 con una pérdida electoral importante al bajar de 62 escaños a 50, pérdida de votos que pasan en su mayoría a ERC, que de 10 escaños en el 2010 se dispara a 21 en el 2012. Y llegan  las elecciones del 2015 con otra pérdida importante de votos y escaños de la coalición Junts pel Sí con respecto a la suma de votos de CiU y ERC en las elecciones del 2012. Viraje de CDC que responde también a la presencia de la crisis económica y a la incapacidad del gobierno de la Generalitat a gestionar, con el presupuesto que maneja, las demandas sociales asociadas al funcionamiento del Estado de Bienestar en Cataluña, llegando su déficit fiscal con el Estado al 7,5% del PIB de promedio anual. A esta nueva situación hay que incluirle el escaso interés que demuestra el Ejecutivo central a la petición insistente del gobierno y del Parlamento de Cataluña de aumentar la financiación de la Generalitat, elemento central de la Reforma del Estatuto, así como reconocer jurídicamente a Cataluña como nación. Pero la gota que ha colmado el vaso fue declarar inconstitucional el Estatuto de Cataluña por el Tribunal Constitucional a petición de un recurso del PP, y la caída evidente de la inversión del Estado en Cataluña.

¿Es Convergencia un instrumento para la liberación de la “opresión” de Cataluña?
La posición política de CiU siempre ha estado ligada al apoyo que ha ido prestando de manera muy calculada al gobierno central de turno, eso sí, a cambio de un trato preferencial a la estabilidad política del gobierno catalán y a las inversiones que realizaba el Estado en Cataluña, lo cual reportaba pingües beneficios tanto a la burguesía de ambas orillas, a través de contratos empresariales con las instituciones del Estado central y autonómico, como a la propia coalición que recibía imponentes cantidades de dinero en forma de tantos por ciento de las empresas a las que se les adjudicaban los contratos, tanto si eran genuinamente catalanas como españolas, puesto que para los negocios eso carece de la más mínima importancia. Con ello se aseguraban los gobiernos centrales  PSOE o PP, la estabilidad política que necesitaban para terminar la legislatura. Tanto unos como otros gobiernos salían beneficiados de dichos pactos, como el conjunto de la  burguesía como clase a la que garantizaban con sus políticas aumentar la explotación y presión de la clase obrera, tanto la de Cataluña como la del resto del Estado español. Estos pactos permitieron que se aprobaran la ley Reforma Política de la que Miguel Roca era el representante de la burguesía catalana, se elaborara y promulga la Constitución en la que también participó Miguel Roca, se construyó el Estado de las Autonomías, la firma de los Pactos de la Moncloa que determinaron la estabilidad económica y la actuación del nuevo Estado Autonómico, las distintas reformas fiscales y laborales, la reconversión industrial, etc. etc.
¿Quién puede pensar en su sano juicio que con CDC dirigiendo el proceso de autodeterminación de Cataluña puede desembocar en algo positivo para la clase obrera, con el carácter de clase burgués de este partido? ¿Cómo se puede pensar que en el momento actual el proceso de independencia de Cataluña puede avanzar sin el concurso de CDC? ¿Cómo se puede llegar a pensar que CDC está dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso de independencia de Cataluña sin traicionarlo, cuando de lo que trata es de aprovechar la movilización social para llegar a acuerdos con el Estado con el objetivo de modificar la actual financiación de la Generalitat?

¿Qué nos muestran los datos electorales?
Vamos a empezar este análisis por la exposición de los resultados obtenidos, para desde las entrañas de los propios datos extraer las conclusiones más importantes:

Tabla 3 Tabla 4

Tabla 5

Tabla 6

El reparto de votos emitidos ha estado equilibrado entre el bloque que defendía la independencia de Cataluña y el bloque que ha defendido su pertenencia al Estado español, con una diferencia de aproximadamente de 120.000 votos a favor de los segundos:
Tabla 7

Para el bloque independentista se puede decir que CDC demuestra una tendencia a la pérdida de votos (-91.433 en el año 2012 con respecto al 2010, sin poder determinar su caída en 2015 pues ha concurrido en coalición con ERC), lo contrario a lo que le ocurre a ERC, pues su tendencia es a subir (+278.246 en el año 2012 con respecto al 2010, sin poder determinar su ascenso en 2015 pues ha concurrido en coalición con CDC), aunque la suma de los dos partidos va en ascenso (+192577 en el año 2012 con respecto al 2010 y +12.340 en 2015 con respecto a 2012, siendo estos datos engañosos porque si se tiene en cuenta que la participación ha subido en 2015, el porcentaje de votos desciende de manera considerable (-1,2% en 2012 con respecto al 2010 y -4,7% en 2015 con respecto al 2012). En cuanto a la CUP su tendencia es ascendente (+210.156 en el año 2015 con respecto al 2012). La suma de los tres partidos demuestra una tendencia al ascenso puesto que aumenta en +318.796 votos en 2012 con respecto al 2010 (no concurre a las elecciones la CUP, con lo que no aporta ningún voto) y +22.496 votos en 2015 con respecto a 2012, es decir alrededor de 550.000 votos si comparamos los datos del 2015 con respecto al 2010, debido al aumento de ERC en 2012 y la CUP en 2015. En su conjunto, el bloque que defiende la autodeterminación de Cataluña ha sumado votos del aumento de la participación electoral (+10% en 2012 y +8% en 2015). En cuanto al movimiento de votos en este bloque, ERC absorbe en el primer tramo (2010-2012) los votos que se incorporan a la participación electoral que van a parar al granero independentista y la CUP absorbe en el segundo tramo (2012-2015 ( la mayoría de los votos que se incorporan a la participación electoral más lo que pierde CDC y ERC por su “izquierda” no identitaria).

Para el bloque no independentista:
Los partidos que forman el bipartidismo (PSOE-PP) pierden 123.877 votos en 2015 con respecto al 2012, prácticamente los mismos que pierde el PP (122.753) pues el PSOE ha mantenido sus votos (-1.124). El dato importante de este bloque es el ascenso de C´s que ha mantenido su tendencia ascendente (+165.099 votos en 2012 con respecto al 2010 y +459.984 votos en 2015 con respecto al 2012). En cuanto a ICV-EUiA ha visto frenado su tendencia al ascenso (+128.872 en 2012 con respecto al 2010) por su estancamiento en los últimos resultados (+7.637 votos en 2015 con respecto a 2012), máxime cuando iba unido en coalición con Podemos y Equo, como Catalunya Sí Que es Pot (CSQP). En su conjunto el bloque no independentista ha ido ganando votos en las distintas elecciones que se han producido desde el año 2010 (+223.812 votos en 2012 y +446.614 votos en 2015), es decir, cerca de 700.000 votos con respecto a 2010, debido fundamentalmente al ascenso de C´s. En cuanto al movimiento de votos en dicho bloque, C`s  absorbe los votos que pierde PP y los que se incorpora a la participación electoral que van a parar al granero de los que no defiende la independencia de Cataluña.
El voto que apoya el independentismo no ha evolucionado prácticamente en el 2015 con respecto al 2012, aunque sí en cuanto al 2010, que coincide con la no presencia de la CUP, aportando unos datos casi idénticos. Sin embargo, varía en cuanto a su distribución hacia los diferentes partidos: se puede observar la caída ostensible de la coalición JxSí formada por CDC y ERC del 2015 con respecto al 2012 (-4,9%), que es aproximadamente lo que asciende la CUP en el 2015 con respecto al 2012 (+4,8%).

Tabla 8

Las características más importantes del voto a los partidos que apoyan la independencia de Cataluña son:
Existe un mayor apoyo en las provincias con un menor número de electores, lo que parece ser que  indica que esta reivindicación está muy apegada al terruño (aspecto ideológico), a la defensa de lo propio, a la identidad catalana.

Tabla 9

Existe un menor apoyo en las provincias menos industrializadas (aspecto económico), lo que parece ser que indica que esta reivindicación está más apoyada en la propiedad, a la pertenencia a una clase y conservación de la pequeña y mediana propiedad.
En cambio el voto que apoya a los partidos que defienden la no separación de Cataluña del resto del Estado español ha ido evolucionando paulatinamente de manera ascendente como se puede observar en los siguiente datos:
Tabla 10

El apoyo electoral de las fuerzas no independentistas se debe a dos factores fundamentales: a que el aumento de la participación ha favorecido más a este bloque (en concreto a C´s), sumando más apoyo que el otro bloque de este factor, y a la salida de Unió de CIU (2,5%).
Las características más importantes del voto que no apoya a los partidos que defienden la independencia son:
Existe un mayor apoyo en las provincias con mayor número de votantes, lo que parece ser que indica que está más apoyado dicho voto en el cosmopolitismo (aspecto ideológico), como es el caso de Barcelona, que concentra las 2/3 partes del censo electoral.
Existe un mayor apoyo en las provincias más industrializadas (aspecto económico) y, sobre todo, en las comarcas del cinturón de Barcelona, lo que parece ser que indica que está apoyado en los sectores obreros, que no tienen ninguna propiedad económica que proteger (propiedad individualizada o poco concentrada) por la amenaza de la propiedad más concentrada (gran propiedad).
Queda demostrado, al menos hasta ahora, que la clase obrera no ha sido permeable a los cantos de sirena de la pequeña y mediana burguesía catalana, aunque por la misma razón se podría interpretar que es permeable a la defensa de los intereses de la gran burguesía catalana y española debido a su mayor influencia política e ideológica, sin menospreciar el factor del miedo y la incertidumbre a lo que le puede venir con la independencia. A estas conclusiones se podría llegar, aunque nosotros consideramos que esta apreciación por mucho peso que pueda tener sería erróneo, pues su comportamiento actual no tiene ningún sentido propio, estando sujeto a las leyes y sistema de la democracia burguesa, creyendo y confiando que ello es lo mejor para sus intereses, pues no tiene un proyecto propio en que apoyar su lucha contra el capital.
Por el contrario, nosotros seguimos creyendo que la actuación de la clase obrera demuestra lo que nosotros pensábamos antes de la celebración del referéndum y las elecciones autonómicas: que no estaba ni está interesada en un tema que no le afecta a sus intereses como clase, ya sea de manera inmediata (donde se vislumbre que puede mejorar sus condiciones de vida y trabajo), ya sea estratégicamente (se puede llegar a creer que el desarrollo de esta contradicción interburguesa va a favorecer la elevación de su nivel de conciencia). Precisamente a éste último argumento recurre el Movimiento por la Reconstitución para llamar a la movilización de la clase obrera para votar SÍ-SÍ en el referéndum del 9N, convocado por las fuerzas que apoyan la independencia de Cataluña.

Debatiendo con el Movimiento por la Reconstitución
La argumentación dada por el Movimiento por la Reconstrucción (MR) para participar en el Referéndum es de dos tipos: 1) Deslindar en la práctica la “democracia del mercadeo parlamentario”, esto es, la expresión libre de la opinión y posición política de la liturgia de la deposición del voto y 2) “Educar” políticamente a las masas desde una posición proletaria sobre el tema en cuestión. Vamos a ir exponiendo primero la posición del MAI y después la del MR, una vez constituido, haciendo suyo la posición y argumento del MAI en este tema.
En el documento del 2005 para el referéndum sobre la Constitución Europea se argumenta lo siguiente: “Un Referéndum es diferente de unas elecciones. Ante éstas el proletariado debe continuar absteniéndose, porque cualquier compromiso, en el estado actual del movimiento revolucionario, carecería de contrapartida; cualquier participación implicaría la subordinación a intereses de clase ajenos. En este Referéndum, en cambio, el proletariado puede participar porque su actitud podrá ser traducida directamente en una posición política, sin ninguna mediación por parte de la gran burguesía. El proletariado puede expresarse directamente y en bloque sin que nadie interprete o modifique su voto. El proletariado se encuentra así abierto, más receptivo a la política de la lucha de clases y puede escapar, aunque sea por un breve período de tiempo del economicismo espontaneísta al que le subyuga cotidianamente la burguesía. Aquí, las vanguardias ideológicas y políticas tienen la responsabilidad de saber transmitir a las masas trabajadoras nuevas ideas que contribuyan a su elevación y actuación como clase independiente”.

(No a la Constitución Europea. Por qué no existe un “Sí” posible. El Martinete Nº 18, Septiembre 2005)

En el documento para el referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña se argumenta lo siguiente: “Un referéndum, en las condiciones de la democracia burguesa, aparece en un doble aspecto contradictorio; por un lado representa la expresión directa de la voluntad de las masas respecto a un asunto concreto, en el que prima el aspecto de mandato imperativo de la soberanía popular, pero, por otro, en virtud de su encaje en los mecanismos representativos del parlamentarismo, emplaza la ejecución de ese mandato directo a los representantes, irrevocables e instituidos de plenas prerrogativas. Por eso un referéndum no puede ser asimilado simple y llanamente a unas elecciones parlamentarias al uso, como puerilmente, en una muestra de severa ignorancia política, ha hecho RC, y es la forma como tradicionalmente ha reclamado nuestro movimiento la solución de un problema democrático-burgués como es la cuestión nacional”.

(Ante el 9 N en Cataluña. Un posicionamiento por la unidad internacionalista del proletariado, MAI, Nov. 2014)

En el documento para las elecciones al Parlamento de Cataluña, los distintos grupos del MR argumentan: “Las diferencias entre un referéndum y unas elecciones parlamentarias al uso, por tanto, deberían estar claras: en síntesis, en un referéndum puede abrirse la posibilidad de que las masas se impliquen de manera directa en los asuntos públicos y, al mismo tiempo, de desbordar el orden jurídico establecido y los innumerables arreglos burgueses sobre los que se sostiene la vida política diaria, siempre y cuando se den circunstancias como las provocadas por la cerrazón del gobierno español, que situó fuera de la legalidad la expresión democrática del pueblo catalán. En cambio, unas elecciones parlamentarias suponen irremediablemente el encauzamiento y adocenamiento de las masas, la vuelta al redil mediatizado por la burguesía de manera permanente, donde predominan los pactos con la nación opresora y los arreglos en pos de conquistar una u otra parcela de poder”.

(Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!, artículo conjunto del MR)

De la argumentación que se aporta se desprende una defensa de la participación en el referéndum por la sencilla razón de que en dicha consulta puede la clase obrera expresar libremente su opinión ante un asunto público sin que nadie pueda manipularla o aprovecharse de ella: de ello se deduce que el proceso en que se enmarca el referéndum, al contrario de las elecciones, se abstrae de la realidad social, ajeno a la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado y sujeto en la situación actual al dominio de la burguesía sobre el proletariado. Ciertamente el proletariado se expresa políticamente, como no podía ser de otra manera…., pero sirviendo de muletilla de una u otra fracción de la burguesía en disputa y no como expresión de su interés de clase independiente de la burguesía como proyecto social propio. En los resultados del referéndum parece que no se tiene en cuenta quién dirige la opinión y la dirección del movimiento de las masas obreras, haciendo abstracción de los fines que persigue dicha dirección, en este caso la fracción de la burguesía catalana proclive a la separación del Estado español. Nadie “interpreta o modifica su voto”, pero sí su expresión como suma de ciudadanos hacia uno y otro lado, uno u otro interés de fracción de clase burguesa; aunque claro, por más  que defienden las fuerzas independentistas catalanas es más progresista.
Si aceptamos la argumentación del MR, los que defendíamos la no participación de la clase obrera en el referéndum estamos anclados en el dogmatismo y la metafísica pues actuamos sin un análisis concreto de la realidad concreta. Se razona que la participación se sostiene en la clarividencia en analizar el contexto social en que se enmarca el referéndum lo que ha permitido adoptar una “posición audaz”, una “decisión táctica en base al contexto en que nos movemos”. En la página 3 del documento que elaboraron para defender el boicot en las elecciones al Parlamento de Catalunya se detalla la táctica adecuada a la situación concreta:
“Mientras el incipiente movimiento por la reconstitución del partido comunista no sea capaz de erigirse como actor político de primer orden y pueda generar sus propias dinámicas que contraponer a este nuevo auge de los movimientos nacionalistas, consideramos que lo prioritario es incidir en el aspecto democrático como atenuante de la cuestión nacional”. A continuación exponen las razones de la justeza de dicha posición política pues “puede abrirse la posibilidad de que las masas se impliquen de manera directa en los asuntos públicos y, al mismo tiempo de desbordar el orden jurídico establecido y los innumerables arreglos burgueses sobre lo que se sostiene la vida política diaria, siempre y cuando se den las circunstancias como las provocadas por la cerrazón del gobierno español, que situó fuera de la legalidad la expresión democrática del pueblo catalán”.  (Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!)

Otra nueva abstracción, pues para que ello ocurra, que “las masas rebasen la legalidad burguesa”, es necesario que exista una realidad especial ¡que el proletariado tenga un proyecto propio y una dirección política revolucionaria actuando en el sistema de contradicciones!, ya que pensar lo contrario es adentrarse en el terreno del espontaneísmo y del idealismo. Los hechos constatan que el movimiento por la autodeterminación de Cataluña está situado exclusivamente en el terreno de lo legal y parlamentario, tal como pretenden las distintas fracciones burguesas sustrayéndolo del movimiento más propio de la clase obrera cuando se enfrenta a la burguesía bajo su dominio político: la calle y las empresas en pos de la unidad y fortaleza de clase contra clase. No se puede perder de vista que CDC está situada únicamente en la negociación, aunque para ello tenga que utilizar el derecho a la autodeterminación como forma de atraerse a los que defienden la independencia y de presionar a los que se apoyan en la constitución y la legalidad vigente.

Este es el resultado de dicha clarividencia: “En el Estado español en particular es evidente que la opción que más en contra se posicionaba del status quo actual, y por tanto la que más potencial disgregador tenía respecto de los mecanismos de encuadramiento burgués, era sin duda alguna la del voto afirmativo respecto a la independencia de Cataluña, no sólo porque el mismo implicaba educar a nuestra clase en el desprecio a las fronteras estatales establecidas por la burguesía; sino porque además la participación en la consulta favorecía imbuir de odio en la legalidad vigente al proletariado, dado el carácter ilegal de la consulta: una doble educación necesaria para el proletariado catalán y para el español”. (Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!,)

Nos parece aventurado pensar que se puede dar un salto cualitativo tan grande en el nivel de conciencia de la clase obrera, máxime cuando el proceso de independencia está tan alejado de su sensibilidad y de las preocupaciones cotidianas como se puede comprobar en los resultados de las elecciones y por el cuidado y el celo que ponen los dirigentes políticos que pilotan el proceso para que no contamine la movilización ciudadana centrada en la legalidad burguesa parlamentaria.
Consideramos inadmisible pensar que la clase obrera pueda dar un paso adelante en su nivel de conciencia por el solo hecho de elaborar un documento en donde se expongan las una o mil razones para colgarla en Internet, pues no hay fuerza suficiente para desarrollar un trabajo político, en donde es imprescindible la existencia de un movimiento revolucionario con una dirección política constituida orgánicamente, que tenga como resultado conseguir la finalidad buscada. ¿Qué parte de los votantes en las elecciones al Parlamento de Cataluña no está por la negociación, como así lo quiere la dirección del proceso de independencia? ¿No ha sido la negociación o, mejor dicho, la financiación de la Generalitat, el verdadero motivo que ha impulsado este proceso, y sigue siéndolo hoy día?.

El internacionalismo proletario, como ideología general de la clase obrera en cuanto a su unidad política y orgánica a nivel internacional para la realización de la revolución proletaria y la construcción de la sociedad comunista, tiene suficiente fuerza como para entregar a la concepción burguesa de la autodeterminación de los pueblos, la democracia en general, la dirección de la liberación del proletariado como clase independiente de la burguesía. Ello es válido, siempre y cuando se realice en una determinada situación histórica, en el país colonizado por el imperialismo internacional que somete el desarrollo económico y político de los países a sus propios intereses, coartando con ello el desarrollo material y político del proletariado de esos países, necesarios para acometer la revolución proletaria. En los países imperialistas, como es el caso de España, la única etapa pendiente para la revolución proletaria es la construcción del partido comunista y la dirección del proletariado según las tareas que marca el proceso revolucionario. Como ocurre con la continua reivindicación de la República que en nada cambia la naturaleza y contenido del Estado. El apoyo a una reivindicación de una fracción de la burguesía, como es la independencia en el caso de Cataluña, aunque sea con un objetivo completamente distinto, no es más que un paso atrás ideológico y político en la preparación de dichas tareas: primero se le pide a la clase obrera catalana y española que apoyen la construcción de un nuevo Estado capitalista, para a continuación pedirle que juntos luchen contra el carácter de los dos Estados mediante la revolución proletaria en cada país. ¿No es ello un tremendo embrollo para el proletariado, cuando se les puede pedir que luchen unidos contra el mismo Estado capitalista, que es el que todos explota y oprime como clase?.

Contra las Guerras Imperialistas

Bandera

La guerra actual es una guerra imperialista

Casi todo el mundo reconoce que la guerra actual es una guerra imperialista, pero en la mayor parte de los casos se tergiversa esta idea, ya sea aplicándola a una de las partes o bien dando a entender que, pese a todo, esta guerra podría tener un carácter burgués progresista, de liberación nacional. El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. El capitalismo comenzó a sentirse limitado dentro del marco de los viejos Estados nacionales, sin la formación de los cuales no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto, que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terrestre ésta repartido entre estos “potentados del capital”, bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación financiera. La libertad de comercio y la libre competencia han sido sustituidas por la tendencia al monopolio, a la conquista de tierras para realizar en ellas inversiones de capital y llevarse sus materias primas, etc. De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo, progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las “grandes” potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de la opresión nacional.

(VI Lenin, El socialismo y la guerra, 1915)