Lecciones del 26 J

Le vote ne change rien

el voto no cambia nada, la lucha sigue”

LECCIONES DEL 26-J

Una vez celebradas las elecciones se procederá a negociar sobre quién recaerá la formación del próximo gobierno, tras un ajetreado tira y afloja de la investidura. Los resultados surgidos de las urnas han sido una sorpresa para todos, dado que se creía, de una u otra manera, lo que pronosticaban las distintas encuestas que hasta el último momento daban como ganador al PP, aunque con menos margen de diferencia, y perdedor al PSOE, debido al ascenso imparable de Unidos Podemos (UP), que ya se consideraban la segunda fuerza parlamentaria.

Pronósticos y resultados: papel de las encuestas demoscópicas

El proceso electoral ha estado dividido en dos etapas claramente diferenciadas: una anterior al acto de las votaciones, que tuvo su inicios en los resultados del 20D, y que se caracteriza por las previsiones de las encuestas a raíz de los distintos movimientos tácticos de los principales partidos parlamentarios, y otra posterior a las votaciones del 26J, que se determina por los resultados matemáticos que han salido de las urnas. Lo específico de este proceso electoral con respecto a otros anteriores es que las dos etapas del proceso aparecen como contradictorias ya que las previsiones y los resultados no han tenido nada que ver, a diferencia de otros procesos que las etapas han constituido momentos continuos de un mismo proceso.

En cuanto a la forma del proceso parece confirmarse lo específico del 26J, aunque en cuanto al contenido lo “contradictorio” de la especificidad del proceso no puede ocultar lo que tienen en común los distintos procesos, pues lo específico de las campañas electorales no es la puesta en práctica del ejercicio de la soberanía popular, sino la confirmación del dominio ideológico de la burguesía que se pone de manifiesto a  través de los resultados de los comicios electorales.  

A este respecto hay que tener en cuenta que esta campaña electoral han destacado por su protagonismo los pronósticos de las encuestas, calando incluso en las previsiones de los propios partidos, lo cual demuestra que los chefs de las empresas demoscópicas se dedican a cocinar opiniones y tendencias de acuerdo al interés de quienes las encargan. No hay que olvidar que dichas encuestas están elaboradas en laboratorios de opinión que utilizan los resultados como instrumentos de los distintos sectores de la burguesía para encauzar a los electores hacia determinados intereses. Un verdadero marketing electoral que trata de dirigir a los votantes, como potenciales clientes a los que vender un producto o mercancía, transformando sutilmente la libre voluntad de los votantes en un obediente cliente.

Los sectores burgueses que promueven las encuestas conocen la importancia que los electores dan los partidos que van a dirigir el gobierno del Estado y por tanto las instituciones promueven la máxima participación ciudadana por todos los medios, ya  que refuerza su hegemonía de clase y la legitimidad del capitalismo como modelo de sociedad que hay detrás del sistema parlamentario burgués. Pero que la participación sea mayor o menor en un momento dado es más bien coyuntural, pues depende de las particularidades en que se celebran los comicios, aunque la burguesía siempre está interesada en que esta sea la mayor posible, pues esto pondrá de manifiesto su dominio ideológico y político y, por tanto, que la ideología marxista-leninista vaya perdiendo influencia entre los sectores obreros a manos del reformismo y el revisionismo, verdaderos puntales del régimen burgués.

TABLA1

La fiabilidad de las encuestas demoscópicas depende en gran medida de si se producen cambios cualitativos en el electorado, siendo importante para comprender lo que ocurre en este terreno. La diferencia entre los comicios del 20D y el 26J estriba en ese matiz, pues mientras que en el 20D el cambio fue cuantitativo debido a la puesta de largo de Podemos y Ciudadanos que animó el mortecino ambiente electoral, renovando las ilusiones del respetable público y por tanto aumentando la participación, acertando los pronósticos en cuanto a los resultados. En cambio, en el 26J ha sido cualitativo, ya que la suma de Podemos e IU no se ha visto favorecida con un aumento en votos y escaños como pronosticaban las encuestas, dado que los votantes de las dos opciones políticas se han comportado de diferente manera por separado que coaligados. Sencillamente porque una parte de los votantes de Podemos y de IU no comparten las mismas posiciones ideológicas y políticas. Ello se debe a la ley de la dialéctica, que la ideología burguesa no suele tener en cuenta. El análisis que realiza la burguesía plasmada en las encuestas, y que sus partidos asumen, sólo se sitúan en los cambios cuantitativos, no contemplando los cambios cualitativos del proceso a que está sometido el mundo real. 

TABLA2

El asombro de Unidos Podemos ha sido mayúsculo porque los resultados obtenidos no se acercan a las previsiones que manejaban, pensando que cosecharían el vaticinado triunfo del sorpasso. Pero sus previsiones han ido demasiado por delante del sentir general del electorado, al suponer que el reinado del bipartidismo ya había concluido, subvalorando el papel de los aparatos y sus maquinarias electorales de la casta, que siguen conectando con los distintos niveles sociales de buena parte del electorado.

El programa político de UP es claramente burgués, por tanto es un impedimento para que se configure como una alternativa para un sector de la clase que no pertenece a la aristocracia obrera, pues a lo máximo que aspira es a constituirse en el restaurador y renovador del sistema democrático burgués, en los auténticos abanderados de dicha fracción de clase y parte de la pequeña burguesía liberal-progresista, que utiliza el sistema democrático parlamentario para defender y extender sus privilegios a cambio de colaborar con la burguesía en la explotación de los sectores más precarizados de la clase obrera.

Tanto la aristocracia obrera como el lumpemproletariado son unos lastres que el proletariado tiene que soportar dentro de su clase, comportándose como auténticos obstáculos en contra de sus objetivos estratégicos, puesto que están unidos al ocaso de la burguesía más que al futuro del proletariado, lo cual le produce pánico y terror puesto que el proletariado le propone trabajar disciplinadamente y de acuerdo a un plan social en donde se supriman los privilegios exclusivos a los cuales están encadenados como a su código genético, y que identifican con La libertad individual humana. Estas fracciones, al ser enemigos políticos del proletariado revolucionario, deben de ser tratado con rigor político si no se quiere que expandan su ideología entre la clase obrera.

Gobierno y hegemonía política

Para que la clase obrera acuda a votar se le fija la idea de que es muy importante su participación para elegir a sus representantes y el consiguiente gobierno, es decir, la gestión de la política general que la burguesía aplicará durante cuatro años, ocultándose que se apoya en lo realmente importante para ejercer el poder de clase, el dominio político que ejerce la burguesía en los momentos de estabilidad económica y política del sistema. Centrarse interesadamente en la elección del gobierno es desviar la atención del electorado obrero en un tema sin apenas importancia para sus intereses de clase como se ha podido demostrar durante toda la historia del capitalismo en las democracias burguesas, pues toda mejora social perdurable que ha conquistado el proletariado no se ha debido a triunfos electorales sino a las luchas que se han desarrollado al margen de las estructuras de los aparatos del Estado burgués, que posteriormente se han ido perdiendo, precisamente, por la introducción de leyes aprobadas en el Parlamento a instancia de los distintos gobiernos.

Sin ir más lejos, la clase obrera española creyó en su mayoría, y por mediación de los distintos partidos que apoyan la Constitución y el sistema burgués, que podría, a través de la representación parlamentaria y la conquista del gobierno por los partidos de izquierdas democráticos, aspirar a mejorar su existencia al presionar a la burguesía dominante que se cumpliese las leyes del juego de la democracia parlamentaria, sin pensar que ello no es más que un espejismo, pues los propios partidos, tanto de derechas como de izquierdas, aceptan por igual el modelo de sociedad por el cual se rige el sistema capitalista de producción. Como se ha podido comprobar, con los distintos gobiernos del PSOE en solitario o contando con el apoyo de IU, donde se han aplicado una política general de acuerdo a las necesidades concreta de la burguesía, embellecida con la aprobación de leyes que contaban con una vitola de izquierda o progresista pero que, en realidad, no es más que una adecuación a los cambios que se están produciendo en la sociedad española, y con un claro contenido interclasista (la educación y sanidad pública con carácter universal, ley de parejas de hecho, de matrimonio homosexual, de dependencia…). La aprobación y puesta en marcha de estas leyes, son la seña de identidad de esa pretendida izquierda y el señuelo que utilizan para embelesar a los sectores de la aristocracia obrera, que imponen sus exigencias al resto de la clase como si ellos fueran vanguardia política. Pero ninguna de estas celebradas leyes ponen en cuestión ni obstaculizan en lo más mínimo los fundamentos del sistema de producción y distribución capitalista.

El parlamentarismo burgués no es el terreno en donde el proletariado tiene que establecer la batalla con la burguesía

Los resultados, a nivel general y concreto, son elocuentes pues hablan por sí mismo: todo queda igual que antes, quedando meridianamente claro que para los intereses de la clase obrera era y son innecesarios unos nuevos comicios, en concreto, y el parlamentarismo burgués, en general, como defiende el revisionismo, pues el proletariado tiene que enfocar su lucha desde una posición marcadamente política, de clase contra clase: la toma del poder del Estado mediante la guerra popular revolucionaria con el objetivo de destruir el viejo aparato burgués y construir uno nuevo bajo la dirección de la dictadura del proletariado en su camino hacia el comunismo. Sin embargo, estos comicios van a consolidar una política burguesa mediante un pacto social entre los partidos de derechas y de izquierdas, en connivencia con el revisionismo, para aplicar una política general que haga frente a las tareas que tiene que afrontar la burguesía, tanto a nivel nacional como internacional. Centrará sus esfuerzos por exprimir aún más la fuerza de trabajo asalariada en el mercado nacional al seguir precarizando las condiciones del trabajo (Bajos salarios, largas jornadas, extensión del trabajo a tiempo parcial, despidos más baratos, aumento de la disciplina y control en las unidades de producción para aumentar la productividad del trabajo, etc…) Acrecentará sus esfuerzos por extender su influencia en la Unión Europea en el reparto del mercado europeo a través del fortalecimiento del sector servicios que es muy competitivo en la oferta internacional en cuanto a precios (explotación de la fuerza de trabajo por su precarización), condiciones naturales y, a nivel global por la penetración de grandes empresas y exportación de capitales (capital financiero).

El panorama inmediato que se le presenta a la clase obrera, desde el punto de vista económico, es bastante sombrío, máxime cuando su movimiento de resistencia está en horas bajas, en retirada desde hace años. Sus condiciones de existencia se verán deterioradas aunque se produzca una disminución coyuntural del paro, pues ello va a ir acompañado de la precarización y, por tanto, del aumento de la productividad del trabajo como condición necesaria para la acumulación de capital, argumentándose desde los púlpitos políticos que más vale trabajar por un salario, aunque sea mísero, que no tener nada. El caldo de cultivo está dado para que el dilema al que se tengan que enfrentar los obreros entre “lo deja o lo tomas” que le ofrece la patronal, bajo la tutela del Estado burgués, se decante por un aumento considerable de la explotación asalariada dada las condiciones en que se encuentra el movimiento de resistencia. En este sentido, hay que comprender, que las distintas reformas laborales están pensadas para el presente, pero sobre todo para el futuro, es decir, para los tiempos venideros en que el capital salga de su crisis.

Si aceptamos esta situación como condicionante para la emergencia de una alternativa revolucionaria estaremos haciéndole un flaco favor al marxismo, al darle pábulo al revisionismo, dado que su estrecho pensamiento economicista supedita el desarrollo y avance de la teoría revolucionaria y, por tanto de la revolución proletaria, al estado del movimiento espontáneo de las masas, pues considera a este movimiento el genuino sujeto revolucionario que al ponerse en marcha posibilita que el partido (autoproclamado), que permanece aletargado a la espera de la respuesta de la “clase obrera” a la explotación capitalista, conecte con la punta de lanza del movimiento espontáneo dirigiéndolo hacia la revolución.

El movimiento revolucionario, en su larga lucha contra el capital, está tomando consciencia de lo equivocado de este planteamiento. La construcción del partido de nuevo tipo no tiene su inicio en el movimiento de resistencia de la clase obrera, sino más bien en la asunción de la teoría marxista-leninista (formación de la vanguardia); el sujeto revolucionario es el partido de nuevo tipo, es decir, la fusión de la vanguardia, que aporta la teoría revolucionaria en la lucha política, y la parte más avanzada de la clase obrera que le sigue, constituyéndose como movimiento revolucionario del proletariado, que se diferencia sustancialmente del movimiento de resistencia de la clase obrera en que su actividad no es por mejorar sus condiciones de existencia sino por transformar las condiciones de existencia de la división en clases de la sociedad. A la lucha contra la concepción revisionista se debe en gran parte la formación de la vanguardia proletaria, puesto que constituye la asunción de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases, que se desarrolla mediante la puesta en marcha de una correcta línea política.

Esta es la tarea principal en estos momentos pues para empezar a romper el actual estado de pasividad de la clase obrera y de hegemonía ideológica y política de la burguesía hay que reconstituir el proceso de construcción del partido, instrumento imprescindible de la revolución proletaria. Que no exista no quiere decir que no se estén dando pasos en esa dirección, pues comparando la actual situación con la de hace cinco años se observa un cambio positivo en la tendencia en cuanto a la debilidad de la conciencia m-l respecto al revisionismo y el oportunismo. Se está abriendo un debate serio entre los sectores de vanguardia en torno a la necesidad de la reconstitución ideológica y política del comunismo en lucha abierta contra las tesis revisionistas y oportunistas: construcción del partido de nuevo tipo como proceso de fusión de la vanguardia con los sectores más avanzados de la clase bajo la ideología proletaria para constituirse como movimiento revolucionario, guerra popular hasta el comunismo, dictadura del proletariado, revoluciones culturales como medio para revolucionar y extender la ideología proletaria en las masas, comunismo como meta del movimiento proletario revolucionario  para la eliminación de las clases sociales, etc.

Debemos perseverar en el fortalecimiento de este proceso mediante la lucha de dos líneas.

¡ Contra la democracia burguesa, por la revolución proletaria!

¡Por la construcción del partido!

¡Guerra popular hasta el comunismo!