En Torno a la Cuestión Nacional

EN TORNO A LA CUESTIÓN NACIONAL

Un debate en el seno del movimiento comunista del Estado español

   “En el problema de la autodeterminación de las naciones, lo mismo que en cualquier otro, nos interesa, ante todo y sobre todo, la autodeterminación del proletariado en el seno de las naciones.” 

Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914

Nos encontramos en uno de esos momentos idóneos para profundizar sobre la cuestión nacional en el Estado español. Es una problemática que está abierta desde hace mucho tiempo (unas veces con más intensidad que otras), y que nunca se ha cerrado porque no se ha resuelto teórica y políticamente desde el campo del marxismo. La cuestión nacional en el Estado español está circunscrito al derecho que tiene toda nación a independizarse si así lo considera la mayoría de su población mediante referéndum convocado para tal fin. Sin embargo este derecho universal de la sociedad capitalista choca frontalmente con la Constitución por la que se rige el Estado español al no reconocer jurídicamente tal posibilidad, lo que impide, desde el punto de vista «legal» que se celebren consultas populares para decidir la independencia respecto del Estado español.

Si alguna de las consideradas naciones históricas quiere independizarse tendrá que recurrir, si quiere seguir la vía jurídica, a modificar previamente el texto constitucional o, por el contrario, recurrir directamente a la vía política, a la movilización de masas para conseguir del Estado el reconocimiento de ese derecho burgués. Así es como se está planteada la cuestión, siendo dominante la vía que siguen los partidos burgueses que dirigen dicho proceso en Cataluña: llegar a un acuerdo constitucional con el Estado, que no está dando los resultados esperados por ahora a las fuerzas políticas independentistas, pues relegan la movilización de masas en la calle a determinadas fechas y momentos emblemáticos para no romper su control sobre el conjunto del movimiento.

Este movimiento sigue encajonado y maniatado a las estrictas directrices democrático burguesas, debido fundamentalmente a su carácter burgués que le hace no enfrentarse con decisión al Estado español. Esto es lógico desde el punto de vista político pues las distintas fracciones burguesas que dirigen el movimiento no lo repudian por ser capitalista sino por no permitirle su independencia política, su derecho a constituirse en Estado independiente que aspira a ejercer la función propia de un Estado burgués: concentrar el poder de la burguesía para explotar y oprimir al proletariado.

No obstante, la contradicción sigue su curso entre los defensores de la autodeterminación y los de la unidad de España, hasta que no se desactive, lo que puede provocar una agudización de la lucha que no desean las direcciones de ambas fuerzas en liza, pues hasta ahora evidencian que la solución la sitúan en el marco jurídico burgués, es decir: reconocimiento y ejercicio de los derechos democráticos.

El proletariado ha tenido hasta estos momentos una actuación seguidista en el seno del movimiento, dejándose llevar por las opiniones y decisiones de las distintas fracciones burguesas que tienen intereses materiales en esta pugna, aunque suponemos que habrá una parte importante que se muestre silenciosa sobre el tema, que se expresa a través de la abstención en las distintas consultas electorales que se han querido ligar indirectamente al proceso independentista. La verdad es que no se sabe hacia dónde se decantaría mayoritariamente en un referéndum convocado abiertamente y sin ningún tipo de cortapisa. Eso es una cuestión que no lo sabemos hoy en día y, por ello, no debemos especular sobre ninguna posibilidad de que se decante hacia una u otra posición presente en el tablero político. Lo que está claro es que no hay únicamente dos alternativas en pugna de acuerdo a los intereses de las dos fracciones burguesas que se enfrentan, sino tres, la de no participar, que representa, según nuestro punto de vista, la posición correcta del proletariado ante este dilema. Pero dejemos este importante asunto para más adelante, pues antes queremos debatir con otras organizaciones que se han posicionado claramente por la independencia de Cataluña, por diferentes motivos, desde el campo del marxismo.

El marxismo y el derecho de las naciones a la autodeterminación

La tendencia histórica del capitalismo sigue su curso hacia la concentración y centralización de los medios de  producción mundial para dominar socialmente la explotación de la fuerza de trabajo asalariada, que es su objetivo fundamental: esta tendencia es general, pues recorre todo el proceso del capital, aunque es en su fase imperialista cuando más lo acusa debido a la presencia dominante del capital financiero. Con este proceso se desarrollan las fuerzas productivas sociales en la dirección de aumentar la explotación del trabajo asalariado mediante una mayor productividad del trabajo social, el cual es sometido a una mayor vigilancia, control y planificación en el proceso de producción por el alto grado de mecanización a que es sometida la fuerza de trabajo. Esta tendencia, que ya percibió Marx en su estudio sobre el modo de producción capitalista, se ha verificado plenamente, abriendo el camino  para  comprender que algunas tesis que conformaban puntos de línea política correctas para una época han sido superadas para otra: entre ellas se encuentra la tesis que el marxismo-leninismo defendió sobre la cuestión nacional.

El marxismo-leninismo no tiene una opinión estática en cuanto a la posición del proletariado sobre la resolución del ejercicio de la autodeterminación de las naciones oprimidas, que no es lo mismo que decir que no tiene una posición general sobre dicho tema pues en todo momento debe estar subordinado a favorecer la realización del tipo de revolución que le es propio para su emancipación como clase explotada por el capital. La opinión concreta está determinada por las condiciones objetivas del proceso de desarrollo de la producción capitalista, puesto que hay diferencias cualitativas entre la etapa del capital concurrencial y la imperialista. 

En la primera etapa la tesis dominante, correcta, es la de que hay que apoyar el movimiento político que las distintas burguesías nacionales impulsan sobre la autodeterminación de las naciones porque era la forma histórico-natural en que el capitalismo se desarrolla: se crean nuevos mercados nacionales a la vez que se expanden fuera de esas barreras las relaciones capitalistas de producción, adquiriendo un progresivamente un carácter internacional. En este sentido, hay que recordar que el marxismo de primeros de siglo XX no apoyaba esta reivindicación burguesa por una condición democrática abstracta (democracia consecuente), es decir, por el desarrollo capitalista de la economía, sino por una condición específica, esto es, por la necesidad de que el proletariado se desarrollara como clase (condición de clase en sí) y adquiriera su carácter genuinamente revolucionario en el régimen de producción capitalista (conciencia de clase para sí), pues sin dichos atributos, uno ajeno y otro propio, no podía aspirar a derrotar a la burguesía y empezar el proceso de construir la sociedad comunista. Este aspecto es muy importante para comprender correctamente y en su profundidad las tesis de Lenin recogidas en diferentes textos[1], pues de lo contrario siempre se seguiría manteniendo la misma posición sin tener en cuenta la época histórica en que se vive -determinado como ya se sabe por el desarrollo de la realidad social-, como así está ocurriendo con la mayoría de las organizaciones que conforman el movimiento comunista internacional, con las cuales discrepamos en este tema, posicionándonos con la UOC mlm de Colombia (recomendamos la lectura de su documento Propuesta para la formulación de una línea general para la unidad del movimiento comunista internacional y en particular el apartado 3, Lucha de clases y lucha nacional del capítulo II, La revolución proletaria mundial).

El abrazo del oso

Ahora queremos concretar esa posición en Cataluña, es decir, determinar la táctica del proletariado en la situación concreta en que se desarrolla la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado en el Estado español, teniendo presente que se desarrolla en un escenario que es un eslabón de la cadena imperialista. En nuestro anterior trabajo, Independencia de Cataluña: Entre burguesías anda el juego (Diciembre 2015) dejábamos por sentado que Cataluña no se puede considerar una nación oprimida pues entendemos que la opresión debe estar vinculada fundamentalmente a una realidad económica que así lo indique, lo que no ocurre con Cataluña  pues es la Comunidad Autónoma más avanzada económicamente del Estado español, como así indican los datos económicos: la economía catalana es la primera por PIB de las CC.AA., lo que no quita que su crecimiento se haya visto deteriorado con respecto a otras Comunidades (a partir de la crisis económica del 2007, la tasa de crecimiento interanual del PIB per cápita ha sido negativa en el año 2009-2010 (-4,1%) y positiva en el año 2014-2015 (+1,2%), muy inferior a la etapa anterior a la crisis pero que pone de manifiesto una progresiva recuperación.

Sin embargo, esta cuestión se evita deliberadamente para resituarla en la esfera de lo exclusivamente político, es decir, en el ejercicio del derecho a decidir sobre si independizarse o no, formar un Estado propio, la república catalana, con un carácter genuinamente burgués, nunca puesto en entredicho por las fuerzas dirigentes del movimiento independentista. En este sentido hay que aclarar que la independencia de una nación siempre se ha considerado, como así es, una cuestión objetiva y no subjetiva, como tratan de hacernos ver los partidarios de la independencia de Cataluña. Este aspecto es importante para comprender el comportamiento de las clases en cuanto a la reivindicación del derecho a la independencia política, dado que siempre será la burguesía la interesada a enarbolar dicha reivindicación, pues el proletariado deberá estar preparando las condiciones de su propia liberación como clase, que es donde se dirime la verdadera batalla. Otra cosa muy distinta es qué posición política debe adoptar dependiendo de la etapa histórica en que se desarrolla y el nivel de conciencia revolucionaria que haya alcanzado su vanguardia.

El ejercicio de ese derecho implica una obligación que hay que cumplir, es decir, la celebración del referéndum va unido al respeto y cumplimiento del resultado, no pudiendo olvidar que la mayoría de los que quieren ejercer ese derecho son partidarios de la independencia, pero no por eso saben por qué tienen que luchar por independizarse; los proletarios tienen una opinión creada al respecto pero propia de la ideología dominante ajena a sus intereses como clase, ya que no existe el Partido Comunista que pueda orientar y dirigir su lucha para asegurar sus intereses colectivos.

Ante ello es lógico preguntarse  ¿por qué y para qué la independencia? La fracción burguesa que la impulsa y dirige recurre al argumento general de que el Estado central «roba deliberadamente a Cataluña» debido a que aporta más que recibe del Estado, empleándose para fines ajenos a las necesidades de la comunidad catalana. Se aferran a este argumento para justificar que «Cataluña» no puede hacer frente y cumplir con las necesidades de los «catalanes», siendo ello la razón que obliga a la Generalidad a tener que decretar una amplia batería de recortes sociales, que serían suprimidas si la opresión del Estado español no se las impusiera.

Hay que reconocer que es un argumento político muy hábil el que despliega la fracción burguesa  independentista para ganarse el apoyo de una parte del proletariado que trabaja en Cataluña, pues son los que sufren la explotación por parte del capital (sea catalán, sea estatal o internacional), pero falso de cabo a rabo dado que el interés de la burguesía en su conjunto es maximizar la explotación del trabajo asalariado sin tener en cuenta diferencia alguna, dándole lo mismo la nacionalidad, la raza, o la religión, pues lo único que le interesa es el trabajo excedente que aporta y del cual se apropia gratuitamente.

La pregunta anteriormente formulada  incluye la cuestión de lo que oculta quien dirige el proceso de rearme político parlamentario de la autodeterminación. Tanto una como otra fracción de la burguesía no ocultan sus objetivos, la apropiación de la plusvalía creada por el  trabajo social y que está determinado por su peso específico en el proceso de producción, lo que perjudica a los capitales de menor dimensión, pues es una ley que indica que a medida que se desarrollan, se necesita más capital en acción para su reproducción. Esta es la razón por la que la pequeña y mediana burguesía catalana, debido a su aversión a eliminar las condiciones de explotación, tienden a la independencia, ya que de ello depende su existencia como fracción de clase explotadora en feroz competencia con la gran burguesía.

Siendo partidaria de la independencia política se presenta ante el proletariado como su aliado natural frente a la extorsión a que son sometidos por el Gran Capital, manipulando las contradicciones interburguesas que subyacen en el fondo de la cuestión -reparto de la plusvalía creada- con la otra parte de la burguesía que representa a los intereses del capital financiero, al hacerla pasar como contradicción nacional -nación opresora contra nación oprimida, donde no caben las diferencias de clase-, encargándole al proletariado la tarea de ariete en dicho batalla. Esta contradicción interburguesa es la forma específica en que se manifiesta la contradicción no antagónica entre las distintas fracciones de la clase dominante debido al carácter «capitalista» del desarrollo de las relaciones de producción. El capital se desarrolla desigualmente porque está sujeto a la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, es decir, a necesitar una mayor concentración de capital para su revalorización.

Nuestra valoración a tenor de cómo están transcurriendo los hechos es que el movimiento comunista en el Estado español está sucumbiendo ideológicamente en esta batalla política, embelesado ante las poses de la fracción “radical” de la burguesía independentista, dado que ha logrado crear confusión ideológica entre sus filas en cuanto al concepto de autodeterminación y un despiste político en  cuanto no han logrado comprender que los han metido en un callejón sin salida al no detectar la manipulación que utiliza la autodeterminación para meter de contrabando la defensa de los intereses privados como si fuera la defensa de los intereses generales de Cataluña. Lo peligroso del caso es que al tomar posición de apoyo político con la fracción burguesa independentista se está embelleciendo ideológicamente a la pequeña y mediana burguesía frente a la Gran Burguesía y a la Oligarquía Financiera, los auténticos reaccionarios a batir. Y esto es ya un problema de gran envergadura puesto que se favorece la ideología revisionista que considera como buena a la burguesía no monopolista, aliada del pueblo ante una futura revolución antimonopolista, en oposición a la revolución socialista.

Matando a un ruiseñor

En la inconsecuente tarea de defender el nacionalismo se puede caer en convertir al marxismo-leninismo en una caricatura. Esto es lo que le ha ocurrido, a nuestro entender, con Kimetz.

La defensa a ultranza de esta organización del derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas en un Estados imperialista (independencia política) está articulada con la concepción sobre la vía democrática al socialismo que se expone en su documento: Polemizando sobre la cuestión nacional, que está articulado en dos partes fundamentales.

La primera se vertebra en la crítica a la concepción pequeño burguesa de Euskal Herria que dominó en el seno del MLNV, de la cual Kimetz ha estado asumiendo hasta hace relativamente poco tiempo:

«nuestra organización también proclamó, hasta hace bien poco, Revolución, Socialismo, Independencia, que escenificaba las ideas nacionalistas pequeño burguesas de izquierda y proclamaba la organización de la ya mencionada revolución socialista vasca». (pág. 4)

La segunda aborda de una manera tramposa, pues no lo hace abiertamente sino escudándose en el ejercicio de la autodeterminación, cuál debe ser la vía que tiene que recorrer el proletariado para conquistar el poder político y construir el comunismo, la sociedad sin clases:

«…es al proletariado a la clase que más le incumbe la victoria de la revolución socialista vasca, la conquista de la democracia más consecuente, y es por ello por lo que impulsamos la unión, es por ello por lo que unimos la revolución socialista vasca a todas las revoluciones nacionales del Estado español, es por ello por lo que la suma dialéctica de todas las revoluciones lleva inevitablemente a una única revolución socialista, a una única pero de la mano de la fuerza de las diferentes clases populares de todos los rincones del Estado, incluida la vasca». (pág. 5)

Sobre el primer punto ya hemos dicho lo suficiente en todos los artículos que hemos elaborados sobre la cuestión nacional en Cataluña, aunque es conveniente incidir sobre ello dado el grado de diferencias que mantenemos con otros colectivos comunistas del Estado español. Como hemos dicho anteriormente el imperialismo es la fase actual de desarrollo alcanzado por el capital, pero también su fase decadente y última. Es el sistema económico que somete todas las economías nacionales a las relaciones capitalistas de producción, cambio y distribución, ocupando cada país su lugar específico en la cadena de dicho sistema. Este desarrollo alcanzado por el capital a nivel internacional crea su contrapartida, es decir, las condiciones objetivas para la revolución proletaria en todo el sistema, de tal manera que la revolución en un país ya no depende de las condiciones concretas aisladas de la cadena, sino de la combinación de las contradicciones de todo el sistema y de las condiciones subjetivas de las fuerzas revolucionarias de un Estado que se enfrenta cuerpo a cuerpo con la cadena imperialistas en ese país. Ya no cabe entender la revolución de un país aislado del conjunto del sistema.

En este sentido el imperialismo sustituye, desde el punto de vista de los intereses del proletariado, la lucha por la independencia nacional de los Estados por la lucha por la revolución proletaria mundial, haciendo estéril la etapa del desarrollo burgués como necesaria para el triunfo de la revolución proletaria que tanto  gusta defender al oportunismo. Si vemos esta cuestión desde la atalaya del imperialismo, es decir, desde el punto de vista del desarrollo alcanzado por el capital, desarrollo internacionalizado de las relaciones capitalistas de producción, la intensión de una nación a querer ser independiente sin poner en entredicho el carácter de ese Estado es profundamente reaccionario porque es pretender volver atrás en el desarrollo objetivo de la sociedad. Es éste fundamentalmente el motivo por lo que no puede tener futuro cualquier reacción política que no sea la del proletariado revolucionario, que se concreta en extirpar de la sociedad las relaciones capitalistas en cualquiera de sus variantes, sustituyéndola por relaciones de apropiación colectivas en donde no impere la propiedad privada de los medios de producción. El apoyo que el proletariado daba a la burguesía para formar Estados independientes periclitó hace ya tiempo. Ahora el proletariado se centra, a tenor del desarrollo alcanzado por el capital, en preparar las condiciones subjetivas, reconstitución ideológica y política del comunismo, y en comprender cómo afectan las contradicciones generales del sistema en las condiciones concretas de los distintos Estados. El imperialismo crea las condiciones objetivas de su tarea específica: la toma del poder político para construir el comunismo, no habiendo lugar para ninguna etapa intermedia.

Sin embargo, Kimetz no tiene en cuenta esta importante circunstancia y todavía sigue pensando como si nada hubiese cambiado, cuando sostiene que dada las características del Estado español «estado burgués, reaccionario y de carácter fascista», la revolución socialista tiene que recorrer dos etapas bien diferenciadas, aunque interconectadas: la primera etapa tiene por objetivo la destrucción del Estado reaccionario y fascista mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas, a las cuales consideran marcos autónomos de actuación y la creación de otro de carácter democrático popular.

«nosotros no estamos en desacuerdo en que Euskal Herria sea un marco autónomo, de hecho creemos que lo es, a lo que nos oponemos es a justificar el aislacionismo nacional mediante esa tesis». (pág. 21)

La segunda etapa tiene por finalidad la destrucción del Estado burgués mediante la unidad del proletariado de todo el Estado:

«…es al proletariado a la clase que más le incumbe la victoria de la revolución socialista vasca, la conquista de la democracia más consecuente, y es por ello por lo que impulsamos la unión, es por ello por lo que unimos la revolución socialista vasca a todas las revoluciones nacionales y regionales del Estado español». (pág. 5)

y la creación del Estado-comuna de carácter socialista:

«…es por ello por lo que la suma dialéctica de todas las revoluciones lleva inevitablemente a una única revolución socialista, a una única pero de la mano de la fuerza de las diferentes clases populares de todos los rincones del Estado». (pág. 5)

Si erróneo es considerar que un Estado imperialista está constituido por diferentes naciones oprimidas, aún lo es más suponer a las diferentes naciones como marcos autónomos de actuación. Demuestra no entender el carácter histórico del desarrollo capitalista.

El desarrollo del capitalismo modifica la actividad de los capitales individuales en actividad interrelacionada como capitales sociales –con la finalidad en cualquier caso de producir plusvalía para acumularla como capital-,  dando como resultado la extensión de las relaciones  capitalistas de producción en el marco estatal, consiguiendo armonizar un mercado nacional no exento, como es lógico en el capitalismo, de un desarrollo desigual de los múltiples  capitales. Y así sienta las bases con las que acometer la internacionalización de dichas relaciones para la creación del mercado mundial, convirtiéndose el régimen de producción capitalista en un sistema global de producción capitalista que domina sobre los distintos mercados y Estados nacionales. Esta tarea la acomete el capital financiero a expensas y en contra del interés del capital no financiero, que se “rebela” contra dicho proceso de expropiación y centralización de los medios de producción en que está asentado el desarrollo del capital, parapetándose tras el “sagrado” interés nacional como forma de que se respeten sus mezquinos intereses de clase. Defender que en estos  marcos autónomos de actuación es de donde tiene que partir la revolución socialista es sustituir el marxismo por el nacionalismo más abyecto como teoría de la revolución social; es aceptar el marco geográfico-económico como marco político que marca la pequeña y mediana burguesía para defender sus intereses de clase. Para el marxismo no existe otro marco de actuación que el Estado, que es la estructura en donde se concentra la alianza de las distintas fracciones de la burguesía para el beneficio común de la clase, la defensa del sistema de explotación capitalista y su organización de opresión política e ideológica, tanto a nivel nacional como internacional, siendo por ello necesario la alianza internacional del proletariado para su destrucción, que se organiza como Partido Comunista.

Sin embargo es perfectamente razonable, en el esquema ideológico de Kimetz, la importancia que cobra la independencia  política de las naciones oprimidas de un Estado imperialista, como es el Estado español, puesto que es a través del ejercicio del derecho de autodeterminación como se realiza la revolución democrático-burguesa, es decir, la conquista de los más elementales derechos democráticos:

«…los y las leninistas vascos tenemos claro el deber de impulsar y de apoyar las movilizaciones populares y democráticas por el derecho a la libertad política de autodeterminación del pueblo vasco, contra la antidemocrática Constitución y el Poder oligárquico español». (pág. 10-11)

 Pero es de sobra conocido por todos los que nos situamos en el terreno de la teoría marxista-leninista que el imperialismo suprime las etapas intermedias al socialismo, las hace inútiles por pertenecer a una realidad histórica superada, lo que sitúa a los defensores de dicha etapa en el campo del oportunismo. Esta defensa, ya sea de una manera abierta o camuflada con verborrea revolucionaria no es más que oportunismo disfrazado de marxismo-leninismo.

Pero el documento no se queda ahí, es más osado. Va más allá al poner otra zancadilla a la teoría marxista-leninista de la revolución proletaria. Kimetz sostiene que el sujeto político de la revolución democrática (antimonopolista) es la alianza de clases entre el proletariado y la pequeña y mediana burguesía, que una vez cubierta dicha etapa se escinde, quedándose el proletariado como única clase dirigente del proceso revolucionario, la conquista del socialismo. Este proceso se realiza en el terreno de la práctica política como resultado del desarrollo autoconsciente de la clase:

«…a pesar de que el nacionalismo español es infinitamente más reaccionario que el vasco, los dos dificultan, cada uno en su determinado grado, la autoconsciencia de la clase obrera y la acción revolucionaria del proletariado». (pág. 16)

Con estas afirmaciones se suprime de un plumazo el papel de la ideología marxista en la formación de la vanguardia ideológica y la reconstitución del comunismo en donde se incluye la reconstitución del partido como movimiento revolucionario, fusión de la vanguardia y sectores de las masas que han comprendido el verdadero carácter de la lucha del proletariado como lucha por el socialismo, aspectos claves para comprender científicamente la intervención del proletariado en la lucha por la destrucción del Estado burgués.

«…el carácter del proletariado es siempre internacionalista y de clase y nunca una apuesta incondicional por la independencia política de su nación oprimida. Los intereses y metas de todos y todas las trabajadoras se unen en la destrucción del carácter internacional del capital». (pág. 7)

Porque esto es otro aspecto importante, ya que para Kimetz el proceso de destrucción del Estado burgués no va unido a la construcción del Estado proletario por medio de la guerra popular, que es lo que articula la destrucción con la construcción: el principio de la negación de la negación. La guerra popular revolucionaria no juega ningún papel, pues Kimetz concibe la toma del poder como obra de un proceso evolutivo en donde se van sucediendo las cosas de manera natural, sin enfrentamiento armado de clase contra clase, destrucción del poder de clase burgués a la vez que construcción del poder de clase proletario.

 «…es al proletariado a la clase que más le incumbe la victoria de la revolución socialista vasca, la conquista de la democracia más consecuente, y es por ello por lo que impulsamos la unión, es por ello por lo que unimos la revolución socialista vasca a todas las revoluciones nacionales y regionales del Estado español, es por ello por lo que una suma dialéctica de todas las revoluciones lleva inevitablemente a una única revolución socialista»

Pescando en rio revuelto

Ahora vamos a entrar en el fondo de la posición política de los camaradas del Movimiento por la Reconstitución (MR) en cuanto a la autodeterminación de Cataluña[2]. Pretendemos establecer lucha de dos líneas con sus puntos de vista, premisas y argumentos a favor de la independencia de Cataluña desde los intereses del proletariado con respecto al Estado español. Porque debemos tener en cuenta que los actores dirigentes de la defensa del derecho de autodeterminación de Cataluña, la pequeña y mediana burguesía catalana, no ponen en cuestión ni el carácter de clase del Estado español (con el cual están de acuerdo, situando las diferencias que los alejan en el trato que reciben por parte de la gran burguesía asentada en los resortes del Estado), ni el carácter de clase burgués del futuro Estado catalán (el cual defienden con uñas y dientes), ni el carácter de clase burgués de la Unión Europea (a la cual consideran necesaria para la defensa de los intereses del capital europeo frente a los otros polos imperialistas).

Tener en cuenta este aspecto es importante para hacernos una idea de qué intereses defienden estas fracciones de clase: defensores del derecho burgués a nivel internacional y del parlamentarismo burgués a nivel nacional. Esto nos puede dar las claves para comprender por qué la clase obrera se muestra escéptica ante dicha reivindicación, pues hay que comprender que a la clase obrera no se le puede ocurrir esgrimir ese derecho sin poner en primer término el carácter de clase del resultado del proceso, del Estado a construir, pues de ello va a depender su actuación y su entrega (cuando hablamos de la clase obrera, nos estamos refiriendo a la vanguardia proletaria no a las masas hondas y profundas que hablan por boca de las distintas fracciones de clase burguesas). ¿Cómo se le va a pedir al proletariado que apoye a la pequeña y mediana burguesía si el nuevo Estado que quiere construir no va a diferir apenas del Estado al que pertenece económica y políticamente? ¿Cómo va a repercutir positivamente en su desarrollo como clase independiente si ni siquiera está constituido como clase para sí? Se esgrime que el apoyo a la independencia de Cataluña va a favorecer la reconstitución del internacionalismo proletario porque va a limar las diferencias nacionales. Pobre argumento.

Empecemos por las premisas en que se asientan los argumentos para el apoyo de los comunistas al derecho de autodeterminación de Cataluña, que entra en la categoría del derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas.

Primera premisa:

«El método que el marxismo propone para lograr este grandioso objetivo, la unidad internacional de la lucha de clase del proletariado, no es otro,  como heredero consecuente de la democracia revolucionaria de la época ascensional de la burguesía, que la aplicación de la democracia hasta las últimas consecuencias. Es decir, considera que el camino hacia esa fusión internacional pasa por el desarrollo de la máxima libertad nacional, lo que políticamente se concreta como inalienable derecho a la autodeterminación de las naciones» (pág. 18).

Esta premisa no la compartimos para el capitalismo desarrollado, pues no se sale del cauce de la ideología dominante burguesa, la cual considera que el desarrollo del capital está sujeta a la  creación de los mercados nacionales, es decir, de los Estados nacionales, cuando el marxismo se sitúa en el desarrollo internacional del proletariado como condición para su unidad política, dado que lo que les une al proletariado es la defensa de los mismos intereses objetivos y subjetivos, derivados del desarrollo de las relaciones capitalistas de producción y su elevación del nivel de conciencia por la penetración y aceptación del marxismo en las filas de sus elementos más avanzados. La aceptación del internacionalismo proletario por parte del proletariado catalán y español como teoría revolucionaria común no depende de la independencia de Cataluña, ello es intranscendente para dicho objetivo, sino que se concreta en la reconstitución del partido de nuevo tipo y su implantación entre sus filas como línea de masas. El proletariado se educa políticamente y comprueba la certeza de su línea de actuación mediante la praxis revolucionaria; de otra manera es imposible pues es más fuerte la ideología burguesa que domina su actividad social.

Segunda premisa:

«Por tanto, evidentemente, entendemos, en consonancia con el marxismo, como perfectamente posible bajo el actual régimen económico capitalista  el ejercicio del derecho de autodeterminación, es decir, la realización del derecho a la separación estatal de una nación oprimida» (pág. 18)

A Cataluña no se le puede considerar una nación oprimida, sino parte integrante del Estado burgués, tanto geográfica, económica como políticamente. Así lo comprendió una parte de la burguesía catalana cuando se embarcó, a través de CiU, en la articulación de un partido liberal para todo el Estado que sirviera de bisagra entre PSOE y AP (Operación Roca, 1984) [3], una suerte de precursor de Ciudadanos. No consiguiéndolo, se disolvió tras el fracaso en las elecciones de 1986, influyendo escasamente en las decisiones importantes del Estado, como así está ocurriendo para los intereses de las pequeña y mediana burguesía catalana. En Cataluña, como en el resto de las comunidades que conforman el Estado español, existen relaciones de explotación económica de la burguesía sobre el proletariado, y relaciones de opresión política de la burguesía sobre el proletariado, derivada de las relaciones de explotación, y de la gran burguesía sobre la pequeña y media burguesía, derivada del desarrollo desigual del capital. La existencia de estas últimas relaciones de opresión no puede subordinar a las otras relaciones, hasta el extremo de someterlas a la resolución de la relación contradictoria no antagonista interburguesa. Y esto es lo que está consiguiendo la pequeña y media burguesía catalana: subordinar la contradicción antagónica capital/trabajo a la contradicción no antagónica gran burguesía/pequeña y media burguesía; subordinar la lucha de clase del proletariado a la lucha por la independencia nacional. En este sentido cabe esgrimir para defender el apoyo a la independencia nacional que el proletariado no tiene activada la contradicción capital/trabajo, esto es cierto, pero también es verdad que con el apoyo a la independencia nacional sí recibe una posición nítida de su vanguardia que le indica que tiene que apoyar la independencia de su “nación” como una de sus tareas para la reconstitución del internacionalismo proletario. La vanguardia proletaria debe tener muy claro que en el capitalismo desarrollado la cuestión nacional se somete a la cuestión de clase puesto que el capital ha agudizado de tal manera el conjunto de contradicciones sociales que la ha concentrado en la contradicción antagónica capital/trabajo, dependiendo de su resolución.

La pequeña burguesía tiene dos opciones: Tomar una posición política de apoyo a su clase natural, conservando sus contradicciones que le lleva a su pérdida progresiva de influencia social y a la dependencia económica frente al capital financiero o incorporarse, al menos con una posición neutral a la revolución proletaria. En este sentido, el objetivo del proletariado es neutralizar dicha fracción de clase en su lucha contra el capital en su conjunto.

Tercera premisa: 

«Nuestra impresión es que Convergencia i Unió (CiU), en tanto representante de esa ligazón entre la media burguesía catalana y la gran burguesía directamente vinculada con las estructuras centrales del Estado español, se estaba viendo crecientemente desbordada por el movimiento nacional de masas capitaneado por la pequeña burguesía, para incomodidad de los sectores más inmediatos al status quo (divergencias con Unió), a la par que veía peligrar la estabilidad de su suelo social, radicado en la burguesía media, en la línea de lo que señala RoB, siendo todo ello lo que está aupando a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) a la cúspide del proscenio político catalán. En este escenario, el referéndum, entre la espada del inmovilismo y la represión del Gobierno español y la pared del movimiento nacional de masas, podía ser el último clavo en el ataúd de Convergencia». (Pág. 18)

Por nuestra parte no interpretamos el cambio producido en CiU (ahora PDeCAT) hacia un mayor compromiso con la independencia de Cataluña debido al empuje del movimiento de masas, ya que este favorecía preferentemente a ERC, porque sería otorgarle a la movilización una fuerza que no tiene realmente. Las movilizaciones están sometidas a los dictados de la fracción burguesa que dirigen el proceso independentista (defensa del sistema capitalista en su vertiente democrática), o que indica que no se va a salir del marco democrático burgués. Los motivos son más profundos, teniendo mucho que ver con políticas de recortes y a una progresiva pérdida de prestigio social a los casos de corrupción que han ido saliendo a la luz pública. Hay que comprender que los partidos burgueses tienen un código distinto que los obreros, condicionando su posición y actuación al dinero que pueda recibir del Estado y de las aportaciones privadas. En este sentido, PDeCAT no tiene ninguna razón de ser si no está enquistado en los aparatos del Estado, gestionando el gobierno de la clase a la que representa, en sus distintos niveles, no conformándose con estar en la oposición, porque entonces no se puede financiar de acuerdo a las necesidades para existir como aparato al servicio de los intereses de la burguesía en general y de sus dirigentes en particular.

Cuarta premisa:

«Un referéndum, en las condiciones de la democracia burguesa, aparece en un doble aspecto contradictorio: por un lado representa la expresión directa de la voluntad de las masas respecto a un asunto concreto, en el que prima el aspecto de mandato imperativo de la soberanía popular (de ahí que un referéndum no pueda ser asimilado simple y sumariamente con el cretinismo parlamentario, como puerilmente ha hecho Reconstrucción Comunista), pero, por otro, en virtud de su encaje en los mecanismos del parlamentarismo, emplaza la ejecución de ese mandato directo a los representantes, instituidos de plenas prerrogativas».(Pág. 18-19)

La soberanía popular no es una categoría marxista; es propia de la filosofía política burguesa. Con ella la burguesía trata de ocultar la existencia de clases antagónicas y su inevitable enfrentamiento como lucha de clases, medio para resolver sus contradicciones. Por eso nos extraña que los camaradas del MR la utilice con el objeto de justificar la participación de la clase obrera en todos los referéndums que se convoquen bajo la tutela de la burguesía. El MR diferencia permanentemente una consulta electoral de la plebiscitaria debido a su carácter de mandato imperativo que tienen los referéndums, que no lo tiene ninguna consulta electoral. A nuestro entender la soberanía popular no existe en ningún caso bajo el capitalismo porque se deja a la interpretación jurídica, pues ello no consiste simplemente en votar sobre un asunto concreto y que se lleve a cabo su resultado,  en muchos casos el Estado no está obligado a cumplir con el resultado, es meramente consultivo. Pero es que además, aunque así fuese, el resultado no expresa la soberanía popular debido a que los electores-ciudadanos no son soberanos bajo el capitalismo, sino depositarios de una opinión sobre la consulta específica que se hace. Para que exista soberanía tiene que existir previamente libertad para votar, que existe, pero nada más que ello, pues conocimiento amplio de lo que se va a votar en relación a los intereses de clase a que pertenecen los electores y poder para que se ejecute el resultado (aspecto que se deja a la interpretación jurídica de la reglamentación burguesa), no. En la Constitución se relaciona la soberanía popular (poder del pueblo) con el derecho jurídico pero no con el poder político, que se otorga a los representantes de dicha soberanía, es decir, a los elegidos por medio del sufragio universal. La soberanía popular no recae en el pueblo sino en sus representantes.

Ya expresamos en anteriores artículos que los referéndums debe seguir el mismo criterio político que las elecciones dado que lo realmente importante para decidir si participar o no es el contenido de la consulta y la conveniencia política de clase, es decir, si favorece o no a los intereses de la clase obrera, que en el caso de Cataluña es así en opinión del MR porque se dirime la independencia de una nación de un estado opresor. Efectivamente el Estado español es un estado explotador y opresor pero no sobre Cataluña sino sobre la clase obrera en su conjunto, dado que no oprime a la clase dominante, a la burguesía, que ejerce su dominio a través de dicho estado sobre la clase obrera. Otra cosa muy diferente es que la fracción burguesa dominante del Estado español no quiera fraccionar al Estado en diferentes estados independientes (el Estado federal es una alternativas burguesa a la contradicción interburguesa entre la gran burguesía y la pequeña y mediana burguesía) pues debilita el poder de la burguesía en la tarea central que tiene que cumplir en la actual época del desarrollo capitalista (imperialismo): concentración y centralización de los medios de producción como medio para desarrollar las fuerzas productivas. No puede aceptar dos tendencias contradictorias: por un lado, impulsando un proceso de ruptura de las fronteras nacionales allanando el camino para la formación de bloques internacionales en donde deben regir las mismas normas económicas, jurídicas y políticas, y, por otro lado, impulsar un proceso inverso, de ruptura de los Estados nacionales, atomizando el poder de la clase y los medios de producción que obstaculizan dicho proceso. Este es el problema que tiene que afrontar la burguesía: extenderse a través de la concentración y centralización de la mano de la burguesía financiera o contraerse a través de la atomización de mano de la pequeña y mediana burguesía.

Una vez analizadas las premisas de las que se parten, vayamos a discutir las razones que se esgrimen para apoyar la independencia de Cataluña, o lo que es lo mismo, proponer el SÍ-SÍ en la consulta del referéndum sobre la autodeterminación. Creemos que los argumentos que se defienden no están bien meditados porque no se justifican desde un punto de vista marxista. Son tres fundamentalmente. Veamos:

Argumento 1:

«…que ello abriría un posible escenario de socavamiento de la hegemonía de la reacción española (…) y agudizaría probablemente las contradicciones en el seno del bloque imperialista europeo, entre por un lado, la España irrendentista y por otro, el resto de potencia imperialistas» (pág. 21)

Argumento 2:

«Por estos motivos nos inclinamos por la opción de un apoyo incondicional (estos es fundamental y lo abordaremos más abajo) al SÍ-SÍ, porque creemos que se atiene al principio internacionalista de apoyar lo que de progresivo tiene todo movimiento de liberación nacional en su faceta de lucha general contra la opresión» (pág. 21)

Argumento 3:

«Y también, y esto es lo fundamental, porque es lo que más impulsaría el desarrollo revolucionario del proletariado en el Estado español» (pág. 21)

Es verdad que la lucha por la independencia nacional tiene de positivo que es una lucha contra la opresión en general, pero hay que tener en cuenta una vez superada la primera etapa del desarrollo capitalista, si la independencia nacional no va unida a la lucha contra el imperialismo se convierte en reaccionaria pues no está dirigida a destruir y cambiar el carácter del Estado, sino a sustituir un Estado por otro del mismo carácter, es decir, a reemplazar la dirección del Estado pero no la clase que la dirige. Es importante porque de ello depende el carácter de la lucha y el apoyo social que pueda tener de las clases en lucha. Tal cual está situada la lucha por la independencia de Cataluña es una lucha por dirimir quien dirige el Estado, entendido éste como concentración de intereses de la burguesía contra el proletariado. Las distintas fracciones de la burguesía disfrazan el carácter y función del Estado y manipulan la lucha por su dirección ocultándola como un problema nacional para que el proletariado se coloque en una u otra trinchera sin atender a sus intereses como clase. No denunciar certeramente las maniobras de la distintas fracciones de la burguesía y hacer pasar por progresista la independencia nacional sin ir acompañada del carácter y posición antiimperialista es no comprender los cambios que se dan en la estructura material de la sociedad y cómo influyen en las posiciones políticas de las distintas clases ante hechos concretos de la realidad social. O, en el peor de los casos, desviarse hacia el oportunismo, que a todos nos puede ocurrir en determinadas actuaciones.

La defensa o rechazo a la intervención del proletariado en el referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña sigue siendo todavía un asunto de la vanguardia comunista puesto que no está reconstituida la línea proletaria revolucionaria, la cual es la única que puede incidir de una manera positiva sobre la opinión y actividad de la clase obrera. Toda intervención de la clase obrera sin estar reconstituida su vanguardia es puro voluntarismo, como así lo reconoce correctamente los camaradas del MR, aunque insisten por otra parte en que se debe participar pues va a incidir positivamente en fortalecer a la vanguardia proletaria al quedar patente que el «núcleo y germen del futuro movimiento comunista de masas no puede guardar ningún tipo de cuidado y apego hacia las formas y fronteras establecidas por la opresión»

Pero además hay argumentos que nada tienen que ver, en este caso, con la vanguardia para tener que justificar la participación del proletariado en el referéndum. Se toman prestados una serie de ejemplos que demuestran, según el MR, la utilidad de la participación, muy al estilo del más rancio oportunismo. Recurriendo a la conveniencia de poner en práctica un desconocido, hasta ahora, argumento.  Nos referimos a la necesidad de recurrir a la táctica como medio para convencer a mentes ávidas de una nueva realidad que, en el fondo, no es tal, pues no es más que el reflejo ideológico de un espejismo prefabricado:

«limar los roces y las desconfianzas nacionales entre obreros en las condiciones dadas», «socavamiento de la hegemonía de la reacción española», «agudizaría probablemente las contradicciones en el bloque imperialista europeo», etc.

El medido recurso de echar mano a una nueva realidad que se abre para justificar una posición es muy viejo en el movimiento comunista, aunque afortunadamente no ha dejado marcado en el camino fuertes convicciones. Los principios no pueden depender de la realidad concreta, sino que son una base inalterable extraída de la realidad general que se aplica a la situación concreta con el objetivo de transformarla mediante la praxis revolucionaria.

En este sentido, la participación o no del proletariado en la autodeterminación de las naciones oprimidas, como MR pretende en el caso de Cataluña, no depende de la «correlación de fuerzas entre el movimiento burgués de la nación opresora y el movimiento proletario de la nación oprimida», sino de las tareas políticas del proletariado revolucionario en la actual fase del desarrollo capitalista, que en el imperialismo es la preparación y realización de la revolución proletaria. Esta tesis del marxismo-leninismo hay que comprenderla en toda su complejidad, pues no podemos decir una cosa y hacer la contraria a la misma vez. Hay que comprender que el imperialismo ha enviado al baúl de la historia la tesis marxista que sostenía que había que apoyar todo tipo de lucha que tuviera como objetivo la liberación de las naciones oprimidas.

Conclusiones

El programa de la línea proletaria revolucionaria no puede aceptar, en el caso del Estado español, el concepto de Estado plurinacional pues, en su caso, sería asumir como suya la concepción revisionista del Estado que considera a éste no como el aparato organizado que concentra y aplica el poder de la burguesía contra el proletariado con la finalidad de reproducir las condiciones de la producción capitalista, sino como el instrumento necesario para llevar a cabo la conciliación de clases debido a las desigualdades sociales que provoca la sociedad burguesa mediante el impulso de medidas sociales que persiga la igualdad de oportunidades y el desarrollo de una política fiscal progresiva que grave al que más gane.

La burguesía, por su necesidad de que se reproduzcan estas condiciones, base de su existencia como clase dominante, cubierta una primera etapa, va transfiriendo al Estado mecanismos para su descentralización, lo que le permite ser más versátil: concentrar y centralizar el poder de su clase de acuerdo a cada etapa de su desarrollo histórico. La actual forma política del Estado español, el Estado de las Autonomías, no es más que la concreción de las necesidades del desarrollo del capital español teniendo en cuenta su imbricación con el capital internacional; con ello la burguesía ha conseguido un desarrollo capitalista interno lo más armónico posible, al articular del desarrollo económico de las diferentes Comunidades Autónomas con la política general del Estado y una integración lo más ventajosa posible en la cadena imperialista. Cubierta esta primera etapa, distintas fracciones de la burguesía autonómicas, pugnan por superar el statu quo actual elevándose hacia una nueva realidad: El Estado federal. O eso o independencia, esa es la cuestión que se vislumbra en el meollo de la disputa.

El programa de la línea proletaria revolucionaria no le niega a la pequeña y mediana burguesía su derecho a la autodeterminación, lo que le niega es la colaboración del proletariado en su lucha contra la gran burguesía para mejorar sus condiciones de existencia a costa de supeditar sus propios intereses estratégicos (preparar y desarrollar la revolución socialista) a la construcción de un nuevo Estado burgués. Detenerse en ello es una pérdida de tiempo que la revolución proletaria no puede permitirse pues distrae la atención de la vanguardia en la preparación de dichas condiciones creando confusión ideológica entre el sector más avanzado de las masas proletarias. En el imperialismo las posiciones de clase están muy delimitadas pues obliga a las clases a definirse claramente hacia una u otra posición ante la «inminente» revolución proletaria. Y en este sentido la pequeña burguesía lo tiene muy claro cuando le tocan a su bolsillo, su lema sigue siendo: capitalismo o muerte.

NOTAS:

[1]  V.I. Lenin, Problemas de política nacional e internacionalismo proletario, Akal, 1975

[2]  Dossier, Catalunya y el internacionalismo proletario: El debate en el seno de la vanguardia marxista-leninista. Junio 2016.

[3]  https://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Reformista_Democr%C3%A1tico

 

 

 

 

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