La Gran Mentira de los Nacionalismos

LA GRAN MENTIRA DE LOS NACIONALISMOS

Y OTRAS MEDIAS VERDADES

Todos los nacionalismos justifican su existencia con un argumento que es falso de cabo a rabo. Todos, sin excepción, recurren al concepto pueblo, auténtico cajón de sastre, como fundamento de su legitimidad, y con el inconfesado objetivo de ocultar su verdadera naturaleza burguesa. Es tras el pueblo donde se parapetan, con la intención de recabar el apoyo de todas las clases de una Nación o Estado, y defender los intereses de la burguesía como conjunto, o varias facciones enfrentadas.

El nacionalismo de gran nación que representan PP, PSOE y C`s se apoya en el pueblo español como expresión política de la integridad territorial de España para defender los intereses de la gran burguesía nacional e internacional, que es la que detenta el poder económico y político en el Estado español. Enfrente, el nacionalismo de pequeña nación representado por PdeCAT, ERC y la CUP, que detentan la mayoría de los escaños del Parlamento de Cataluña, se apoyan en el pueblo catalán como expresión política del derecho a la autodeterminación de Cataluña para defender los intereses de la pequeña y mediana burguesía catalana. Dos tipos de nacionalismo pero con un mismo fin común: la apropiación de la plusvalía extraída a la fuerza de trabajo asalariada, con la diferencia de que cada parte quiere gestionar el trabajo excedente originado en Cataluña de acuerdo a sus intereses de clase, no de todo el pueblo como incansablemente pregonan.

Una falsa verdad. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, como portavoz de la gran burguesía, ha hablado definitivamente, marcando el camino que va a seguir el Estado, confirmando lo que ya se intuía: si el gobierno catalán no renuncia a sus planes independentistas (eufemísticamente, si no se aviene a la legalidad) será destituido hasta la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas para restablecer definitivamente la normalidad democrática, de acuerdo con la Constitución.

Nos preguntamos si los resultados de las nuevas elecciones determinan que la mayoría del Parlamento de Cataluña es nuevamente de afinidad independentista, ¿cómo se va a restablecer la legalidad constitucional? Dos cosas al respecto: una, o están muy seguro de conseguir la mayoría parlamentaria las fuerzas políticas de la burguesía nacional españolista; otra, o van a imponer la legalidad constitucional mediante una involución político-policial, es decir, derrotar por la fuerza todo intento de defender la legalidad democrático-burguesa en Cataluña salida de las urnas. Estamos seguros que emplearán las dos vías, empezando por intentar aplastar y barrer del mapa cualquier intento de defensa de las instituciones burguesas catalanas para después, cual general Pavía, entrar en el Parlamento de Cataluña con la legitimidad que le otorga la mayoría en el Senado.

Otra falsa verdad: El presidente del Govern, Carles Puigdemont, como portavoz de las facciones de la burguesía catalana, está dejando ver a cuentagotas, no exenta de contradicciones, la posición que va tomando con respecto a las medidas que adopta el Estado en cada momento, dejándole la iniciativa. El argumento que envuelve la posición política del Govern (derecho a la autodeterminación) es la defensa de la democracia manifestado mayoritariamente en el turbulento referéndum del 1-O, en oposición al argumento de legalidad que esgrime la alianza PP-PSOE-C´s. Hay que reconocer que es un argumento potente en el contexto de la ideología burguesa, aunque falso si profundizamos en el concepto de democracia, ya que dicho concepto no es abstracto sino concreto, es decir, tiene apellidos, y es la democracia burguesa, la cual aceptan en su amplitud siempre que se le reconozca dicho derecho a la autodeterminación. Debemos recordar que el concepto burgués de democracia se constriñe al derecho que tienen los ciudadanos a elegir a sus gobernantes, y el derecho de la burguesía a explotar y oprimir al proletariado. Según lo determinan las leyes que representan la «voluntad popular» elegido libremente por medio del sufragio universal.

A los partidos independentistas catalanes no les quedará otra salida que el enfrentamiento directo o el sometimiento, sin medias tintas, si quieren mantenerse. Ya lo han comunicado una y mil veces: resistir es defender pacíficamente las instituciones catalanas, a la espera de otra torpeza autoritaria del Estado, lo cual permitirá reaccionar a la opinión pública internacional a favor de la lucha del pueblo catalán. Pero el independentismo no cuenta que la misma táctica es la que va a emplear la alianza de las fuerzas del intervencionismo, por la vía del 155, defendiendo la legalidad constitucional, a la espera de una respuesta «violenta» de los independentistas, la cual legitimará al Estado a usar la fuerza policial con el beneplácito de la Unión Europea y los gobiernos burgueses de la escena internacional.

La lucha se presenta, por las dos fuerzas enfrentadas, como si de una partida de ajedrez se tratara, esperando que el contrario cometa un error para ir ganando posiciones y conseguir terminar las partida con un jaque mate al adversario. Ante esta perspectiva ¿Cuál debe ser la posición que tiene que adoptar la clase obrera? Debe ser una posición de acuerdo a sus intereses como clase independiente, sin ataduras a los intereses de las distintas facciones burguesas presentes. El proletariado, como clase, ya es suficientemente madura para articular una posición propia, aunque desgraciadamente su situación política, la inexistencia del partido comunista, le impide adoptar la única posición que le permite afrontar su liberación como clase explotada y oprimida por el capital, la revolución socialista.

En la actual situación la posición más correcta es denunciar los intereses de ambas facciones de clase burguesas y defender una posición internacionalista: Ni capitalismo globalizado, ni capitalismo nacional. La lucha contra el imperialismo no tiene atajos, ya que en la actual etapa de desarrollo del capital está claramente acotada la intervención del proletariado en la derrota de la burguesía. La situación es propicia para reflexionar sobre la necesidad de la reconstitución del partido comunista como guía de la revolución y la revolución proletaria mediante la guerra popular. Al calor del auge del independentismo burgués se está reforzando el oportunismo que plantea que otra Unión Europea es posible, una suerte de imperialismo europeo de rostro humano, una Europa de los pueblos; frente a la perspectiva del marxismo-leninismo que plantea la lucha del proletariado de manera universal; porque contra el imperialismo no cabe otra táctica que la unidad ideológica y política del proletariado revolucionario en la consecución de la revolución proletaria mundial.

25 de Octubre 2017

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Un Castillo de Cristal

UN CASTILLO DE CRISTAL

Absurdo es suponer que el paraíso

Es sólo la igualdad, las buenas leyes.

El sueño se hace a mano y sin permiso

Arando el porvenir con viejos bueyes.

Silvio Rodríguez (Llover sobre mojado)

Un castillo es un edificio fortificado que, dependiendo del diseño y de los materiales empleados para su construcción, puede afrontar con cierta garantía los combates que se pueden librar ante sus muros y por los avatares del tiempo. Sirva este símil para comprender lo que les falta a las fuerzas independentistas de Cataluña cuando se enfrentan al poder del Estado burgués español: Que no tienen los mimbres necesarios para conquistar su independencia, pues todo se apuesta a la aplicación de las normas democráticas burguesas, es decir, al voto,  pensando que la simple acción de depositar una papeleta en una urna se va a convertir en el magnífico ariete que va abrir las puertas de la libertad que les priva el Estado de la Monarquía borbónica. Y ello, lógicamente, no es suficiente cuando hablamos de lucha de clases.

Para adoptar una dirección correcta en cualquier posición política hay que tener en cuenta, al menos, tres aspectos: a) la principal, adoptar con decisión una posición de clase clara, b) analizar con detenimiento nuestras propias fuerzas con el objeto de tensarlas y fortalecerlas, y c) analizar concienzudamente las fuerzas del contrario para intervenir sobre ellas con la intención de desorganizarlas y debilitarlas.

Sin tener en cuenta estos tres aspectos no se debería iniciar una lucha si el propósito es ganarla, pues ésta más bien descansa en una posición voluntarista y subjetivista de la realidad, lo que es contrario al materialismo dialéctico que debe prevalecer en la dirección de nuestra actuación. Ello viene al caso por la posición que determinadas organizaciones comunistas han adoptado ante la lucha por la autodeterminación de Cataluña, poniendo toda la carne en el asador por el derecho que tienen las masas populares catalanas a decidir si independizarse del Estado español como medio para construir un nuevo Estado, lo que puede contribuir –argumentan- a profundizar en la crisis política del Estado español.

A medida que pasaban los días se ha asumido el relato de las fuerzas independentistas, que se puede resumir en que la mayoría de la población catalana es partidaria de la secesión del Estado español. Pero esto se muestra muy cuestionable, pues existe otra parte al menos tan importante de electores, desde el punto de vista cuantitativo, contraria a la independencia. Lo que narra ese relato es únicamente cuál es la opción de los electores para determinar la fuerza y el derecho de una u otra opción. Nada más que eso, no nos llevemos a engaños. El relato no hace referencia a la fuerza política con que se cuenta para la lucha, es decir, de las opciones que se enfrentan en una batalla por conquistar la hegemonía política, pero estas se miden por otros parámetros (la capacidad para imponer política e ideológicamente las razones del cambio político, es más profunda que la que electoralmente aparece), donde el aspecto electoral es lo secundario. De esto último no se hace mención en ningún momento durante el relato, se habla exclusivamente de que son más numerosos y de que tienen el derecho democrático a la autodeterminación, olvidando que el derecho se mide por la fuerza real que se tiene para conquistar esos pretendidos derechos. Todo se ha apostado al voto, llegándose a  decir que la autodeterminación depende de los votos, cuando el más torpe de los mortales sabe que hasta la subida del salario en una empresa depende de la fuerza colectiva de los obreros ante su patrón.

Hemos dicho que la posición política de clase es clave para conseguir el objetivo y encarrilar la marcha de la lucha, siendo de sobra conocido que la dirección de la lucha por la independencia de Cataluña la detenta la pequeña y media burguesía catalanas, y que, al no estar compartida con el proletariado, se desarrolla por los derroteros que marca la posición burguesa. La pequeña y mediana burguesía no rebasará nunca sus márgenes, porque sus intereses económicos y posición política no se lo permiten, y menos aún cuando no siente el aliento en el cogote del proletariado revolucionario. Incluso así es timorata, vacilante y traidora, llegado el momento en donde se tenga que decidir entre capitalismo o socialismo. El PDeCAT y ERC no se enfrentarán al Estado burgués con decisión si tienen que decidir entre este o un Estado proletario, más bien tenderá a negociar las mejoras que le pueda ofrecer el Estado español y conseguir su beneplácito. Con estos mimbres no se puede hacer la canasta que pretenden, mucho menos derribar los muros que han ido construyendo conjuntamente con el resto de la burguesía del Estado español.

Y de la CUP ¿qué se puede decir? A tenor de lo visto, dos cosas a tener en cuenta: hay que reconocerle su papel decidido en la planificación y desarrollo de las movilizaciones que se han llevado a cabo, lo que constituye un gran acierto, pero ello no puede nublar lo que se ha puesto de manifiesto con claridad, su posición voluntarista por la creencia ciega de que la independencia de Cataluña se puede conseguir por medios democráticos, lo que responde más a su carácter de pequeña burguesía radicalizada que a una ingenuidad, que el Estado, es decir, la parte de la burguesía imperialista, se va a quedar de brazos cruzados contemplando cómo se cuentan los votos sin hacer nada para evitar la independencia de Cataluña.

La CUP tiene que comprender que el capitalismo no es sólo su forma política, Monárquica o Republicana, por muy democrática que aparenta ser; sino sobre todo, un modo de producción basado en relaciones sociales de producción en donde impera la propiedad privada capitalista y la explotación del trabajo asalariado que hay que destruir para poder sustituirlo por unas relaciones que concuerden con la propiedad social de los medios de producción y la apropiación social de la Naturaleza. Y todo ello bajo la dirección del proletariado revolucionario.

La destrucción del poder social de la burguesía no es obra de la evolución democrática de las relaciones económicas y políticas burguesas a través de la intervención pública de la sociedad, sino de la organización política y militar del proletariado revolucionario que asume el poder por la asunción y desarrollo de la guerra popular. Sin ello es imposible la derrota de la burguesía y, por tanto, es tiempo que se pierde en las luchas que no tengan dicho objetivo, permitiendo el mantenimiento de los cimientos de la sociedad capitalista, dado que no crea las condiciones políticas para sustituir dicho poder social burgués por el poder social proletario de acuerdo con el porvenir de la Sociedad y la Naturaleza al servicio de los seres vivos.

Los comunistas revolucionarios tenemos que intervenir en esta lucha, pero no para apoyar la fundación de una nueva República burguesa, sino para difundir el marxismo leninismo en el fragor de la lucha y el papel histórico del proletariado en el modo de producción capitalista: destruir el capitalismo a través de la guerra popular y construir el socialismo como paso previo a la construcción de la sociedad comunista donde se extinguirán las clases sociales.

Tenemos que construir el ariete que nos permita destruir el castillo dentro del cual se parapeta la burguesía, que nos sirva para destruir las relaciones sociales de producción que esclavizan a la mayoría de la población que habita este planeta. Y ello se hace reconstituyendo el partido comunista en cada país y construyendo la internacional comunista de nuevo tipo.

  ¡Por la revolución proletaria mundial!

¡En lucha por el comunismo,

en lucha por la eliminación de las clases sociales!

 19 Octubre 2017

 

 

 

 

Contra Cualquier Nacionalismo

Contra cualquier nacionalismo,

enarbolemos la bandera del comunismo

A la espera de que se desarrollen los acontecimientos derivados de la lucha por la independencia de Cataluña, y el necesario balance general por elaborar, en donde aparecerán numerosos aspectos de relevancia para la lucha universal de la clase obrera, creemos necesario realizar un primer análisis por la importancia del momento político que se está viviendo.

Nuestro colectivo ha manifestado en repetidas ocasiones que la clase obrera no debería participar activamente en la lucha por la independencia de Cataluña al lado de las fracciones burguesas que la están impulsando, pues entendemos que en la etapa imperialista no es una lucha específica de su clase dado que en las actuales circunstancias en el Estado español (Estado imperialista, inexistencia del partido revolucionario, desorganización de la clase, etc.) esta reivindicación adquiere un marcado carácter burgués, lo que entorpece políticamente su objetivo último, que no es otro que la toma del poder político para la construcción del socialismo como etapa intermedia para la sociedad comunista. En las actuales circunstancias el objetivo político y el contenido de la lucha que se desarrolla por la autodeterminación de Cataluña queda meridianamente claro que los intereses de clase del proletariado se supeditan a los intereses de las fracciones burguesas que dirigen el procés (Cataluña como único argumento político), a la vez que se intenta barnizar el “oxidado” concepto marxista de clase por el más moderno y transversal de “nación” o “pueblo” con el objeto de darle protagonismo a la pequeña y mediana burguesía, erigiéndose esta en abanderados de la lucha del pueblo catalán frente a los intereses de la burguesía imperialista, indicándo a la clase obrera el camino por dónde debe transitar en su lucha contra el Estado monopolista, lo que no es más que una maniobra para intentar rejuvenecer un régimen caduco con el objetivo de perpetuarlo.

Que la clase obrera no tenga una actuación activa en la lucha por la independencia de Cataluña no quiere decir que no participe activamente contra la política de ambas fracciones de la burguesía en disputa, tanto la imperialista (gran burguesía española y catalana) como la no imperialista (pequeña y mediana burguesía española y catalana) en sus distintas versiones. La burguesía imperialista asentada en el Estado dirige y gestiona sus intereses por medio del PP y el apoyo abierto o velado de C´s y PSOE, lo que entra en colisión con los intereses de fracciones de la burguesía a las que la crisis económica ha debilitado su poder e influencia sobre las decisiones generales del Estado y, sobre todo, sus beneficios, que han sido seriamente reducidos por su supeditación al capital imperialista. Porque éstas son, sin duda, las razones últimas que empujan el proceso de independencia de Cataluña, determinando las posiciones y acciones de las distintas fracciones de la burguesía. El núcleo de la problemática que desencadena la lucha es la disputa por el control, gestión y apropiación de los recursos del Estado originados por la apropiación de la plusvalía generada por el trabajo asalariado. No hay que olvidar que Cataluña representa económicamente el 20 % del PIB nacional, es decir, la primera comunidad económica de Estado (sin embargo es la cuarta en cuanto al PIB per cápita y la 17º en cuanto a deuda por habitante se refiere, sin olvidar qur tiene una deuda récord, un 35,3% de su PIB y una deuda per cápita de 10.095 euros por habitantes). Lo cual no es moco de pavo tanto para el Estado (para el desarrollo de la política de la burguesía imperialista y su encaje en el bloque imperialista europeo), como para la burguesía catalana que se quiere independizar del Estado español para formar un nuevo Estado con nuevas aspiraciones en el bloque imperialista europeo e internacional.

No hemos cambiado nuestro posicionamiento, ni desde el punto de vistas estratégico ni desde el táctico: seguimos pensando que la clase obrera no debe participar en la resolución de la contradicción interburguesa con el apoyo a una u otra fracción burguesa. Haber defendido el boicot al referéndum no es apoyar de facto, ya sea directa o indirectamente, al nacionalismo chovinista de gran nación como se nos acusa por algunas organizaciones comunistas, pues no tienen en cuenta que, a la vez que criticamos a los dos manifestaciones de nacionalismo (el españolista y el catalanista), defendemos por encima de todo el internacionalismo proletario, es decir, las unidad ideológica y política a nivel internacional de la clase obrera contra el capital, la política general de la clase obrera para preparar las condiciones generales de la revolución proletaria mundial, que es la gran ausente en la presente lucha.

Más, cuando la lucha entre las fracciones de la burguesía en Cataluña ha puesto de manifiesto hasta ahora, entre otros aspectos que más adelante tendremos que analizar con detenimiento, dos cuestiones generales a tener en cuenta:

1) El carácter de clase burgués del Estado español (la represión no lo emplea exclusivamente el Estado fascista, ya que no es monopolio suyo, sino de cualquier forma de gobierno burgués, como es el democrático, ya sea monárquico o republicano), que no ha dudado en utilizar la represión jurídica y policial contra la lucha del movimiento independentista catalán. Todo el mundo ha podido comprobar cómo han actuado la policía y guardia civil a la hora de ejecutar las órdenes de los aparatos del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial), que no han dudado en utilizar el poder represivo que les otorga la ley burguesa para reprimir con saña el clamor de la calle, movilizándose para poder votar y expresar su opinión sobre un tema que consideran importante -en ello también incluimos cualquier otra policía, sea autonómica o municipal, y fuerza militar, como es el ejército, que no están al servicio del pueblo sino de las necesidades del Estado. Es característico del Estado burgués este comportamiento ante cualquier reivindicación o lucha que entorpezcan los intereses de las fracción burguesa que pilota el poder político, que lo hace siempre en nombre de LA LEY, cuando en realidad quiere decir SU LEY (es una forma recurrente de cualquier gobierno), poniendo de manifiesto que no es neutral, como pretende mostrarse, sino que existe para salvaguardar los intereses de la clase dominante. ¿Quién dice que no se pueden cambiar las leyes sacrosantas del capital? La clase que detenta el poder económico y político no quiere por supuesto que cambie nada que esté al margen de sus intereses.  ¿Quién dice que el procedimiento de cambiar las leyes se tiene que someter a lo que digan las leyes?. El contenido del ordenamiento jurídico no está por encima de las clases, sino que es el resultado de dos factores interconectados: De las condiciones sociales de la producción y de la correlación de fuerzas entre las clases en disputa, que es la que hace bascular el contenido de dicho ordenamiento hacia una u otra dirección. 

2) El carácter burgués de la pretendida república catalana -siendo lo único de nuevo que propone es la independencia de Cataluña para formar un nuevo Estado dentro de la UE- no dudando en movilizar bajo su dominio todas las fuerzas que se puedan levantar contra las burguesía imperialista española para conseguir su objetivo. Ello lo hace en nombre del derecho a la autodeterminación para dirigir su destino, lo que pone de manifiesto que el aspecto principal de la lucha bajo su dirección es el interés de la nación (forma en que se encubre el interés de la clase dominante) por encima del interés de las clases. Ya veremos hacia dónde se dirigen a partir de ahora los pasos de los partidos que han abanderado la independencia de Cataluña, dando una clara referencia los titubeos de algunos dirigentes del PdCAT que apuestan por enfriar la lucha en la calle para dar un espacio a la negociación con el gobierno de Rajoy reconduciendo la negociación hacia las vías institucionales.

Y para terminar, hacemos un llamamiento  a la clase obrera a luchar, en la medida de las posibilidades en cada ciudad, contra las manifestaciones represivas y políticas del Estado español, dejando para el reformismo y el oportunismo el enaltecimiento y la defensa de los valores  democráticos burgueses bajo el epígrafe de las libertades individuales que consagra la Constitución del 78, que no es otra cosa QUE LA MÁSCARA AMABLE DE LA EXPLOTACIÓN Y OPRESIÓN DE LA BURGUESÍA. El nivel de la lucha dependerá de la capacidad de organización en cada  ciudad, aunque ello no debe ser un impedimento para que los comunistas impulsemos una línea en donde se articule la lucha de las distintas ciudades bajo una dirección común: la difusión de la ideología proletaria por encima de cualquier ideología nacionalista a través de la propaganda y la movilización mediante el reparto de hojas, banderas rojas, pancartas y otros medios de expresión.

Por el internacionalismo proletario

Por la revolución proletaria mundial