No hay Liberación de la Mujer sin Lucha por el Comunismo

La emancipación de la mujer trabajadora

es inseparable de la victoria de su clase entera.

Logrará su verdadera emancipación solo cuando sea victoriosa su clase.

Mao Tse-tung

Este 8 de Marzo, como cualquier otro día, lo queremos dedicar a las millones de mujeres, heroínas anónimas, que,  junto a los varones proletarios, lucharon contra la explotación asalariada y por los derechos de la mujer, dejando sus vidas en las trincheras de la revolución proletaria para hacer realidad la emancipación de la clase obrera y los derechos de la mujer en particular.

Si echamos la vista atrás, podemos comprobar que el día internacional de la mujer trabajadora, se va desarrollando y consolidando en la historia dentro de la lucha de líneas librada entre las dos tendencias que conformaban la socialdemocracia de finales del S. XIX y principio del XX, entre la línea reformista y la revolucionaria.

A partir de los sucesos de 1908, originados en Nueva York en los que 129 mujeres fueron quemadas en sus puestos de trabajo, se desencadenó un movimiento de protesta, huelgas y manifestaciones que se extendió desde EE.UU. a Europa.  A raíz de este suceso, las mujeres socialistas y comunistas (principalmente de Alemania y Rusia), activistas feministas, se hicieron eco de estos acontecimientos y, a partir del II congreso internacional de mujeres celebrado en Copenhague en 1910, y a propuesta de Clara Zetkin, declararon el 8 de marzo día internacional de la mujer trabajadora y  que se celebraría en todos los países ese mismo día, como una jornada de lucha,  de solidaridad  y que sirviera de guía para valorar la lucha de las mujeres a nivel internacional y su compromiso en la defensa de la revolución por el socialismo. Si bien la socialdemocracia alemana defendía públicamente la lucha por la revolución proletaria y el apoyo a las reivindicaciones de las mujeres, detrás escondía su verdadero interés político, que no era otro que acaparar el voto femenino de izquierda en clara oposición al interés de las activistas feministas defensoras de los intereses de la clase obrera y de la revolución proletaria. Las consecuencias a esta traición no se hicieron esperar, pues muchas de estas luchadoras mujeres abandonaron las filas de la socialdemocracia uniéndose a la fracción bolchevique. Por su parte la socialdemocracia boicoteó a las activistas feministas retirándoles el pasaporte cuando pretendían organizar el día 8 de marzo de 1915-1916 una manifestación de mujeres obreras en los países neutrales en contra de la guerra imperialista, contraria a la política oficial del partido que era la de apoyar a su burguesía en dicha guerra.

En Rusia, las mujeres organizadas en el partido bolchevique, hicieron un frente común de lucha contribuyendo a acabar con la tiranía  zarista, desarrollando un trabajo militante con las mujeres proletarias, amas de casa y campesinas, uniendo la reivindicación por el derecho al voto a la lucha por la revolución, que culmino el día 23 de febrero de 1917 (8 de marzo calendario juliano) en una jornada de lucha prerrevolucionaria en Petrogrado, donde miles de mujeres obreras, campesinas, amas de casa, sirvientas, etc. Inundaron las calles de la ciudad en una gigantesca manifestación de mujeres exigiendo al gobierno pan para sus hijos y el regreso de sus maridos de las trincheras de la guerra imperialista por el reparto del mundo, manifestación a la que se sumaron miles de obreros metalúrgicos y de las fabricas de municiones, del comercio, y lo que fue la convocatoria de un acto para conmemorar la lucha de las mujeres en unas condiciones de clandestinidad y represión, se convirtió en un levantamiento popular que duro una semana de lucha, huelgas, manifestaciones y revueltas acelerando el triunfo de la revolución derrocando al gobierno zarista y a los traidores a la revolución. Con ello quedó demostrado que la participación de las mujeres en la lucha por la conquista de sus derechos junto al proletariado (varón) es fundamental para el triunfo de la revolución, y la revolución imprescindible para la conquista de la igualdad real entre sexos y para el inicio de la lucha en el socialismo y  la conquista de la emancipación total en el comunismo. Camino que necesariamente hay que transitar si realmente se quiere conseguir estos objetivos.

Con el triunfo de la Revolución proletaria en la república Soviética se hizo realidad la conquista de estos derechos. Las mujeres ya podían participar en los órganos del poder obrero, creándose residencias gratuitas para las mujeres antes y después del parto y la socialización del trabajo de los cuidados, derecho al divorcio, prohibición del trabajo infantil, entre muchos otros.  Con la conquista de estos derechos y su reconocimiento en la ley se abre una nueva etapa de lucha para la consolidación real de estos derechos en la vida real, cotidiana, pues con ellos se hereda también todo un pasado de subordinación,  hábitos, preponderancia y brutalidad masculina  y la conciencia en una mayoría de mujeres de que las tareas del hogar tienen que realizarlas ellas. En esta etapa de la revolución las mujeres tienen una gran tarea por delante: seguir combatiendo la ideología machista, incorporar a las mujeres en la construcción de la nueva sociedad, construir unas nuevas relaciones afectivo- sexuales de acuerdo con las nuevas relaciones de producción y distribución que rompan con la dependencia del hombre heredada de la vieja sociedad.

Revolución feminista o revolución proletaria

Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la mujer Trabajadora la vanguardia del movimiento feminista del Estado español ha hecho público un manifiesto reivindicativo y de lucha que culmine con una huelga general de mujeres el día 8 de marzo, dando inicio a la campaña para hacer visible el papel de las mujeres en la sociedad actual, igualando a todas las mujeres, ya sean burguesas o proletarias. Convocatoria a la que se han sumado todos los partidos políticos del arco parlamentario, excepto PP y C´s, y los sindicatos colaboracionistas, compañeros de viaje en la tarea de reformar y apuntalar el Estado burgués, que lo conciben como neutral a la hora de abordar las contradicciones entre clases antagónicas, exigiéndole al Estado  un programa de reformas que desarrolle e implemente políticas para las mujeres que hagan posible la igualdad entre los sexos, que acabe con la violencia machista en todos los ámbitos de la sociedad, el reparto de la riqueza social, el reconocimiento de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos, y de todas las identidades de género. Un programa de reformas que agrupe en torna a él  a todo el género femenino sin distinción de clases, desde las burguesas a las más humildes y doblemente explotadas mujeres asalariadas, amas de casa, emigrantes y estudiantes, para que las mujeres ocupen en la sociedad el lugar que les corresponde como ciudadanas de pleno derecho, condición social que les niega el Estado patriarcal y machista, causa y raíz de la de la desigualdad de las mujeres que las relega a un segundo plano en la ocupación de cargos políticos en las instituciones y administración del Estado, en la investigación y consejos de administración de las grandes empresas y corporaciones, que les permita humanizar las instituciones con su integración y con ellas las políticas sociales del sistema capitalista, ofreciéndoles a la burguesía, a cambio de su ascenso en la carrera política y de empoderamiento social, una batería de reformas que aten el futuro de las mujeres y la humanidad a los designios e intereses del capital, tergiversando y falseando para ello, los principios y enseñanzas que nos aporta la lucha llevada a cabo por las mujeres socialistas y comunistas junto al proletariado internacional por la conquista de los derechos de las mujeres, y unida a la lucha por la revolución proletaria que tanto dolor y muerte costó a la clase obrera y masas populares en la conquista de estos derechos.

Con la derrota de la mujer por el hombre en el matriarcado, y con ella la imposición de la división sexual del trabajo, relación social asumida por la sociedad burguesa en las familias obreras, las mujeres son relegadas a la realización de las tareas domesticas, el cuidado de los hijos, enfermos y mayores, relación que desencadena un conflicto de intereses entre los sexos y la explotación de las amas de casa (trabajen o no fuera del domicilio familiar), tareas que les impone una serie de limitaciones en su desarrollo personal y profesional para poder competir con el hombre  en igualdad de condiciones en el mercado laboral.

Con la implantación de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases sociales antagónicas, las mujeres, como parte de la totalidad orgánica de la sociedad, no son miembros aislados de la misma y como tal pertenecen a una clase social determinada según su procedencia y el papel que desempeñan en la producción social y la familia. Con la incorporación de la mujer al trabajo productivo social, se van poniendo de manifiesto los  problemas que las mujeres pertenecientes a la clase obrera tienen que sufrir a lo largo de su vida: explotación, discriminación, maltrato y desigualdad manifiesta con el hombre (también explotado por el capital) por su condición de mujer doblemente explotada, consecuencia de las relaciones capitalistas de producción, un sector de la población femenina (dependiendo de las necesidades de la producción) están forzadas a vender su fuerza de trabajo al capital a cambio de un salario, para su propio sustento y el de la familia. La relación de compra-venta de su fuerza de trabajo lleva implícita la explotación de las mujeres por el capital.

No todas las mujeres sufren la opresión, no todas sufren la doble explotación. Problemas que no tienen las mujeres  pertenecientes a la burguesía y pequeña burguesía, puesto que ellas tienen medios económicos para contratar a otras mujeres y liberarse de las penosas y embrutecedoras tareas domésticas.

La vanguardia feminista que lidera este movimiento espontáneo pasa de largo de esta realidad omitiendo la causa material y social de los problemas de las mujeres de la clase obrera,  desvirtuando y tergiversando la realidad para centrar la causa de la desigualdad y discriminación de las mujeres en la relación genero-sexo y en el patriarcado como sistema desligado del régimen capitalista de producción, haciendo causa común al meter en el mismo saco a todas las mujeres, al margen de las clases y los antagonismos de clases.

Las mujeres pertenecientes a la pequeña burguesía (profesionales, aristocracia obrera) a lo largo de la historia y en todos los países capitalistas han escalado y conquistado puesto de relevancia política en la administración y dirección del Estado burgués, desde la dirección del ejército a presidenta de gobiernos y cargos en las instituciones de las económicas, nacionales, europeas e internacionales, siempre y cuando no cuestionaran la propiedad privada y la acumulación de capital. Con estas conquistas han dejado muy claro cuál es el techo de cristal que el Estado pone a los derechos democráticos en cuanto a la política de género.

La dictadura del proletariado única vía para conquistar la igualdad y la emancipación total de las mujeres en el comunismo.

¿Por qué las mujeres están llamadas a hacer la revolución proletaria? Porque la igualdad real entre mujeres y hombres solo se puede conseguir con la derrota del régimen capitalista de producción y la instauración de la Dictadura del Proletariado para que siente las bases para la construcción de una nueva sociedad de hombres y mujeres libres, que destruya las viejas relaciones de producción y distribución burguesas, origen de la explotación del trabajo asalariado de ambos sexos, y que somete a las mujeres a la esclavitud del trabajo doméstico y a la dominación del hombre sobre la mujer.

Si analizamos la causa de las mujeres, desde la experiencia histórica de las revoluciones que nos precedieron y concretamente desde la revolución de octubre con un espíritu crítico a la luz de las premisas que establecieron Marx y Engels, hay que afirmar y profundizar que en el sistema capitalista las mujeres están doblemente explotadas. Es un hecho constatado diariamente:  como mujer asalariada tiene que vender su fuerza de trabajo al capital y como ama de casa tiene que producir y reproducir la fuerza de trabajo asalariada socialmente necesaria para que la emplee el capitalista según las necesidades de la producción, en función del poder que le otorga la propiedad privada sobre los medios de producción y su dominio como clase social dirigente, funciones que se manifiestan en la división de la sociedad en clases sociales antagónica y la división sexual del trabajo. División esta ultima que lleva a los obreros a comportarse como burgueses en sus relaciones con las mujeres en general y en particular con su esposa y sus hijos. Si damos como correctas estas premisas, llegamos a la conclusión de que las mujeres tienen dos revoluciones pendientes que realizar para liberarse de su condición de mujer doblemente explotada. En primer lugar, la revolución proletaria junto al proletariado (masculino) y masas populares para, mediante la Guerra Popular, derrotar al régimen capitalista de producción e instaurar la Dictadura del Proletariado. Gobierno del proletariado que se constituye en clase social dominante  para construir la nueva sociedad socialista, etapa ésta necesaria  para llevar a cabo una revolución cultural que conduzca a la conquista de la igualdad real de hombres y mujeres en todos los órdenes de la vida, eliminando todas las barreras sociales, económicas, políticas e ideológicas heredadas de la sociedad burguesa, e incorpore a esta tarea a todo el género femenino, y así participar en todos los estamentos de la sociedad. La sociedad socialista ya no se regirá por la división sexual del trabajo sino por las capacidades de mujeres y hombres proletarios y esta  incorporación de las mujeres a la vida política, a la educación, al arte etc. irá creando una nueva ideología social, consecuencia de las nuevas prácticas sociales, en los comportamientos y relaciones entre ambos sexos, que conduzcan al reconocimiento como iguales entre ambos sexos, y  al desarrollo y bienestar social de la humanidad en completa armonía y respeto con la naturaleza.

Hoy, esta fase decadente y depredadora del capitalismo desarrollado o imperialista, en su incapacidad para resolver los problemas de la clase social que lo alimenta (el proletariado internacional), genera legiones de desplazados, hambrientos, racismo, enfermos, parados, maltratadores, excluidos, guerras y saqueos que rayan el exterminio de sus poblaciones, y con millones de migrantes, muchos de ellos muriendo, en busca de un futura mejor que nunca llega. ¿Qué sentido tiene ofrecer a la burguesía un programa de reformas, que no es más que intento desesperado por prolongar esta agonía, a cambio de unos cuantos puestos en la administración del Estado y prebendas obtenidas de la explotación de las mujeres que dicen defender? Es cuando menos una tramposa salida para la emancipación para la Mujer y la Humanidad en su conjunto, puesto que no se rompe con los grilletes de la opresión y de la explotación a que estamos sometidas las clases asalariadas.

En la actual situación, con el imperio de la ideología burguesa propagada por el el feminismo burgués y el revisionismo en el seno del movimiento de mujeres, la vanguardia marxista-leninista tiene  que ir construyendo una ideología alternativa que se contraponga y combata las creencias, normas y leyes del sistema capitalista en la tarea de la construcción del partido comunista de nuevo tipo. Hacer un frente común entre mujeres y hombres proletarios por una sola lucha contra el capital y su Estado.  Este sería el mejor homenaje que podemos hacer a la clase obrera en general y a las mujeres proletarias en particular por la conquista de su liberación total que será en la lucha por una sociedad comunista. 

Anuncios