La Violencia Machista

Tú, que lo cuestionas todo: Las relaciones del alumno con el maestro, las relaciones del obrero con el patrón.

¿Has pensado en cuestionar también las relaciones entre hombre y mujer?”

Cartel en la Sorbona ocupada, mayo 1968

DIVISIÓN DE LA SOCIEDAD EN CLASES

Y VIOLENCIA MACHISTA

La violencia machista cabalga con ímpetu por todos los rincones del planeta, lo mismo en las grandes urbes como en los pueblos más recónditos. No es un problema achacable al atraso económico del entorno social ni a la mentalidad feudal de sus pobladores, sino más bien está determinado por unas relaciones sociales de producción, y que se propaga mediante la ideología dominante que le acompaña incubándose en la cabeza de millones de hombres sin atender a su condición social, pues la violencia machista está instalada en todas las clases sociales sin excepción, ejercitándose tanto en su seno mediante el binomio hombre/mujer (opresión de género) como fuera de su seno mediante el binomio burguesía/proletariado (explotación de clase).

La violencia machista no la podemos considerar como fruto de un comportamiento individual (que unos hombres sean más brutos que otros), aunque el agente que la realice sea individual, sino de unas condiciones materiales que tiene sus raíces en sociedades divididas en clases, en donde la mujer proletaria, en el caso del capitalismo, no es sólo explotada socialmente como los hombres proletarios, sino también oprimida individualmente por hombres de todo tipo que se apoyan en costumbres sociales que reproducen ideológicamente que la mujer es inferior al varón (debido a sus condiciones físicas) o, en el mejor de los casos, complemento de él.

Como decimos, la violencia machista no es una realidad individual y fortuita fruto de la brutalidad masculina, ni tampoco que forma parte de la genética humana, sino simplemente la manifestación de una relación de poder económico y dominio ideológico que los hombres ejercen sobre las mujeres como relación social, que en determinados casos se lleva al extremo a través de la violencia sexual o física, o ambas a la vez. Esta relación social toma cuerpo en la Historia cuando la mujer es derrotada por el hombre (en la sociedad comunitaria o matriarcado) con la imposición en la familia de la división de tareas entre los sexos, división que trasciende a las sociedades de clase.

En la sociedad burguesa la violencia ejercida contra las mujeres está inscrita en la genética de la propiedad privada, en la división en clases de la sociedad y en la división sexual del trabajo en la familia burguesa, sin que exista ninguna razón objetiva (natural o social) en la que se pueda sostener la existencia del maltrato y la doble explotación a la que está sometida la mujer proletaria que  no sea el frío cálculo egoísta del capital en la extracción de plusvalía, y el interés de los hombres (sean proletarios o burgueses) en el mantenimiento de sus privilegios y supremacía sobre las mujeres por razones objetivamente distintas.

Las relaciones sociales de producción capitalistas determinan en el seno de las unidades familiares proletarias unas condiciones de existencia basadas en la división sexual de las tareas domésticas con el objeto de reproducir lo más barato posible la fuerza de trabajo asalariada para que no se entorpezca el proceso de acumulación de capital. Es por esta razón por lo que la mujer proletaria es confinada, en una primera fase capitalista, al cuidado y mantenimiento de la familia en el hogar, y posteriormente, con el desarrollo del capitalismo, al sometimiento de la mujer a la doble jornada de trabajo, una en la unidad de trabajo produciendo plusvalía, otra en la unidad familiar realizando las tareas domésticas de manera gratuita para el capital.

Desde estos planteamientos abordamos la problemática señalada, con el convencimiento de que se separan radicalmente de los planteamientos y soluciones del reformismo político y el feminismo burgués, que sólo aportan soluciones desde el campo jurídico al concebir la violencia machista como un fenómeno individual fruto de la brutalidad animal que todavía condiciona el comportamiento social del hombre. Bajo esta concepción, la violencia machista es reprimida por medio de una batería de leyes que persiguen al infractor, al varón violento (al agente de la violencia) sin ahondar en sus causas sociales (la violencia propiamente dicha), porque de lo contrario tendrían que poner en entredicho las relaciones sociales que la producen.

La lucha por la igualdad hombre/mujer

El feminismo burgués ha centrado históricamente su acción en la aplicación plena de la igualdad jurídica entre los sexos, llevándola del terreno civil al laboral, como instrumento para lograr la plena igualdad entre los sexos. Junto a este objetivo considera necesario combatir, desde el punto de vista jurídico, la erradicación de la violencia de género por considerarla un drama sangrante al que se tienen que enfrentar la mayoría de las mujeres.

A partir de la década de los 70 se produce una eclosión del movimiento feminista, poniéndose de manifiesto su fuerza y su hábil forma de penetración en el movimiento obrero. La mayoría de las mujeres que han encabezado el movimiento han sido intelectuales de la pequeña burguesía que trasladaban al seno de la clase obrera una visión burguesa de la lucha por la igualdad de sexos y, posteriormente, contra la violencia de género. Los partidos reformistas de la izquierda democrática se apuntaban al carro de dicha concepción pues reforzaba y aumentaba su censo electoral entre las mujeres pertenecientes a la clase obrera, no poniéndose en entredicho las causas sociales de dicha violencia de género, lo que celebraban con entusiasmo.

Si bien es cierto que estas políticas acortan las diferencias en el terreno de la igualdad formal entre mujeres y hombres, dando un tinte progresista al Estado con la incorporación de un determinado número de mujeres de la pequeña burguesía a los parlamentos burgueses, cargos directivos empresariales, ministerios y fuerzas armadas, etc., no es menos cierto que pone de manifiesto el límite y el carácter burgués de estas políticas. Mientras estas distinguidas señoras se realizan política y profesionalmente, lo hacen a costa de la explotación de las mujeres empleadas del hogar, poniendo de manifiesto que en el capitalismo la lucha por la igualdad formal entre mujeres y hombres implica la explotación y desigualdad de unas mujeres por otras y en peores condiciones laborales que los hombres. La lucha contra la violencia machista y la igualdad entre mujeres y hombres tiene sus límites en la promulgación de leyes, que son papel mojado para la clase obrera (ya sean mujeres o hombres) en declaraciones de buenas intenciones y en la foto del día después de los asesinatos de todo el cuerpo institucional del Estado y su séquito de burócratas políticos y sindicales, verdaderos puntales y defensores del régimen, pues consciente o inconscientemente están defendiendo las políticas que generan y reproducen la violencia machista: la división en clases de la sociedad.

El debate y lucha contra la violencia machista cobra mayor o menor protagonismo dependiendo del resultado que arroje el balance de las estadísticas oficiales en la contabilidad de mujeres y niños asesinados en un periodo de tiempo determinado y su aproximación a los objetivos que marca la Ley Orgánica contra la Violencia de Género para combatirla. Objetivo que centra la polémica desatada entre el gobierno y el movimiento reformista en el número de asesinatos contabilizados por uno y otro bando, barómetro y punto de partida del movimiento feminista, que hoy lidera esta lucha, y de las organizaciones obreras que sitúan la batalla contra estos asesinatos dentro del marco institucional burgués, y que en base a esos posicionamientos sustentan sus reivindicaciones en reformas legislativas, promulgaciones de leyes y pacto nacional contra la violencia machista. A tenor de los resultados obtenidos, como es el caso que nos ocupa en estos momentos, en donde se ha incrementado el número de mujeres maltratadas y asesinadas, se contempla la adopción de nuevas medidas que endurezcan la condena a los maltratadores retirándoles la custodia compartida. Los resultados son negativos desde el punto de vista del conjunto de la población femenina, pues la mayor represión contra el agresor no repercute favorablemente sobre el conjunto, demostrándose con ello que no es un problema individual, dándose la circunstancia de que a una parte de los agresores no le importa la represión pues incluso se suicidan después de asesinar a sus parejas e incluso hijos. 

La retirada de la custodia compartida, la casa para las madres maltratadas, el pago de un salario social de subsistencia por un tiempo determinado (benéfico) ponen a las mujeres bajo la tutela y paternalismo del Estado burgués, el cual es parte interesada en reproducir esta violencia en el ámbito del régimen de producción capitalista. Este Estado contempla el problema desde una posición individual de la mujer maltratada, sin pertenencia de clase, como si de un ser inferior se tratara, a la que hay que proteger alejándola del maltratador, pero deja intacto las funciones sociales de las mujeres proletarias que, además de producir plusvalía en los centros de trabajo, realizan la tarea de mantenimiento de la familia (doble jornada laboral) para su óptima reproducción como fuerza de trabajo apta para la producción de plusvalía.

Que no se engañen a las mujeres maltratadas: ¡desde el Estado burgués no se puede erradicar la violencia machista ni dar respuesta a la situación de desigualdad, explotación y opresión de las mujeres! A lo máximo que se puede aspirar en este régimen es a denunciar el hecho y esperar que un tribunal impregnado de ideología machista aplique las leyes que se corresponden y se elaboran en los órganos de poder del Estado capitalista. Mientras crece el número de mujeres que se deciden a denunciar, también lo hacen los nuevos asesinatos de mujeres y de hijos, aumentando en esa proporción el bochornoso espectáculo e hipocresía de los gobiernos municipales, regionales y central para escenificar ante la prensa, con el minuto de silencio, la comedia de solidaridad con las víctimas y familiares.

La familia proletaria al servicio de la sociedad burguesa

Si bien la burguesía no ha inventado la realización de las tareas del hogar de una manera individual, en el seno de cada hogar, ni la reproducción de la especie, si los pone al servicio de su modo de producción: parir, criar hijos y tenerlos dispuestos para que un día tomen el relevo generacional en la producción, emigren o formen parte del ejército de reserva según sus necesidades. El proceso de producción capitalista tiene lugar en dos ámbitos: en las unidades de producción económica (centros de trabajo) y en las unidades de producción doméstica (hogares familiares), en donde el proceso de trabajo no atiende a la forma civil de la unión de los conyugues( matrimonios católicos, civiles, parejas de hecho de uno u otro sexo, etc.), pues, sea cual sea su forma, tiene el mismo fin: garantizar las condiciones materiales para la reproducción de la fuerza de trabajo asalariada con el menor coste social. Es en el hogar familiar donde se produce la primera discriminación laboral contra las mujeres y la inmensa mayoría de los maltratos cometidos contra ellas y su entorno más cercano.

Son la división sexual del trabajo en la familia burguesa y la forma individual en que se realizan las tareas de la producción doméstica las que determinan y asignan a las mujeres la función de las tareas domésticas en beneficio de la producción capitalista, sin la cual sería imposible la puesta en marcha de los instrumentos de trabajo y, en consecuencia, el proceso de producción de plusvalía. Dos procesos de producción aparentemente independientes uno del otro pero íntimamente relacionados, que se complementan y se alimentan mutuamente: el proceso de producción de plusvalía y acumulación de capital y el proceso de producción y reproducción de la fuerza de trabajo. Es con la incorporación de las mujeres al trabajo social como se pone de manifiesto la originaria división del trabajo entre los sexos (doble jornada), división que el régimen capitalista asimila y potencia para sus propios fines y beneficio desencadenando una cascada de problemas entre los sexos, entre ellos la violencia machista como uno de los problemas más acuciantes con el que se tiene que enfrentar la mayoría de las mujeres de la clase obrera en la familia burguesa.

Al igual que el desarrollo de la producción capitalista agudiza la contradicción originaria del capital entre el carácter social de la producción y la apropiación privada del producto, el modo de producción doméstico también pone de manifiesto la contradicción existente entre el trabajo social y el trabajo doméstico, base de la supremacía y opresión del hombre sobre la mujer en la familia, contradicción que se manifiesta en la crisis de la familia burguesa y en la necesidad objetiva, que las mujeres y hombres proletarios tienen, de romper esta relación y las correspondientes cadenas ideológicas que los unen en pos de unas nuevas relaciones sociales y afectivas-sexuales, libres e iguales.

La lucha contra la violencia machista no es un camino de rosas

Partiendo de la premisa que la violencia machista es un fenómeno a nivel  mundial y que sus causas no pueden explicarse más que en razón de los intereses del capital y del mantenimiento de los privilegios de los hombres en el seno de la familia en la sociedad burguesa, la lucha por su erradicación forma parte de la lucha revolucionaria del proletariado, que debe incluirla en su programa. Desarrollar una lucha ideológica implacable contra el machismo y la tutela de la mujer, venga de donde venga, comenzando en el seno de la vanguardia del movimiento comunista, y que lo manifiesta en los comportamientos y relaciones políticas sin ser consciente de ello, es requisito imprescindible para ir creando una ideología feminista de acuerdo al objetivo de eliminar la división de la sociedad en clases, en donde la mujer se incorpore a la lucha por la revolución socialista formando parte, igual que el hombre, del sujeto revolucionario que construirá la nueva sociedad comunista. La lucha contra el machismo debe ir unida a la lucha por la derrota de la burguesía y la construcción de una sociedad sin clases sociales, en donde la mujer tiene que jugar un papel esencial si quiere lograr que su existencia social no se vea determinada por su condición sexual.

Las mujeres constituye el cincuenta y uno por ciento de la población mundial, pero la mayoría pertenecen al proletariado por su condición de ser explotadas por el capital, lo que les predispone, adquiriendo una concepción revolucionaria de la lucha de clases, a incorporarse a la revolución socialista puesto que de ello depende su liberación y emancipación como mujer explotada doblemente por el capital en los centros de trabajo, y por la división sexual del trabajo doméstico en las familias. Las mujeres proletarias tienen que saber que sin el concurso de ellas es imposible tanto la reproducción del capital como de la realización de la revolución socialista, por eso es necesario que se incorporen al proceso revolucionario del proletariado formando parte de las tareas por la reconstitución del partido de nuevo tipo.

La lucha contra la violencia machista implica la lucha por la destrucción del Estado burgués y la familia burguesa, núcleos básicos del régimen capitalista de producción, dos pilares fundamentales para la reproducción de las relaciones sociales de producción y de la violencia contra las mujeres. Marx y Engels dejaron establecidas las premisas fundamentales de la opresión y explotación de las mujeres, que se remonta a las sociedades de clase, después de que la mujer fuera derrotada por el hombre y relegada a las tareas del hogar y a la crianza de los hijos. La revolución de Octubre, partiendo de esas premisas, da un impulso político revolucionario a la lucha por su erradicación, integrando esta problemática a la lucha general del movimiento comunista revolucionario. Con la toma del poder político por el proletariado, el Estado obrero implanta las medidas que hicieron posible la incorporación de la mujer a la vida política, a la economía y a la cultura, haciendo efectiva la transferencia de las funciones del hogar familiar a la sociedad, liberando paulatinamente a las mujeres de esta carga y sentando las bases para romper la contradicción existente entre los sexos (trabajo asalariado/trabajo doméstico) e incorporando a las mujeres a las tareas de la construcción del socialismo. Con la derrota de la revolución socialista, y la crisis del movimiento comunista internacional, la lucha por la emancipación de las mujeres también entra en crisis, cogiendo fuerza en las filas del proletariado la concepción feminista burguesa.

Violencia revolucionaria versus violencia machista

A la violencia machista sólo se le puede vencer con la violencia revolucionaria, única vía para acabar con topo tipo de violencia. Hay que hacer un frente común entre mujeres y hombres proletarios en una sola lucha contra el capital y su Estado, que mediante el desarrollo de la Guerra Popular se derroque al sistema capitalista y se implante la Dictadura del Proletariado, único escenario posible donde se pueden poner en marcha y desarrollar las tareas necesarias (transferencia de las tareas del hogar a la sociedad) que hagan posible que las mujeres puedan incorporarse masivamente al trabajo productivo, a la vida política, al desarrollo de sus capacidades en igualdad de condiciones con los hombres para abordar las tareas de construcción de la sociedad socialista y, con ella, su propia emancipación. Mientras no se dé la simbiosis comunismo-feminismo no será posible un salto cuantitativo en el avance de la revolución social hacia el comunismo.

Noviembre 2017

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La Gran Mentira de los Nacionalismos

LA GRAN MENTIRA DE LOS NACIONALISMOS

Y OTRAS MEDIAS VERDADES

Todos los nacionalismos justifican su existencia con un argumento que es falso de cabo a rabo. Todos, sin excepción, recurren al concepto pueblo, auténtico cajón de sastre, como fundamento de su legitimidad, y con el inconfesado objetivo de ocultar su verdadera naturaleza burguesa. Es tras el pueblo donde se parapetan, con la intención de recabar el apoyo de todas las clases de una Nación o Estado, y defender los intereses de la burguesía como conjunto, o varias facciones enfrentadas.

El nacionalismo de gran nación que representan PP, PSOE y C`s se apoya en el pueblo español como expresión política de la integridad territorial de España para defender los intereses de la gran burguesía nacional e internacional, que es la que detenta el poder económico y político en el Estado español. Enfrente, el nacionalismo de pequeña nación representado por PdeCAT, ERC y la CUP, que detentan la mayoría de los escaños del Parlamento de Cataluña, se apoyan en el pueblo catalán como expresión política del derecho a la autodeterminación de Cataluña para defender los intereses de la pequeña y mediana burguesía catalana. Dos tipos de nacionalismo pero con un mismo fin común: la apropiación de la plusvalía extraída a la fuerza de trabajo asalariada, con la diferencia de que cada parte quiere gestionar el trabajo excedente originado en Cataluña de acuerdo a sus intereses de clase, no de todo el pueblo como incansablemente pregonan.

Una falsa verdad. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, como portavoz de la gran burguesía, ha hablado definitivamente, marcando el camino que va a seguir el Estado, confirmando lo que ya se intuía: si el gobierno catalán no renuncia a sus planes independentistas (eufemísticamente, si no se aviene a la legalidad) será destituido hasta la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas para restablecer definitivamente la normalidad democrática, de acuerdo con la Constitución.

Nos preguntamos si los resultados de las nuevas elecciones determinan que la mayoría del Parlamento de Cataluña es nuevamente de afinidad independentista, ¿cómo se va a restablecer la legalidad constitucional? Dos cosas al respecto: una, o están muy seguro de conseguir la mayoría parlamentaria las fuerzas políticas de la burguesía nacional españolista; otra, o van a imponer la legalidad constitucional mediante una involución político-policial, es decir, derrotar por la fuerza todo intento de defender la legalidad democrático-burguesa en Cataluña salida de las urnas. Estamos seguros que emplearán las dos vías, empezando por intentar aplastar y barrer del mapa cualquier intento de defensa de las instituciones burguesas catalanas para después, cual general Pavía, entrar en el Parlamento de Cataluña con la legitimidad que le otorga la mayoría en el Senado.

Otra falsa verdad: El presidente del Govern, Carles Puigdemont, como portavoz de las facciones de la burguesía catalana, está dejando ver a cuentagotas, no exenta de contradicciones, la posición que va tomando con respecto a las medidas que adopta el Estado en cada momento, dejándole la iniciativa. El argumento que envuelve la posición política del Govern (derecho a la autodeterminación) es la defensa de la democracia manifestado mayoritariamente en el turbulento referéndum del 1-O, en oposición al argumento de legalidad que esgrime la alianza PP-PSOE-C´s. Hay que reconocer que es un argumento potente en el contexto de la ideología burguesa, aunque falso si profundizamos en el concepto de democracia, ya que dicho concepto no es abstracto sino concreto, es decir, tiene apellidos, y es la democracia burguesa, la cual aceptan en su amplitud siempre que se le reconozca dicho derecho a la autodeterminación. Debemos recordar que el concepto burgués de democracia se constriñe al derecho que tienen los ciudadanos a elegir a sus gobernantes, y el derecho de la burguesía a explotar y oprimir al proletariado. Según lo determinan las leyes que representan la «voluntad popular» elegido libremente por medio del sufragio universal.

A los partidos independentistas catalanes no les quedará otra salida que el enfrentamiento directo o el sometimiento, sin medias tintas, si quieren mantenerse. Ya lo han comunicado una y mil veces: resistir es defender pacíficamente las instituciones catalanas, a la espera de otra torpeza autoritaria del Estado, lo cual permitirá reaccionar a la opinión pública internacional a favor de la lucha del pueblo catalán. Pero el independentismo no cuenta que la misma táctica es la que va a emplear la alianza de las fuerzas del intervencionismo, por la vía del 155, defendiendo la legalidad constitucional, a la espera de una respuesta «violenta» de los independentistas, la cual legitimará al Estado a usar la fuerza policial con el beneplácito de la Unión Europea y los gobiernos burgueses de la escena internacional.

La lucha se presenta, por las dos fuerzas enfrentadas, como si de una partida de ajedrez se tratara, esperando que el contrario cometa un error para ir ganando posiciones y conseguir terminar las partida con un jaque mate al adversario. Ante esta perspectiva ¿Cuál debe ser la posición que tiene que adoptar la clase obrera? Debe ser una posición de acuerdo a sus intereses como clase independiente, sin ataduras a los intereses de las distintas facciones burguesas presentes. El proletariado, como clase, ya es suficientemente madura para articular una posición propia, aunque desgraciadamente su situación política, la inexistencia del partido comunista, le impide adoptar la única posición que le permite afrontar su liberación como clase explotada y oprimida por el capital, la revolución socialista.

En la actual situación la posición más correcta es denunciar los intereses de ambas facciones de clase burguesas y defender una posición internacionalista: Ni capitalismo globalizado, ni capitalismo nacional. La lucha contra el imperialismo no tiene atajos, ya que en la actual etapa de desarrollo del capital está claramente acotada la intervención del proletariado en la derrota de la burguesía. La situación es propicia para reflexionar sobre la necesidad de la reconstitución del partido comunista como guía de la revolución y la revolución proletaria mediante la guerra popular. Al calor del auge del independentismo burgués se está reforzando el oportunismo que plantea que otra Unión Europea es posible, una suerte de imperialismo europeo de rostro humano, una Europa de los pueblos; frente a la perspectiva del marxismo-leninismo que plantea la lucha del proletariado de manera universal; porque contra el imperialismo no cabe otra táctica que la unidad ideológica y política del proletariado revolucionario en la consecución de la revolución proletaria mundial.

25 de Octubre 2017

Un Castillo de Cristal

UN CASTILLO DE CRISTAL

Absurdo es suponer que el paraíso

Es sólo la igualdad, las buenas leyes.

El sueño se hace a mano y sin permiso

Arando el porvenir con viejos bueyes.

Silvio Rodríguez (Llover sobre mojado)

Un castillo es un edificio fortificado que, dependiendo del diseño y de los materiales empleados para su construcción, puede afrontar con cierta garantía los combates que se pueden librar ante sus muros y por los avatares del tiempo. Sirva este símil para comprender lo que les falta a las fuerzas independentistas de Cataluña cuando se enfrentan al poder del Estado burgués español: Que no tienen los mimbres necesarios para conquistar su independencia, pues todo se apuesta a la aplicación de las normas democráticas burguesas, es decir, al voto,  pensando que la simple acción de depositar una papeleta en una urna se va a convertir en el magnífico ariete que va abrir las puertas de la libertad que les priva el Estado de la Monarquía borbónica. Y ello, lógicamente, no es suficiente cuando hablamos de lucha de clases.

Para adoptar una dirección correcta en cualquier posición política hay que tener en cuenta, al menos, tres aspectos: a) la principal, adoptar con decisión una posición de clase clara, b) analizar con detenimiento nuestras propias fuerzas con el objeto de tensarlas y fortalecerlas, y c) analizar concienzudamente las fuerzas del contrario para intervenir sobre ellas con la intención de desorganizarlas y debilitarlas.

Sin tener en cuenta estos tres aspectos no se debería iniciar una lucha si el propósito es ganarla, pues ésta más bien descansa en una posición voluntarista y subjetivista de la realidad, lo que es contrario al materialismo dialéctico que debe prevalecer en la dirección de nuestra actuación. Ello viene al caso por la posición que determinadas organizaciones comunistas han adoptado ante la lucha por la autodeterminación de Cataluña, poniendo toda la carne en el asador por el derecho que tienen las masas populares catalanas a decidir si independizarse del Estado español como medio para construir un nuevo Estado, lo que puede contribuir –argumentan- a profundizar en la crisis política del Estado español.

A medida que pasaban los días se ha asumido el relato de las fuerzas independentistas, que se puede resumir en que la mayoría de la población catalana es partidaria de la secesión del Estado español. Pero esto se muestra muy cuestionable, pues existe otra parte al menos tan importante de electores, desde el punto de vista cuantitativo, contraria a la independencia. Lo que narra ese relato es únicamente cuál es la opción de los electores para determinar la fuerza y el derecho de una u otra opción. Nada más que eso, no nos llevemos a engaños. El relato no hace referencia a la fuerza política con que se cuenta para la lucha, es decir, de las opciones que se enfrentan en una batalla por conquistar la hegemonía política, pero estas se miden por otros parámetros (la capacidad para imponer política e ideológicamente las razones del cambio político, es más profunda que la que electoralmente aparece), donde el aspecto electoral es lo secundario. De esto último no se hace mención en ningún momento durante el relato, se habla exclusivamente de que son más numerosos y de que tienen el derecho democrático a la autodeterminación, olvidando que el derecho se mide por la fuerza real que se tiene para conquistar esos pretendidos derechos. Todo se ha apostado al voto, llegándose a  decir que la autodeterminación depende de los votos, cuando el más torpe de los mortales sabe que hasta la subida del salario en una empresa depende de la fuerza colectiva de los obreros ante su patrón.

Hemos dicho que la posición política de clase es clave para conseguir el objetivo y encarrilar la marcha de la lucha, siendo de sobra conocido que la dirección de la lucha por la independencia de Cataluña la detenta la pequeña y media burguesía catalanas, y que, al no estar compartida con el proletariado, se desarrolla por los derroteros que marca la posición burguesa. La pequeña y mediana burguesía no rebasará nunca sus márgenes, porque sus intereses económicos y posición política no se lo permiten, y menos aún cuando no siente el aliento en el cogote del proletariado revolucionario. Incluso así es timorata, vacilante y traidora, llegado el momento en donde se tenga que decidir entre capitalismo o socialismo. El PDeCAT y ERC no se enfrentarán al Estado burgués con decisión si tienen que decidir entre este o un Estado proletario, más bien tenderá a negociar las mejoras que le pueda ofrecer el Estado español y conseguir su beneplácito. Con estos mimbres no se puede hacer la canasta que pretenden, mucho menos derribar los muros que han ido construyendo conjuntamente con el resto de la burguesía del Estado español.

Y de la CUP ¿qué se puede decir? A tenor de lo visto, dos cosas a tener en cuenta: hay que reconocerle su papel decidido en la planificación y desarrollo de las movilizaciones que se han llevado a cabo, lo que constituye un gran acierto, pero ello no puede nublar lo que se ha puesto de manifiesto con claridad, su posición voluntarista por la creencia ciega de que la independencia de Cataluña se puede conseguir por medios democráticos, lo que responde más a su carácter de pequeña burguesía radicalizada que a una ingenuidad, que el Estado, es decir, la parte de la burguesía imperialista, se va a quedar de brazos cruzados contemplando cómo se cuentan los votos sin hacer nada para evitar la independencia de Cataluña.

La CUP tiene que comprender que el capitalismo no es sólo su forma política, Monárquica o Republicana, por muy democrática que aparenta ser; sino sobre todo, un modo de producción basado en relaciones sociales de producción en donde impera la propiedad privada capitalista y la explotación del trabajo asalariado que hay que destruir para poder sustituirlo por unas relaciones que concuerden con la propiedad social de los medios de producción y la apropiación social de la Naturaleza. Y todo ello bajo la dirección del proletariado revolucionario.

La destrucción del poder social de la burguesía no es obra de la evolución democrática de las relaciones económicas y políticas burguesas a través de la intervención pública de la sociedad, sino de la organización política y militar del proletariado revolucionario que asume el poder por la asunción y desarrollo de la guerra popular. Sin ello es imposible la derrota de la burguesía y, por tanto, es tiempo que se pierde en las luchas que no tengan dicho objetivo, permitiendo el mantenimiento de los cimientos de la sociedad capitalista, dado que no crea las condiciones políticas para sustituir dicho poder social burgués por el poder social proletario de acuerdo con el porvenir de la Sociedad y la Naturaleza al servicio de los seres vivos.

Los comunistas revolucionarios tenemos que intervenir en esta lucha, pero no para apoyar la fundación de una nueva República burguesa, sino para difundir el marxismo leninismo en el fragor de la lucha y el papel histórico del proletariado en el modo de producción capitalista: destruir el capitalismo a través de la guerra popular y construir el socialismo como paso previo a la construcción de la sociedad comunista donde se extinguirán las clases sociales.

Tenemos que construir el ariete que nos permita destruir el castillo dentro del cual se parapeta la burguesía, que nos sirva para destruir las relaciones sociales de producción que esclavizan a la mayoría de la población que habita este planeta. Y ello se hace reconstituyendo el partido comunista en cada país y construyendo la internacional comunista de nuevo tipo.

  ¡Por la revolución proletaria mundial!

¡En lucha por el comunismo,

en lucha por la eliminación de las clases sociales!

 19 Octubre 2017

 

 

 

 

Contra Cualquier Nacionalismo

Contra cualquier nacionalismo,

enarbolemos la bandera del comunismo

A la espera de que se desarrollen los acontecimientos derivados de la lucha por la independencia de Cataluña, y el necesario balance general por elaborar, en donde aparecerán numerosos aspectos de relevancia para la lucha universal de la clase obrera, creemos necesario realizar un primer análisis por la importancia del momento político que se está viviendo.

Nuestro colectivo ha manifestado en repetidas ocasiones que la clase obrera no debería participar activamente en la lucha por la independencia de Cataluña al lado de las fracciones burguesas que la están impulsando, pues entendemos que en la etapa imperialista no es una lucha específica de su clase dado que en las actuales circunstancias en el Estado español (Estado imperialista, inexistencia del partido revolucionario, desorganización de la clase, etc.) esta reivindicación adquiere un marcado carácter burgués, lo que entorpece políticamente su objetivo último, que no es otro que la toma del poder político para la construcción del socialismo como etapa intermedia para la sociedad comunista. En las actuales circunstancias el objetivo político y el contenido de la lucha que se desarrolla por la autodeterminación de Cataluña queda meridianamente claro que los intereses de clase del proletariado se supeditan a los intereses de las fracciones burguesas que dirigen el procés (Cataluña como único argumento político), a la vez que se intenta barnizar el “oxidado” concepto marxista de clase por el más moderno y transversal de “nación” o “pueblo” con el objeto de darle protagonismo a la pequeña y mediana burguesía, erigiéndose esta en abanderados de la lucha del pueblo catalán frente a los intereses de la burguesía imperialista, indicándo a la clase obrera el camino por dónde debe transitar en su lucha contra el Estado monopolista, lo que no es más que una maniobra para intentar rejuvenecer un régimen caduco con el objetivo de perpetuarlo.

Que la clase obrera no tenga una actuación activa en la lucha por la independencia de Cataluña no quiere decir que no participe activamente contra la política de ambas fracciones de la burguesía en disputa, tanto la imperialista (gran burguesía española y catalana) como la no imperialista (pequeña y mediana burguesía española y catalana) en sus distintas versiones. La burguesía imperialista asentada en el Estado dirige y gestiona sus intereses por medio del PP y el apoyo abierto o velado de C´s y PSOE, lo que entra en colisión con los intereses de fracciones de la burguesía a las que la crisis económica ha debilitado su poder e influencia sobre las decisiones generales del Estado y, sobre todo, sus beneficios, que han sido seriamente reducidos por su supeditación al capital imperialista. Porque éstas son, sin duda, las razones últimas que empujan el proceso de independencia de Cataluña, determinando las posiciones y acciones de las distintas fracciones de la burguesía. El núcleo de la problemática que desencadena la lucha es la disputa por el control, gestión y apropiación de los recursos del Estado originados por la apropiación de la plusvalía generada por el trabajo asalariado. No hay que olvidar que Cataluña representa económicamente el 20 % del PIB nacional, es decir, la primera comunidad económica de Estado (sin embargo es la cuarta en cuanto al PIB per cápita y la 17º en cuanto a deuda por habitante se refiere, sin olvidar qur tiene una deuda récord, un 35,3% de su PIB y una deuda per cápita de 10.095 euros por habitantes). Lo cual no es moco de pavo tanto para el Estado (para el desarrollo de la política de la burguesía imperialista y su encaje en el bloque imperialista europeo), como para la burguesía catalana que se quiere independizar del Estado español para formar un nuevo Estado con nuevas aspiraciones en el bloque imperialista europeo e internacional.

No hemos cambiado nuestro posicionamiento, ni desde el punto de vistas estratégico ni desde el táctico: seguimos pensando que la clase obrera no debe participar en la resolución de la contradicción interburguesa con el apoyo a una u otra fracción burguesa. Haber defendido el boicot al referéndum no es apoyar de facto, ya sea directa o indirectamente, al nacionalismo chovinista de gran nación como se nos acusa por algunas organizaciones comunistas, pues no tienen en cuenta que, a la vez que criticamos a los dos manifestaciones de nacionalismo (el españolista y el catalanista), defendemos por encima de todo el internacionalismo proletario, es decir, las unidad ideológica y política a nivel internacional de la clase obrera contra el capital, la política general de la clase obrera para preparar las condiciones generales de la revolución proletaria mundial, que es la gran ausente en la presente lucha.

Más, cuando la lucha entre las fracciones de la burguesía en Cataluña ha puesto de manifiesto hasta ahora, entre otros aspectos que más adelante tendremos que analizar con detenimiento, dos cuestiones generales a tener en cuenta:

1) El carácter de clase burgués del Estado español (la represión no lo emplea exclusivamente el Estado fascista, ya que no es monopolio suyo, sino de cualquier forma de gobierno burgués, como es el democrático, ya sea monárquico o republicano), que no ha dudado en utilizar la represión jurídica y policial contra la lucha del movimiento independentista catalán. Todo el mundo ha podido comprobar cómo han actuado la policía y guardia civil a la hora de ejecutar las órdenes de los aparatos del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial), que no han dudado en utilizar el poder represivo que les otorga la ley burguesa para reprimir con saña el clamor de la calle, movilizándose para poder votar y expresar su opinión sobre un tema que consideran importante -en ello también incluimos cualquier otra policía, sea autonómica o municipal, y fuerza militar, como es el ejército, que no están al servicio del pueblo sino de las necesidades del Estado. Es característico del Estado burgués este comportamiento ante cualquier reivindicación o lucha que entorpezcan los intereses de las fracción burguesa que pilota el poder político, que lo hace siempre en nombre de LA LEY, cuando en realidad quiere decir SU LEY (es una forma recurrente de cualquier gobierno), poniendo de manifiesto que no es neutral, como pretende mostrarse, sino que existe para salvaguardar los intereses de la clase dominante. ¿Quién dice que no se pueden cambiar las leyes sacrosantas del capital? La clase que detenta el poder económico y político no quiere por supuesto que cambie nada que esté al margen de sus intereses.  ¿Quién dice que el procedimiento de cambiar las leyes se tiene que someter a lo que digan las leyes?. El contenido del ordenamiento jurídico no está por encima de las clases, sino que es el resultado de dos factores interconectados: De las condiciones sociales de la producción y de la correlación de fuerzas entre las clases en disputa, que es la que hace bascular el contenido de dicho ordenamiento hacia una u otra dirección. 

2) El carácter burgués de la pretendida república catalana -siendo lo único de nuevo que propone es la independencia de Cataluña para formar un nuevo Estado dentro de la UE- no dudando en movilizar bajo su dominio todas las fuerzas que se puedan levantar contra las burguesía imperialista española para conseguir su objetivo. Ello lo hace en nombre del derecho a la autodeterminación para dirigir su destino, lo que pone de manifiesto que el aspecto principal de la lucha bajo su dirección es el interés de la nación (forma en que se encubre el interés de la clase dominante) por encima del interés de las clases. Ya veremos hacia dónde se dirigen a partir de ahora los pasos de los partidos que han abanderado la independencia de Cataluña, dando una clara referencia los titubeos de algunos dirigentes del PdCAT que apuestan por enfriar la lucha en la calle para dar un espacio a la negociación con el gobierno de Rajoy reconduciendo la negociación hacia las vías institucionales.

Y para terminar, hacemos un llamamiento  a la clase obrera a luchar, en la medida de las posibilidades en cada ciudad, contra las manifestaciones represivas y políticas del Estado español, dejando para el reformismo y el oportunismo el enaltecimiento y la defensa de los valores  democráticos burgueses bajo el epígrafe de las libertades individuales que consagra la Constitución del 78, que no es otra cosa QUE LA MÁSCARA AMABLE DE LA EXPLOTACIÓN Y OPRESIÓN DE LA BURGUESÍA. El nivel de la lucha dependerá de la capacidad de organización en cada  ciudad, aunque ello no debe ser un impedimento para que los comunistas impulsemos una línea en donde se articule la lucha de las distintas ciudades bajo una dirección común: la difusión de la ideología proletaria por encima de cualquier ideología nacionalista a través de la propaganda y la movilización mediante el reparto de hojas, banderas rojas, pancartas y otros medios de expresión.

Por el internacionalismo proletario

Por la revolución proletaria mundial

Ley, Orden Social y Justicia

Ley, Orden Social y Justicia

¿Acaso las relaciones económicas son reguladas por los conceptos jurídicos? ¿No surgen, por el contrario, las relaciones jurídicas de las relaciones económicas?

C. Marx, Crítica al programa de Gotha, 1875

Mientras la aristocracia financiera hacía las leyes, regentaba la administración del Estado, disponía de todos los poderes públicos organizados y dominaba a la opinión pública mediante la situación de hecho y mediante la prensa, se repetía en todas las esferas, desde la corte hasta el café borgne, la misma prostitución, el mismo fraude descarado, el mismo afán por enriquecerse, no mediante la producción, sino mediante el escamoteo de la riqueza ajena ya creada. Y señaladamente en las cumbres de la sociedad burguesa se propagó el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía; desenfreno en el que, por ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza procedente del juego, desenfreno por el que el placer se convierte en crápula y en el que confluyen el dinero, el lodo y la sangre. La aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpemproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa.

C. Marx, La luchas de clases en Francia de 1848 a 1850

La finalidad de la ideología burguesa es que se acepten las condiciones sociales que imponen su régimen de producción; Que se asuman como naturales esos requisitos en beneficio del conjunto de la sociedad, que se acepten esas exigencias como necesarias por el bien del interés general. Por eso es tan importante contraponer tan generosas intensiones, un sistema ideológico alternativo que ponga en cuestión las creencias, normas y leyes que el sistema capitalista produce incansablemente.

¡Hágase justicia!, ¡La ley es igual para todos! En estas lapidarias frases se sintetizan la concepción burguesa sobre la justicia, concepción que comparte en lo fundamental la izquierda reformista, introduciendo algunos pequeños correcciones que no modifican su esencia.

La burguesía, a pesar de su interés de clase, no suele esforzarse en analizar las entrañas de su modo de producción, quedándose en la simple superficialidad de los fenómenos sociales. Se conforma con describir la realidad con categorías que no van al fondo de la cuestión, a su conocimiento, sino que ocultan a las miradas el contenido real que le da forma social.

Pongamos algunos ejemplos: la categoría salario aparece en la ideología burguesa como el valor del trabajo, la categoría beneficio como el excedente de la actividad de la empresa, etc. la categoría democracia como la participación de los ciudadanos en la elección de sus representantes, la categoría Estado como la actividad de la ley en pos del interés general, etc., la categoría justicia como la aplicación de la ley, la categoría ley como la gestora de la convivencia social, etc.

Veamos esta concepción aplicada a la realidad social, aplicación que ayuda a comprender que tanto la ley como la justicia no son neutrales, sino que tienen un contenido de clase y que, por tanto, tienen por objetivo hacer que se respete el orden social establecido, es decir, que se reproduzcan las condiciones sociales de producción del capital a través de las funciones de los agentes sociales, adscritos a distintas clases por la realización de sus funciones. Esta realidad social va aportando elementos para comprender mejor la lucha de clases si es que nos apoyamos en una concepción ideológica de clase, revolucionaria, en la praxis revolucionaria marxista.

Desde hace algunos años, lo que no quiere decir que en tiempos pasados no hubiese, se están dando a conocer de una manera continuada casos de corrupción que afecta tanto a empresarios, banqueros y especialmente a dirigentes de los grandes partidos que sustentan el régimen actual, ya sea desde las Cortes, las Comunidades Autónomas o los Municipios. El mecanismo utilizado es el de siempre: recibir comisiones de empresas que van a parar a las arcas de los distintos partidos a cambio de jugosos contratos de adjudicación, que los aparatos del Estado les conceden. El resultado es que las dos patas del poder de clase de la burguesía, el económico y el político, salen ganando con dicho sistema, mientras que el proletariado se tiene que contentar con las dos tareas principales que le asigna el sistema capitalista: el de generador de plusvalía para aumentar los beneficios empresariales, y el  político de votar cada cuatro años a sus verdugos para legitimar que la burguesía siga ejerciendo el poder desde los distintos aparatos del Estado democrático.

Empresarios y funcionarios políticos a las órdenes del sistema se unen por una causa común: materializar los beneficios a la sombra del Estado, lo que les proporciona un plus de impunidad jurídica por la “respetabilidad” que le otorga a dichos negocios el ejercicio del poder político. Sin embargo esta manera de realizar negocios extraordinarios al margen de las leyes del mercado capitalista tiene un límite si se va generalizando, ya que encuentra recelos en las empresas que no pueden meter la cabeza en el sistema de corrupción diseñado y una cierta alarma en el aparato judicial puesto que se va erosionando el principio burgués que justifica su existencia: la separación de poderes y la independencia del poder judicial.

La generalización del sistema corrupto provoca la reacción del aparato judicial, que se tiene que hacer valer pues se pone en tela de juicio su utilidad ¿Para qué está? Cuando entra en acción forzado por las circunstancias, los jueces y magistrados y el aparato policial a su disposición para investigar estos negocios «opacos» al fisco, con el objetivo de restablecer la legalidad jurídica se empieza a respirar en el seno de la sociedad bocanadas de aire fresco, purificando el ambiente pues proyecta en la conciencia de los individuos una imagen de moralidad recobrada, brotando la creencia que se va a restablecer la justicia que había sido quebrantada por los turbios manejos de  codiciosos empresarios y políticos deshonestos. El Estado de Derecho burgués intenta recomponer su deteriorado prestigio dando con ello la imagen de perseguir a los infractores, y vencer a los corruptos al lograr llevarlos ante los tribunales, considerándose con ello que se ha restablecido la legalidad en la vida política.

Pero ello, en realidad, no es más que en espejismo que trata de ocultar la realidad que hay detrás. Ya que las conciencias que creían en la regeneración del sistema capitalista por la intervención milagrosa del aparato judicial se empaña nuevamente al ponerse en evidencia que dicha acción no pretende impartir JUSTICIA, sino restablecer el principio de someter toda actividad a la legalidad burguesa. En el capitalismo, como en cualquier sociedad dividida en clases, la ley no es más que la forma jurídica de legalizar la desigualdad social que subyace en las entrañas de dichas sociedades. La ley, es decir, el ordenamiento jurídico, no es algo abstracto sino concreto; al igual que la justicia, determinada en última instancia por las relaciones sociales que le dan contenido. La justicia para la burguesía se reduce simplemente a la aplicación de la ley, SU ley. La que determina como justo el comportamiento social de las distintas clases. La forma jurídica de las relaciones sociales, es decir, la manera de hacer cumplir las relaciones sociales, incluso imponiéndola a  la fuerza si es puesta en cuestión, cayendo todo el peso de la ley.

El ordenamiento jurídico de una sociedad es expresión, como hemos dicho anteriormente, de las relaciones sociales dominantes mediante un razonamiento y una argumentación jurídicos que “hacen” aceptables socialmente dichas relaciones. A este pensamiento contribuye tanto la concepción y la política socialdemócrata como la revisionista, pues sitúan el concepto justicia en el terreno de lo jurídico y no en el económico. La concepción socialdemócrata observa la justicia desde la atalaya de la igualdad de oportunidades, considerando que hay justicia cuando a los ciudadanos se le reconocen jurídicamente “derechos” y económicamente oportunidades para conseguir realizarse como personas individuales. La concepción revisionista es menos prosaica pues observa la justicia desde el idealismo burgués: el mal del capitalismo reside en el egoísmo y la avaricia de los poderosos  y a la falta de un control democrático. Dominando los excesos del capital monopolista se controla el instinto codicioso del capital: lo que significa control social del capital mediante leyes en beneficio del bien común. Tanto unos como otros ocultan deliberadamente que la “justicia”, la aplicación del ordenamiento jurídico, no es más que una pantalla para ocultar la división en clases de la sociedad, es decir, la explotación y opresión del proletariado por la burguesía. Cuando se hable de justicia en las sociedades divididas en clases no se puede eludir hablar de las condiciones de existencia de las clases, las formas en que existen en su lucha mutua y las formas de superación, porque la justicia para la burguesía no es más que la aplicación de las leyes que salvaguarda el ordenamiento económico capitalista, es decir, la expresión jurídica de las condiciones de existencia de explotación del trabajo asalariado por el capital.

Con la aplicación de la ley la burguesía da por zanjado la realización de la justicia ¡Se hace justicia aplicando la ley! Aunque los voceros del sistema repitan a todas horas que la ley es igual para todos, es claro que no es así, sino desigual debido a que la sociedad capitalista es desigual, está dividida en clases. ¿Es la ley lo mismo para el explotador que para el explotado? Al primero se le reconoce el derecho a explotar a través de la propiedad de los medios de producción y el derecho a despedir al trabajador por razones económicas o productivas, al segundo se le reconoce el derecho a trabajar… cuando sea contratado y a recibir un salario según estipula el convenio, la ley. Para seguir nuestro razonamiento por la misma senda, comparemos los casos de hurto y los casos de corrupción mediáticos ¿hay correspondencia proporcional entre ambos casos? A todas luces no ¿por qué? porque se legisla de distinta manera para casos de delitos individuales que para casos de delitos colectivos, es decir, el comportamiento individual que el comportamiento de las clases. La burguesía se blinda jurídicamente para juzgar sus casos “delictivos” como puede ser la corrupción en la actividad económica, en la política, etc. La burguesía cuando habla de justicia está hablando de justicia burguesa, ya que su contenido está determinado por las condiciones sociales de producción. Intentar retocar los parámetros de la justicia burguesa es ingenuo pues de lo que se trata es de cambiar su esencia, es decir, las condiciones sociales de producción que la origina; y ello solo es posible mediante la revolución proletaria, la toma del poder político para construir la sociedad comunista.

Para hacer otra justicia (la que se corresponda con la propiedad social de los medios de producción) hay que detentar y ejercer el poder político real, no el formal de gobierno de turno. Sin ello es acaso un simplemente lavado de cara, un maquillaje, sin sentido de clase; es decir, reaccionaria.

Estamos ante un contexto mundial de grandes cambios e incertidumbres donde el proletariado tiene que tomar consciencia de su  misión histórica. Para ello es imprescindible reconstituir ideológicamente el comunismo, es decir, reconstituir el partido de nuevo tipo, paso necesario para construir una Internacional Comunista de nuevo tipo que haga realidad el cambio estratégico que la Humanidad necesita.

 

La Independencia de Cataluña

Esp vs Cat

INDEPENDENCIA DE CATALUÑA:
ENTRE BURGUESIAS ANDA EL JUEGO

El derecho de autodeterminación en Cataluña ha adquirido una importancia relevante en el sistema de contradicciones de la lucha de clases en el Estado español, creando una situación que no puede pasar desapercibida. Esencialmente se trata de una contradicción interburguesa, en la que una fracción de la burguesía catalana y nacional, gran burguesía, no quiere mover un ápice el marco jurídico y político actual. Sus principales representantes políticos, PP y Ciudadanos, amparándose en una lectura monolítica de la Constitución burguesa, pretenden que nada se mueva en Cataluña y resto del Estado español con objeto de que la burguesía financiera siga ejerciendo su dominio político en las decisiones económicas del Estado. El PSOE, aún defendiendo también los intereses generales de la burguesía financiera y acatando la Constitución, opta por su particular vía de reformas para reconocer las singularidades de las distintas nacionalidades (federalismo), un camino del medio para así desactivar de manera inmediata el movimiento independentista actual y abrir un camino al reconocimiento del derecho de autodeterminación de los distintos pueblos que conforman el Estado español. Las otras fracciones de la burguesía en liza, están representadas políticamente, en el momento actual en Cataluña, por CDC, ERC y en menor medida Unió, y en el resto del Estado por Podemos e IU, que con diferencias políticas ante la independencia de Cataluña, pretenden un cambio en el marco legal constitucional, que consideran obsoleto, aunque la acatan, así como su  modelo de sociedad capitalista con matices secundarios. Pero lo verdaderamente novedoso de la cuestión son las vacilaciones “nacionalistas” que se han originado en el seno del movimiento comunista revolucionario español, al obviar la crítica al nacionalismo burgués de aquellos que defienden la independencia de las naciones oprimidas en el Estado español, con el argumento de que se trata de un cambio táctico ante la actual situación política de tensiones interburguesas en Cataluña.

La política, siempre la política
Previamente a la valoración política de las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña, queremos precisar que la cuestión planteada en Cataluña sobre el derecho a la autodeterminación no es de carácter jurídico, como así lo presenta ante la opinión pública el PP por boca de Rajoy (descalifica la reivindicación de la autodeterminación por ser ilegal al no estar recogido en la constitución), PSOE y demás partidos burgueses, sino político, es decir, sujeto a la voluntad soberana del pueblo catalán, por ser un derecho democrático burgués que tienen todos los pueblos a independizarse de la nación que los explota económica y oprime políticamente, y formar un estado propio. Derecho reconocido mundialmente por la burguesía y que en los albores del capitalismo se le impone al Estado absolutista como medio político para el desarrollo económico del régimen capitalista de producción en los distintos estados nacionales configurando un mercado interno.

La posición ante la relación entre lo jurídico y lo político es de especial relevancia. De aceptar la preeminencia de lo jurídico sobre lo político en la sociedad dividida en clases, estaríamos aceptando la ley como algo inmutable e inamovible y, por tanto, la base de la desigualdad de las clases –la existencia y reproducción de la propiedad privada de los medios de producción en manos de una clase- como algo natural que es sancionada por la ley como justa, por lo que hay que defenderla y respetar. La consecuencia de ello es evidente: condenar al proletariado a la condición de clase explotada y oprimida por la burguesía pues así lo establece la ley, cuando en realidad ésta no es más que la expresión jurídica (legal) de las relaciones sociales de producción impuestas como inexorables, determinando sus funciones sociales y condiciones de existencia.

Abundando en lo expuesto: si el proletariado mostrara respeto por la ley burguesa no sólo tendría que aceptar su condición de clase explotada y oprimida por el capital, sino también la imposibilidad de rebelarse contra dicha condición por “ser justa”, condenándose para siempre a su dependencia del capital. 

Lo jurídico deviene de lo político, siendo la expresión legal de las condiciones de la producción y de la correlación de fuerzas de la lucha de clases en un momento determinado en la Historia. Por ello no es inmutable e inamovible, estando sujeto a las vicisitudes de la lucha de clases que es la que hace cambiar las expresiones y los sistemas jurídicos (las leyes) en el proceso histórico. Cataluña seguirá perteneciendo al Estado español o construirá su propio Estado dependiendo de la fuerza social de las fracciones de clase que impulsan dicho proceso independentista, por cierto, por los cauces democrático burgueses (de eso no cabe la menor duda), al margen de que ahora tenga o no encaje en el ordenamiento jurídico constitucional, que será modificado por medio de la negociación política si llegara el caso, si la correlación de fuerzas es favorable a las fracciones de clase burguesa independentistas en la lucha interburguesa a que está sometido el proceso de independencia de Cataluña.

Cataluña, ¿una nación oprimida?
Cataluña es una comunidad históricamente determinada, es decir, fruto del desarrollo económico y social en donde dominan las relaciones capitalistas de producción como en cualquier otra comunidad autónoma. La burguesía catalana sabe perfectamente que Cataluña no es una nación oprimida por el Estado español, puesto que desde el punto de vista económico está situada a la cabeza del desarrollo capitalista en España, en parte debido a su propia potencialidad como suma de capitalistas emprendedores -como clase se han preocupado de poner en acción los mecanismos necesarios para desarrollar las condiciones de producción tanto desde el punto de vista humano como material- en parte debido al mayor apoyo económico a través de inversiones que se le ha proporcionado desde el Estado. Tampoco puede hacerlo recurriendo al idioma y la cultura, ya que tiene su propia lengua que la utiliza con gran profusión en todos los ámbitos sin ningún tipo de cortapisa. Por eso la burguesía independentista se cuida mucho de no situar en estos terrenos la opresión. Si no hay opresión desde el punto de vista político ¿Dónde reside la opresión histórica de la que se habla?, ¿Por qué recurrir al derecho de autodeterminación que significa separación y formación de un Estado propio?.

Tabla 1

La economía catalana es la primera por PIB de las CC.AA., seguida por Madrid y Andalucía. Sin embargo su crecimiento ha sido desigual con respecto a otras Comunidades: a partir de la crisis económica del 2007, la tasa de crecimiento interanual del PIB per cápita ha sido negativa en el año 2009-2010 (-4,1%) y positiva en el año 2014-2015 (+1,2%), muy inferior a la etapa anterior a la crisis pero que pone de manifiesto una progresiva recuperación. Si se compara con otras Comunidades su desaceleración del PIB per cápita es acentuado ya que Madrid y Extremadura, por ejemplo, crecieron un 7,2% y 4,8%, respectivamente. Anteriormente a la crisis, las tasas de crecimiento anual del PIB mostraban un incremento inferior a la media de la economía española (en el período 2000-2006 creció en Cataluña un 3,21% frente al 3,34% en España). Estos datos, juntos a otros, nos pueden aportar elementos para pensar que la reivindicación de independencia por las fracciones de la burguesía catalana está reactivada por la pérdida de influencia económica, tanto con el mercado interior como en el exterior, la Unión Europea, fundamentalmente.

Tabla 2

Los partidos defensores de la independencia de Cataluña, como expresión política de las fracciones burguesas catalanas proclives a la separación del Estado, sitúan concretamente la opresión del Estado sobre la sociedad catalana en la financiación de la Generalitat que, al no resolverse mediante una negociación con el Estado central, se ha elevado al derecho a decidir sobre la autodeterminación y/o al proceso de independencia, que es el punto en donde está situada ahora la contradicción interburguesa, de modo que según estos partidos, Cataluña recibe una cantidad de los impuestos que recauda el Estado central notablemente inferior a lo que en realidad le pertenece según la producción creada y el consumo realizados por sus habitantes.
Este desencuentro entre las distintas fracciones de la burguesía catalana, pequeña y media, por un lado y la gran burguesía española se intentó resolver durante del gobierno tripartito de Maragall y el gobierno de Zapatero mediante la promulgación de un nuevo Estatut de autonomía y la negociación con CiU para modificar la financiación de la Generalitat, aunque no se consiguió llevar a efecto, como eran: el aumento de la participación de la Generalitat en los impuestos del Estado (del  33% al 50% del IRPF, del 40% al 58% de los impuestos especiales, y del 35% al 50% para el IVA), a cambio de renunciar a que la Agencia Tributaria Catalana los recaudara. Además el gobierno español se comprometía a invertir en Cataluña una cantidad equivalente al peso de su economía en el conjunto de España, el 18,5% del PIB. La diferencia entre lo que establecía el nuevo Estatuto aprobado en el Parlamento catalán y lo que finalmente salió de las Cortes generales es notable, puesto que la Agencia Tributaria catalana sólo gestionaría los tributos propios de la Generalitat y no todos los impuestos que se generan en Cataluña, que son gestionados por el Estado central. Es aquí donde residen las diferencias reales entre las distintas fracciones de la burguesía, y que en nada afectan a los intereses de la clase obrera cuyo papel en esta disputa es la de mera  productora de plusvalía y pagadora de impuestos para que los gestionen las distintas fracciones de la burguesía mediante la intervención de los distintos aparatos del Estado, central y autonómico.
El marxismo-leninismo es muy claro respecto a la cuestión nacional, se diferencia cualitativamente de la doctrina burguesa en que todas las naciones tienen el derecho a la autodeterminación como medio de sacudirse la opresión que sufren de cualquier otra nación (aspecto democrático burgués de la reivindicación como medio para resolver la contradicción interburguesa entre el aspecto nacional e internacional del capital), pero cada clase representa unos intereses muy distintos, determinado por su naturaleza social y la finalidad que persigue: El aspecto reaccionario, nacionalista-burgués de la burguesía al se desarrollarse como clase nacional independiente, disputando con otras burguesías nacionales su derecho a apropiarse de la plusvalía arrancada a su proletariado. El aspecto revolucionario, internacionalista del proletariado al desarrollarse como clase internacional, que se lo impide el interés de la nación opresora limitando su desarrollo cuantitativo y cualitativo al condicionar el desarrollo económico de la nación oprimida. Si no se tiene en cuenta esta importantísima diferencia se pueden mezclar los dos intereses en uno sólo, como hace el socialimperialismo, sometiendo el interés de la clase obrera a los intereses de su burguesía nacional.

Sobre  los datos electorales
Es a partir del año 2006, año en que se aprueba el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña en el  Parlamento catalán, y se tramita ese nuevo Estatuto en las Cortes Generales, cuando la posición por la independencia empieza a ser relevante y tener un peso político como para desafiar al Estado central, fundamentalmente  por el viraje de CDC a favor del soberanismo, en un primer momento y la autodeterminación después, ligado a su pérdida de influencia política en la sociedad catalana. De ser CDC el partido más votado en el año 2003 y no lograr la mayoría absoluta, aún contando con los escaños del PP, se ve obligado a pasar a la oposición por la formación del gobierno tripartido del PSC, ERC e ICV-EUiA. En las elecciones del 2006 fue de nuevo el partido más votado pero no consiguió desbancar al tripartito que revalidó la mayoría absoluta, dando paso a un nuevo ascenso en las elecciones del 2010 con una subida importante a costa de la caída de ERC, pero esa tendencia se quiebra en las elecciones del 2012 con una pérdida electoral importante al bajar de 62 escaños a 50, pérdida de votos que pasan en su mayoría a ERC, que de 10 escaños en el 2010 se dispara a 21 en el 2012. Y llegan  las elecciones del 2015 con otra pérdida importante de votos y escaños de la coalición Junts pel Sí con respecto a la suma de votos de CiU y ERC en las elecciones del 2012. Viraje de CDC que responde también a la presencia de la crisis económica y a la incapacidad del gobierno de la Generalitat a gestionar, con el presupuesto que maneja, las demandas sociales asociadas al funcionamiento del Estado de Bienestar en Cataluña, llegando su déficit fiscal con el Estado al 7,5% del PIB de promedio anual. A esta nueva situación hay que incluirle el escaso interés que demuestra el Ejecutivo central a la petición insistente del gobierno y del Parlamento de Cataluña de aumentar la financiación de la Generalitat, elemento central de la Reforma del Estatuto, así como reconocer jurídicamente a Cataluña como nación. Pero la gota que ha colmado el vaso fue declarar inconstitucional el Estatuto de Cataluña por el Tribunal Constitucional a petición de un recurso del PP, y la caída evidente de la inversión del Estado en Cataluña.

¿Es Convergencia un instrumento para la liberación de la “opresión” de Cataluña?
La posición política de CiU siempre ha estado ligada al apoyo que ha ido prestando de manera muy calculada al gobierno central de turno, eso sí, a cambio de un trato preferencial a la estabilidad política del gobierno catalán y a las inversiones que realizaba el Estado en Cataluña, lo cual reportaba pingües beneficios tanto a la burguesía de ambas orillas, a través de contratos empresariales con las instituciones del Estado central y autonómico, como a la propia coalición que recibía imponentes cantidades de dinero en forma de tantos por ciento de las empresas a las que se les adjudicaban los contratos, tanto si eran genuinamente catalanas como españolas, puesto que para los negocios eso carece de la más mínima importancia. Con ello se aseguraban los gobiernos centrales  PSOE o PP, la estabilidad política que necesitaban para terminar la legislatura. Tanto unos como otros gobiernos salían beneficiados de dichos pactos, como el conjunto de la  burguesía como clase a la que garantizaban con sus políticas aumentar la explotación y presión de la clase obrera, tanto la de Cataluña como la del resto del Estado español. Estos pactos permitieron que se aprobaran la ley Reforma Política de la que Miguel Roca era el representante de la burguesía catalana, se elaborara y promulga la Constitución en la que también participó Miguel Roca, se construyó el Estado de las Autonomías, la firma de los Pactos de la Moncloa que determinaron la estabilidad económica y la actuación del nuevo Estado Autonómico, las distintas reformas fiscales y laborales, la reconversión industrial, etc. etc.
¿Quién puede pensar en su sano juicio que con CDC dirigiendo el proceso de autodeterminación de Cataluña puede desembocar en algo positivo para la clase obrera, con el carácter de clase burgués de este partido? ¿Cómo se puede pensar que en el momento actual el proceso de independencia de Cataluña puede avanzar sin el concurso de CDC? ¿Cómo se puede llegar a pensar que CDC está dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso de independencia de Cataluña sin traicionarlo, cuando de lo que trata es de aprovechar la movilización social para llegar a acuerdos con el Estado con el objetivo de modificar la actual financiación de la Generalitat?

¿Qué nos muestran los datos electorales?
Vamos a empezar este análisis por la exposición de los resultados obtenidos, para desde las entrañas de los propios datos extraer las conclusiones más importantes:

Tabla 3 Tabla 4

Tabla 5

Tabla 6

El reparto de votos emitidos ha estado equilibrado entre el bloque que defendía la independencia de Cataluña y el bloque que ha defendido su pertenencia al Estado español, con una diferencia de aproximadamente de 120.000 votos a favor de los segundos:
Tabla 7

Para el bloque independentista se puede decir que CDC demuestra una tendencia a la pérdida de votos (-91.433 en el año 2012 con respecto al 2010, sin poder determinar su caída en 2015 pues ha concurrido en coalición con ERC), lo contrario a lo que le ocurre a ERC, pues su tendencia es a subir (+278.246 en el año 2012 con respecto al 2010, sin poder determinar su ascenso en 2015 pues ha concurrido en coalición con CDC), aunque la suma de los dos partidos va en ascenso (+192577 en el año 2012 con respecto al 2010 y +12.340 en 2015 con respecto a 2012, siendo estos datos engañosos porque si se tiene en cuenta que la participación ha subido en 2015, el porcentaje de votos desciende de manera considerable (-1,2% en 2012 con respecto al 2010 y -4,7% en 2015 con respecto al 2012). En cuanto a la CUP su tendencia es ascendente (+210.156 en el año 2015 con respecto al 2012). La suma de los tres partidos demuestra una tendencia al ascenso puesto que aumenta en +318.796 votos en 2012 con respecto al 2010 (no concurre a las elecciones la CUP, con lo que no aporta ningún voto) y +22.496 votos en 2015 con respecto a 2012, es decir alrededor de 550.000 votos si comparamos los datos del 2015 con respecto al 2010, debido al aumento de ERC en 2012 y la CUP en 2015. En su conjunto, el bloque que defiende la autodeterminación de Cataluña ha sumado votos del aumento de la participación electoral (+10% en 2012 y +8% en 2015). En cuanto al movimiento de votos en este bloque, ERC absorbe en el primer tramo (2010-2012) los votos que se incorporan a la participación electoral que van a parar al granero independentista y la CUP absorbe en el segundo tramo (2012-2015 ( la mayoría de los votos que se incorporan a la participación electoral más lo que pierde CDC y ERC por su “izquierda” no identitaria).

Para el bloque no independentista:
Los partidos que forman el bipartidismo (PSOE-PP) pierden 123.877 votos en 2015 con respecto al 2012, prácticamente los mismos que pierde el PP (122.753) pues el PSOE ha mantenido sus votos (-1.124). El dato importante de este bloque es el ascenso de C´s que ha mantenido su tendencia ascendente (+165.099 votos en 2012 con respecto al 2010 y +459.984 votos en 2015 con respecto al 2012). En cuanto a ICV-EUiA ha visto frenado su tendencia al ascenso (+128.872 en 2012 con respecto al 2010) por su estancamiento en los últimos resultados (+7.637 votos en 2015 con respecto a 2012), máxime cuando iba unido en coalición con Podemos y Equo, como Catalunya Sí Que es Pot (CSQP). En su conjunto el bloque no independentista ha ido ganando votos en las distintas elecciones que se han producido desde el año 2010 (+223.812 votos en 2012 y +446.614 votos en 2015), es decir, cerca de 700.000 votos con respecto a 2010, debido fundamentalmente al ascenso de C´s. En cuanto al movimiento de votos en dicho bloque, C`s  absorbe los votos que pierde PP y los que se incorpora a la participación electoral que van a parar al granero de los que no defiende la independencia de Cataluña.
El voto que apoya el independentismo no ha evolucionado prácticamente en el 2015 con respecto al 2012, aunque sí en cuanto al 2010, que coincide con la no presencia de la CUP, aportando unos datos casi idénticos. Sin embargo, varía en cuanto a su distribución hacia los diferentes partidos: se puede observar la caída ostensible de la coalición JxSí formada por CDC y ERC del 2015 con respecto al 2012 (-4,9%), que es aproximadamente lo que asciende la CUP en el 2015 con respecto al 2012 (+4,8%).

Tabla 8

Las características más importantes del voto a los partidos que apoyan la independencia de Cataluña son:
Existe un mayor apoyo en las provincias con un menor número de electores, lo que parece ser que  indica que esta reivindicación está muy apegada al terruño (aspecto ideológico), a la defensa de lo propio, a la identidad catalana.

Tabla 9

Existe un menor apoyo en las provincias menos industrializadas (aspecto económico), lo que parece ser que indica que esta reivindicación está más apoyada en la propiedad, a la pertenencia a una clase y conservación de la pequeña y mediana propiedad.
En cambio el voto que apoya a los partidos que defienden la no separación de Cataluña del resto del Estado español ha ido evolucionando paulatinamente de manera ascendente como se puede observar en los siguiente datos:
Tabla 10

El apoyo electoral de las fuerzas no independentistas se debe a dos factores fundamentales: a que el aumento de la participación ha favorecido más a este bloque (en concreto a C´s), sumando más apoyo que el otro bloque de este factor, y a la salida de Unió de CIU (2,5%).
Las características más importantes del voto que no apoya a los partidos que defienden la independencia son:
Existe un mayor apoyo en las provincias con mayor número de votantes, lo que parece ser que indica que está más apoyado dicho voto en el cosmopolitismo (aspecto ideológico), como es el caso de Barcelona, que concentra las 2/3 partes del censo electoral.
Existe un mayor apoyo en las provincias más industrializadas (aspecto económico) y, sobre todo, en las comarcas del cinturón de Barcelona, lo que parece ser que indica que está apoyado en los sectores obreros, que no tienen ninguna propiedad económica que proteger (propiedad individualizada o poco concentrada) por la amenaza de la propiedad más concentrada (gran propiedad).
Queda demostrado, al menos hasta ahora, que la clase obrera no ha sido permeable a los cantos de sirena de la pequeña y mediana burguesía catalana, aunque por la misma razón se podría interpretar que es permeable a la defensa de los intereses de la gran burguesía catalana y española debido a su mayor influencia política e ideológica, sin menospreciar el factor del miedo y la incertidumbre a lo que le puede venir con la independencia. A estas conclusiones se podría llegar, aunque nosotros consideramos que esta apreciación por mucho peso que pueda tener sería erróneo, pues su comportamiento actual no tiene ningún sentido propio, estando sujeto a las leyes y sistema de la democracia burguesa, creyendo y confiando que ello es lo mejor para sus intereses, pues no tiene un proyecto propio en que apoyar su lucha contra el capital.
Por el contrario, nosotros seguimos creyendo que la actuación de la clase obrera demuestra lo que nosotros pensábamos antes de la celebración del referéndum y las elecciones autonómicas: que no estaba ni está interesada en un tema que no le afecta a sus intereses como clase, ya sea de manera inmediata (donde se vislumbre que puede mejorar sus condiciones de vida y trabajo), ya sea estratégicamente (se puede llegar a creer que el desarrollo de esta contradicción interburguesa va a favorecer la elevación de su nivel de conciencia). Precisamente a éste último argumento recurre el Movimiento por la Reconstitución para llamar a la movilización de la clase obrera para votar SÍ-SÍ en el referéndum del 9N, convocado por las fuerzas que apoyan la independencia de Cataluña.

Debatiendo con el Movimiento por la Reconstitución
La argumentación dada por el Movimiento por la Reconstrucción (MR) para participar en el Referéndum es de dos tipos: 1) Deslindar en la práctica la “democracia del mercadeo parlamentario”, esto es, la expresión libre de la opinión y posición política de la liturgia de la deposición del voto y 2) “Educar” políticamente a las masas desde una posición proletaria sobre el tema en cuestión. Vamos a ir exponiendo primero la posición del MAI y después la del MR, una vez constituido, haciendo suyo la posición y argumento del MAI en este tema.
En el documento del 2005 para el referéndum sobre la Constitución Europea se argumenta lo siguiente: “Un Referéndum es diferente de unas elecciones. Ante éstas el proletariado debe continuar absteniéndose, porque cualquier compromiso, en el estado actual del movimiento revolucionario, carecería de contrapartida; cualquier participación implicaría la subordinación a intereses de clase ajenos. En este Referéndum, en cambio, el proletariado puede participar porque su actitud podrá ser traducida directamente en una posición política, sin ninguna mediación por parte de la gran burguesía. El proletariado puede expresarse directamente y en bloque sin que nadie interprete o modifique su voto. El proletariado se encuentra así abierto, más receptivo a la política de la lucha de clases y puede escapar, aunque sea por un breve período de tiempo del economicismo espontaneísta al que le subyuga cotidianamente la burguesía. Aquí, las vanguardias ideológicas y políticas tienen la responsabilidad de saber transmitir a las masas trabajadoras nuevas ideas que contribuyan a su elevación y actuación como clase independiente”.

(No a la Constitución Europea. Por qué no existe un “Sí” posible. El Martinete Nº 18, Septiembre 2005)

En el documento para el referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña se argumenta lo siguiente: “Un referéndum, en las condiciones de la democracia burguesa, aparece en un doble aspecto contradictorio; por un lado representa la expresión directa de la voluntad de las masas respecto a un asunto concreto, en el que prima el aspecto de mandato imperativo de la soberanía popular, pero, por otro, en virtud de su encaje en los mecanismos representativos del parlamentarismo, emplaza la ejecución de ese mandato directo a los representantes, irrevocables e instituidos de plenas prerrogativas. Por eso un referéndum no puede ser asimilado simple y llanamente a unas elecciones parlamentarias al uso, como puerilmente, en una muestra de severa ignorancia política, ha hecho RC, y es la forma como tradicionalmente ha reclamado nuestro movimiento la solución de un problema democrático-burgués como es la cuestión nacional”.

(Ante el 9 N en Cataluña. Un posicionamiento por la unidad internacionalista del proletariado, MAI, Nov. 2014)

En el documento para las elecciones al Parlamento de Cataluña, los distintos grupos del MR argumentan: “Las diferencias entre un referéndum y unas elecciones parlamentarias al uso, por tanto, deberían estar claras: en síntesis, en un referéndum puede abrirse la posibilidad de que las masas se impliquen de manera directa en los asuntos públicos y, al mismo tiempo, de desbordar el orden jurídico establecido y los innumerables arreglos burgueses sobre los que se sostiene la vida política diaria, siempre y cuando se den circunstancias como las provocadas por la cerrazón del gobierno español, que situó fuera de la legalidad la expresión democrática del pueblo catalán. En cambio, unas elecciones parlamentarias suponen irremediablemente el encauzamiento y adocenamiento de las masas, la vuelta al redil mediatizado por la burguesía de manera permanente, donde predominan los pactos con la nación opresora y los arreglos en pos de conquistar una u otra parcela de poder”.

(Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!, artículo conjunto del MR)

De la argumentación que se aporta se desprende una defensa de la participación en el referéndum por la sencilla razón de que en dicha consulta puede la clase obrera expresar libremente su opinión ante un asunto público sin que nadie pueda manipularla o aprovecharse de ella: de ello se deduce que el proceso en que se enmarca el referéndum, al contrario de las elecciones, se abstrae de la realidad social, ajeno a la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado y sujeto en la situación actual al dominio de la burguesía sobre el proletariado. Ciertamente el proletariado se expresa políticamente, como no podía ser de otra manera…., pero sirviendo de muletilla de una u otra fracción de la burguesía en disputa y no como expresión de su interés de clase independiente de la burguesía como proyecto social propio. En los resultados del referéndum parece que no se tiene en cuenta quién dirige la opinión y la dirección del movimiento de las masas obreras, haciendo abstracción de los fines que persigue dicha dirección, en este caso la fracción de la burguesía catalana proclive a la separación del Estado español. Nadie “interpreta o modifica su voto”, pero sí su expresión como suma de ciudadanos hacia uno y otro lado, uno u otro interés de fracción de clase burguesa; aunque claro, por más  que defienden las fuerzas independentistas catalanas es más progresista.
Si aceptamos la argumentación del MR, los que defendíamos la no participación de la clase obrera en el referéndum estamos anclados en el dogmatismo y la metafísica pues actuamos sin un análisis concreto de la realidad concreta. Se razona que la participación se sostiene en la clarividencia en analizar el contexto social en que se enmarca el referéndum lo que ha permitido adoptar una “posición audaz”, una “decisión táctica en base al contexto en que nos movemos”. En la página 3 del documento que elaboraron para defender el boicot en las elecciones al Parlamento de Catalunya se detalla la táctica adecuada a la situación concreta:
“Mientras el incipiente movimiento por la reconstitución del partido comunista no sea capaz de erigirse como actor político de primer orden y pueda generar sus propias dinámicas que contraponer a este nuevo auge de los movimientos nacionalistas, consideramos que lo prioritario es incidir en el aspecto democrático como atenuante de la cuestión nacional”. A continuación exponen las razones de la justeza de dicha posición política pues “puede abrirse la posibilidad de que las masas se impliquen de manera directa en los asuntos públicos y, al mismo tiempo de desbordar el orden jurídico establecido y los innumerables arreglos burgueses sobre lo que se sostiene la vida política diaria, siempre y cuando se den las circunstancias como las provocadas por la cerrazón del gobierno español, que situó fuera de la legalidad la expresión democrática del pueblo catalán”.  (Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!)

Otra nueva abstracción, pues para que ello ocurra, que “las masas rebasen la legalidad burguesa”, es necesario que exista una realidad especial ¡que el proletariado tenga un proyecto propio y una dirección política revolucionaria actuando en el sistema de contradicciones!, ya que pensar lo contrario es adentrarse en el terreno del espontaneísmo y del idealismo. Los hechos constatan que el movimiento por la autodeterminación de Cataluña está situado exclusivamente en el terreno de lo legal y parlamentario, tal como pretenden las distintas fracciones burguesas sustrayéndolo del movimiento más propio de la clase obrera cuando se enfrenta a la burguesía bajo su dominio político: la calle y las empresas en pos de la unidad y fortaleza de clase contra clase. No se puede perder de vista que CDC está situada únicamente en la negociación, aunque para ello tenga que utilizar el derecho a la autodeterminación como forma de atraerse a los que defienden la independencia y de presionar a los que se apoyan en la constitución y la legalidad vigente.

Este es el resultado de dicha clarividencia: “En el Estado español en particular es evidente que la opción que más en contra se posicionaba del status quo actual, y por tanto la que más potencial disgregador tenía respecto de los mecanismos de encuadramiento burgués, era sin duda alguna la del voto afirmativo respecto a la independencia de Cataluña, no sólo porque el mismo implicaba educar a nuestra clase en el desprecio a las fronteras estatales establecidas por la burguesía; sino porque además la participación en la consulta favorecía imbuir de odio en la legalidad vigente al proletariado, dado el carácter ilegal de la consulta: una doble educación necesaria para el proletariado catalán y para el español”. (Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!,)

Nos parece aventurado pensar que se puede dar un salto cualitativo tan grande en el nivel de conciencia de la clase obrera, máxime cuando el proceso de independencia está tan alejado de su sensibilidad y de las preocupaciones cotidianas como se puede comprobar en los resultados de las elecciones y por el cuidado y el celo que ponen los dirigentes políticos que pilotan el proceso para que no contamine la movilización ciudadana centrada en la legalidad burguesa parlamentaria.
Consideramos inadmisible pensar que la clase obrera pueda dar un paso adelante en su nivel de conciencia por el solo hecho de elaborar un documento en donde se expongan las una o mil razones para colgarla en Internet, pues no hay fuerza suficiente para desarrollar un trabajo político, en donde es imprescindible la existencia de un movimiento revolucionario con una dirección política constituida orgánicamente, que tenga como resultado conseguir la finalidad buscada. ¿Qué parte de los votantes en las elecciones al Parlamento de Cataluña no está por la negociación, como así lo quiere la dirección del proceso de independencia? ¿No ha sido la negociación o, mejor dicho, la financiación de la Generalitat, el verdadero motivo que ha impulsado este proceso, y sigue siéndolo hoy día?.

El internacionalismo proletario, como ideología general de la clase obrera en cuanto a su unidad política y orgánica a nivel internacional para la realización de la revolución proletaria y la construcción de la sociedad comunista, tiene suficiente fuerza como para entregar a la concepción burguesa de la autodeterminación de los pueblos, la democracia en general, la dirección de la liberación del proletariado como clase independiente de la burguesía. Ello es válido, siempre y cuando se realice en una determinada situación histórica, en el país colonizado por el imperialismo internacional que somete el desarrollo económico y político de los países a sus propios intereses, coartando con ello el desarrollo material y político del proletariado de esos países, necesarios para acometer la revolución proletaria. En los países imperialistas, como es el caso de España, la única etapa pendiente para la revolución proletaria es la construcción del partido comunista y la dirección del proletariado según las tareas que marca el proceso revolucionario. Como ocurre con la continua reivindicación de la República que en nada cambia la naturaleza y contenido del Estado. El apoyo a una reivindicación de una fracción de la burguesía, como es la independencia en el caso de Cataluña, aunque sea con un objetivo completamente distinto, no es más que un paso atrás ideológico y político en la preparación de dichas tareas: primero se le pide a la clase obrera catalana y española que apoyen la construcción de un nuevo Estado capitalista, para a continuación pedirle que juntos luchen contra el carácter de los dos Estados mediante la revolución proletaria en cada país. ¿No es ello un tremendo embrollo para el proletariado, cuando se les puede pedir que luchen unidos contra el mismo Estado capitalista, que es el que todos explota y oprime como clase?.

Contra las Guerras Imperialistas

Bandera

La guerra actual es una guerra imperialista

Casi todo el mundo reconoce que la guerra actual es una guerra imperialista, pero en la mayor parte de los casos se tergiversa esta idea, ya sea aplicándola a una de las partes o bien dando a entender que, pese a todo, esta guerra podría tener un carácter burgués progresista, de liberación nacional. El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. El capitalismo comenzó a sentirse limitado dentro del marco de los viejos Estados nacionales, sin la formación de los cuales no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto, que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terrestre ésta repartido entre estos “potentados del capital”, bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación financiera. La libertad de comercio y la libre competencia han sido sustituidas por la tendencia al monopolio, a la conquista de tierras para realizar en ellas inversiones de capital y llevarse sus materias primas, etc. De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo, progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las “grandes” potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de la opresión nacional.

(VI Lenin, El socialismo y la guerra, 1915)