Contra Cualquier Nacionalismo

Contra cualquier nacionalismo,

enarbolemos la bandera del comunismo

A la espera de que se desarrollen los acontecimientos derivados de la lucha por la independencia de Cataluña, y el necesario balance general por elaborar, en donde aparecerán numerosos aspectos de relevancia para la lucha universal de la clase obrera, creemos necesario realizar un primer análisis por la importancia del momento político que se está viviendo.

Nuestro colectivo ha manifestado en repetidas ocasiones que la clase obrera no debería participar activamente en la lucha por la independencia de Cataluña al lado de las fracciones burguesas que la están impulsando, pues entendemos que en la etapa imperialista no es una lucha específica de su clase dado que en las actuales circunstancias en el Estado español (Estado imperialista, inexistencia del partido revolucionario, desorganización de la clase, etc.) esta reivindicación adquiere un marcado carácter burgués, lo que entorpece políticamente su objetivo último, que no es otro que la toma del poder político para la construcción del socialismo como etapa intermedia para la sociedad comunista. En las actuales circunstancias el objetivo político y el contenido de la lucha que se desarrolla por la autodeterminación de Cataluña queda meridianamente claro que los intereses de clase del proletariado se supeditan a los intereses de las fracciones burguesas que dirigen el procés (Cataluña como único argumento político), a la vez que se intenta barnizar el “oxidado” concepto marxista de clase por el más moderno y transversal de “nación” o “pueblo” con el objeto de darle protagonismo a la pequeña y mediana burguesía, erigiéndose esta en abanderados de la lucha del pueblo catalán frente a los intereses de la burguesía imperialista, indicándo a la clase obrera el camino por dónde debe transitar en su lucha contra el Estado monopolista, lo que no es más que una maniobra para intentar rejuvenecer un régimen caduco con el objetivo de perpetuarlo.

Que la clase obrera no tenga una actuación activa en la lucha por la independencia de Cataluña no quiere decir que no participe activamente contra la política de ambas fracciones de la burguesía en disputa, tanto la imperialista (gran burguesía española y catalana) como la no imperialista (pequeña y mediana burguesía española y catalana) en sus distintas versiones. La burguesía imperialista asentada en el Estado dirige y gestiona sus intereses por medio del PP y el apoyo abierto o velado de C´s y PSOE, lo que entra en colisión con los intereses de fracciones de la burguesía a las que la crisis económica ha debilitado su poder e influencia sobre las decisiones generales del Estado y, sobre todo, sus beneficios, que han sido seriamente reducidos por su supeditación al capital imperialista. Porque éstas son, sin duda, las razones últimas que empujan el proceso de independencia de Cataluña, determinando las posiciones y acciones de las distintas fracciones de la burguesía. El núcleo de la problemática que desencadena la lucha es la disputa por el control, gestión y apropiación de los recursos del Estado originados por la apropiación de la plusvalía generada por el trabajo asalariado. No hay que olvidar que Cataluña representa económicamente el 20 % del PIB nacional, es decir, la primera comunidad económica de Estado (sin embargo es la cuarta en cuanto al PIB per cápita y la 17º en cuanto a deuda por habitante se refiere, sin olvidar qur tiene una deuda récord, un 35,3% de su PIB y una deuda per cápita de 10.095 euros por habitantes). Lo cual no es moco de pavo tanto para el Estado (para el desarrollo de la política de la burguesía imperialista y su encaje en el bloque imperialista europeo), como para la burguesía catalana que se quiere independizar del Estado español para formar un nuevo Estado con nuevas aspiraciones en el bloque imperialista europeo e internacional.

No hemos cambiado nuestro posicionamiento, ni desde el punto de vistas estratégico ni desde el táctico: seguimos pensando que la clase obrera no debe participar en la resolución de la contradicción interburguesa con el apoyo a una u otra fracción burguesa. Haber defendido el boicot al referéndum no es apoyar de facto, ya sea directa o indirectamente, al nacionalismo chovinista de gran nación como se nos acusa por algunas organizaciones comunistas, pues no tienen en cuenta que, a la vez que criticamos a los dos manifestaciones de nacionalismo (el españolista y el catalanista), defendemos por encima de todo el internacionalismo proletario, es decir, las unidad ideológica y política a nivel internacional de la clase obrera contra el capital, la política general de la clase obrera para preparar las condiciones generales de la revolución proletaria mundial, que es la gran ausente en la presente lucha.

Más, cuando la lucha entre las fracciones de la burguesía en Cataluña ha puesto de manifiesto hasta ahora, entre otros aspectos que más adelante tendremos que analizar con detenimiento, dos cuestiones generales a tener en cuenta:

1) El carácter de clase burgués del Estado español (la represión no lo emplea exclusivamente el Estado fascista, ya que no es monopolio suyo, sino de cualquier forma de gobierno burgués, como es el democrático, ya sea monárquico o republicano), que no ha dudado en utilizar la represión jurídica y policial contra la lucha del movimiento independentista catalán. Todo el mundo ha podido comprobar cómo han actuado la policía y guardia civil a la hora de ejecutar las órdenes de los aparatos del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial), que no han dudado en utilizar el poder represivo que les otorga la ley burguesa para reprimir con saña el clamor de la calle, movilizándose para poder votar y expresar su opinión sobre un tema que consideran importante -en ello también incluimos cualquier otra policía, sea autonómica o municipal, y fuerza militar, como es el ejército, que no están al servicio del pueblo sino de las necesidades del Estado. Es característico del Estado burgués este comportamiento ante cualquier reivindicación o lucha que entorpezcan los intereses de las fracción burguesa que pilota el poder político, que lo hace siempre en nombre de LA LEY, cuando en realidad quiere decir SU LEY (es una forma recurrente de cualquier gobierno), poniendo de manifiesto que no es neutral, como pretende mostrarse, sino que existe para salvaguardar los intereses de la clase dominante. ¿Quién dice que no se pueden cambiar las leyes sacrosantas del capital? La clase que detenta el poder económico y político no quiere por supuesto que cambie nada que esté al margen de sus intereses.  ¿Quién dice que el procedimiento de cambiar las leyes se tiene que someter a lo que digan las leyes?. El contenido del ordenamiento jurídico no está por encima de las clases, sino que es el resultado de dos factores interconectados: De las condiciones sociales de la producción y de la correlación de fuerzas entre las clases en disputa, que es la que hace bascular el contenido de dicho ordenamiento hacia una u otra dirección. 

2) El carácter burgués de la pretendida república catalana -siendo lo único de nuevo que propone es la independencia de Cataluña para formar un nuevo Estado dentro de la UE- no dudando en movilizar bajo su dominio todas las fuerzas que se puedan levantar contra las burguesía imperialista española para conseguir su objetivo. Ello lo hace en nombre del derecho a la autodeterminación para dirigir su destino, lo que pone de manifiesto que el aspecto principal de la lucha bajo su dirección es el interés de la nación (forma en que se encubre el interés de la clase dominante) por encima del interés de las clases. Ya veremos hacia dónde se dirigen a partir de ahora los pasos de los partidos que han abanderado la independencia de Cataluña, dando una clara referencia los titubeos de algunos dirigentes del PdCAT que apuestan por enfriar la lucha en la calle para dar un espacio a la negociación con el gobierno de Rajoy reconduciendo la negociación hacia las vías institucionales.

Y para terminar, hacemos un llamamiento  a la clase obrera a luchar, en la medida de las posibilidades en cada ciudad, contra las manifestaciones represivas y políticas del Estado español, dejando para el reformismo y el oportunismo el enaltecimiento y la defensa de los valores  democráticos burgueses bajo el epígrafe de las libertades individuales que consagra la Constitución del 78, que no es otra cosa QUE LA MÁSCARA AMABLE DE LA EXPLOTACIÓN Y OPRESIÓN DE LA BURGUESÍA. El nivel de la lucha dependerá de la capacidad de organización en cada  ciudad, aunque ello no debe ser un impedimento para que los comunistas impulsemos una línea en donde se articule la lucha de las distintas ciudades bajo una dirección común: la difusión de la ideología proletaria por encima de cualquier ideología nacionalista a través de la propaganda y la movilización mediante el reparto de hojas, banderas rojas, pancartas y otros medios de expresión.

Por el internacionalismo proletario

Por la revolución proletaria mundial

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Ley, Orden Social y Justicia

Ley, Orden Social y Justicia

¿Acaso las relaciones económicas son reguladas por los conceptos jurídicos? ¿No surgen, por el contrario, las relaciones jurídicas de las relaciones económicas?

C. Marx, Crítica al programa de Gotha, 1875

Mientras la aristocracia financiera hacía las leyes, regentaba la administración del Estado, disponía de todos los poderes públicos organizados y dominaba a la opinión pública mediante la situación de hecho y mediante la prensa, se repetía en todas las esferas, desde la corte hasta el café borgne, la misma prostitución, el mismo fraude descarado, el mismo afán por enriquecerse, no mediante la producción, sino mediante el escamoteo de la riqueza ajena ya creada. Y señaladamente en las cumbres de la sociedad burguesa se propagó el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía; desenfreno en el que, por ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza procedente del juego, desenfreno por el que el placer se convierte en crápula y en el que confluyen el dinero, el lodo y la sangre. La aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpemproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa.

C. Marx, La luchas de clases en Francia de 1848 a 1850

La finalidad de la ideología burguesa es que se acepten las condiciones sociales que imponen su régimen de producción; Que se asuman como naturales esos requisitos en beneficio del conjunto de la sociedad, que se acepten esas exigencias como necesarias por el bien del interés general. Por eso es tan importante contraponer tan generosas intensiones, un sistema ideológico alternativo que ponga en cuestión las creencias, normas y leyes que el sistema capitalista produce incansablemente.

¡Hágase justicia!, ¡La ley es igual para todos! En estas lapidarias frases se sintetizan la concepción burguesa sobre la justicia, concepción que comparte en lo fundamental la izquierda reformista, introduciendo algunos pequeños correcciones que no modifican su esencia.

La burguesía, a pesar de su interés de clase, no suele esforzarse en analizar las entrañas de su modo de producción, quedándose en la simple superficialidad de los fenómenos sociales. Se conforma con describir la realidad con categorías que no van al fondo de la cuestión, a su conocimiento, sino que ocultan a las miradas el contenido real que le da forma social.

Pongamos algunos ejemplos: la categoría salario aparece en la ideología burguesa como el valor del trabajo, la categoría beneficio como el excedente de la actividad de la empresa, etc. la categoría democracia como la participación de los ciudadanos en la elección de sus representantes, la categoría Estado como la actividad de la ley en pos del interés general, etc., la categoría justicia como la aplicación de la ley, la categoría ley como la gestora de la convivencia social, etc.

Veamos esta concepción aplicada a la realidad social, aplicación que ayuda a comprender que tanto la ley como la justicia no son neutrales, sino que tienen un contenido de clase y que, por tanto, tienen por objetivo hacer que se respete el orden social establecido, es decir, que se reproduzcan las condiciones sociales de producción del capital a través de las funciones de los agentes sociales, adscritos a distintas clases por la realización de sus funciones. Esta realidad social va aportando elementos para comprender mejor la lucha de clases si es que nos apoyamos en una concepción ideológica de clase, revolucionaria, en la praxis revolucionaria marxista.

Desde hace algunos años, lo que no quiere decir que en tiempos pasados no hubiese, se están dando a conocer de una manera continuada casos de corrupción que afecta tanto a empresarios, banqueros y especialmente a dirigentes de los grandes partidos que sustentan el régimen actual, ya sea desde las Cortes, las Comunidades Autónomas o los Municipios. El mecanismo utilizado es el de siempre: recibir comisiones de empresas que van a parar a las arcas de los distintos partidos a cambio de jugosos contratos de adjudicación, que los aparatos del Estado les conceden. El resultado es que las dos patas del poder de clase de la burguesía, el económico y el político, salen ganando con dicho sistema, mientras que el proletariado se tiene que contentar con las dos tareas principales que le asigna el sistema capitalista: el de generador de plusvalía para aumentar los beneficios empresariales, y el  político de votar cada cuatro años a sus verdugos para legitimar que la burguesía siga ejerciendo el poder desde los distintos aparatos del Estado democrático.

Empresarios y funcionarios políticos a las órdenes del sistema se unen por una causa común: materializar los beneficios a la sombra del Estado, lo que les proporciona un plus de impunidad jurídica por la “respetabilidad” que le otorga a dichos negocios el ejercicio del poder político. Sin embargo esta manera de realizar negocios extraordinarios al margen de las leyes del mercado capitalista tiene un límite si se va generalizando, ya que encuentra recelos en las empresas que no pueden meter la cabeza en el sistema de corrupción diseñado y una cierta alarma en el aparato judicial puesto que se va erosionando el principio burgués que justifica su existencia: la separación de poderes y la independencia del poder judicial.

La generalización del sistema corrupto provoca la reacción del aparato judicial, que se tiene que hacer valer pues se pone en tela de juicio su utilidad ¿Para qué está? Cuando entra en acción forzado por las circunstancias, los jueces y magistrados y el aparato policial a su disposición para investigar estos negocios «opacos» al fisco, con el objetivo de restablecer la legalidad jurídica se empieza a respirar en el seno de la sociedad bocanadas de aire fresco, purificando el ambiente pues proyecta en la conciencia de los individuos una imagen de moralidad recobrada, brotando la creencia que se va a restablecer la justicia que había sido quebrantada por los turbios manejos de  codiciosos empresarios y políticos deshonestos. El Estado de Derecho burgués intenta recomponer su deteriorado prestigio dando con ello la imagen de perseguir a los infractores, y vencer a los corruptos al lograr llevarlos ante los tribunales, considerándose con ello que se ha restablecido la legalidad en la vida política.

Pero ello, en realidad, no es más que en espejismo que trata de ocultar la realidad que hay detrás. Ya que las conciencias que creían en la regeneración del sistema capitalista por la intervención milagrosa del aparato judicial se empaña nuevamente al ponerse en evidencia que dicha acción no pretende impartir JUSTICIA, sino restablecer el principio de someter toda actividad a la legalidad burguesa. En el capitalismo, como en cualquier sociedad dividida en clases, la ley no es más que la forma jurídica de legalizar la desigualdad social que subyace en las entrañas de dichas sociedades. La ley, es decir, el ordenamiento jurídico, no es algo abstracto sino concreto; al igual que la justicia, determinada en última instancia por las relaciones sociales que le dan contenido. La justicia para la burguesía se reduce simplemente a la aplicación de la ley, SU ley. La que determina como justo el comportamiento social de las distintas clases. La forma jurídica de las relaciones sociales, es decir, la manera de hacer cumplir las relaciones sociales, incluso imponiéndola a  la fuerza si es puesta en cuestión, cayendo todo el peso de la ley.

El ordenamiento jurídico de una sociedad es expresión, como hemos dicho anteriormente, de las relaciones sociales dominantes mediante un razonamiento y una argumentación jurídicos que “hacen” aceptables socialmente dichas relaciones. A este pensamiento contribuye tanto la concepción y la política socialdemócrata como la revisionista, pues sitúan el concepto justicia en el terreno de lo jurídico y no en el económico. La concepción socialdemócrata observa la justicia desde la atalaya de la igualdad de oportunidades, considerando que hay justicia cuando a los ciudadanos se le reconocen jurídicamente “derechos” y económicamente oportunidades para conseguir realizarse como personas individuales. La concepción revisionista es menos prosaica pues observa la justicia desde el idealismo burgués: el mal del capitalismo reside en el egoísmo y la avaricia de los poderosos  y a la falta de un control democrático. Dominando los excesos del capital monopolista se controla el instinto codicioso del capital: lo que significa control social del capital mediante leyes en beneficio del bien común. Tanto unos como otros ocultan deliberadamente que la “justicia”, la aplicación del ordenamiento jurídico, no es más que una pantalla para ocultar la división en clases de la sociedad, es decir, la explotación y opresión del proletariado por la burguesía. Cuando se hable de justicia en las sociedades divididas en clases no se puede eludir hablar de las condiciones de existencia de las clases, las formas en que existen en su lucha mutua y las formas de superación, porque la justicia para la burguesía no es más que la aplicación de las leyes que salvaguarda el ordenamiento económico capitalista, es decir, la expresión jurídica de las condiciones de existencia de explotación del trabajo asalariado por el capital.

Con la aplicación de la ley la burguesía da por zanjado la realización de la justicia ¡Se hace justicia aplicando la ley! Aunque los voceros del sistema repitan a todas horas que la ley es igual para todos, es claro que no es así, sino desigual debido a que la sociedad capitalista es desigual, está dividida en clases. ¿Es la ley lo mismo para el explotador que para el explotado? Al primero se le reconoce el derecho a explotar a través de la propiedad de los medios de producción y el derecho a despedir al trabajador por razones económicas o productivas, al segundo se le reconoce el derecho a trabajar… cuando sea contratado y a recibir un salario según estipula el convenio, la ley. Para seguir nuestro razonamiento por la misma senda, comparemos los casos de hurto y los casos de corrupción mediáticos ¿hay correspondencia proporcional entre ambos casos? A todas luces no ¿por qué? porque se legisla de distinta manera para casos de delitos individuales que para casos de delitos colectivos, es decir, el comportamiento individual que el comportamiento de las clases. La burguesía se blinda jurídicamente para juzgar sus casos “delictivos” como puede ser la corrupción en la actividad económica, en la política, etc. La burguesía cuando habla de justicia está hablando de justicia burguesa, ya que su contenido está determinado por las condiciones sociales de producción. Intentar retocar los parámetros de la justicia burguesa es ingenuo pues de lo que se trata es de cambiar su esencia, es decir, las condiciones sociales de producción que la origina; y ello solo es posible mediante la revolución proletaria, la toma del poder político para construir la sociedad comunista.

Para hacer otra justicia (la que se corresponda con la propiedad social de los medios de producción) hay que detentar y ejercer el poder político real, no el formal de gobierno de turno. Sin ello es acaso un simplemente lavado de cara, un maquillaje, sin sentido de clase; es decir, reaccionaria.

Estamos ante un contexto mundial de grandes cambios e incertidumbres donde el proletariado tiene que tomar consciencia de su  misión histórica. Para ello es imprescindible reconstituir ideológicamente el comunismo, es decir, reconstituir el partido de nuevo tipo, paso necesario para construir una Internacional Comunista de nuevo tipo que haga realidad el cambio estratégico que la Humanidad necesita.

 

La Independencia de Cataluña

Esp vs Cat

INDEPENDENCIA DE CATALUÑA:
ENTRE BURGUESIAS ANDA EL JUEGO

El derecho de autodeterminación en Cataluña ha adquirido una importancia relevante en el sistema de contradicciones de la lucha de clases en el Estado español, creando una situación que no puede pasar desapercibida. Esencialmente se trata de una contradicción interburguesa, en la que una fracción de la burguesía catalana y nacional, gran burguesía, no quiere mover un ápice el marco jurídico y político actual. Sus principales representantes políticos, PP y Ciudadanos, amparándose en una lectura monolítica de la Constitución burguesa, pretenden que nada se mueva en Cataluña y resto del Estado español con objeto de que la burguesía financiera siga ejerciendo su dominio político en las decisiones económicas del Estado. El PSOE, aún defendiendo también los intereses generales de la burguesía financiera y acatando la Constitución, opta por su particular vía de reformas para reconocer las singularidades de las distintas nacionalidades (federalismo), un camino del medio para así desactivar de manera inmediata el movimiento independentista actual y abrir un camino al reconocimiento del derecho de autodeterminación de los distintos pueblos que conforman el Estado español. Las otras fracciones de la burguesía en liza, están representadas políticamente, en el momento actual en Cataluña, por CDC, ERC y en menor medida Unió, y en el resto del Estado por Podemos e IU, que con diferencias políticas ante la independencia de Cataluña, pretenden un cambio en el marco legal constitucional, que consideran obsoleto, aunque la acatan, así como su  modelo de sociedad capitalista con matices secundarios. Pero lo verdaderamente novedoso de la cuestión son las vacilaciones “nacionalistas” que se han originado en el seno del movimiento comunista revolucionario español, al obviar la crítica al nacionalismo burgués de aquellos que defienden la independencia de las naciones oprimidas en el Estado español, con el argumento de que se trata de un cambio táctico ante la actual situación política de tensiones interburguesas en Cataluña.

La política, siempre la política
Previamente a la valoración política de las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña, queremos precisar que la cuestión planteada en Cataluña sobre el derecho a la autodeterminación no es de carácter jurídico, como así lo presenta ante la opinión pública el PP por boca de Rajoy (descalifica la reivindicación de la autodeterminación por ser ilegal al no estar recogido en la constitución), PSOE y demás partidos burgueses, sino político, es decir, sujeto a la voluntad soberana del pueblo catalán, por ser un derecho democrático burgués que tienen todos los pueblos a independizarse de la nación que los explota económica y oprime políticamente, y formar un estado propio. Derecho reconocido mundialmente por la burguesía y que en los albores del capitalismo se le impone al Estado absolutista como medio político para el desarrollo económico del régimen capitalista de producción en los distintos estados nacionales configurando un mercado interno.

La posición ante la relación entre lo jurídico y lo político es de especial relevancia. De aceptar la preeminencia de lo jurídico sobre lo político en la sociedad dividida en clases, estaríamos aceptando la ley como algo inmutable e inamovible y, por tanto, la base de la desigualdad de las clases –la existencia y reproducción de la propiedad privada de los medios de producción en manos de una clase- como algo natural que es sancionada por la ley como justa, por lo que hay que defenderla y respetar. La consecuencia de ello es evidente: condenar al proletariado a la condición de clase explotada y oprimida por la burguesía pues así lo establece la ley, cuando en realidad ésta no es más que la expresión jurídica (legal) de las relaciones sociales de producción impuestas como inexorables, determinando sus funciones sociales y condiciones de existencia.

Abundando en lo expuesto: si el proletariado mostrara respeto por la ley burguesa no sólo tendría que aceptar su condición de clase explotada y oprimida por el capital, sino también la imposibilidad de rebelarse contra dicha condición por “ser justa”, condenándose para siempre a su dependencia del capital. 

Lo jurídico deviene de lo político, siendo la expresión legal de las condiciones de la producción y de la correlación de fuerzas de la lucha de clases en un momento determinado en la Historia. Por ello no es inmutable e inamovible, estando sujeto a las vicisitudes de la lucha de clases que es la que hace cambiar las expresiones y los sistemas jurídicos (las leyes) en el proceso histórico. Cataluña seguirá perteneciendo al Estado español o construirá su propio Estado dependiendo de la fuerza social de las fracciones de clase que impulsan dicho proceso independentista, por cierto, por los cauces democrático burgueses (de eso no cabe la menor duda), al margen de que ahora tenga o no encaje en el ordenamiento jurídico constitucional, que será modificado por medio de la negociación política si llegara el caso, si la correlación de fuerzas es favorable a las fracciones de clase burguesa independentistas en la lucha interburguesa a que está sometido el proceso de independencia de Cataluña.

Cataluña, ¿una nación oprimida?
Cataluña es una comunidad históricamente determinada, es decir, fruto del desarrollo económico y social en donde dominan las relaciones capitalistas de producción como en cualquier otra comunidad autónoma. La burguesía catalana sabe perfectamente que Cataluña no es una nación oprimida por el Estado español, puesto que desde el punto de vista económico está situada a la cabeza del desarrollo capitalista en España, en parte debido a su propia potencialidad como suma de capitalistas emprendedores -como clase se han preocupado de poner en acción los mecanismos necesarios para desarrollar las condiciones de producción tanto desde el punto de vista humano como material- en parte debido al mayor apoyo económico a través de inversiones que se le ha proporcionado desde el Estado. Tampoco puede hacerlo recurriendo al idioma y la cultura, ya que tiene su propia lengua que la utiliza con gran profusión en todos los ámbitos sin ningún tipo de cortapisa. Por eso la burguesía independentista se cuida mucho de no situar en estos terrenos la opresión. Si no hay opresión desde el punto de vista político ¿Dónde reside la opresión histórica de la que se habla?, ¿Por qué recurrir al derecho de autodeterminación que significa separación y formación de un Estado propio?.

Tabla 1

La economía catalana es la primera por PIB de las CC.AA., seguida por Madrid y Andalucía. Sin embargo su crecimiento ha sido desigual con respecto a otras Comunidades: a partir de la crisis económica del 2007, la tasa de crecimiento interanual del PIB per cápita ha sido negativa en el año 2009-2010 (-4,1%) y positiva en el año 2014-2015 (+1,2%), muy inferior a la etapa anterior a la crisis pero que pone de manifiesto una progresiva recuperación. Si se compara con otras Comunidades su desaceleración del PIB per cápita es acentuado ya que Madrid y Extremadura, por ejemplo, crecieron un 7,2% y 4,8%, respectivamente. Anteriormente a la crisis, las tasas de crecimiento anual del PIB mostraban un incremento inferior a la media de la economía española (en el período 2000-2006 creció en Cataluña un 3,21% frente al 3,34% en España). Estos datos, juntos a otros, nos pueden aportar elementos para pensar que la reivindicación de independencia por las fracciones de la burguesía catalana está reactivada por la pérdida de influencia económica, tanto con el mercado interior como en el exterior, la Unión Europea, fundamentalmente.

Tabla 2

Los partidos defensores de la independencia de Cataluña, como expresión política de las fracciones burguesas catalanas proclives a la separación del Estado, sitúan concretamente la opresión del Estado sobre la sociedad catalana en la financiación de la Generalitat que, al no resolverse mediante una negociación con el Estado central, se ha elevado al derecho a decidir sobre la autodeterminación y/o al proceso de independencia, que es el punto en donde está situada ahora la contradicción interburguesa, de modo que según estos partidos, Cataluña recibe una cantidad de los impuestos que recauda el Estado central notablemente inferior a lo que en realidad le pertenece según la producción creada y el consumo realizados por sus habitantes.
Este desencuentro entre las distintas fracciones de la burguesía catalana, pequeña y media, por un lado y la gran burguesía española se intentó resolver durante del gobierno tripartito de Maragall y el gobierno de Zapatero mediante la promulgación de un nuevo Estatut de autonomía y la negociación con CiU para modificar la financiación de la Generalitat, aunque no se consiguió llevar a efecto, como eran: el aumento de la participación de la Generalitat en los impuestos del Estado (del  33% al 50% del IRPF, del 40% al 58% de los impuestos especiales, y del 35% al 50% para el IVA), a cambio de renunciar a que la Agencia Tributaria Catalana los recaudara. Además el gobierno español se comprometía a invertir en Cataluña una cantidad equivalente al peso de su economía en el conjunto de España, el 18,5% del PIB. La diferencia entre lo que establecía el nuevo Estatuto aprobado en el Parlamento catalán y lo que finalmente salió de las Cortes generales es notable, puesto que la Agencia Tributaria catalana sólo gestionaría los tributos propios de la Generalitat y no todos los impuestos que se generan en Cataluña, que son gestionados por el Estado central. Es aquí donde residen las diferencias reales entre las distintas fracciones de la burguesía, y que en nada afectan a los intereses de la clase obrera cuyo papel en esta disputa es la de mera  productora de plusvalía y pagadora de impuestos para que los gestionen las distintas fracciones de la burguesía mediante la intervención de los distintos aparatos del Estado, central y autonómico.
El marxismo-leninismo es muy claro respecto a la cuestión nacional, se diferencia cualitativamente de la doctrina burguesa en que todas las naciones tienen el derecho a la autodeterminación como medio de sacudirse la opresión que sufren de cualquier otra nación (aspecto democrático burgués de la reivindicación como medio para resolver la contradicción interburguesa entre el aspecto nacional e internacional del capital), pero cada clase representa unos intereses muy distintos, determinado por su naturaleza social y la finalidad que persigue: El aspecto reaccionario, nacionalista-burgués de la burguesía al se desarrollarse como clase nacional independiente, disputando con otras burguesías nacionales su derecho a apropiarse de la plusvalía arrancada a su proletariado. El aspecto revolucionario, internacionalista del proletariado al desarrollarse como clase internacional, que se lo impide el interés de la nación opresora limitando su desarrollo cuantitativo y cualitativo al condicionar el desarrollo económico de la nación oprimida. Si no se tiene en cuenta esta importantísima diferencia se pueden mezclar los dos intereses en uno sólo, como hace el socialimperialismo, sometiendo el interés de la clase obrera a los intereses de su burguesía nacional.

Sobre  los datos electorales
Es a partir del año 2006, año en que se aprueba el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña en el  Parlamento catalán, y se tramita ese nuevo Estatuto en las Cortes Generales, cuando la posición por la independencia empieza a ser relevante y tener un peso político como para desafiar al Estado central, fundamentalmente  por el viraje de CDC a favor del soberanismo, en un primer momento y la autodeterminación después, ligado a su pérdida de influencia política en la sociedad catalana. De ser CDC el partido más votado en el año 2003 y no lograr la mayoría absoluta, aún contando con los escaños del PP, se ve obligado a pasar a la oposición por la formación del gobierno tripartido del PSC, ERC e ICV-EUiA. En las elecciones del 2006 fue de nuevo el partido más votado pero no consiguió desbancar al tripartito que revalidó la mayoría absoluta, dando paso a un nuevo ascenso en las elecciones del 2010 con una subida importante a costa de la caída de ERC, pero esa tendencia se quiebra en las elecciones del 2012 con una pérdida electoral importante al bajar de 62 escaños a 50, pérdida de votos que pasan en su mayoría a ERC, que de 10 escaños en el 2010 se dispara a 21 en el 2012. Y llegan  las elecciones del 2015 con otra pérdida importante de votos y escaños de la coalición Junts pel Sí con respecto a la suma de votos de CiU y ERC en las elecciones del 2012. Viraje de CDC que responde también a la presencia de la crisis económica y a la incapacidad del gobierno de la Generalitat a gestionar, con el presupuesto que maneja, las demandas sociales asociadas al funcionamiento del Estado de Bienestar en Cataluña, llegando su déficit fiscal con el Estado al 7,5% del PIB de promedio anual. A esta nueva situación hay que incluirle el escaso interés que demuestra el Ejecutivo central a la petición insistente del gobierno y del Parlamento de Cataluña de aumentar la financiación de la Generalitat, elemento central de la Reforma del Estatuto, así como reconocer jurídicamente a Cataluña como nación. Pero la gota que ha colmado el vaso fue declarar inconstitucional el Estatuto de Cataluña por el Tribunal Constitucional a petición de un recurso del PP, y la caída evidente de la inversión del Estado en Cataluña.

¿Es Convergencia un instrumento para la liberación de la “opresión” de Cataluña?
La posición política de CiU siempre ha estado ligada al apoyo que ha ido prestando de manera muy calculada al gobierno central de turno, eso sí, a cambio de un trato preferencial a la estabilidad política del gobierno catalán y a las inversiones que realizaba el Estado en Cataluña, lo cual reportaba pingües beneficios tanto a la burguesía de ambas orillas, a través de contratos empresariales con las instituciones del Estado central y autonómico, como a la propia coalición que recibía imponentes cantidades de dinero en forma de tantos por ciento de las empresas a las que se les adjudicaban los contratos, tanto si eran genuinamente catalanas como españolas, puesto que para los negocios eso carece de la más mínima importancia. Con ello se aseguraban los gobiernos centrales  PSOE o PP, la estabilidad política que necesitaban para terminar la legislatura. Tanto unos como otros gobiernos salían beneficiados de dichos pactos, como el conjunto de la  burguesía como clase a la que garantizaban con sus políticas aumentar la explotación y presión de la clase obrera, tanto la de Cataluña como la del resto del Estado español. Estos pactos permitieron que se aprobaran la ley Reforma Política de la que Miguel Roca era el representante de la burguesía catalana, se elaborara y promulga la Constitución en la que también participó Miguel Roca, se construyó el Estado de las Autonomías, la firma de los Pactos de la Moncloa que determinaron la estabilidad económica y la actuación del nuevo Estado Autonómico, las distintas reformas fiscales y laborales, la reconversión industrial, etc. etc.
¿Quién puede pensar en su sano juicio que con CDC dirigiendo el proceso de autodeterminación de Cataluña puede desembocar en algo positivo para la clase obrera, con el carácter de clase burgués de este partido? ¿Cómo se puede pensar que en el momento actual el proceso de independencia de Cataluña puede avanzar sin el concurso de CDC? ¿Cómo se puede llegar a pensar que CDC está dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso de independencia de Cataluña sin traicionarlo, cuando de lo que trata es de aprovechar la movilización social para llegar a acuerdos con el Estado con el objetivo de modificar la actual financiación de la Generalitat?

¿Qué nos muestran los datos electorales?
Vamos a empezar este análisis por la exposición de los resultados obtenidos, para desde las entrañas de los propios datos extraer las conclusiones más importantes:

Tabla 3 Tabla 4

Tabla 5

Tabla 6

El reparto de votos emitidos ha estado equilibrado entre el bloque que defendía la independencia de Cataluña y el bloque que ha defendido su pertenencia al Estado español, con una diferencia de aproximadamente de 120.000 votos a favor de los segundos:
Tabla 7

Para el bloque independentista se puede decir que CDC demuestra una tendencia a la pérdida de votos (-91.433 en el año 2012 con respecto al 2010, sin poder determinar su caída en 2015 pues ha concurrido en coalición con ERC), lo contrario a lo que le ocurre a ERC, pues su tendencia es a subir (+278.246 en el año 2012 con respecto al 2010, sin poder determinar su ascenso en 2015 pues ha concurrido en coalición con CDC), aunque la suma de los dos partidos va en ascenso (+192577 en el año 2012 con respecto al 2010 y +12.340 en 2015 con respecto a 2012, siendo estos datos engañosos porque si se tiene en cuenta que la participación ha subido en 2015, el porcentaje de votos desciende de manera considerable (-1,2% en 2012 con respecto al 2010 y -4,7% en 2015 con respecto al 2012). En cuanto a la CUP su tendencia es ascendente (+210.156 en el año 2015 con respecto al 2012). La suma de los tres partidos demuestra una tendencia al ascenso puesto que aumenta en +318.796 votos en 2012 con respecto al 2010 (no concurre a las elecciones la CUP, con lo que no aporta ningún voto) y +22.496 votos en 2015 con respecto a 2012, es decir alrededor de 550.000 votos si comparamos los datos del 2015 con respecto al 2010, debido al aumento de ERC en 2012 y la CUP en 2015. En su conjunto, el bloque que defiende la autodeterminación de Cataluña ha sumado votos del aumento de la participación electoral (+10% en 2012 y +8% en 2015). En cuanto al movimiento de votos en este bloque, ERC absorbe en el primer tramo (2010-2012) los votos que se incorporan a la participación electoral que van a parar al granero independentista y la CUP absorbe en el segundo tramo (2012-2015 ( la mayoría de los votos que se incorporan a la participación electoral más lo que pierde CDC y ERC por su “izquierda” no identitaria).

Para el bloque no independentista:
Los partidos que forman el bipartidismo (PSOE-PP) pierden 123.877 votos en 2015 con respecto al 2012, prácticamente los mismos que pierde el PP (122.753) pues el PSOE ha mantenido sus votos (-1.124). El dato importante de este bloque es el ascenso de C´s que ha mantenido su tendencia ascendente (+165.099 votos en 2012 con respecto al 2010 y +459.984 votos en 2015 con respecto al 2012). En cuanto a ICV-EUiA ha visto frenado su tendencia al ascenso (+128.872 en 2012 con respecto al 2010) por su estancamiento en los últimos resultados (+7.637 votos en 2015 con respecto a 2012), máxime cuando iba unido en coalición con Podemos y Equo, como Catalunya Sí Que es Pot (CSQP). En su conjunto el bloque no independentista ha ido ganando votos en las distintas elecciones que se han producido desde el año 2010 (+223.812 votos en 2012 y +446.614 votos en 2015), es decir, cerca de 700.000 votos con respecto a 2010, debido fundamentalmente al ascenso de C´s. En cuanto al movimiento de votos en dicho bloque, C`s  absorbe los votos que pierde PP y los que se incorpora a la participación electoral que van a parar al granero de los que no defiende la independencia de Cataluña.
El voto que apoya el independentismo no ha evolucionado prácticamente en el 2015 con respecto al 2012, aunque sí en cuanto al 2010, que coincide con la no presencia de la CUP, aportando unos datos casi idénticos. Sin embargo, varía en cuanto a su distribución hacia los diferentes partidos: se puede observar la caída ostensible de la coalición JxSí formada por CDC y ERC del 2015 con respecto al 2012 (-4,9%), que es aproximadamente lo que asciende la CUP en el 2015 con respecto al 2012 (+4,8%).

Tabla 8

Las características más importantes del voto a los partidos que apoyan la independencia de Cataluña son:
Existe un mayor apoyo en las provincias con un menor número de electores, lo que parece ser que  indica que esta reivindicación está muy apegada al terruño (aspecto ideológico), a la defensa de lo propio, a la identidad catalana.

Tabla 9

Existe un menor apoyo en las provincias menos industrializadas (aspecto económico), lo que parece ser que indica que esta reivindicación está más apoyada en la propiedad, a la pertenencia a una clase y conservación de la pequeña y mediana propiedad.
En cambio el voto que apoya a los partidos que defienden la no separación de Cataluña del resto del Estado español ha ido evolucionando paulatinamente de manera ascendente como se puede observar en los siguiente datos:
Tabla 10

El apoyo electoral de las fuerzas no independentistas se debe a dos factores fundamentales: a que el aumento de la participación ha favorecido más a este bloque (en concreto a C´s), sumando más apoyo que el otro bloque de este factor, y a la salida de Unió de CIU (2,5%).
Las características más importantes del voto que no apoya a los partidos que defienden la independencia son:
Existe un mayor apoyo en las provincias con mayor número de votantes, lo que parece ser que indica que está más apoyado dicho voto en el cosmopolitismo (aspecto ideológico), como es el caso de Barcelona, que concentra las 2/3 partes del censo electoral.
Existe un mayor apoyo en las provincias más industrializadas (aspecto económico) y, sobre todo, en las comarcas del cinturón de Barcelona, lo que parece ser que indica que está apoyado en los sectores obreros, que no tienen ninguna propiedad económica que proteger (propiedad individualizada o poco concentrada) por la amenaza de la propiedad más concentrada (gran propiedad).
Queda demostrado, al menos hasta ahora, que la clase obrera no ha sido permeable a los cantos de sirena de la pequeña y mediana burguesía catalana, aunque por la misma razón se podría interpretar que es permeable a la defensa de los intereses de la gran burguesía catalana y española debido a su mayor influencia política e ideológica, sin menospreciar el factor del miedo y la incertidumbre a lo que le puede venir con la independencia. A estas conclusiones se podría llegar, aunque nosotros consideramos que esta apreciación por mucho peso que pueda tener sería erróneo, pues su comportamiento actual no tiene ningún sentido propio, estando sujeto a las leyes y sistema de la democracia burguesa, creyendo y confiando que ello es lo mejor para sus intereses, pues no tiene un proyecto propio en que apoyar su lucha contra el capital.
Por el contrario, nosotros seguimos creyendo que la actuación de la clase obrera demuestra lo que nosotros pensábamos antes de la celebración del referéndum y las elecciones autonómicas: que no estaba ni está interesada en un tema que no le afecta a sus intereses como clase, ya sea de manera inmediata (donde se vislumbre que puede mejorar sus condiciones de vida y trabajo), ya sea estratégicamente (se puede llegar a creer que el desarrollo de esta contradicción interburguesa va a favorecer la elevación de su nivel de conciencia). Precisamente a éste último argumento recurre el Movimiento por la Reconstitución para llamar a la movilización de la clase obrera para votar SÍ-SÍ en el referéndum del 9N, convocado por las fuerzas que apoyan la independencia de Cataluña.

Debatiendo con el Movimiento por la Reconstitución
La argumentación dada por el Movimiento por la Reconstrucción (MR) para participar en el Referéndum es de dos tipos: 1) Deslindar en la práctica la “democracia del mercadeo parlamentario”, esto es, la expresión libre de la opinión y posición política de la liturgia de la deposición del voto y 2) “Educar” políticamente a las masas desde una posición proletaria sobre el tema en cuestión. Vamos a ir exponiendo primero la posición del MAI y después la del MR, una vez constituido, haciendo suyo la posición y argumento del MAI en este tema.
En el documento del 2005 para el referéndum sobre la Constitución Europea se argumenta lo siguiente: “Un Referéndum es diferente de unas elecciones. Ante éstas el proletariado debe continuar absteniéndose, porque cualquier compromiso, en el estado actual del movimiento revolucionario, carecería de contrapartida; cualquier participación implicaría la subordinación a intereses de clase ajenos. En este Referéndum, en cambio, el proletariado puede participar porque su actitud podrá ser traducida directamente en una posición política, sin ninguna mediación por parte de la gran burguesía. El proletariado puede expresarse directamente y en bloque sin que nadie interprete o modifique su voto. El proletariado se encuentra así abierto, más receptivo a la política de la lucha de clases y puede escapar, aunque sea por un breve período de tiempo del economicismo espontaneísta al que le subyuga cotidianamente la burguesía. Aquí, las vanguardias ideológicas y políticas tienen la responsabilidad de saber transmitir a las masas trabajadoras nuevas ideas que contribuyan a su elevación y actuación como clase independiente”.

(No a la Constitución Europea. Por qué no existe un “Sí” posible. El Martinete Nº 18, Septiembre 2005)

En el documento para el referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña se argumenta lo siguiente: “Un referéndum, en las condiciones de la democracia burguesa, aparece en un doble aspecto contradictorio; por un lado representa la expresión directa de la voluntad de las masas respecto a un asunto concreto, en el que prima el aspecto de mandato imperativo de la soberanía popular, pero, por otro, en virtud de su encaje en los mecanismos representativos del parlamentarismo, emplaza la ejecución de ese mandato directo a los representantes, irrevocables e instituidos de plenas prerrogativas. Por eso un referéndum no puede ser asimilado simple y llanamente a unas elecciones parlamentarias al uso, como puerilmente, en una muestra de severa ignorancia política, ha hecho RC, y es la forma como tradicionalmente ha reclamado nuestro movimiento la solución de un problema democrático-burgués como es la cuestión nacional”.

(Ante el 9 N en Cataluña. Un posicionamiento por la unidad internacionalista del proletariado, MAI, Nov. 2014)

En el documento para las elecciones al Parlamento de Cataluña, los distintos grupos del MR argumentan: “Las diferencias entre un referéndum y unas elecciones parlamentarias al uso, por tanto, deberían estar claras: en síntesis, en un referéndum puede abrirse la posibilidad de que las masas se impliquen de manera directa en los asuntos públicos y, al mismo tiempo, de desbordar el orden jurídico establecido y los innumerables arreglos burgueses sobre los que se sostiene la vida política diaria, siempre y cuando se den circunstancias como las provocadas por la cerrazón del gobierno español, que situó fuera de la legalidad la expresión democrática del pueblo catalán. En cambio, unas elecciones parlamentarias suponen irremediablemente el encauzamiento y adocenamiento de las masas, la vuelta al redil mediatizado por la burguesía de manera permanente, donde predominan los pactos con la nación opresora y los arreglos en pos de conquistar una u otra parcela de poder”.

(Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!, artículo conjunto del MR)

De la argumentación que se aporta se desprende una defensa de la participación en el referéndum por la sencilla razón de que en dicha consulta puede la clase obrera expresar libremente su opinión ante un asunto público sin que nadie pueda manipularla o aprovecharse de ella: de ello se deduce que el proceso en que se enmarca el referéndum, al contrario de las elecciones, se abstrae de la realidad social, ajeno a la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado y sujeto en la situación actual al dominio de la burguesía sobre el proletariado. Ciertamente el proletariado se expresa políticamente, como no podía ser de otra manera…., pero sirviendo de muletilla de una u otra fracción de la burguesía en disputa y no como expresión de su interés de clase independiente de la burguesía como proyecto social propio. En los resultados del referéndum parece que no se tiene en cuenta quién dirige la opinión y la dirección del movimiento de las masas obreras, haciendo abstracción de los fines que persigue dicha dirección, en este caso la fracción de la burguesía catalana proclive a la separación del Estado español. Nadie “interpreta o modifica su voto”, pero sí su expresión como suma de ciudadanos hacia uno y otro lado, uno u otro interés de fracción de clase burguesa; aunque claro, por más  que defienden las fuerzas independentistas catalanas es más progresista.
Si aceptamos la argumentación del MR, los que defendíamos la no participación de la clase obrera en el referéndum estamos anclados en el dogmatismo y la metafísica pues actuamos sin un análisis concreto de la realidad concreta. Se razona que la participación se sostiene en la clarividencia en analizar el contexto social en que se enmarca el referéndum lo que ha permitido adoptar una “posición audaz”, una “decisión táctica en base al contexto en que nos movemos”. En la página 3 del documento que elaboraron para defender el boicot en las elecciones al Parlamento de Catalunya se detalla la táctica adecuada a la situación concreta:
“Mientras el incipiente movimiento por la reconstitución del partido comunista no sea capaz de erigirse como actor político de primer orden y pueda generar sus propias dinámicas que contraponer a este nuevo auge de los movimientos nacionalistas, consideramos que lo prioritario es incidir en el aspecto democrático como atenuante de la cuestión nacional”. A continuación exponen las razones de la justeza de dicha posición política pues “puede abrirse la posibilidad de que las masas se impliquen de manera directa en los asuntos públicos y, al mismo tiempo de desbordar el orden jurídico establecido y los innumerables arreglos burgueses sobre lo que se sostiene la vida política diaria, siempre y cuando se den las circunstancias como las provocadas por la cerrazón del gobierno español, que situó fuera de la legalidad la expresión democrática del pueblo catalán”.  (Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!)

Otra nueva abstracción, pues para que ello ocurra, que “las masas rebasen la legalidad burguesa”, es necesario que exista una realidad especial ¡que el proletariado tenga un proyecto propio y una dirección política revolucionaria actuando en el sistema de contradicciones!, ya que pensar lo contrario es adentrarse en el terreno del espontaneísmo y del idealismo. Los hechos constatan que el movimiento por la autodeterminación de Cataluña está situado exclusivamente en el terreno de lo legal y parlamentario, tal como pretenden las distintas fracciones burguesas sustrayéndolo del movimiento más propio de la clase obrera cuando se enfrenta a la burguesía bajo su dominio político: la calle y las empresas en pos de la unidad y fortaleza de clase contra clase. No se puede perder de vista que CDC está situada únicamente en la negociación, aunque para ello tenga que utilizar el derecho a la autodeterminación como forma de atraerse a los que defienden la independencia y de presionar a los que se apoyan en la constitución y la legalidad vigente.

Este es el resultado de dicha clarividencia: “En el Estado español en particular es evidente que la opción que más en contra se posicionaba del status quo actual, y por tanto la que más potencial disgregador tenía respecto de los mecanismos de encuadramiento burgués, era sin duda alguna la del voto afirmativo respecto a la independencia de Cataluña, no sólo porque el mismo implicaba educar a nuestra clase en el desprecio a las fronteras estatales establecidas por la burguesía; sino porque además la participación en la consulta favorecía imbuir de odio en la legalidad vigente al proletariado, dado el carácter ilegal de la consulta: una doble educación necesaria para el proletariado catalán y para el español”. (Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!,)

Nos parece aventurado pensar que se puede dar un salto cualitativo tan grande en el nivel de conciencia de la clase obrera, máxime cuando el proceso de independencia está tan alejado de su sensibilidad y de las preocupaciones cotidianas como se puede comprobar en los resultados de las elecciones y por el cuidado y el celo que ponen los dirigentes políticos que pilotan el proceso para que no contamine la movilización ciudadana centrada en la legalidad burguesa parlamentaria.
Consideramos inadmisible pensar que la clase obrera pueda dar un paso adelante en su nivel de conciencia por el solo hecho de elaborar un documento en donde se expongan las una o mil razones para colgarla en Internet, pues no hay fuerza suficiente para desarrollar un trabajo político, en donde es imprescindible la existencia de un movimiento revolucionario con una dirección política constituida orgánicamente, que tenga como resultado conseguir la finalidad buscada. ¿Qué parte de los votantes en las elecciones al Parlamento de Cataluña no está por la negociación, como así lo quiere la dirección del proceso de independencia? ¿No ha sido la negociación o, mejor dicho, la financiación de la Generalitat, el verdadero motivo que ha impulsado este proceso, y sigue siéndolo hoy día?.

El internacionalismo proletario, como ideología general de la clase obrera en cuanto a su unidad política y orgánica a nivel internacional para la realización de la revolución proletaria y la construcción de la sociedad comunista, tiene suficiente fuerza como para entregar a la concepción burguesa de la autodeterminación de los pueblos, la democracia en general, la dirección de la liberación del proletariado como clase independiente de la burguesía. Ello es válido, siempre y cuando se realice en una determinada situación histórica, en el país colonizado por el imperialismo internacional que somete el desarrollo económico y político de los países a sus propios intereses, coartando con ello el desarrollo material y político del proletariado de esos países, necesarios para acometer la revolución proletaria. En los países imperialistas, como es el caso de España, la única etapa pendiente para la revolución proletaria es la construcción del partido comunista y la dirección del proletariado según las tareas que marca el proceso revolucionario. Como ocurre con la continua reivindicación de la República que en nada cambia la naturaleza y contenido del Estado. El apoyo a una reivindicación de una fracción de la burguesía, como es la independencia en el caso de Cataluña, aunque sea con un objetivo completamente distinto, no es más que un paso atrás ideológico y político en la preparación de dichas tareas: primero se le pide a la clase obrera catalana y española que apoyen la construcción de un nuevo Estado capitalista, para a continuación pedirle que juntos luchen contra el carácter de los dos Estados mediante la revolución proletaria en cada país. ¿No es ello un tremendo embrollo para el proletariado, cuando se les puede pedir que luchen unidos contra el mismo Estado capitalista, que es el que todos explota y oprime como clase?.

Contra las Guerras Imperialistas

Bandera

La guerra actual es una guerra imperialista

Casi todo el mundo reconoce que la guerra actual es una guerra imperialista, pero en la mayor parte de los casos se tergiversa esta idea, ya sea aplicándola a una de las partes o bien dando a entender que, pese a todo, esta guerra podría tener un carácter burgués progresista, de liberación nacional. El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. El capitalismo comenzó a sentirse limitado dentro del marco de los viejos Estados nacionales, sin la formación de los cuales no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto, que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terrestre ésta repartido entre estos “potentados del capital”, bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación financiera. La libertad de comercio y la libre competencia han sido sustituidas por la tendencia al monopolio, a la conquista de tierras para realizar en ellas inversiones de capital y llevarse sus materias primas, etc. De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo, progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las “grandes” potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de la opresión nacional.

(VI Lenin, El socialismo y la guerra, 1915)

La Renta Básica, ¿Remedio Contra la Pobreza o Contra la Lucha de Clases?

La Renta Básica, 

¿Remedio contra la pobreza o contra la lucha de clases?

Pero, todos los métodos de produccón de plusvalía son, al mismo tiempo, métodos de acumulación y todos los progresos de la acumulación se convierten, a su vez, en medios de desarrollo de aquellos métodos. De donde se sigue que, a medida que se acumula capital, tiene necesariamente que empeorar la situación del obrero, cualquiera que sea su retribución, ya sea ésta alta o baja. Finalmente, la ley que mantiene siempre la superpoblación relativa o ejército industrial de reserva en equilibrio con el volumen y la intensidad de la acumulación mantiene al obrero encadenado al capital con grilletes más firmes que las cuñas de Vulcano con que Prometeo fue clavado a la roca. Esta ley determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital. Por eso, lo que en un polo es acumulación de riqueza es, en el polo contrario, es decir, en la clase que crea su propio producto como capital, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, de despotismo y de ignorancia y degradación moral.

Karl Marx, El Capital, t.1, “Acumulación capitalista”

Estamos asistiendo a la difusión, desde distintos ámbitos, de unas propuestas sobre la necesidad de implantar la Renta Básica (RB) universal o condicionada. Esta debe su paternidad a determinadas iniciativas y estudios realizados por intelectuales pequeñoburgueses con la loable intensión de mitigar las devastadoras consecuencias que la crisis de acumulación capitalista está causando, y se prevé siga causando en el futuro, al conjunto de la población. La idea aparece en la década de los 80, pero es recientemente, en plena crisis, que ha reverdecido con más fuerza y la han hecho suya organizaciones y colectivos, acogiéndola en sus declaraciones como si de una original panacea se tratara para acabar con la pobreza, la exclusión y la miseria social galopante que viven millones de personas bajo el régimen de producción capitalista, tanto en países desarrollados como atrasados económicamente.

Es necesario abordar desde el campo comunista un debate abierto sobre la RB, que tanto se airea mediáticamente y que tantas virtudes se le atribuye. Pues afecta directamente a la posición política que debe adoptar la clase obrera con respecto al sistema capitalista y reflexionar sobre la alternativa que debe impulsar para dejar de ser una clase cautiva al servicio de los intereses de la burguesía.

Esas organizaciones y colectivos promotores de la RB se horrorizan y encuentran inaceptable que, en pleno siglo XXI, exista tanta pobreza y penuria, en un sistema donde se supone reinan las oportunidades y la sobreproducción de mercancías, llegándose al extremo de destruir alimentos y recursos para controlar precios y mercados. Sus talentosas iniciativas les llevan a la concepción de que la pobreza se puede eliminar de la faz de la tierra adoptando audaces medidas económicas con cierta dosis de buena voluntad que corrijan las secuelas que la economía capitalista provoca sobre millones de seres humanos en el mundo, como si de un tsunami se tratara, entendiendo la pobreza como un daño colateral, consecuencia del excesivo afán de riqueza y de codicia de las políticas económicas en manos del capital financiero. Desde esos presupuestos idealistas lanzan al mercadeo político la propuesta de RB: “repartir la riqueza social para acabar con la pobreza”, situando la lucha de clases, para tal fin, dentro del enfrentamiento político, entre las dos corrientes burguesas: de un lado el neoliberalismo representante del capital financiero, y del otro los reformistas, fervientes defensores del llamado Estado de Bienestar, que se encuentra a contracorriente de la tendencia actual del desarrollo del capitalismo imperialista.

Sus objetivos políticos están situados en conseguir mejoras sociales y conquistas parciales, en función del desarrollo del capital y de la dinámica económica de sus negocios, sin refutar la propiedad privada de los medios de producción y al Estado burgués que lo sustenta, es decir, pretenden distribuir la riqueza más equitativamente, pero sin cuestionar el modo en cómo se produce esa riqueza y quien se la apropia. Por supuesto no sólo se trata del dominio económico, a éste le acompaña el político e ideológico, inculcando en el proletariado el respeto a la propiedad privada burguesa, las instituciones y al Estado, dándole a éste un carácter neutral y un papel conciliador en la lucha de clases, manteniendo dicha lucha en los límites de la legalidad burguesa y dentro del marco parlamentario y su juego de mayorías y minorías, materializándose la alianza de clase entre el reformismo y el capitalismo mediante las políticas de PACTO SOCIAL.

La necesaria colaboración de los sindicatos y partidos reformistas con el capital -llevar la ideología burguesa a las filas del movimiento obrero, traicionar y frenar la lucha de la clase obrera- es premiada por la burguesía con reconocimientos y subvenciones millonarias, amén de participación en consejos de administración y otras prebendas.

La pobreza, ¿un daño colateral?

La pobreza, en las sociedades capitalistas, no es una hecho fortuito, casual o transitorio al que están expuestas las personas, como si de un catástrofe natural se tratara, sino un resultado lógico de las condiciones de la producción capitalista, que se caracteriza por la producción de mercancías y la explotación del trabajo asalariado, de modo que imposibilita el acceso directo para todos los individuos a satisfacer sus necesidades sociales, acceso mediatizado por la renta que perciben: salario del trabajo o ganancia del capital. La clase obrera, al depender económicamente del salario, determinado por la cuota de ganancia del capital, podrá obtener sus medios de sustento y de vida en función de ese salario. Su capacidad de consumo nunca podrá superar el valor del salario que perciba, salvo que se endeude con el capital, cuestión que fomenta la burguesía para extender su nivel de producción y venta.

La burguesía al mismo tiempo que explota a la clase obrera, es decir, extrae y se apropia del trabajo no pagado (la plusvalía) mediante el proceso de producción, necesita convertirlo en capital, valorizarse (vender sus mercancías), y así completar y reproducir el ciclo en que vive continuamente el capital. Y es en ese ciclo como nace, por un lado, la pobreza, y por otro  la riqueza, los dos polos en que se traduce la producción capitalista. La pobreza como expresión de la explotación a que está sometida la clase obrera en representación del trabajo asalariado, y la riqueza, expresión de la cuota de ganancia del capital o lo que es lo mismo la cuota de plusvalía. Ambos polos se complementan y se excluyen, no pudiendo existir el uno sin el otro. Políticamente, sólo es posible superar esa situación acometiendo la ruptura del binomio pobreza-riqueza y destruyendo ambos polos, emprendiendo su sustitución por otra forma de producción, de cambio y de distribución, único objetivo del proletariado revolucionario. Frente a este, la propuesta de RB persigue aliviar políticamente la situación de crisis de acumulación en que se encuentra el capital, intentando abordar la contradicción que se le presenta fuera de la esfera de la producción entre la burguesía y el proletariado.

En relación a la pobreza es ilustrativa las posiciones que mantienen algunos intelectuales pequeñoburgueses defensores de la RB, como la respuesta del economista Santiago Niño Becerra a la pregunta: “¿También aumentará la desigualdad?” en la entrevista que publicaba el diario digital Público el día 21-02-15: “Sí, claro, va a aumentar. Sobre la desigualdad, y soy muy heterodoxo en esto, pienso que el problema no es que el señor Amancio Ortega tenga la fortuna que tiene. Me importa muy poco el patrimonio que tenga Amancio Ortega. El problema es que haya gente en España que tenga que vivir con 300 euros al mes. Dejemos al señor Ortega en paz y veamos qué se puede hace por la gente que gana 300 euros”. 

La pobreza a la que está sometida la clase obrera en las sociedades capitalistas es un hecho objetivo de las condiciones capitalistas de producción, aunque no “deseable” para la clase que explota la fuerza de trabajo asalariada. Es una contradicción que se genera en el proceso de producción independientemente de la voluntad de los agentes que intervienen. Se crea y se desarrolla en el corazón mismo del proceso de trabajo, consecuencia de la modificación constante de la composición orgánica del capital, que es impulsada por la competencia desatada entre los capitalistas por abaratar costos de producción y aumentar la productividad del trabajo. Resultado de este proceso de producción nos encontramos con una riqueza social acumulada (a realizar mediante la venta de las mercancías producidas) en manos de los empresarios, de una parte, y de otra, con una expansión de la pobreza debida a la caída de los salarios y la expulsión de los obreros de sus puestos de trabajo, que va en aumento en la medida que se va desarrollando la producción a gran escala.

Si bien es cierto, que la burguesía necesita explotar al mayor número posible de trabajadores asalariados, no es menos cierto, que también necesita que los trabajadores consuman las mercancías producidas para convertir en capital la plusvalía obtenida. Esta es una de las contradicciones en las que se mueve el sistema capitalista y que intenta solucionar como puede. Para ello recurre a la intervención del Estado, la colaboración de reformistas y revisionistas, y los programas asistenciales que amortigüen, escondan o maquillen la pobreza como a los trabajadores en activo con un pie en el pauperismo, sin ingresos fijos ni recursos, que se ven obligados a recurrir a la beneficencia porque esos programas nunca cubren las necesidades de excluidos del proceso de producción. Pero esta lucha económica contra la pobreza demuestra ser más una lucha de carácter burgués que proletaria, dado que el proletariado revolucionario enfoca esta lucha desde el terreno político, es decir, por la eliminación de las condiciones que perpetua el trabajo asalariado.

Por supuesto somos partidarios de conseguir mejoras económicas, sociales y políticas para la clase obrera, siempre y cuando éstas sean arrancadas al capital y su Estado mediante la lucha revolucionaria del proletariado, y no consecuencia de ayudas asistenciales y caridades sociales, que ni cubren las necesidades, ni por supuesto acaban con la pobreza, más bien se utilizan como moneda de cambio para eternizar la explotación de la clase obrera hasta las calendas griegas.

Entonces ¿de qué reparto de la riqueza social nos hablan los promotores de la RB? ¿Qué riqueza existe en la sociedad capitalista aparte de la ganancia que se apropian y reparten los empresarios?

Para este viaje no necesitamos alforjas. Financiación de la RB

Veamos ahora cómo pretenden financiar la RB sus defensores. Los argumentos esgrimidos son también de carácter económico: Al ser un problema social, la solución debe venir de los poderes públicos, por lo tanto permítase recaudar la masa de dinero necesaria vía impuestos, y ya está resuelto el problema de la pobreza. Pero las cosas no son tan sencillas, pues abordan los problemas desde una óptica subjetiva y no objetiva, teniendo en cuenta la naturaleza del problema en cuestión.

Los intelectuales burgueses más consecuentes con su posición de clase junto a sus adláteres reformistas y revisionistas recurren a la RB para atenuar las consecuencias de la pobreza, sabiendo que para ello es necesaria una inversión millonaria; inversión que la burguesía como clase no está dispuesta a desembolsar, salvo que la clase obrera estuviera en condiciones de poner en peligro su dominio, caso que no ocurre en estos momentos. ¿Entonces, por qué se insiste en esta propuesta de RB? La explicación la encontramos en la manera de concebir la lucha de clases a través de la colaboración y el pacto, sin olvidar por supuesto el rédito electoral.

Reformistas y revisionistas conciben los impuestos que recauda la burguesía al modo burgués: es decir, que los consideran necesarios para el normal funcionamiento del Estado capitalista en general. La diferencia con la burguesía radica en que hacen hincapié en la defensa de la titularidad pública de los servicios públicos, bajo la supervisión del Estado capitalista como garante redistribuidor. Los defensores de la RB entienden por riqueza social a repartir los impuestos y el sector público, dejando al margen cualquier mención a la propiedad privada capitalista, discutiéndole si acaso que la emplee en programas que no tengan carácter social, como puede ser el aumento de los gastos militares, espaciales, etc.

Esos impuestos que la burguesía recauda, ya sea directa o indirectamente, no tienen por supuesto una finalidad social, en todo caso, un muy marcado carácter de clase y un móvil claramente reaccionario para mantener el status quo, el orden establecido, y la explotación de la fuerza de trabajo asalariada. El montante de los impuestos que ingresa proviene mayoritariamente de la extorsión económica de la clase obrera. Por el contrario, la parte mínima que la burguesía aporta proviene de la renta del capital, cuyo origen es la plusvalía que extrae y se apropia del trabajo asalariado, convertida en ganancia del empresario.

Entonces, ¿por qué los rentabásicos no cuestionan uno de los pilares del sustento del Estado burgués? ¿Cómo se puede defender que pagar los impuestos beneficia a la clase obrera?, o repetir que es de izquierdas quien es partidario de la progresividad de los impuestos. Para hacer aceptable dicho sistema fiscal se recurre a la consabida argucia de la progresividad de los tramos, traduciéndolo popularmente en el eslogan de “el que más recibe, más aporta”, lo cual no es más que una tremenda falacia, una mentira que oculta de dónde salen realmente los impuestos. En todo caso podrá existir la progresividad de los impuestos en el seno de la clase obrera, pero no entre la clase obrera y la burguesía, entre explotados y explotadores, dado que la burguesía aporta una parte ínfima de la renta del capital. ¿Por qué tienen que pagar los obreros unos impuestos por trabajar, por ser explotados? Es decir, pagar impuestos por crear la riqueza social que se apropian los capitalistas. Ninguna política proletaria puede aceptar la política de impuestos del Estado burgués, sino la eliminación de dicho sistema fiscal, mediante el cual se articula el aparato político que realiza las funciones políticas-administrativas y represivas necesarias para que pueda funcionar correctamente el régimen económico de la producción capitalista.

Los defensores de la RB insisten con el argumento de que es posible su implantación y factible su financiación mediante una política de lucha contra el fraude fiscal, la persecución y el afloramiento de capitales que permanecen “ocultos” en paraísos fiscales. En definitiva, lo que se plantea es que estos capitales paguen impuestos, declaren sus “rentas” como todo el mundo. Pero una cosa es declarar de donde proceden sus rentas (ganancias) y otra muy distinta es cuánto tienen que tributar. La tributación de las rentas del capital es irrisoria en el sistema fiscal vigente, como cualquiera puede comprobar. Otra de las medidas que contemplan es la de fijar un tipo único del IRPF, que cubra la financiación de la mayor parte de la RB y a la vez consolide y frene las privatizaciones en los servicios públicos y con ello garantizar el Estado de Bienestar. Al final se optaría por una subida de impuestos que fundamentalmente recaería, cómo no, sobre las espaldas de la clase obrera, y de camino paliar el hambre que sufre parte de esa clase, subvencionando con su salario de miseria a su sector más depauperado, ya que es moralmente inaceptable que vivan en esas condiciones. Pero para ese viaje no se necesitan alforjas, dirán los trabajadores, quieren hacer un pan con unas tortas. Lo más razonable sería ir al meollo de la cuestión, a las causas que provocan la pobreza: y esas son la explotación del trabajo asalariado y la propiedad privada capitalista, para eliminarlos y sustituirlos por la propiedad social de los medios de producción y la planificación y control de la producción por sus agentes sociales, de acuerdo a las necesidades de la población sin que haya un aprovechamiento individual del trabajo colectivo de la sociedad.

No hay atajos

Parece ser que la RB asume una concepción de la política que sostiene que también el capitalismo tiene su corazoncito, y es susceptible de apiadarse de sus víctimas. Cuando la realidad es muy distinta, dado  que el régimen de producción capitalista tiene como único y verdadero mandamiento la producción de plusvalor. Por ello la RB propone más bien la colaboración de clases, un pacto social con el propósito de controlar las cifras de pobreza. ¿Es ello posible? La burguesía es clara al respecto: siempre busca la mayor rentabilidad en el terreno económico y el máximo consenso en el terreno político para que sus planes de acumulación de capital se lleven a cabo.

Los obreros conscientes saben que tanto la socialdemocracia como el revisionismo son ideologías burguesas que se introducen en el seno de la clase obrera con la pretensión de taponar y frenar el avance del marxismo-leninismo, impulsando y afianzando la política economicista que encauce la lucha del proletariado hacia posiciones colaboracionistas mediante la promesa de futuras mejoras de sus condiciones de vida, cuando esto sólo es posible de una manera general si se aumenta la rentabilidad del capital, es decir, a través de mayor explotación de la fuerza de trabajo asalariada.

Hoy el principal problema que tiene la lucha de la clase obrera a nivel nacional e internacional no es el tener que mendigar limosnas al capital para poder subsistir, sino cómo romper con el dominio político-ideológico de la burguesía y sus adláteres de todo pelaje, que a través de la defensa de la renta básica pretenden hacer de los obreros unos esclavos satisfechos, y que la pobreza, que afecta a amplios sectores de la clase obrera, cause los mínimos problemas posibles en plena crisis de acumulación de capital. Para lo cual eliminan de sus políticas cualquier referencia a la lucha contra el Estado burgués y sus instituciones, abrazando esperanzados el programa “social” de la burguesía.

 

 

 

 

¿Qué Ha Cambiado en Cinco Años?

¿QUÉ HA CAMBIADO EN CINCO AÑOS?

A raíz del último documento publicado por el MAI relativo al derecho a la autodeterminación de Cataluña, decidimos hacer un alto en el camino en nuestras tareas con objeto de entrar de lleno en las posiciones y argumentos que allí se desarrollan por considerarlas erróneas, máxime cuando desde dicha organización se pretende reconstituir la vanguardia proletaria bajo su influencia ideológica. Tal es así, que no se ha hecho esperar la cascada de documentos defendiendo al unísono esa misma posición política y argumentos que la justifican.

En relación con el derecho a la autodeterminación de Cataluña y la posición que el proletariado debe adoptar, ya expusimos en su momento nuestros puntos de vista en dos artículos: ¿autodeterminacion burguesa o internacionalismo proletario? y El estado federal: nadar y guardar la ropa por lo que no considerábamos necesario volver a incidir sobre el asunto ante el anuncio de la celebración de la consulta del 9N. Sin embargo, analizando el contenido del documento del MAI, nos vemos en la obligación de volver nuevamente a incidir dentro del contexto general de la lucha de dos líneas.

Ante ello manifestamos nuestra sorpresa, tanto por la posición como el razonamiento argumental de los camaradas del MAI con relación a esta cuestión, que está impulsando una fracción de la burguesía catalana para conseguir la independencia política del Estado español y preservar sus intereses de clase. No esperábamos esta reacción de los camaradas, a tenor de anteriores documentos críticos con otras organizaciones. ¿Qué ha cambiado en estos cinco años?

I – ¿Tenía razón Kimetz?

Queremos empezar nuestra crítica exponiendo de manera comparativa las posiciones que ha mantenido el MAI en relación al tema que nos ocupa para que los lectores juzguen por sí mismos. Para ello nos vamos a valer del documento crítico con las posiciones de la organización vasca Kimetz que el MAI publicó en 2009 titulado: ¿Kimetz Informa? y el referido documento sobre el referéndum del 9N de 2014: Un posicionamiento por la unidad internacionalista del proletariado.

Los párrafos en cursiva pertenecen al artículo del año 2009, y los párrafos en negritas al del 2014.

1.- El movimiento de las naciones oprimidas debe ser dirigido por la Internacional, es la alianza de todos los proletarios desde la Internacional la que dirige la liberación. Lenin plantea primero destruir el Estado y luego la autodeterminación, justo lo contrario del independentismo que nos plantea Ekaitz desde su visión economicista de la unidad internacional del proletariado. (pág. 9)

El actual apoyo a la independencia nacional emana de las circunstancias concretas que hemos referido. Si estas circunstancias cambiaran, como por ejemplo en la constitución de un movimiento revolucionario del proletariado que ocupe la centralidad del escenario de la lucha de clases, cabría replantearse esta postura en función de la correlación entre el movimiento proletario revolucionario de liberación general y el movimiento burgués de liberación de la nación oprimida. (pág. 13)

De este modo, se estableció que la cuestión nacional es un problema de carácter fundamentalmente democrático burgués, resoluble en las condiciones del capitalismo con la aplicación consecuente de los principios democráticos. (pág. 2)

2. – Así partiendo de su análisis de capitalismo plantean una alianza táctica con esta clase. Es complicado, por no decir imposible, plantear esto cuando la burguesía nacional vasca tiene un sitio, conforma y, por tanto, apuntala al Estado español y al bloque hegemónico de dominación de clase que representa, objetivo común a destruir junto con el proletariado español. La burguesía vasca no necesita de un Estado-nación independiente para mantener su dominación de clase, ya que dispone del Estado español, en el que se encuentra integrado. El Estado no sólo es el sistema de dominación de una clase sobre otra, sino que también representa la alianza entre las distintas fracciones de la burguesía que lo integran, y en el Estado español esta alianza de dominación es una alianza internacional de la clase obrera. (pág. 4)

Esta dialéctica del tratamiento proletario revolucionario del problema nacional (entre el aspecto democrático, que se concreta en la firme propugnación del derecho a la autodeterminación y la igualdad de las naciones, y el aspecto revolucionario, expresado en la defensa de la unidad internacional de su lucha de clases) se expresa en que la democracia, la inequívoca defensa de la autodeterminación e igualdad de todas las naciones, permite atenuar, limar y desactivar los roces y desconfianzas nacionales, allanando y permitiendo la implementación práctica de la unidad internacionalista esencial del proletariado en su lucha revolucionaria. (pág. 2)

3. – En vez de educar al proletariado en la lucha de clases contra el enemigo común, el Estado español, liberando a las masas de la influencia de las aspiraciones nacionalistas burguesas, intentan identificar dos conceptos contrarios: la idea de reconstitución del partido comunista en torno al MLM como algo innovador, y, por otro lado, ideología burguesa (nacionalismo), producto de sus desviaciones practicistas. Esto genera una línea política y de masas burguesa. (pág. 6)

El propio Lenin señaló que no se puede educar a las masas desde la propaganda de los principios generales del comunismo, sino que para ello es necesaria la acción política específica de la vanguardia. En estos momentos, privados de las condiciones necesarias (Partido Comunista) para implementar el tipo de aprendizaje más consecuente, la experimentación de masas con el Nuevo Poder, hemos de intervenir, cuando las exigencias de la lucha de clases lo reclamen imperiosamente, como es el caso, desde un posicionamiento correcto, que amplíe en lo posible el radio de acción de la vanguardia, aunque éste se limite aún a los sectores más avanzados de nuestra clase, con la única perspectiva de impulsar el desarrollo revolucionario del proletariado. (pág. 4)

4. – En lugar de apuntalar las posiciones políticas de la burguesía, Kimetz debería utilizar el m-l como arma para la crítica que permita transformar la realidad política del País Vasco, dotándole de un discurso revolucionario capaz de polarizar el debate político de la vanguardia en torno a las tareas de la revolución, combatiendo el nacionalismo y creando el referente político para el posterior encuadramiento de las masas en torno a la lucha de clases. (pág. 6).

En el terreno internacionalista, la tarea a que se deben consagrar los proletarios conscientes no es a la preservación de una unidad de clase inexistente sino a la reconstrucción de esa unidad, es decir, qué podemos hacer en las actuales circunstancias para recuperar la confianza entre los obreros de las distintas naciones, qué hacer para aumentar la comprensión entre ellos, empezando por sus elementos de avanzada, cómo podemos cerrar el paso de la forma más eficaz a la perniciosa influencia del nacionalismo entre el proletariado. (pág. 7)

II – Sobre el concepto de autodeterminación

Empezaremos esta segunda parte de la crítica por el principio, es decir, por el concepto de autodeterminación de Cataluña que viene dado por la consideración de que Cataluña es una nación oprimida por el Estado español. A este respecto queremos puntualizar algunas cosas, aunque sea brevemente, pues ya expusimos con claridad nuestra posición en los artículos señalados más arriba:

Tanto la opresión en Cataluña, como en el Estado español, tienen un carácter de clase. Estando bajo el imperio del modo de producción capitalista, sigue siendo el proletariado la clase oprimida tanto por la burguesía española, catalana, como internacional, no ocurriendo así con las distintas fracciones burguesas que participan de una u otra forma de la plusvalía que se apropian con la explotación de la fuerza de trabajo asalariada. Dicha condición determina su opresión política porque le impide por medios políticos, jurídicos o militares, si fueran necesarios, que el proletariado se organice como clase para conseguir su objetivo estratégico: la derrota de la burguesía y la construcción del Estado proletario, condición necesaria para que se puedan cimentar unas relaciones socialistas de producción.

A lo máximo que puede aspirar el proletariado en el capitalismo es a participar en el juego democrático burgués, que no es otra cosa que colaborar para que se valorice el capital, recibiendo a cambio un aumento de la renta salarial en períodos de bonanza del capital o arrancando mejoras a través de luchas obreras. Eso es todo, ahí se queda su lucha si tiene un carácter reformista.

No compartimos por tanto la opinión de que Cataluña es una nación oprimida por el Estado español, dado que “Cataluña” forma parte del Estado central, tanto desde el aspecto económico como el político, es decir, es una parte del todo donde imperan las relaciones capitalistas de producción. La Comunidad Autónoma de Cataluña está lo suficientemente desarrollada como para que se la pueda considerar una nación oprimida, como tampoco se le impide desarrollarse desde el Estado central: sólo está sujeta, como cualquier comunidad autónoma de un estado imperialista, a los derroteros del desarrollo del capital financiero que somete todos los demás capitales, sean pequeños o medianos, como fracciones que son de la clase capitalista, a los intereses del capital dominante.

Sobre este aspecto es importante subrayar lo que Lenin planteaba en su texto sobre los problemas de política nacional, en donde defendía el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas como una medida para que se pueda desarrollar el capital nacional de dichos países, lo que significa en la práctica que se desarrollaría el proletariado como clase independiente de la burguesía y con un marcado carácter internacionalista por la influencia de la política m-l.

Durante la llamada transición, la burguesía española diseñó el desarrollo capitalista a través de la construcción y el impulso del Estado de las Autonomías, instrumento por medio del cual abordaba dos tareas generales para los intereses de la burguesía: el “equilibrio” territorial del desarrollo económico capitalista y el “equilibrio” político de las contradicciones intraburguesas. Al proletariado se le asignaba la tarea de mero acólito de las distintas burguesías con el señuelo de apoyar su tierra, sus “genuinas” costumbres, su cultura y su lengua.

A dicha misión se emplearon sin distinción las diferentes burguesías regionales, a cambio de la gestión de las anheladas competencias transferidas desde el Estado central, que es, en última instancia, el que marca la política general que dicta el capital financiero. Los distintos gobiernos autonómicos sólo podrían tener una  influencia limitada, dependiendo del apoyo que le prestaran al partido gobernante de turno, a cambio de una mayor aportación económica o de competencias.

A las fracciones burguesas de las Comunidades más desarrolladas ya no le sale a cuenta la estructura del Estado de las Autonomías, pues fue diseñada para otra función que no corresponde con la actual situación de sus necesidades económicas capitalistas, lo que quiere decir que las Comunidades más desarrolladas necesitan de unos mecanismos que no le dificulte su crecimiento, sino que lo impulse sin tener en cuenta al conjunto de las Comunidades Autónomas (distintas fracciones burguesas ligadas por sus inversiones en una comunidad): esto es el Estado Federal o la independencia, dependiendo de lo que históricamente tenga más arraigo en esa comunidad.

Que Cataluña tenga el derecho burgués a la autodeterminación, el derecho a la independencia política, es decir, a la creación de un estado propio, no es lo verdaderamente significativo para el proletariado (ello es la forma política que se dota el régimen capitalista de producción para tratar las contradicciones entre distintas naciones capitalistas), sino que lo verdaderamente substancial para el proletariado es el papel que va a jugar en el proceso de convocatoria para el referéndum sobre la independencia. Como decimos, es irrelevante para el proletariado pues de lo que se trata es de concretar la política del proletariado en dicho proceso de independencia dirigido por distintas fracciones de la burguesía para defender sus intereses económicos y políticos de clase. En este sentido queda claro para nosotros que la postura correcta ante la  convocatoria del referéndum  para la formación de un estado “genuinamente catalán” debe ser el boicot,  dada su naturaleza y carácter de clase burgués.

III – Los Argumentos

Los argumentos que emplean los camaradas del MAI para dar sentido a su posición política en el referéndum de autodeterminación de Cataluña son muy sutiles, cargado, por un lado, de un sentido utilitarista, y, por otro lado, de un sentido tacticista, pero si profundizamos en ellos podemos observar que la sutiliza con que se arman da paso a un discurso bien construido desde el punto de vista literario y, hasta poético, pero falto de rigor teórico, dado que se recurre a formas ideológicas que intenta seducir al lector en lugar de convencerlo. Al menos eso es lo que ha ocurrido con nosotros.

Otra cosa que nos ha chocado es que la argumentación se rodea de un escenario real (la correlación de fuerzas entre un inexistente movimiento revolucionario del proletariado y el movimiento burgués de soberanía nacional) con otro ficticio (la existencia del Partido Comunista que desplazaría la estrategia pactista de la burguesía nacionalista), pensamos que para darle más contenido, cosa que no necesita ninguna argumentación pues de lo que se trata es de demostrar lo que se dice sin recurrir a ningún artificio estilístico.

Los argumentos los vamos a dividir en dos grandes grupos, de la siguiente manera:

Grupo I – Los que pertenecen al campo utilitarista, siendo útiles para la educación política de las masas:

“La defensa de la autodeterminación e igualdad de todas las naciones permite atenuar, limar y desactivar los roces y desconfianzas nacionales, allanando y permitiendo la implementación práctica de la unidad internacionalista esencial del proletariado en su lucha revolucionaria” (pág. 2-3)

“En el terreno internacionalista, la tarea a que se deben consagrar los proletarios conscientes no es a la preservación de una unidad de clase inexistente, sino a la reconstrucción de esa unidad, es decir, qué podemos hacer en las actuales circunstancias para recuperar la confianza entre los obreros de las distintas naciones, qué hacer para aumentar la comprensión entre ellos, empezando por sus elementos de avanzada, cómo podemos cerrar el paso de la forma más eficaz a la perniciosa influencia del nacionalismo entre el proletariado” (pág. 7)

“En estas condiciones concretas, urge que la vanguardia m-l empiece a articular una posición política que vaya, enmarcada en el proceso general de reconstitución del comunismo, en la dirección de reconstituir esa unidad de clase, intentando, en la medida de lo posible y dada la agudización del conflicto nacional y la división y desconfianza nacionales en el seno de nuestra clase, ampliar el radio de acción e influencia de la vanguardia en pos de la educación internacional del proletariado” (pág. 8)

Grupo II – Los que pertenecen al campo táctico, siendo eficaces porque favorece la correlación de fuerzas a favor del proletariado con la trascendencia de que debilita a la burguesía en sus dos vertientes: a la nacional porque quita influencia sobre el proletariado que trabaja en Cataluña al conseguir sacudirse la opresión política nacional, y a la nacionalista porque le resta argumentos para aparecer como los responsables del empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo del proletariado.

“Pensamos, por tanto, que es necesario materializar el compromiso proletario con la igualdad nacional, en las circunstancias concretas que hemos reseñado, con un decidido posicionamiento político específico que restaure y sustancie el contenido del concepto de autodeterminación, demostrando a los obreros catalanes y de otras naciones oprimidas que los proletarios conscientes españoles entienden que la unidad internacional del proletariado empieza, más allá de las fronteras establecidas por el status quo, en la esfera ideológica-política y que para ellos antes está la fraternidad de clase que las fronteras de “su” estado nacional. Así mismo, es necesario una posición que sirva como el revulsivo más eficaz posible, como auténtica “terapia de choque”, para unas masas españolas educadas por la burguesía y el revisionismo en la naturalidad y complacencia en los privilegios nacionales” (pág. 8)

“Se trata también en que la vanguardia m-l, aún naturalmente bisoña, empiece prudentemente a dar los primeros pasos para familiarizarse con las maniobras tácticas que exige la política de la lucha de clases a gran escala” (pág. 9)

“La independencia política no liberará a los catalanes de las garras del capital financiero, es cierto, como no es menos cierto que tampoco los liberará la permanencia y unidad del actual Estado español. Sí los liberará, al menos, de la opresión política nacional y dejaría a la burguesía nacionalista con un elemento menos con el que canalizar el malestar social y facilitaría la disolución de clases y la implementación de la lucha de clases” (pág. 12).

Como podemos ver, son argumentos que se sitúan en el campo de las amplias masas (hondas y profundas como les gusta de llamarle el MAI) y no en la educación m-l de la vanguardia proletaria, que es lo pertinente en esta situación política atravesada por la necesidad de construcción de la vanguardia como paso necesario para la construcción del Partido Comunista. En este terreno, creemos que se ha dado un paso atrás, al poner en primer plano a las masas en lugar de la vanguardia.

Creemos que la vanguardia sale confundida pues no ha comprendido bien cuál es su papel y el de las masas, ni distinguir la propaganda de la agitación, en el proceso que estamos debatiendo. La vanguardia tiene la obligación de comprender certeramente la naturaleza y el carácter de dicho proceso (independencia de Cataluña) para actuar en consecuencia, determinando la política general en cuanto a la autodeterminación de los pueblos explotados y oprimidos por el capitalismo internacional y la autodeterminación de las nacionalidades en un Estado-nación en donde impere el capitalismo financiero: en cada situación la posición del proletariado tiene que ser distinta, debido a las condiciones concretas de la realidad social. Lo que está claro es que el proletariado en Cataluña debe adoptar una posición de no participar en un proceso abierto por fracciones de la burguesía catalana para construir un estado catalán burgués.

III – En torno a la posición ante las elecciones y/o referéndums

La toma de posición del proletariado revolucionario sobre su relación con las consultas o procesos electorales en las democracias burguesas deben ser estudiadas con detenimiento una a una, puesto que no se puede determinar a priori sin un análisis concreto de la situación concreta. Por eso no entendemos tanto la afirmación del MAI sobre su posición “tradicional” al boicot a las consultas electorales como las llamadas a la participación en los distintos referéndums que se han celebrado convocados por la burguesía en una correlación de fuerzas favorables a sus intereses, legitimándose los resultados por la participación popular.

Las diferentes posiciones se justifican a priori en que se postula el boicot cuando son convocadas elecciones para elegir representantes con el argumento de que con ello no se subordinan los intereses de la clase obrera a los de la burguesía, mientras que en los referéndums se llama a participar porque el proletariado expresa libremente su posición política sin ninguna mediación por parte de la gran burguesía: votando NO, el proletariado deja su testimonio histórico que recogerá como un hecho positivo de lucha cuando se reactive el proceso revolucionario.

En cuanto a la propuesta por la independencia de Cataluña y la posición que debe adoptar el proletariado hay que estudiarla detenidamente, ya que lo que se va dilucidar, más allá de la forma política que adopte el resultado, es sobre la formación o no de un estado catalán pero dentro del marco y los parámetros de la sociedad capitalista, sin ponerse en ningún momento en cuestión el carácter burgués de dicho Estado. Tenemos que recordar que en la consulta lo que se va a pedir al proletariado que trabaja en Cataluña es si quiere participar pasivamente en la creación de un nuevo Estado, guardián y defensor de los intereses del conjunto de la burguesía catalana a costa de su explotación económica y opresión política como clase. Dicho de otro modo, se le pide que decida, tanto si vota SÍ o NO, por la misma esencia, aunque con distinto ropaje: Estado catalán burgués o Estado español burgués.

Para una parte de la burguesía catalana esta opción puede ser de vital importancia para la defensa de sus intereses de clase frente a la competencia que establece con el capital financiero y otros capitales regionales, pero para el proletariado que trabaja en Cataluña como en el resto del Estado español no le afecta en absoluto, ya que da lo mismo de qué territorio o nacionalidad provenga la explotación a que está sometido: lo que verdaderamente importa es el contenido de las relaciones sociales de producción, no la nacionalidad con que se vista dichas relaciones.

Votar SÍ-SÍ es una posición de lucha contra el capital monopolista, mientras que el boicot como consigna general es una posición de lucha contra el conjunto de la burguesía, la grande, mediana y pequeña, se vista como se vista, que consideramos más acertado que la timorata del voto SÍ-SÍ.

En contraste de lo que apuntan los camaradas del MAI, para nosotros la abstención no significa desentenderse de los acontecimientos políticos, sino tomar una posición ante una propuesta política de carácter estrictamente burgués: no se puede apoyar los intentos de la pequeña y mediana burguesía para desafiar a la gran burguesía, pues supone darle la razón a los oportunistas y revisionistas de todo pelaje. Como puede ser, por ejemplo, apoyar la República para fortalecer a las “fuerzas progresistas” en lucha contra la gran burguesía (política antimonopolista), más propio de un país con escaso desarrollo capitalista, nada que ver con un país imperialista como el Estado español. Hay que ser consecuente con lo que se dice en todos los terrenos, no sólo en el que interesa.

A modo de epílogo

En los países de desarrollo capitalista avanzado la contradicción antagónica entre el capital y el trabajo asalariado se simplifica al extremo que no cabe más solución que la revolución proletaria, por mucha resistencia que presente el capital. Por ello la política proletaria ha de centrarse en preparar las condiciones para la derrota del régimen social capitalista eliminando la propiedad privada capitalista e instaurando la propiedad social sobre los medios de producción, con el fin de eliminar las condiciones sociales para la existencia de la división en clases de la sociedad.

Y dicho proceso no admite concesión alguna, sea táctica o estratégica, a cualquiera de las fracciones de la burguesía en interés del conjunto de su clase y en perjuicio del proletariado, como es el caso que nos ocupa. El internacionalismo proletario, la comprensión del carácter internacional de su lucha (la unidad intrínseca se convierte en unidad política por la existencia del Partido Comunista y su realidad como movimiento revolucionario), deviene de sus propias entrañas, de su naturaleza como clase, y no de dar un rodeo como el que nos propone el MAI (apoyar la independencia de Cataluña, es decir, la creación de un Estado capitalista catalán).

El proletariado no niega a la burguesía o a cualquiera de sus fracciones el “derecho” democrático a independizarse, pero sí a que cuente con él para construir un nuevo Estado burgués frente al ya existente, también burgués. A ello ha de oponerse con todas sus fuerzas enfrentándose a cualquiera de las fracciones burguesas, fomentando y extendiendo el carácter internacionalista de su lucha, y construyendo el Partido Comunista que prepare las condiciones para la revolución proletaria y la edificación del Comunismo.

Podemos, El Vendedor Ambulante de la Democracia Burguesa

PODEMOS, EL VENDEDOR AMBULANTE

DE LA DEMOCRACIA BURGUESA

Los popes “sociales” y los oportunistas están siempre dispuestos a soñar con un futuro socialismo pacífico, pero se distinguen de los socialdemócratas revolucionarios precisamente en que no quieren pensar ni reflexionar en la encarnizada lucha de clases y en las guerras de clases para alcanzar ese bello porvenir.

V.I. Lenin, 1916

El nacimiento de Podemos hay que situarlo en el contexto de la situación política general en el Estado español, que está condicionado por la lucha de las diferentes clases y fracciones de clase en disputa por sus intereses económicos y políticos. En este sentido, Podemos es un producto político típicamente burgués ya que su programa (como más adelante tendremos ocasión de analizar) es expresión de las aspiraciones de parte de la pequeña burguesía no explotadora y de la aristocracia obrera que sienten lesionados sus intereses ante la acentuación de la crisis capitalista, tratando de poner algún remedio a través del mismo sistema de representación parlamentario que consideran secuestrado por la casta oligárquica.

Podemos se desarrolla como organización política al calor de los “éxitos” que tuvieron las movilizaciones en torno al 15M, conglomerado heterogéneo de personas y colectivos que perseguían una regeneración democrática y contra la corrupción de los partidos y de las estructuras del Estado. En la medida que los grandes partidos en que se apoya el dominio político de la burguesía ha ido perdiendo credibilidad y fuelle electoral, ha favorecido la estructuración de una alternativa electoral que se “oponga” al funesto bipartidismo como expresión de estas fracciones de clase al calor de un proyecto ideológico pequeño burgués, basado en la defensa de los Derechos Humanos como banderín de enganche parar volver a “ilusionar” al electorado y encarrilarlos de nuevo por la sensata senda de la participación electoral.

Tres condiciones son las que han favorecido la aparición del fenómeno Podemos: 1º La crisis económica, en cuanto que ha golpeado fuertemente las aspiraciones de la pequeña burguesía no explotadora así como los privilegios de la aristocracia obrera desencantada con los sindicatos y partidos “de izquierdas” que tradicionalmente han defendido sus intereses a costa de ir aumentando la explotación de la clase obrera; 2º La falta de canales políticos para poder defender sus intereses como fracciones de clase ya que los grandes partidos del sistema taponan sus aspiraciones en beneficio de sus estructuras partidistas, lo que ha estimulado la iniciativa de organizarse políticamente con el fin de “asegurarse” modificar la elegibilidad de los representantes del pueblo; 3º La palpable incapacidad de la democracia burguesa en cuanto sistema que garantice la igualdad de oportunidad entre las distintas clases, permitiendo a estas fracciones de clase presentarse como regeneradores del sistema, con la pretensión de recuperar la soberanía y la democracia, secuestradas por la “casta” y las “élites políticas”, y reducir la nefasta desafección de los ciudadanos a la política y sus instituciones. Manifestando que con los resultados obtenidos en las Europeas del 25 de mayo, se ha precipitado un escenario de descomposición del sistema político de 1978.

En este sentido, Podemos es un destacamento ideológico y político de la burguesía como clase, que trata de hacer admisible un sistema de explotación y opresión a las distintas clases, sobre todo a la clase obrera que es la más interesada en eliminar las condiciones de existencia del capital.

Nos sumergirnos a continuación en el programa electoral de Podemos, que da contenido político a su existencia y dibuja el perfil de dicho partido-movimiento en la realidad social. Es de subrayar que, situados como estamos en plena era del capitalismo imperialista, el programa de Podemos, desarrollando su docta y posmoderna visión de futuro, prefiere retrotraerse a los valores eternos de las revoluciones burguesas del siglo XVIII, con sus decimonónicas consignas de Libertad, Igualdad, Fraternidad; todo ello amenizado con un batiburrillo de propuestas recogidas de aquí y allá, adaptadas al gusto del consumidor-ciudadano y de las reivindicaciones que fueron surgiendo del 15-M, hilvanando el todo con una concepción interclasista de la sociedad, en donde no existen lucha de clases, ni Estado capitalista, sino ciudadanos y un Estado democrático que regula las relaciones sociales con vistas al interés general.

El programa económico no se anda por las ramas, va al directamente al grano, pues se centra en recuperar la economía mediante su reactivación (pag. 2 del programa colaborativo). Este objetivo, propio de un partido burgués, que no se diferencia ni un ápice de cualquiera que se presente a las elecciones; si acaso en pequeños retoques al estilo de Izquierda Unida para hacerlo más atractivo a un sector de votantes preocupados por aspectos sociales que no afecta en nada al núcleo duro de una economía regida por las leyes del capital. Es por ello que afirmamos que Podemos es lo más parecido a un vendedor ambulante que se mueve por el mercado de libre competencia aspirando a colocar sus productos con ofertas que impacte a unos compradores ávidos de ventajosos precios y con algún que otro producto con etiqueta de “milagroso” que actúa como reclamo de venta de otros productos. Sin reparar mucho en la calidad de la mercancía.

El programa que ellos venden con la vitola de colaborativo, para hacerlo más alternativo a los ojos de los electores pro15M, no se sale del marco del sistema capitalista, impulsando las medidas necesarias para rentabilizar el capital empleado en las empresas mediante la inevitable explotación de la fuerza de trabajo asalariada, a la cual obvian descaradamente ocultándola tras el aséptico concepto de “ciudadanía” con el objeto de no enfrentarse a la contradicción principal de la sociedad capitalista (burguesía/proletariado). En realidad, no se pueden pedir peras al olmo ya que Podemos no puede dirigirse a la clase obrera puesto que no es expresión de ella: ni nace en su seno, ni pretende meterse dentro de la clase, es decir, tomar posición política de acuerdo a sus intereses de clase estratégicos.

En un primer apunte, observamos que la filosofía que precede al programa económico es muy sencillo y básico: como el capitalismo no se puede derrotar, ya que es insustituible, hagámonos sus socios y defensores. Este precepto es el que determina su comportamiento social cuando fijan las siguiente medidas para la reactivación económica: 1) inversiones y políticas públicas, 2) creación de empleo de calidad y 3) reconversión del modelo productivo hacia una economía basada en la innovación que contribuya al bien común teniendo en cuenta criterios de responsabilidad social, ética y medioambiental (pag. 2)

Está claro que estas líneas de actuación están dirigidas a la rentabilización del capital y su acumulación mediante una política económica que somete a la clase obrera a una explotación de acuerdo a las necesidades del capital, es decir, aumentar la plusvalía tanto a nivel intensivo (aumento de la cuota de plusvalía) como extensivo (aumento de la masa de plusvalía). Es decir no propone nada nuevo. No olvidemos que:

a) Las inversiones de capital público tienen como objetivo aportar más capital a la esfera de la producción para acometer un incremento de capital constante en acción (necesario en el funcionamiento del capital que no produce directamente plusvalía pero necesario para el funcionamiento del capital variable que explota fuerza de trabajo asalariada mediante el aumento del capital total en acción) ahorrándoselo al capital privado, haciendo más rentable la inversión de capital privado.

b) La creación de empleo, sea o no de “calidad”, precario o indefinido, a tiempo parcial o jornada completa, tiene como objetivo aumentar, en un primer momento, la masa total de plusvalía, que como consecuencia de la crisis económica capitalista ha descendido considerablemente por el aumento del desempleo, y lo que se trata de corregir de manera inmediata en la medida de lo posible.

c) El cacareado cambio del modelo productivo que tiene como propósito crear empresas que se asienten en una productividad más alta que creen mercancías competitivas con un mayor valor añadido, es decir, una manera de ocultar el descenso de los precios unitarios de las mercancías creadas por el aumento de la cuota de plusvalía a través del aumento de la explotación de la fuerza de trabajo asalariada. Estas medidas son típicas de una política económica imperialista basada en el dominio del capital monopolista, aunque sean disfrazadas de antimonopolista por el mero hecho de dirigirla hacia la promoción y protección de la pequeña y mediana empresa a través del “desvío” de recursos económicos públicos en la creación de empleo, resaltando el papel de las entidades de la economía social (pag. 2).

Para dar un toque exótico al programa se proponen algunas medidas a todas luces risibles: democratización de la dirección de los bancos y Cajas de ahorro (pag. 4), control democrático del BCE (pag. 3) y recuperación del control político de los sectores estratégicos de la economía (pag. 4), propuestas muy al estilo de IU y de organizaciones revisionistas demostrando un alto nivel de ingenuidad y/o de oportunismo, todo sea para ilusionar a los potenciales votantes, vengan de donde vengan.

El programa político se centra en fortalecer el sistema parlamentario burgués, al que consideran el instrumento legitimo y necesario para que se respeten los Derechos Humanos, piedra filosofal de las sociedades democráticas (impulso de una Carta Democrática Europea, pag. 8). También este objetivo es propio de cualquier partido burgués que se precie pues consideran al Estado un poder por encima de las clases, debiendo su existencia a la voluntad de los “ciudadanos” y a la necesidad de que haya un orden superior “neutral” que regule las relaciones sociales en beneficio de todos. Ciertamente Podemos va un poquito más allá de la simple posición liberal burguesa dominante para acomodarse en las faldas de cierta socialdemocracia, cuando la legitimidad que le confiere al Estado la participación popular puede verse alterada, en algunos casos, por la acción despótica de los gobernantes, corrompiéndose la legitimidad, lo que aleja al pueblo de las instituciones del Estado. Para que ello no ocurra se tienen que introducir medidas correctoras, esa milagrosa solución se llama: democratización, es decir, el control en las decisiones de los gobernantes por parte de la ciudadanía ¿Cómo se consigue esto? En realidad no se sabe bien, pues sólo se repite machaconamente el salmo de la democratización del poder político, de la gestión municipal, de la economía, de los bancos,…

La concepción democrática sintetizada en la unión de legitimidad popular y control político de las acciones del poder ejecutivo es prácticamente idéntica a la que pueden tener PSOE o IU, con algunos matices poco importantes, pues estos últimos también conciben el control del gobierno a través del Parlamento, que Podemos amplía a otras formas de intervención en el control. En el fondo, tanto una como otra forma son lo mismo, pues lo que se persigue es establecer el control desde el Parlamento como instrumento político legítimo para ejercer el dominio de clase sobre las clases subalternas por el capital, pues lo verdaderamente importante no es la forma en que se ejerce ese poder sino la naturaleza y el carácter de clase del poder ejercido.

El programa social de Podemos es un derroche de “buenas intenciones” a la zaga de la reactivación económica, teniendo como finalidad vender por un plato de lentejas la resistencia de la clase obrera, tejiendo la concertación social, es decir, el Pacto Social entre la burguesía y el proletariado en beneficio de la economía capitalista. Las medidas “sociales” que se articulan en torno al Pacto son principalmente tres: 1) Jornada laboral de 35 horas, 2) Edad de jubilación a los 60 años y 3) Renta Básica. Estas medidas se justifican porque constituyen el mecanismo para redistribuir “equitativamente” el trabajo y la riqueza (pag. 2 y 8). En primer lugar, tenemos que decir que la clase obrera no necesita medidas paliativas, medidas que mitiguen, en la medida que lo permite el capital, las condiciones de la explotación y opresión a que le somete el régimen capitalista de producción, sino una verdadera revolución en esas condiciones en la dirección de eliminar la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado que le acompaña como medio para la producción y apropiación del trabajo excedente por los capitalistas.

En cuanto a la propuesta de Renta Básica, la crisis económica ha puesto de nuevo encima de la mesa el debate por la defensa e implantación de esta vieja reivindicación que hunde sus raíces en los orígenes de la revolución burguesa, cuando el régimen capitalista de producción apenas empezaba a dar sus primeros pasos.

Hoy, los modernos demócratas, los reformistas de toda laya, movimientistas, sindicalistas, etc., abanderados por una intelectualidad pequeño burguesa, con su eterna desconfianza en la lucha revolucionaria del proletariado, pretenden que el futuro de la clase obrera siga encadenado al de sus enemigos de clase los capitalistas, sacando del baúl de los recuerdos esta vieja y reaccionaria consigna, orquestando para ello todo un debate teórico, resaltando sus enormes virtudes para que los trabajadores no se dejen llevar por arrebatos radicales y mantengan la necesaria paz social para una futura recuperación económica, salvaguardando el desgastado y putrefacto sistema burgués. Podemos, pretendiendo salir en auxilio de los intereses de “los de abajo”, incluye también en su programa la llamada Renta Básica, para así, hacer más creíble y embaucadora, la democracia del capital. Un calmante que amortigüe las contradicciones capital/trabajo, para frenar o desviar los legítimos intereses del proletariado como clase llamada a hacer la revolución.

En la era del capitalismo imperialista la única alternativa válida para que la humanidad pueda salir de las garras de un capitalismo depredador, sanguinario y competitivo, donde su principal interés es la cuota de plusvalía que obtiene de la explotación del trabajo asalariado, es la lucha por la revolución proletaria que siente las bases para la construcción de un orden social nuevo, la sociedad comunista, una sociedad donde no tienen cabida los parásitos, una sociedad donde se haga realidad el principio de a cada cual según sus necesidades de cada cual según su capacidad.

Consideramos este un tema ideológico de gran calado y caballo de batalla de toda suerte de reformistas en la lucha por prolongar la existencia del régimen capitalista, por lo que pensamos que merece hacer una crítica en toda regla que le dedicaremos próximamente.

Como estamos viendo, lo verdaderamente relevante del fenómeno Podemos, lo que le hace atractivo a los ojos de la burguesía, pese a sus públicas condenas, es que es un proyecto dirigido para seguir sometiendo a la clase obrera, y cómo no contra el sector de la vanguardia, los comunistas, pues de lo que se trata es de rescatar a las gentes desengañadas del sistema democrático burgués para incorporarlos de nuevo al redil, a la rueda que gira en torno a la democracia burguesa como soporte político-ideológico del sistema de explotación capitalista, dando un golpe de mano a la concepción materialista-dialéctica del desarrollo histórico de la sociedad, en donde el proletariado se constituye como sujeto revolucionario para dirigir la fase hasta el comunismo, con la derrota de la burguesía a través de la guerra popular revolucionaria y la instauración de la dictadura del proletariado.

En este sentido, Podemos se configura como un aglutinante de la “izquierda democrática”, con cierta conciencia “crítica”, con pretensiones anti-oligárquica, pero resueltamente anti-comunista. También puede ser un polo de atracción para un sector que milita en las filas del revisionismo que observan boquiabiertos cómo se van consolidando como una alternativa electoral antagonista a la desgastada pareja PSOE / IU, lo que le convierten en un banderín de enganche para los que tienen puesto sus esperanzas en la máxima del revisionismo: ocupar cotas de poder en las instituciones burguesas. La crítica que puede recibir Podemos desde el revisionismo tiene un contenido fundamentalmente electoral, pues su proyecto vital no se diferencia en lo esencial, ya que tanto unos como otros no quieren acabar con el capitalismo, sino reformarlo para hacerlo más “democrático” y “justo”.

Nuestra crítica a Podemos sin embargo, no va dirigida a la opción electoral que pueda representar, pues no tiene ninguna importante para el presente y futuro de la clase obrera, sino a lo que representa política e ideológicamente en la lucha contra la formación de la conciencia de clase proletaria. La misión de la ideología burguesa es ir disolviendo por oposición cualquier elemento ideológico que contribuya a elevar la conciencia proletaria por la acción de la propaganda marxista-leninista y la actividad revolucionaria comunista. En este sentido, Podemos es un nuevo producto de la burguesía, un enemigo de clase al que hay que combatir enérgicamente pues se está consolidando como un foco de atracción entre sectores de la clase obrera al actualizar la ideología burguesa. Enemiga número uno de la ideología comunista contiene elementos ideológicos que al embellecer y falsear la realidad social calan en la conciencia ordinaria de las clases explotadas. Combatir la ideología democrática burguesa entre la clase obrera no consiste simplemente en criticar sus conceptos, sino ligarlo a la lucha por su superación, es decir, armar una alternativa política al capitalismo desde las bases teóricas y políticas del marxismo-leninismo, construyendo el partido que dirija la revolución proletaria a través de la formación y consolidación de su vanguardia, tarea principal en estos momentos.