Lecciones del 26 J

Le vote ne change rien

el voto no cambia nada, la lucha sigue”

LECCIONES DEL 26-J

Una vez celebradas las elecciones se procederá a negociar sobre quién recaerá la formación del próximo gobierno, tras un ajetreado tira y afloja de la investidura. Los resultados surgidos de las urnas han sido una sorpresa para todos, dado que se creía, de una u otra manera, lo que pronosticaban las distintas encuestas que hasta el último momento daban como ganador al PP, aunque con menos margen de diferencia, y perdedor al PSOE, debido al ascenso imparable de Unidos Podemos (UP), que ya se consideraban la segunda fuerza parlamentaria.

Pronósticos y resultados: papel de las encuestas demoscópicas

El proceso electoral ha estado dividido en dos etapas claramente diferenciadas: una anterior al acto de las votaciones, que tuvo su inicios en los resultados del 20D, y que se caracteriza por las previsiones de las encuestas a raíz de los distintos movimientos tácticos de los principales partidos parlamentarios, y otra posterior a las votaciones del 26J, que se determina por los resultados matemáticos que han salido de las urnas. Lo específico de este proceso electoral con respecto a otros anteriores es que las dos etapas del proceso aparecen como contradictorias ya que las previsiones y los resultados no han tenido nada que ver, a diferencia de otros procesos que las etapas han constituido momentos continuos de un mismo proceso.

En cuanto a la forma del proceso parece confirmarse lo específico del 26J, aunque en cuanto al contenido lo “contradictorio” de la especificidad del proceso no puede ocultar lo que tienen en común los distintos procesos, pues lo específico de las campañas electorales no es la puesta en práctica del ejercicio de la soberanía popular, sino la confirmación del dominio ideológico de la burguesía que se pone de manifiesto a  través de los resultados de los comicios electorales.  

A este respecto hay que tener en cuenta que esta campaña electoral han destacado por su protagonismo los pronósticos de las encuestas, calando incluso en las previsiones de los propios partidos, lo cual demuestra que los chefs de las empresas demoscópicas se dedican a cocinar opiniones y tendencias de acuerdo al interés de quienes las encargan. No hay que olvidar que dichas encuestas están elaboradas en laboratorios de opinión que utilizan los resultados como instrumentos de los distintos sectores de la burguesía para encauzar a los electores hacia determinados intereses. Un verdadero marketing electoral que trata de dirigir a los votantes, como potenciales clientes a los que vender un producto o mercancía, transformando sutilmente la libre voluntad de los votantes en un obediente cliente.

Los sectores burgueses que promueven las encuestas conocen la importancia que los electores dan los partidos que van a dirigir el gobierno del Estado y por tanto las instituciones promueven la máxima participación ciudadana por todos los medios, ya  que refuerza su hegemonía de clase y la legitimidad del capitalismo como modelo de sociedad que hay detrás del sistema parlamentario burgués. Pero que la participación sea mayor o menor en un momento dado es más bien coyuntural, pues depende de las particularidades en que se celebran los comicios, aunque la burguesía siempre está interesada en que esta sea la mayor posible, pues esto pondrá de manifiesto su dominio ideológico y político y, por tanto, que la ideología marxista-leninista vaya perdiendo influencia entre los sectores obreros a manos del reformismo y el revisionismo, verdaderos puntales del régimen burgués.

TABLA1

La fiabilidad de las encuestas demoscópicas depende en gran medida de si se producen cambios cualitativos en el electorado, siendo importante para comprender lo que ocurre en este terreno. La diferencia entre los comicios del 20D y el 26J estriba en ese matiz, pues mientras que en el 20D el cambio fue cuantitativo debido a la puesta de largo de Podemos y Ciudadanos que animó el mortecino ambiente electoral, renovando las ilusiones del respetable público y por tanto aumentando la participación, acertando los pronósticos en cuanto a los resultados. En cambio, en el 26J ha sido cualitativo, ya que la suma de Podemos e IU no se ha visto favorecida con un aumento en votos y escaños como pronosticaban las encuestas, dado que los votantes de las dos opciones políticas se han comportado de diferente manera por separado que coaligados. Sencillamente porque una parte de los votantes de Podemos y de IU no comparten las mismas posiciones ideológicas y políticas. Ello se debe a la ley de la dialéctica, que la ideología burguesa no suele tener en cuenta. El análisis que realiza la burguesía plasmada en las encuestas, y que sus partidos asumen, sólo se sitúan en los cambios cuantitativos, no contemplando los cambios cualitativos del proceso a que está sometido el mundo real. 

TABLA2

El asombro de Unidos Podemos ha sido mayúsculo porque los resultados obtenidos no se acercan a las previsiones que manejaban, pensando que cosecharían el vaticinado triunfo del sorpasso. Pero sus previsiones han ido demasiado por delante del sentir general del electorado, al suponer que el reinado del bipartidismo ya había concluido, subvalorando el papel de los aparatos y sus maquinarias electorales de la casta, que siguen conectando con los distintos niveles sociales de buena parte del electorado.

El programa político de UP es claramente burgués, por tanto es un impedimento para que se configure como una alternativa para un sector de la clase que no pertenece a la aristocracia obrera, pues a lo máximo que aspira es a constituirse en el restaurador y renovador del sistema democrático burgués, en los auténticos abanderados de dicha fracción de clase y parte de la pequeña burguesía liberal-progresista, que utiliza el sistema democrático parlamentario para defender y extender sus privilegios a cambio de colaborar con la burguesía en la explotación de los sectores más precarizados de la clase obrera.

Tanto la aristocracia obrera como el lumpemproletariado son unos lastres que el proletariado tiene que soportar dentro de su clase, comportándose como auténticos obstáculos en contra de sus objetivos estratégicos, puesto que están unidos al ocaso de la burguesía más que al futuro del proletariado, lo cual le produce pánico y terror puesto que el proletariado le propone trabajar disciplinadamente y de acuerdo a un plan social en donde se supriman los privilegios exclusivos a los cuales están encadenados como a su código genético, y que identifican con La libertad individual humana. Estas fracciones, al ser enemigos políticos del proletariado revolucionario, deben de ser tratado con rigor político si no se quiere que expandan su ideología entre la clase obrera.

Gobierno y hegemonía política

Para que la clase obrera acuda a votar se le fija la idea de que es muy importante su participación para elegir a sus representantes y el consiguiente gobierno, es decir, la gestión de la política general que la burguesía aplicará durante cuatro años, ocultándose que se apoya en lo realmente importante para ejercer el poder de clase, el dominio político que ejerce la burguesía en los momentos de estabilidad económica y política del sistema. Centrarse interesadamente en la elección del gobierno es desviar la atención del electorado obrero en un tema sin apenas importancia para sus intereses de clase como se ha podido demostrar durante toda la historia del capitalismo en las democracias burguesas, pues toda mejora social perdurable que ha conquistado el proletariado no se ha debido a triunfos electorales sino a las luchas que se han desarrollado al margen de las estructuras de los aparatos del Estado burgués, que posteriormente se han ido perdiendo, precisamente, por la introducción de leyes aprobadas en el Parlamento a instancia de los distintos gobiernos.

Sin ir más lejos, la clase obrera española creyó en su mayoría, y por mediación de los distintos partidos que apoyan la Constitución y el sistema burgués, que podría, a través de la representación parlamentaria y la conquista del gobierno por los partidos de izquierdas democráticos, aspirar a mejorar su existencia al presionar a la burguesía dominante que se cumpliese las leyes del juego de la democracia parlamentaria, sin pensar que ello no es más que un espejismo, pues los propios partidos, tanto de derechas como de izquierdas, aceptan por igual el modelo de sociedad por el cual se rige el sistema capitalista de producción. Como se ha podido comprobar, con los distintos gobiernos del PSOE en solitario o contando con el apoyo de IU, donde se han aplicado una política general de acuerdo a las necesidades concreta de la burguesía, embellecida con la aprobación de leyes que contaban con una vitola de izquierda o progresista pero que, en realidad, no es más que una adecuación a los cambios que se están produciendo en la sociedad española, y con un claro contenido interclasista (la educación y sanidad pública con carácter universal, ley de parejas de hecho, de matrimonio homosexual, de dependencia…). La aprobación y puesta en marcha de estas leyes, son la seña de identidad de esa pretendida izquierda y el señuelo que utilizan para embelesar a los sectores de la aristocracia obrera, que imponen sus exigencias al resto de la clase como si ellos fueran vanguardia política. Pero ninguna de estas celebradas leyes ponen en cuestión ni obstaculizan en lo más mínimo los fundamentos del sistema de producción y distribución capitalista.

El parlamentarismo burgués no es el terreno en donde el proletariado tiene que establecer la batalla con la burguesía

Los resultados, a nivel general y concreto, son elocuentes pues hablan por sí mismo: todo queda igual que antes, quedando meridianamente claro que para los intereses de la clase obrera era y son innecesarios unos nuevos comicios, en concreto, y el parlamentarismo burgués, en general, como defiende el revisionismo, pues el proletariado tiene que enfocar su lucha desde una posición marcadamente política, de clase contra clase: la toma del poder del Estado mediante la guerra popular revolucionaria con el objetivo de destruir el viejo aparato burgués y construir uno nuevo bajo la dirección de la dictadura del proletariado en su camino hacia el comunismo. Sin embargo, estos comicios van a consolidar una política burguesa mediante un pacto social entre los partidos de derechas y de izquierdas, en connivencia con el revisionismo, para aplicar una política general que haga frente a las tareas que tiene que afrontar la burguesía, tanto a nivel nacional como internacional. Centrará sus esfuerzos por exprimir aún más la fuerza de trabajo asalariada en el mercado nacional al seguir precarizando las condiciones del trabajo (Bajos salarios, largas jornadas, extensión del trabajo a tiempo parcial, despidos más baratos, aumento de la disciplina y control en las unidades de producción para aumentar la productividad del trabajo, etc…) Acrecentará sus esfuerzos por extender su influencia en la Unión Europea en el reparto del mercado europeo a través del fortalecimiento del sector servicios que es muy competitivo en la oferta internacional en cuanto a precios (explotación de la fuerza de trabajo por su precarización), condiciones naturales y, a nivel global por la penetración de grandes empresas y exportación de capitales (capital financiero).

El panorama inmediato que se le presenta a la clase obrera, desde el punto de vista económico, es bastante sombrío, máxime cuando su movimiento de resistencia está en horas bajas, en retirada desde hace años. Sus condiciones de existencia se verán deterioradas aunque se produzca una disminución coyuntural del paro, pues ello va a ir acompañado de la precarización y, por tanto, del aumento de la productividad del trabajo como condición necesaria para la acumulación de capital, argumentándose desde los púlpitos políticos que más vale trabajar por un salario, aunque sea mísero, que no tener nada. El caldo de cultivo está dado para que el dilema al que se tengan que enfrentar los obreros entre “lo deja o lo tomas” que le ofrece la patronal, bajo la tutela del Estado burgués, se decante por un aumento considerable de la explotación asalariada dada las condiciones en que se encuentra el movimiento de resistencia. En este sentido, hay que comprender, que las distintas reformas laborales están pensadas para el presente, pero sobre todo para el futuro, es decir, para los tiempos venideros en que el capital salga de su crisis.

Si aceptamos esta situación como condicionante para la emergencia de una alternativa revolucionaria estaremos haciéndole un flaco favor al marxismo, al darle pábulo al revisionismo, dado que su estrecho pensamiento economicista supedita el desarrollo y avance de la teoría revolucionaria y, por tanto de la revolución proletaria, al estado del movimiento espontáneo de las masas, pues considera a este movimiento el genuino sujeto revolucionario que al ponerse en marcha posibilita que el partido (autoproclamado), que permanece aletargado a la espera de la respuesta de la “clase obrera” a la explotación capitalista, conecte con la punta de lanza del movimiento espontáneo dirigiéndolo hacia la revolución.

El movimiento revolucionario, en su larga lucha contra el capital, está tomando consciencia de lo equivocado de este planteamiento. La construcción del partido de nuevo tipo no tiene su inicio en el movimiento de resistencia de la clase obrera, sino más bien en la asunción de la teoría marxista-leninista (formación de la vanguardia); el sujeto revolucionario es el partido de nuevo tipo, es decir, la fusión de la vanguardia, que aporta la teoría revolucionaria en la lucha política, y la parte más avanzada de la clase obrera que le sigue, constituyéndose como movimiento revolucionario del proletariado, que se diferencia sustancialmente del movimiento de resistencia de la clase obrera en que su actividad no es por mejorar sus condiciones de existencia sino por transformar las condiciones de existencia de la división en clases de la sociedad. A la lucha contra la concepción revisionista se debe en gran parte la formación de la vanguardia proletaria, puesto que constituye la asunción de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases, que se desarrolla mediante la puesta en marcha de una correcta línea política.

Esta es la tarea principal en estos momentos pues para empezar a romper el actual estado de pasividad de la clase obrera y de hegemonía ideológica y política de la burguesía hay que reconstituir el proceso de construcción del partido, instrumento imprescindible de la revolución proletaria. Que no exista no quiere decir que no se estén dando pasos en esa dirección, pues comparando la actual situación con la de hace cinco años se observa un cambio positivo en la tendencia en cuanto a la debilidad de la conciencia m-l respecto al revisionismo y el oportunismo. Se está abriendo un debate serio entre los sectores de vanguardia en torno a la necesidad de la reconstitución ideológica y política del comunismo en lucha abierta contra las tesis revisionistas y oportunistas: construcción del partido de nuevo tipo como proceso de fusión de la vanguardia con los sectores más avanzados de la clase bajo la ideología proletaria para constituirse como movimiento revolucionario, guerra popular hasta el comunismo, dictadura del proletariado, revoluciones culturales como medio para revolucionar y extender la ideología proletaria en las masas, comunismo como meta del movimiento proletario revolucionario  para la eliminación de las clases sociales, etc.

Debemos perseverar en el fortalecimiento de este proceso mediante la lucha de dos líneas.

¡ Contra la democracia burguesa, por la revolución proletaria!

¡Por la construcción del partido!

¡Guerra popular hasta el comunismo!

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Boicot Elecciones Burguesas 26 J

4 Singes

¡BOICOT A LAS ELECCIONES BURGUESAS DEL 26 J!

Después del intento fallido para formar gobierno a raíz de las elecciones generales del pasado 20 de Diciembre, se han convocado nuevos comicios para el 26 de Junio con el fin de poner remedio a la falta de un gobierno fuerte que represente los intereses generales de la burguesía. En estas nuevas elecciones se van a disputar el voto dos bloques aparentemente diferenciados, que se presentan opuestos para atraer las simpatías de los votantes hacia su particular granero electoral. Lo realmente novedoso en el aburrido circo electoral es el acuerdo a que han llegado Podemos e IU para presentarse en coalición, pensando, como así sucederá, que juntos van a cosechar un mejor resultado electoral a costa del PSOE que pasaría a ocupar el tercer puesto.

Progresismo versus conservadurismo, un falso dilema

El gancho electoral que está utilizando Unidos Podemos y PSOE para estimular la participación y la dirección del voto hacia sus listas electorales es que ha llegado el momento para que los “ciudadanos” decidan su voto entre un programa progresista u otro conservador o, lo que es lo mismo, entre un programa de izquierdas y otro de derechas. Por su parte, el PP garantiza a sus votantes que su apoyo servirá para que la recuperación económica siga consolidándose, repercutiendo en un aumento del empleo y la mejora de la economía familiar; mientras que C´s se centra en la regeneración democrática y en la unidad indivisible del Estado. Todo muy previsible, que no se sale un milímetro del guión que marca la doctrina burguesa sobre la “competencia” entre partidos del régimen. 

Con estos diferentes eslóganes cada lista electoral pretende atrapar el voto “ciudadano” para integrarlo en el sistema, haciendo desaparecer por arte de magia el antagonismo de clases como si ello se redujera a un simple reparto de votos de la bolsa electoral. Reducir el antagonismo entre el proletariado y la burguesía, como hace la izquierda, a decidir entre progresismo o conservadurismo es una falacia pues como se ha podido comprobar históricamente tanto el progresismo burgués como el conservadurismo reaccionario no son más que dos líneas de actuación de la burguesía que se complementan para gestionar el régimen capitalista de producción en cada situación particular.

No negamos que existan diferencias entre un programa progresista y otro conservador, pero ello es siempre de matiz y nunca de esencia, pues esas diferencias no ponen en cuestión el antagonismo de las dos clases fundamentales enfrentadas en el capitalismo, que es el meollo de la cuestión que se tiene que dirimir y que la ideología dominante  oculta mediante la concepción democrática de que la democracia consiste en la elección de los representantes populares (un ciudadano, un voto). Con el voto en cualquier elección burguesa, se eligen entre los que se presentan pero no deciden nada, pues la toma de decisiones durante el mandato para el que ha sido elegido pertenece enteramente a quién se elige, que no tiene mantiene ningún nexo de unión con quienes lo han elegido.

Podemos considerar que existen diferencias entre un programa progresista y otro conservador, más son poco significativas al no afectar al equilibrio de poder de las clases dominantes y su régimen social. Estas diferencias, que se concentran fundamentalmente en las políticas redistributivas, las presenta la izquierda como su seña de identidad frente a la derecha, convirtiéndola en un señuelo para ganarse el apoyo electoral de las clases populares, pues estas piensan que van a mejorar sus condiciones de vida y trabajo en el capitalismo, sin pensar que ello no tiene nada que ver con la elección de los candidatos, pues es sólo posible, desde el punto de vista económico, si aumenta la masa de plusvalía creado por el trabajo asalariado.

Las políticas redistributivas que impulsan los partidos de izquierdas están basadas en la política impositiva del Estado burgués, básicamente en los impuestos directos que se aplican a las rentas del trabajo (IRPF) y rentas del capital, e indirectos, siendo ambos cuantitativa y cualitativamente desfavorables para la clase obrera, como no podía ser de otra manera en el capitalismo. Ahora bien, las políticas redistributivas no tienen nada que ver con el núcleo económico que hace posible la existencia y reproducción del capital, por un lado, y el trabajo asalariado y el salario por otro. El objetivo de dichas políticas redistributivas no es otro que repartir los impuestos confiscados por el Estado.

El señuelo de la política de redistribución que airea a bombo y platillo la izquierda se convierte en una política claramente reaccionaria contra los intereses el proletariado pues acerca ideológicamente a la inmensa  mayoría de los obreros al reformismo y al revisionismo, debido a su bajo nivel de conciencia de clase, y los aleja de la influencia revolucionaria en que se resume el ideario comunista: la clase obrera debe independizarse ideológica y políticamente de la burguesía con el objeto de construir una alternativa que favorezca su proyecto de clase, la construcción del partido comunista como sujeto revolucionario para superar el capitalismo y eliminar la división en clases de la sociedad. Por ello es importante en las campañas electorales denunciar el carácter de clase y la posición de la izquierda y los que defienden las políticas redistributivas pues van en la dirección de legitimar el régimen capitalista por medio de medidas correctoras, actuando conscientemente contra una alternativa revolucionaria, tratando de hacer invisible la ideología comunista y la construcción de la sociedad sin clase.

Revisionismo versus reformismo, dos caras de la misma moneda

Frente a la opción reformista, que se le conoce en términos políticos como socialdemócrata, muy desgastada y desacreditada ideológicamente en los medios obreros con determinado nivel de compromiso político por considerarla cómplice con las políticas de la burguesía, se presenta el revisionismo como una alternativa más próxima y afín a los intereses de la clase obrera, pues aparece disfrazada de “revolucionaria” en sus formas, que llega a formas ideológicas obreristas (defensa de la esencia obrera como clase explotada por el capital).

Esta concepción obrerista sitúa a la clase en un lugar secundario de las relaciones sociales, dependiente de las relaciones capitalistas de producción con la aspiración a mejorar sus condiciones de existencia por medio de un reparto más equitativo de la riqueza creada – subida del salario – o a ser “protagonista” de su liberación dejándose aconsejar y llevar por la dirección que le marca un partido comunista autoproclamado. La clase es, en este sentido para el revisionismo, una masa de obreros uniformes que tiene por misión seguir al partido – entendido como organismo separado de la clase –  en la aventura de construir una “nueva” sociedad.

Uno de estos consejos es que no se queda un sólo obrero sin participar en las elecciones burguesas ya que sus votos servirá para articular una alternativa anticapitalista, confundiendo realidad con ilusión, pues la mayoría de votos obreros en la actual situación de pasividad van a parar a las listas del reformismo o incluso del conservadurismo. Si esto es una realidad, que se puede comprobar comicios tras comicios, ¿para qué se insiste tanto a que los obreros participen, una y otra vez, en esta farsa y con la misma argumentación?

Esta pregunta nos lleva necesariamente a otra de mayor contenido ideológico y político ¿Por qué participa el revisionismo en las elecciones burguesas?  Según se recoge en los documentos de unos de sus representantes más genuinos (PCPE), es para poder llegar a aplicar un programa que actúe en contra de los intereses de los monopolios, al presuponer que son ellos los verdaderos responsables de la deriva actual del capitalismo depredador, como si los monopolios no fueran una consecuencia del desarrollo mismo de las relaciones capitalistas de producción. Afirman que la política antimonopolista es la única política correcta para luchar contra el capital, pues son los monopolios los que impiden el desarrollo de políticas necesarias para el paso hacia el “socialismo”, mediante una combinación de medidas económicas (nacionalización de los monopolios), legislativas (conquista del Parlamento) y jurídicas (cambio legales en la propiedad de los medios de producción).

Este es el argumento oficial pero no el real, dado que ello depende de su posición estratégica ante el capital, es decir,  la subordinación del revisionismo al régimen burgués es el reverso de su política contrarrevolucionaria, del abandono de los principios del marxismo leninismo y de la asunción de las bases argumentarias del democratismo burgués. Para el revisionismo el socialismo no es fruto del proceso de la revolución proletaria, es decir, la toma del poder mediante la guerra popular revolucionaria, por el proletariado para destruir el viejo Estado burgués y la nueva organización política del proletariado para proseguir su camino hacia el comunismo, sino un simple proceso de cambio de formas de propiedad por medio de una política de alianza de clases antimonopolistas que asegure el tránsito pacífico mediante necesarias medidas correctoras en la economía, garantizado por el desarrollo de las fuerzas productivas, capitalistas por supuesto.

El revisionismo ataca frontalmente la ideología m-l pues de lo que se trata es de justificar su carácter y posición de clase tergiversando el m-l, teoría universal del proletariado. Tergiversa los principios en los que se asienta el socialismo científico para adaptarlos a su posición política: Recurre a la verborrea seudo revolucionaria para sustituir la toma del poder del Estado por la concepción interclasista de la mayoría parlamentaria y el frente antimonopolista con la finalidad de asegurar la “justicia social” por medio de la aplicación de políticas redistributivas; La teoría del Estado como poder de clase la sustituye por la concepción interclasista de aparato funcional que tiene por misión intervenir en la economía y en la política como instrumento regulador y redistribuidor; La teoría de la dictadura del proletariado como edificación del nuevo Estado proletario la sustituye por la concepción interclasista del cambio jurídico de la propiedad de los medios de producción; y la teoría del comunismo como organización social sin clases sociales la sustituye por la concepción economicista de la eliminación de las clases por el desarrollo progresivo de las fuerzas productivas. Funciones que garantiza el “partido” convirtiéndose éste en Estado, que en manos de una nueva élite detentará el poder del Estado en nombre del proletariado. Presentándose esto como prueba de la “eliminación” de las clases, aunque persista por un lado esa nueva clase dirigente, que son los que mandan porque son los que saben y, por otro, el resto de los trabajadores, que son los que ejecutan las directrices centrales porque son los que producen ¿Para la sociedad o para la nueva clase dirigente?

Comunismo versus capitalismo, ese es el quid de la cuestión

El revisionismo, dada su posición de clase, no concibe que la aceptación y sumisión a la democracia burguesa doblegue al proletariado al desarmarlo ideológicamente, educándolo socialmente en el respeto a las leyes burguesas y la convivencia pacífica. En este sentido no entiende que la democracia burguesa sea un medio nocivo para la libertad y organización política independiente del proletariado y su liberación como clase, un instrumento político-ideológico para ejercer el dominio de la burguesía sobre el proletariado. Hay que entender que la democracia burguesa no es ni mejor ni peor que otras formas de dominio de clase, en todo caso diferente en cuanto a su forma, atendiendo unas como otras a la existencia y reproducción del capital según las condiciones políticas concretas.

El verdadero problema no es la táctica a emplear en la lucha política, sino la estrategia a determinar frente a las condiciones de existencia de la sociedad, estando meridianamente claro que el proletariado se tiene que enfrentar a las condiciones económicas y políticas en que vive con la perspectiva de eliminar esas condiciones para liberarse como clase dependiente, creando nuevas condiciones económicas y políticas para suprimir la división en clases de la sociedad. Esta es la única salida que le queda si quiere ser realmente protagonista del proceso hacia el comunismo.

El posicionamiento ante unas elecciones generales es importante, aunque no suficiente, pues de lo que se trata es de articular una alternativa revolucionaria que sea correcta para derrotar a la burguesía, es decir, crear las condiciones ideológicas y políticas para la revolución proletaria. Ello significa, en primer lugar, construir el sujeto revolucionario que lleve a cabo el proceso de construcción de la sociedad comunista, proceso que nos sitúa hoy en una doble etapa: la etapa de la reconstitución  ideológica y política del comunismo a través del Balance del Ciclo de Octubre y la formación de la vanguardia teórica mediante la lucha de dos líneas.

Boicot a las Elecciones del 20-D

Somos el cambio2

LA MISMA FARSA ELECTORAL

CON DOS NUEVOS ACTORES

BOICOT A LAS ELECCIONES DEL 20-D

Los obreros comprometidos con los intereses de su clase no deben
participar en las elecciones que propone la burguesía para renovar
su dictadura de clase. Su posición debe ser el boicot.

El 20 de Diciembre se celebran nuevas elecciones generales para elegir los parlamentarios que representarán los intereses del capital para aplicar la política general de la burguesía, tanto a nivel nacional como internacional. Se desarrollará apaciblemente dado el dominio ideológico y político que ejerce sobre la clase obrera, la cual contribuye inconscientemente a que el régimen político de la burguesía refuerce sus grilletes sobre los explotados.

Ello seguirá siendo así mientras que el proletariado siga creyendo que las leyes sociales son neutrales, que defienden la justicia social y el bien común por encima de las clases sociales, mientras respete el orden burgués y los intereses nacionales como si fueran de todos. Mientras siga creyendo en la respetabilidad burguesa que encubre la explotación a la que está sometida, campará por sus respetos la desigualdad, y la injusticia social será la norma a acatar.

Este dominio ideológico de la burguesía sobre el proletariado se asienta en la propiedad privada capitalista que establece las funciones y los roles de cada clase, pero se hace efectiva en la convicción de que siempre tienen que existir ricos y pobres como existen personas buenas y malas, fruto de la genética humana y no de la herencia social que determina a los individuos en función de las clases sociales. El parlamentarismo burgués actúa reforzando esta idea pues proyecta en la conciencia de los individuos que la norma que actúa en las relaciones sociales es LA DEMOCRACIA, el contrapeso que establece la sociedad contra los abusos dictatoriales de los que se toman la “justicia” por su mano. Por eso es tan importante que las vanguardias proletarias se nutran de una ideología propia, una ideología basada en el materialismo dialéctico que explique tanto la realidad como que aborde la transformación social a través de la lucha de clases sin concesiones a los pactos y etapas artificiales que recorer para la toma del poder político por el proletariado, única clase que puede realizar una revolución que transforme la sociedad hacia la eliminación de la propiedad privada individual y las clases sociales.

El sistema capitalista tiene sus propios mecanismos internos para, desde el punto de vista democrático, rejuvenecerse y regenerarse mediante la creación de nuevos partidos. Ello no ocurre de una manera apacible o natural, sino abruptamente dado que los partidos políticos existentes se resisten a cambiar ya que se pone en cuestión los privilegios que obtienen al gestionar el sistema capitalista. A simple vista se puede pensar que los partidos burgueses de nueva creación son obra de la voluntad de los dirigentes que los promueven, cuando en realidad no es más que la forma en que se manifiesta la necesidad del sistema por perpetuarse contra la opinión del electorado, harto de las promesas electorales que no se cumplen porque básicamente están hechas para ganarse la confianza de los trabajadores, como las abejas a un panal. El caso de Podemos es paradigmático en este sentido, pues aparece como una reacción espontánea de un sector de la población que se rebela contra las falsas ilusiones creadas por las maquinarias electorales y que lucha por restaurar la democracia “plena” que los partidos tradicionales han “secuestrado”.

Es evidente que el parlamentarismo burgués está sufriendo un fuerte desgaste de popularidad por el desprestigio de los partidos mayoritarios motivado por el cúmulo de casos de corrupción que han ido aflorando en medio de la crisis y en los que están involucrados directamente. Como reacción a este fenómeno, la burguesía ha comprendido que tiene que poner en marcha una urgente operación política de lavado de cara con la intención de renovar la imagen de los partidos llamados a gobernar el Estado y hacerlos más creíbles. Impulsando la formación de nuevos partidos, uno para el electorado de “izquierdas” y otro para el electorado de “derechas”, con el objeto de controlar sin sobresaltos las consecuencias de la pérdida de credibilidad en el sistema político parlamentario. Ante la deriva derechista de la socialdemocracia aparece Podemos, y debido a la derechización del liberalismo nace Ciudadanos, con el objeto de controlar el “equilibrio” entre derecha e izquierda tan al gusto de un sector amplio del electorado.

Esta operación está consiguiendo sus frutos, dado que se prevé que la participación electoral detenga su tendencia a la abstención, a la vez que está consiguiendo, por ahora, revertir el desprestigio de los mecanismos democráticos burgueses que se había dado por la conjunción del aumento de la corrupción y la desidia por no cambiar el estatus que gozan los partidos del bipartidismo en seguir manteniendo sus privilegios apegados a la función de gobernar. La burguesía alienta esos privilegios para que los partidos parlamentarios, sobre todo, los que gobiernan, se vean comprometidos defendiendo los planes generales de dicha clase.

Ello se asienta, y lo sabe bien la burguesía, que estos dos partidos van a apuntalar al bipartidismo indirectamente, pues van a apoyar, uno y otro, al polo ideológico al que pertenece para la gobernabilidad del país sin tener en cuenta los intereses contrapuestos de la clase obrera y la burguesía, pero a favor de ésta última. Esta operación política no tiene otro objetivo que encandilar a una parte del electorado, el que se caracterizada por votar discrecionalmente, de manera que elige un partido u otro no por motivos ideológicos o políticos sino por meras razones de imagen, en donde entra en juego plenamente el marketing publicitario, son los que las empresas consultoras etiquetan como indecisos.

Del conjunto de contradicciones en el momento actual, es la interimperialista la que domina, y en la que la clase obrera realiza el papel de peón de brega para las distintas fracciones burguesas imperialistas a través de las políticas que definen los Parlamentos nacionales. En Europa estos Parlamentos son los encargados de nacionalizar los intereses de la Unión Europea, que es donde se concentra el poder político del polo imperialista europeo en oposición al norteamericano, ruso o chino. Como decimos, la clase obrera juega un papel subalterno en la lucha de clases pues se ha ido imponiendo la contradicción interimperialista a costa de desplazar a un tercer lugar la contradicción burguesía/proletariado o, lo que es lo mismo, la contradicción socialismo/capitalismo, ocupando el segundo lugar la contradicción entre las distintas fracciones de la burguesías nacionales, la contradicción entre la burguesía imperialista (gran burguesía) y la burguesía no imperialista (pequeña y mediana burguesía), que se expresa como la contradicción internacionalismo burgués/nacionalismo. El caso de Cataluña es un ejemplo evidente de esta última contradicción dentro de un Estado imperialista que todavía no ha resuelto políticamente sus estructuras políticas para adecuarla a la actual situación del desarrollo capitalista: la federalización.

A la vez que el proyecto revolucionario de la clase obrera como opositor al proyecto capitalista ha ido perdiendo fuerza, también el revisionismo lo ha ido perdiendo como proyecto de la clase obrera frente al marxismo-leninismo por su derechización en favor de la socialdemocracia pura y dura, lo que desorienta todavía más los intentos revolucionarios para superar la crisis en que se debate el marxismo-leninismo como ideología del proletariado, tanto en el terreno ideológico (una prueba de ello sería nuestro propio desviacionismo cientificista sobre cómo se tiene que desarrollar la teoría m-l), como político (otra prueba de ello sería las veleidades tacticistas del Movimiento por la Reconstitución expresado en el referéndum por la autodeterminación de Cataluña, en donde se expresan cuales deben ser las condiciones actuales para establecer la vanguardia teórica la ligazón política de las masas).

Es evidente que el revisionismo no goza actualmente de la misma salud que décadas pasadas cuando la burguesía necesitaba de sus servicios para desviar la atención de la lucha de la clases hacia posiciones más conciliadoras. Su influencia entre la clase obrera ha descendido debido, en gran parte, a que esas luchas obreras han perdido fuerza, moviéndose al son que marca los intereses de las distintas fracciones burguesas. El revisionismo militante es escaso, brilla por su ausencia, lo mismo que la alternativa programática que presentan al electorado, que cada vez tiene más un cariz socialdemócrata que de clásico revisionismo pues a lo que se dedican es a reivindicar descaradamente el Estado del Bienestar y la defensa de la empresa pública, como si ello fuera la solución para conseguir ablandar el intratable capitalismo salvaje. Ya no se preocupan de justificar sus posiciones antiobreras como lo hacia el PCE en los primeros tiempo de la transición, pues de lo que se preocupan en la actual coyuntura es que los obreros crean que el capitalismo es una etapa perversa del desarrollo social que se puede desechar en lugar de -como proponía el PCE- transformarlo con buenas intenciones. pasando por el desván de la sicología social para que convenzan a los dirigentes de la sociedad que es mejor que se comporten como buenos ciudadanos permitiendo que mejore la economía a través de introducir leyes sociales en el entramado capitalista.

El revisionismo patrio actual, el del PCPE y compañía, tiene mucho de pose y poco de política, pues a lo que se dedican fundamentalmente es a cubrir el trámite de sus campañas electorales como mejor pueden porque sus resultados son desalentadores a tenor de los hechos, aunque tratando de ocultar su política conciliadora con la burguesía a través de grandes proclamas en defensa del “marxismo” que, en realidad, no es otra cosa que literatura embrollona para ocultar el carácter contrarrevolucionario del “socialismo” que proclaman: el socialismo burgués del siglo XXI que todo lo centra en la propiedad social de los medios de producción sin hacer mención al carácter colectivo del poder político del proletariado que tiene que tomar el poder necesariamente a través de la guerra popular y no en la profundización de la democracia en general. Ello es una ley del socialismo científico, que se deriva de la resolución de las contradicciones antagónicas (materialismo dialéctico).

Para el revisionismo es relativamente fácil conectar con las masas obreras, lo hace de manera casi espontánea con los más combativos por reivindicaciones económicas inmediatas porque les ofrece aparentemente una alternativa que con poco esfuerzo mejorará sus condiciones de vida centrada en la conciliación de clase. Va adquiriendo mayor influencia en el seno de la clase obrera por dos circunstancias interrelacionadas: cuando el movimiento obrero está en una posición de lucha reivindicativa y cuando la vanguardia comunista es inexistente o muy débil políticamente (cuando hablamos de debilidad nos estamos refiriendo a su aspecto cualitativo, es decir, a existir con posiciones fuertemente arraiga a la teoría marxista-leninista). Durante la época que duró el periodo de la transición democrática quedó demostrado lo acertado de esta opinión, pues se dieron las circunstancias que apuntamos aunque esa realidad quedaba oculta en cuanto a la existencia de la vanguardia comunista pues aunque se creía que existía como tal, las organizaciones que constituían esa vanguardia eran en su mayor parte oportunistas o bisoñas en el conocimiento de la teoría marxista-leninista, lo que no propiciaba una lucha efectiva contra el revisionismo de aquella época.

Otra cosa le ocurre a la vanguardia m-l, pues la relación que tiene que establecer con las masas no va a depender de ellas, sino de la previa constitución de la vanguardia como tal, es decir, de la elaboración y consolidación de la teoría m-l en línea política que se va abriendo camino como línea de masas en el seno de la clase obrera. Por esta sencilla pero difícil circunstancia, la línea proletaria, en oposición a la línea revisionista, se va implantando en el seno de la clase obrera al margen de que la lucha de los obreros organizados sea mayor o menor cuantitativamente, esté desarrollado la influencia del revisionismo o no, pues va a depender únicamente de la fortaleza ideológica de la propia vanguardia en los principios del m-l, que irá escalando posiciones en lucha con la línea revisionista. Claro está, cumplimentado esta etapa, su influencia se desarrollará más rápidamente en la medida en que el revisionismo sea más débil políticamente como ocurre en la actual coyuntura política, siempre y cuando cumpla sus expectativas de constitución como vanguardia comunista.

El actual proceso de constitución de la vanguardia comunista en el Estado español iniciado por el MAI sigue un camino acertado en cuanto a su contenido, pues es preceptivo que antes de constituirse como núcleo organizado tiene que reconstituirse ideológica y políticamente, es decir, tiene que labrar las condiciones actuales de su constitución a partir de criticar y superar los errores cometidos en el pasado, en donde se suponía que el tipo de vanguardia a constituir y el tipo de partido a construir deben seguir a pies juntillas los esquemas ideológicos y políticos de la revolución de Octubre, como si ellos fueran exactamente iguales para cualquier época histórica en que el proletariado tenga que abordar su revolución pendiente. Esto es un avance muy importante, diríamos el más importante, para iniciar el proceso, sin lo cual se volvería a repetir los mismos o parecidos errores del pasado.

Se quería partir de una experiencia de construcción del partido, haciendo general el proceso, sin entender que esa experiencia era sencillamente el principio de una concepción de construir el partido de nuevo tipo que se tiene que desarrollar con las nuevas aportaciones que se van introduciendo a raíz de las experiencias posteriores, que corrige lo viejo del concepto anterior e introduce lo nuevo de la nueva experiencia, depurando lo viejo a la vez que aporta lo nuevo en el concepto general desarrollándolo. En este sentido debemos perseverar en el actual proceso reflexionando cómo proseguir, cuáles deben ser las condiciones de la nueva etapa una vez se consolide la comprensión general de la reconstitución de la vanguardia como paso previo de la construcción del partido de nuevo tipo.

La burguesía cuando va a depositar su voto actúa con conciencia a sus intereses de clase: vota a los partidos que defienden un programa que contemple como única alternativa el sistema capitalista. Su voto tiene un significado político claro pues va a servir para que la marcha del sistema siga su curso produciendo plusvalía del trabajo asalariado que realiza su labor en sus empresas y a sus órdenes.

El voto de la burguesía puede dividirse entre los distintos partidos que se presentan con un programa netamente burgués, aunque tiende a concentrarse en uno solo dependiendo de la situación política y económica en donde se celebren las elecciones. La burguesía tiene sus propios partidos anclados en la ideología más reaccionaria (liberal, democristiano, monárquico, etc.), aunque también tiende sus tentáculos hacia otros partidos de corte “progresista” (demócratas radicales, republicanos, socialistas, revisionistas, etc.) para captar el voto asalariado que nada tiene que ver a sus intereses de clase pero que tiene que atraer para gestionar al conjunto de la sociedad como clase dirigente: ello es lo que legitima socialmente su dirección política, lo que no podría ser desde el punto de vista democrático con sus propios votos por ser una clase cuantitativamente pequeña aunque con un gran poder que se lo otorga su posición económica. Es característica de esta clase la casi nula abstención, demostrando con ello lo importante que es votar para sus intereses de clase.

La pequeña burguesía es tradicionalmente la clase compuesta por pequeños propietarios, del campo y la ciudad, que explotan su propio trabajo y, en muchos casos, el de su familia a cambio de vivir de ese trabajo y poder acumular capital para agrandar sus propiedades de cara a un futuro próximo. Su aspiración es convertirse en burgués, explotador de grandes cantidades de fuerzas de trabajo asalariada. A esta clase también pertenecen, tanto los profesionales que ejercen su trabajo por cuenta propia y personal intermedio de las empresas y del Estado, como los propietarios que explotan circunstancialmente fuerza de trabajo ajena en pequeña proporción debido a lo reducido de su negocio.

La burguesía española para atraerse políticamente a la pequeña burguesía articuló sus intereses económicos a través del Estado de las Autonomías, lo que permitió en su momento un desarrollo articulado de las distintas zonas geográficas del Estado y, por tanto, a la vez que se desarrollaba el gran capital por las inversiones que se transferían a las distintas Autonomías, de las cuales eran favorecedoras por sus capacidades técnicas y económicas y las redes con que contaban en los aparatos del Estado, favorecían a la pequeña burguesía que crecía al calor de los negocios de las grandes empresas.

Esta clase social tiene un comportamiento electoral distinto pues su voto es más variable: votan a los partidos que defienden un programa netamente burgués en cuanto a su contenido pero seleccionando su voto en cuanto a la forma en que se presentan los programas, dispersándose el voto entre reaccionarios, progresistas, radicales, etc. dependiendo de la labor económica que realizan, su procedencia social y educación intelectual que tengan. Lo que busca la pequeña burguesía es reafirmar su ideal como clase: sacar algún provecho de todas las situaciones que se presentan con el menor esfuerzo posible al rebujo de las demás clases.

La clase obrera es el sector de la población más numeroso, que según estimaciones representa entre un 70 y un 80% del censo electoral. Cualquier resultado tiene que partir de este dato si es que se quiere comprender qué papel juega dicha clase en la elección de las Cortes Generales. El grueso mayoritario de participación pertenece a la clase obrera, al igual que el grueso mayoritario de abstención: participa porque está imbuido de la ideología burguesa dominante que le reserva el papel de elector pasivo como modo de combatir que se pueda convertir en actor activo de su propio porvenir; se abstiene porque los mecanismo de participación ciudadana burguesa no le seduce ni le ofrece garantías de que pueda ser eficaz para la defensa de sus intereses. En esta contradicción se debate cuando tiene que responder ante los mecanismos democráticos burgueses de elección de los representantes de la “voluntad popular”, dominando el polo participativo debido a que está falto de una dirección política revolucionaria que derive su lucha contra el poder de clase burgués a través de la toma del poder político, la alternativa revolucionaria a la participación democrática burguesa.

Para tratar de comprender su actual nivel de conciencia es necesario retrotraerse a su historia más reciente, al periodo comprendido por la transición democrática, que fue el periodo en donde se fraguó las rupturas de los diferentes partidos y sindicatos de la izquierda democrática a la oposición al franquismo y se diseño cuales iban a ser sus papeles en la democracia burguesa. El PSOE rompió con su referencia ideológica con el marxismo democrático de la mano de Felipe González con el objeto de posicionarse políticamente ante los nuevos tiempos que se avecinaban para poder obtar a formar gobierno para gestionar los intereses de la burguesía y la perpetuación del sistema capitalista. El PCE escenificó el abandono al leninismo de la mano de Santiago Carrillo con el objeto de posicionarse políticamente ante la burguesía como partido responsable que respeta el orden constitucional burgués y presentándose ante los trabajadores abrazando el socialismo democrático en oposición al socialismo científico, que pertenecía al pasado, a una situación pretérita correspondiente al capitalismo de libre competencia. Los sindicatos adheridos a dichos partidos, UGT y CCOO, cumplimentarían sus virajes de sindicatos reivindicativos con vitola de defensores de las condiciones económicas de los trabajadores a meros sindicatos gestores de la sociedad democrática que defendían la economía nacional, proponiendo el pacto social como herramienta para armonizar los intereses de los agentes sociales. Todo ello se ha visto agravado por la inexistencia de una vanguardia m-l que se encargara de ir recogiendo el malestar de sectores de la clase obrera que no se identificaban con estas organizaciones y que ponían en cuestión si esa debería ser la política que defiende sus intereses de clase.

Con ello se daba el paso a la ansiada desmovilización de la clase obrera como instrumento necesario, en beneficio del control salarial, para el desarrollo planificado de la economía capitalista con vista a la futura integración en el Mercado Común Europeo. Esta operación política de la burguesía en complot con las organizaciones citadas ha dado como resultado una progresiva despolitización de la clase obrera, en donde empieza a perder la identificación de su enemigo de clase en sus aspectos más elementales (la patronal ya no es responsable de su situación económica, sino que es la que permite que los trabajadores tengan un puesto de trabajo y puedan comer). El voto que en un principio de la transición distinguía difusamente a las distintas clases entre izquierda y derecha, se ha ido desdibujando progresivamente pasando a ser interclasista, esto es, trasvasándose de un partido a otro del bipartidismo dependiendo de la situación política concreta, como se puede comprobar en el análisis de los resultados electorales de las distintas elecciones generales.

Tabla1

La parte más consciente de la clase obrera, los comunistas, deben de tomar posición política clara ante los planes de la burguesía. No deben, en ninguna situación, esconderse de su responsabilidad de decirle claramente a la clase obrera cuál debe ser su actuación ante las distintas situaciones de la política general de la burguesía. Su participación, en la actual situación de dominio político, en las distintas llamadas electorales que le propone la burguesía es un paso más en asegurar su esclavitud asalariada, puesto que supone darle su apoyo incondicional a la política de la burguesía a través de la colaboración de clases y la legitimación de que la burguesía debe seguir siendo la clase dirigente de la sociedad, la misma que explota y oprime al proletariado.

La abstención es la posición política más acertada de la clase obrera ante las consultas electorales de la burguesía, siendo más dolorosa para la burguesía cuanto mayor sea. La llamada al boicot por parte del sector más consecuente de su clase es una bocanada de aire fresco para el proletariado, puesto que no contribuye a debilitar ideológicamente su conciencia de clase, aportando argumentos contra la conciliación de sus intereses con los de la burguesía, sino ofrecer resistencia en la medida de su capacidad a los dictados del capital. La llamada al boicot es una lucha directa y abierta contra la política revisionista que considera parte de su táctica participar en los mecanismos de la democracia burguesa, puesto que ello le reportará influencia política de las masas obreras al permitirle hacer propaganda de sus propuestas y alternativa política.

La consigna de boicot a la participación a las elecciones burguesas no es una consigna aislada del marco general de la política revolucionaria del proletariado, pues ello sería más propio de una política más próxima al anarquismo que al comunismo, que trata de hilvanar todas las propuestas en una única política general: elevar el nivel de conciencia de la clase obrera para construir sus condiciones ideológicas y políticas para emanciparse como clase explotada por el capital. Somos conscientes que la llamada al boicot no va a tener un eco importante entre los distintos sectores de la clase, sino más bien es una posición política del sector más avanzado que la liga a la tarea de la construcción de la vanguardia proletaria como paso previo para la construcción del partido comunista. El boicot para los sectores más avanzados de la clase obrera y la abstención para el conjunto de la clase es la posición más consecuente actualmente contra la política capitalista en el terreno electoral.

Una Valoración Política de la Elecciones Municipales

26 Dibujos que muestran todo lo que se hace mal en el mundo.

Una valoración política de las

Elecciones Municipales 2015

 El pasado 24 de Mayo se celebraron las Elecciones Municipales en todo el país junto con las Autonómicas, excepto en las Comunidades de Cataluña, Andalucía, Euskadi y Galicia. Nos centraremos en esta ocasión en examinar las Municipales, que arrojaron los resultados electorales, que a continuación pasados a analizar:

Porcentajes de votos obtenidos entre 1995-2015:

C.1

Número de votos obtenidos en 2007, 2011 y 2015:

C.2

Vemos que el PP sigue siendo la primera fuerza política obteniendo 6.057.767 votos, que supone el 27% de los votos válidos, En segundo lugar ha quedado el PSOE con 5.603.823 votos y un 25% de los votos válidos. Entre los dos partidos que forman el bipartidismo orgánico han conseguido el 52% de los votos. Izquierda Unida ha cosechado los peores resultados que se recuerdan en unas municipales desde 1983, con una pérdida del 3,7% de los votantes (respecto a 2011 ha tenido una perdida de 366.507 votantes).

En conjunto, los partidos PP-PSOE han perdido más de 3 millones de votos (2.416.264 + 672.264), que han ido a parar fundamentalmente a las candidaturas impulsadas por Podemos y Ciudadanos. La pérdida electoral más importante ha sido para el PP (una caída del 10,50% de los votantes con respecto al año 2011, que supone casi 2,5 millones de votantes). El PSOE ha cosechado el peor resultado de las municipales desde el año 1983, con una caída del 18% de los votantes con respecto a dicho año. En cuanto al número de votos perdidos con respecto al año 2011 supone casi 700.000 votos.

Un análisis cuantitativo de los resultados de Madrid y Barcelona nos ofrece las siguientes conclusiones:

Madrid

C.3

En Madrid, PP/PSOE han perdido un 23,8% de los votos conseguidos en el año 2011. La mayor parte ha recaído en el PP, casi el doble que el PSOE (15,2% y 8,6% respectivamente). Ahora Madrid y Cuidadanos han cosechado el 43,2% de los votos, un 6,5% menos que el bipartidismo orgánico (49,7%), lo que significa un duro golpe para el PP/PSOE que ven como pierden influencia electoral en beneficio de los nuevos partidos burgueses emergentes. Es significativo el desplazamiento del voto de IU en Madrid hacia la opción de Podemos como palanca para no convertirse en una referencia electoral residual. Estos resultados van a contribuir a replantearse seriamente la alianza electoral de las izquierdas contra las derechas en las próximas elecciones generales para derrotar a la alternativa derechista pura y dura.

Barcelona

C.4
En Barcelona, PP/PSOE han perdido el 21% de los votos conseguidos en el año 2011 (8,5% y 12,5% respectivamente), lo que significa otro duro golpe al bipartidismo orgánico que vé como su influencia electoral se resquebraja considerablemente en beneficio de los partidos burgueses emergentes y los partidos que impulsan el nacionalismo independentista, han aumentado un 5% de los votos con respecto al año 2011 (un 36,1% en el año 2011 frente al 41,1% en el año 2015). Este aumento también se ha producido en el conjunto de Cataluña, que han pasado del 38,2% de los votos en el año 2011 al 45,06% en el año 2015, aunque hay que reseñar que CIU ha perdido apoyo electoral tanto en Barcelona como en Cataluña en beneficio de ERC y la CUP.

El bipartidismo orgánico está perdiendo apoyo electoral a manos de los partidos burgueses emergentes pero no en cuanto a la coalición de los partidos catalanes que defienden el independentismo, lo que está por confirmar es si esto va a repercutir en los resultados de las próximas autonómicas en Cataluña, convocadas para el mes de Septiembre. El tiempo dirá si se abre uno nuevo escenario, sean cuales sean los resultados ante el desafío del independentismo burgués en Cataluña.

En cuanto a la participación en todo el Estado, estos son los resultados obtenidos:

Resumen de participación de Total España

C.5De estos datos se pueden extraer las siguientes conclusiones:

La participación electoral ha ido recorriendo el camino inversamente proporcional al recorrido del censo: cuando desciende éste, aumenta la participación (2011) y cuando aumenta aquél, desciende la participación (2015). Se debe seguramente a factores particulares de cada elección, ya que el arrastre de la abstención por la arrolladora victoria del PP frente a la caída respecto del PSOE en el año 2011 y leve caída de la participación en 2015 por la posición abstencionista de fieles votantes del PP, que esta vez lo han boicoteado debido al rechazo a determinadas promesas incumplidas y que consideran señas de identidad del Ideario del PP, especialmente: ley del aborto, apoyo a la familia tradicional, etc…

Vemos que el aumento o disminución de la abstención se debe fundamentalmente a la mayor o menor ilusión con que los votantes afrontan las elecciones, PP y PSOE esencialmente. De ahí se deduce que la abstención pertenece a la esfera de la concepción democrática burguesa de afrontar la lucha política (elección de una opción electoral frente a las demás) y en ningún caso se puede considerar reflejo de una posición de cambio en la concepción y práctica rupturistas con el sistema democrático parlamentario. Para que ello se pueda considerar así es necesario que exista una referencia política revolucionaria que lo impulse en el seno de la clase obrera, lo que no ocurre todavía en el Estado español.

Bipartidismo sí, bipartidismo no

Este dilema contínuamente pregonado representa un falso problema, puesto que no es una cuestión que tenga que dilucidar la clase obrera. Lo realmente importante para los obreros consecuentes con sus intereses generales de clase es distinguir el carácter de clase del gobierno que sale de las urnas y no la forma que adopta la función de gobernar en un momento dado, unipartidismo, bipartidismo o pluripartidismo, en la formación del gobierno. Los partidos burgueses emergentes, arrogándose la representación de una parte de la opinión pública, manifiestan que el bipartidismo favorece las decisiones arbitrarias de los que gobiernan, considerando que el pluralismo en la formación del gobierno se ajusta mejor al desarrollo democrático de la sociedad y a los intereses de la mayoría frente a los abusos y la corrupción de una minoría antidemocrática.

Con este discurso interclasista y de democracia en general se han ganado las simpatías y el voto de una parte importante del electorado, de los demócratas desencantados que unas veces apoyan al PP y otras al PSOE, sumados a los que están hartos de los bandazos incoherentes de IU. La crítica al bipartidismo, para que sea consecuente con los intereses de clase del proletariado, hay que hacerla desde una posición anticapitalista, cosa que no hacen los que se posicionan abiertamente contra esta opción política, pues su crítica tiene como objetivo labrarse un espacio propio en el sistema democrático burgués para así afianzar su poder como fracción de clase.

El argumento crítico contra el bipartidismo se fundamenta en que es perjudicial para la democracia bien entendida, porque la desnaturaliza al permanecer presa de los intereses de dos únicas opciones políticas que se alternan en el poder, en detrimento de los intereses de la mayoría, favoreciéndose los abusos y la corrupción de los que detentan el poder económico y político. Esta crítica no pone en cuestión la naturaleza de la democracia burguesa, ocultándose su carácter de clase al hacer creer que existe libertad e igualdad en la sociedad burguesa, cuando en realidad es en esencia una dictadura de la burguesía para poder reproducir las condiciones de la explotación capitalista desde el ámbito de las instituciones políticas mediante la conciliación de clases y la represión que se ejerce cuando se pone  en cuestión las medidas y leyes que se impulsan para que se cumplan dichos objetivos. Los defensores de la democracia real frente a la falta de libertades democráticas para la mayoría que le sustrae el bipartidismo no es más que un intento burdo de embellecer la dictadura de la burguesía sobre el proletariado con bonitas palabras de falta de democracia y de recorte de libertades públicas para conciliar el propósito de los capitalistas (explotación del trabajo asalariado) con el respeto a las normas democráticas burguesas por parte del proletariado a cambio de una ”mejora” en sus condiciones de relacionarse con el Estado.

Hay que entender que el bipartidismo no sólo es la forma organizativa que adopta el dominio político de la burguesía (la alternancia de los partidos burgueses en la ejecución de su poder de clase), sino que hay que entenderlo más ampliamente: la forma política que adopta los intereses de la burguesía en el ejercicio de su dominio (bipartidismo programático), que se concreta en el programa político que desarrolla en cada situación concreta. En este sentido, los distintos partidos burgueses emergentes que han aparecido en el panorama político y electoral forman parte del bipartidismo, cada uno en su “polo correspondiente”: Ciudadanos, en el conservador (derecha) y Podemos, en el progresista (izquierda) del ejercicio de poder de la burguesía, pues desde sus fundaciones abrazan las normas democráticas que marca la Constitución burguesas y el sistema económico que consagra la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado. Las críticas a la casta, a la corrupción y a los recortes de las libertades democráticas no son más que formas ideológicas para integrarse en el sistema de poder de la burguesía por parte de la aristocracia obrera, y de una parte de la pequeña burguesía que se han visto relegados y desplazados de sus privilegios y funciones en los aparatos del Estado.

La clase obrera tiene su propio camino

Con el desarrollo del régimen capitalista de producción se desarrolla y se depuran las formas políticas de dominación de la burguesía sobre el proletariado. Se articula en torno a las leyes de producción capitalista una estructura política que tiene por misión oprimir al proletariado y “educarlo” a las formas peculiares de producción del capital por medio de los aparatos del Estado. El sistema político tiene como aspecto central de actuación de poder el parlamentarismo burgués, sistema de elección de los representantes de la clase dominante, la burguesía, y de dominación y reproducción de poder de dicha clase, por medio de la elaboración y ejecución de las leyes que rigen la vida social y asegurar su aplicación con el soporte represivo, dispuesto en cada momento para intervenir en el caso que dichas leyes sean cuestionadas por las masas explotadas.

La democracia burguesa y el parlamentarismo burgués no son un invento social para la defensa del “bien común”, sino la condición necesaria, en lo político, para que no se interrumpa la reproducción del capital. Este modo de producción necesita de unas condiciones políticas favorables, aunque la misma producción capitalista, por su particularidad, a diferencia de otros modos de producción anteriores, garantiza su reproducción mediante la explotación del trabajo asalariado. Dicho medio es la conciliación de clases, dado que la plusvalía emana del trabajo asalariado, trabajo que aportan los obreros asalariados mediante la explotación de su fuerza de trabajo en las empresas capitalistas. Explotación que necesita que se haya tenido que contratar mediante la libre voluntad de las partes contratantes: el capitalista y el obrero según unas condiciones previamente establecidas por el código judicial y las ordenanzas laborales.

El capitalismo en su fase última de desarrollo, la imperialista, utiliza una doble táctica para aplicar su política: guante de seda (democracia) en las metrópolis y guante de hierro (dictadura) en la periferia. Tanto una como otra forma de dominación política persigue el mismo objetivo: explotar y oprimir al proletariado aunque adopte distintas formas de dominación dependiendo las necesidades del capital para la extracción y apropiación de plusvalía. No se puede caer en la trampa ideológica que interesadamente tiende el capital a los proletarios de decidir sobre una u otra forma de dominación, dado que las dos son peores para el proletariado que tiene que luchar con la misma perseverancia y radicalidad si quiere derrotar a la burguesía para instaurar su dictadura de clase con el fin de construir una sociedad libre de explotación de clase.

Los que desde la “izquierda”, ya sean demócratas, socialistas o comunistas, defienden la democracia burguesa y el sistema parlamentario burgués como antídoto contra la dictadura de la burguesía y la defensa de los intereses de los trabajadores, olvidan que el sistema parlamentarista burgués está penetrado por el carácter del Estado, que es una parte de los aparatos del Estado de la burguesía, de la máquina de opresión y represión de la burguesía. El discurso de los distintos partidos que consideran el parlamentarismo burgués como la representación genuina del pueblo no hacen más que contribuir a ocultar y engañar a la clase obrera, que su apoyo al parlamentarismo burgués no es más que un cheque en blanco para que la explote y oprima con el consentimiento de los propios trabajadores, a la vez que le hacen creer que la burguesía, al aceptar los mecanismos democráticos, renuncian a mantener sus intereses particulares en pos del interés general de la sociedad, lo cual es imposible desde el punto de vista del funcionamiento del capital.

Los que defienden la democracia burguesa y el parlamentarismo burgués fomentan la pasividad de las masas explotadas, la colaboración de clases a favor del sistema económico y político que los explota y oprime, además de desarmarlos ideológica y políticamente para entablar decididamente su lucha contra la clase que le impide desarrollarse como clase independiente y revolucionaria, permaneciendo a la sombra de un Estado que lo obliga a respetarlo y lo adormece para la función social a la cual está destinada a realizar por su capacidad revolucionaria, adquirida por el desarrollo del capitalismo y la conciencia formada por la comprensión de la teoría revolucionaria del desarrollo materialista y dialéctica de la sociedad: el marxismo-leninismo.

El sistema ideológico burgués tiene la particularidad de proyectar ideas engañosas y falsas como si fueran Las tablas de la ley, consolidando la creencia de que la democracia burguesa actúa en pos del interés general sin reconocer la división en clases de la sociedad, situándose por encima de ellas. Esta función de la democracia burguesa no la perciben la gran mayoría de los obreros, pero sí lo tienen que saber las organizaciones que se autoproclaman comunistas pues es una de las tesis fundamentales del materialismo dialéctico, la función que tiene la ideología burguesa de invertir y ocultar el contenido de las relaciones sociales capitalistas. Por poner un ejemplo esclarecedor de esta cuestión: el dinero aparece ante los ojos de los agentes sociales con un poder social (la capacidad infinita de comprar cualquier mercancía), cuando en realidad no es más que una relación social; el producto de las relaciones mercantiles capitalistas (esa capacidad que hablábamos antes se la otorga el valor de cambio de las mercancías, el valor que adquiere el producto del trabajo social destinado al cambio).

Sin embargo para el revisionismo, cuanto más se desarrolla la democracia burguesa, es que más democracia real puede haber, más libertad para elegir y decidir tiene la clase obrera en la sociedad burguesa. Pero la realidad nos demuestra que el Parlamento sigue en manos de los mismos: los capitalistas de uno u otro signo. Lo que importa del Parlamento no es quienes lo componen, sino qué leyes elabora y qué política impulsa y aplica. No por estar la izquierda sentada en el hemiciclo se va a aplicar una política que favorezca económicamente a los trabajadores, sino más bien que se gobierna para las empresas en donde trabajan los obreros asalariados. Estos piensan que por que esté un partido de izquierdas en el gobierno va a mejorar sus condiciones de vida y trabajo, pero la realidad es muy distinta: aunque haya un batallón de profesionales de la política de izquierdas su condición de explotados sigue vigente incluso con más fuerza, porque frente a la condición formal de igualdad entre todos los miembros de un Estado burgués se alza la condición real de la división en clases de la sociedad, de la cual el Estado es su mayor exponente.

Entonces ¿Por qué defiende el revisionismo el parlamentarismo burgués en cualquier situación del enfrentamiento entre burguesía y proletariado? Porque piensa que la única manera de ganar adeptos y apoyos de la clase obrera es por medio de una política de conciliación de clases, acumulando fuerzas a partir del movimiento espontáneo de las masas al margen de una política revolucionaria impulsada por el partido comunista, ya que ha renunciado al principio marxista de que la clase obrera se fortalece política e ideológicamente en la medida que crea sus propias estructuras políticas (entre ellas el partido, la más importante) al margen de las estructuras del Estado burgués y su lucha contra la organización política de clase de la burguesía.

Y aunque los mecanismos democráticos burgueses le dan la razón en un primer momento, creándole la ilusión de que tiene cierto apoyo social por conseguir un puñado de votos en las elecciones burguesas, pero el tiempo y la lucha de clases poco a poco le va quitando el velo que oculta su torpeza y traición, desnudando sus vergüenzas ante la clase obrera que lo juzgará con dureza y severidad a través del desprecio y el olvido. Los resultados electorales van dándole bofetada tras bofetada poniendo de manifiesto su carácter de clase burgués que cada día que pasa se derechiza más, convirtiéndolo en un apéndice colaborador de la burguesía. Su función de manipular el marxismo leninismo para hacerlo asequible al movimiento espontáneo de masas y de los intereses de la aristocracia obrera se convierten poco a poco en un brazo de la burguesía para difundir la imposibilidad de la revolución proletaria y la construcción del comunismo. A lo único que aspira realmente el revisionismo es a ayudar a la burguesía a desarrollar las fuerzas productivas con la participación de la clase obrera, poniéndola a las órdenes de los intereses de la burguesía nacional e internacional por un plato de lentejas. Juran y perjuran que los enemigos de la clase obrera son los monopolios, el gran capital, ocultando que la fase imperialista del capital es el resultado social de las relaciones capitalistas de producción.

Esta fase imperialista del capitalismo en que estamos inmersos no sólo pone en evidencia el carácter burgués del revisionismo sino que demuestra, además, su negación como necesidad para construir el comunismo a través de la guerra revolucionaria de clases y la dictadura del proletariado. Negar el capitalismo a través de la revolución proletaria es negar el revisionismo como política burguesa en el seno de la clase obrera que se aferra con todas sus fuerzas a la democracia burguesa para frenar la preparación de las condiciones y ejecución de la guerra revolucionaria de clases contra cualquier poder de la burguesía. Negar al revisionismo es hacer hegemónico el marxismo leninismo como referente político e ideológico en el seno de la clase obrera en su lucha contra la burguesía. El principio de su negación es la creación de la vanguardia marxista-leninista que vaya ejerciendo la crítica y la lucha a las posiciones y a las políticas revisionistas. 

Elecciones Municipales 2015

GR9.1

 

GR9.2

 

(Hoja distribuida en barrios y empresas)

Una Valoración Política de las Elecciones Andaluzas

Una valoración política de las

elecciones andaluzas de marzo 2015

Una vez celebrada las elecciones autonómicas en Andalucía es hora de hacer una valoración que pretenda arrojar algo de luz a lo sucedido en el panorama político. Nuestro interés al realizar este análisis es profundizar y llegar a conocer el comportamiento de las clases en esta cita electoral.

En primer lugar vamos a exponer los datos estadísticos de las tres últimas elecciones autonómicas en Andalucía para observar su evolución.

Tabla 1 *Los resultados del 2015 son aún provisionales.

Tabla 2 Tabla de confección propia con los porcentages de votos de las tres últimas convocatorias.

Una vez reseñados los resultados, podemos extraer las siguientes conclusiones:

El PSOE, partido vencedor de estos comicios, ha conseguido 1.409.042 votos, un 35,43% de los votos emitidos y 47 diputados. En relación con el año 2012 ha supuesto una pérdida de 114.423 votos con los mismos diputados y con respecto al año 2008 la pérdida ha sido de 769.254 votos.

El PP, uno de los partidos derrotados, ha conseguido 1.064.168 votos, un 26,76% de los votos emitidos y 33 diputados. Respecto al año 2012 ha perdido 506.665 votos y 17 diputados, respecto al año 2008 la pérdida ha sido de 665.986 votos.

IU, otros de los partidos peor tratados por el electorado, ha conseguido 273.927 votos, un 6,89% de los votos emitidos y 5 diputados. Respecto al año 2012 ha perdido 163.518 votos y 7 diputados. Respecto al año 2008 la pérdida es de 43.635 votos, debido a la fuerte subida que cosechó en el año 2012, cuando pasó de 6 a 12 diputados.

Tanto Podemos como Ciudadanos (C´s) irrumpen con fuerza en el mercado electoral Andaluz. Podemos con 590.011 votos, un 14,84% de los votos emitidos y 15 diputados,  y C´s con 368.988 votos, un 9,28% de los votos y 9 diputados. Los dos adelantan a IU, que de ser la tercera fuerza electoral en 2008 y 2012 ocupa ahora la quinta plaza a considerable distancia de ambas formaciones.

PA y UPyD pierden un importante número de votos, distribuyéndose entre las formaciones electorales de forma diversa. Hay que señalar en el caso de UPyD, la mayoría de sus votantes se han decantado esta vez por engrosar las cuentas de Cuidadanos, su competencia más directa.

A título anecdótico apuntamos los resultados del PCPA, para que se comprenda la ridiculez de los argumentos que utiliza el revisionismo para justificar su participación en las elecciones burguesas sin ningún tipo de principios. Han conseguido 3.490 votos, el 0,09%, perdiendo 629 con respecto al 2012, lo que significa el 14,3% de los votos cosechados anteriormente, aunque con respecto al 2008 su saldo es positivo en 747 votos, lo que le puede dar lugar a pensar, y auto convencerse que ha sido un mínimo traspiés, pero que sigue siendo una fuerza en ascenso, con proyección política entre las masas obreras.

Vemos que el llamado bipartidismo sigue vivito y coleando, no ha muerto como apresuradamente declaró Albert Rivera, dirigente de Ciudadanos. Si acaso se ha convertido en una suerte de bipartidismo ampliado: las dos principales fuerzas del régimen con sus respectivas tropas auxiliares. PSOE y PP por sí solos han cosechado casi dos millones y medio de los votos emitidos, lo que supone que el 62% de los votantes siguen eligiendo estas marcas electorales para gobernar alternativamente el Estado burgués en Andalucía. Sin embargo no se puede desdeñar que el bipartidismo sigue perdiendo fuelle paulatinamente, ya que con respecto al año 2012 pierde 817.778  votos y 1.435.240 según el año 2008, lo que podemos considerar significativo pero que la ley D´Hondt mitiga, pues esto no se traslada directamente a una pérdida de escaños (80 en 2012 y 103 en 2008), permitiendo a estos partidos hacer sus cábalas y pactos sin poner en evidencia y en peligro sus comunes estrategias de gobernar para el conjunto de la burguesía. Conforme se vayan consolidando los partidos alternativos se verá si la burguesía va modificando algunos supuestos inamovibles, como por ejemplo la ley electoral, lo que le permitirá adecuarla a las nuevas demandas ciudadanas, aunque no sea más que el disfraz que oculta el empuje de los nuevos dirigentes para pillar tajada en los órganos de dirección del Estado.

La pérdida de voto del bipartidismo ha recorrido su camino “natural”. Una parte ha ido a Podemos, la gran mayoría provenientes de IU y de la abstención, en menor cuantía del PSOE, y otros han ido a parar a Ciudadanos, una parte desde el PP y otra, más importante, desde UPyD. Dos opciones políticas próximas ideológicamente que conforman las dos alas en que se divide el bipartidismo: la progresista que representa el PSOE y la conservadora representada por el PP. La irrupción de Podemos en el panorama electoral no ha supuesto un cambio trascendental en la situación política general, sino más bien es una redistribución de los votos dentro del bloque democrático burgués. No ha tenido que hacer un gran esfuerzo, sólo ha tenido que esperar a que las cosas empiecen a madurar y seguir el guión previsto: al trasvase de votantes del PSOE, el aspecto de menor importancia, hay que sumarle la sangría de IU y la operación de atracción de las simpatías de unos sectores de pequeña burguesía progresista, desengañados e indignados, y ahora ilusionados con el grito de guerra del “poder de los ciudadanos”. Hay que remarcar que Podemos se ha apoderado de gran parte del electorado de IU, que se ha hundido debido a su posición de pleitesía y de manifiesto oportunismo ante el PSOE, determinado por su línea política y su programa electoral claramente burgués (disfrazado con pequeños toques populistas) y sobre-determinado por la ambición de sus dirigentes políticos. Ciudadanos ha atraído los votos que ha perdido el PP pero sobretodo UPyD, pues representa una opción política conservadora con un cartel electoral más moderno y dinámico. También le ha favorecido la habilidad que tienen los votantes de derechas para concentrar el voto y, con ello, fortalecer sus opciones políticas, pulverizando en este caso a UPyD. Esta fuga de votos de las filas del bipartidismo es más bien aparente, puesto que en cualquier momento pueden volver a su templo a través de los pactos pos electorales. Todo dependerá de la aritmética política y de las prebendas que se ofrezcan a sus dirigentes, dado que no se diferencian ideológicamente las viejas opciones con las de nuevo cuño.

IU necesita un punto y aparte en este análisis pues a su posicionamiento ideológico (reformismo reaccionario burgués) se le une la ambición de sus dirigentes políticos, que no dudan en abrazar y hacer suyo lo más detestable de la acción política de los representantes burgueses (sacar ventaja económica de ello) aún a costa de hundir a quién dicen representar. Es el camino que recorren los partidos que no están asentados en ninguna ideología definida pero que dicen representar y “luchar” por una clase trabajadora para traicionar al fin sus aspiraciones. Hablamos de los oportunistas de medio pelo que amparándose en un programa electoral que tiene por bandera el mantenimiento del Estado de Bienestar y la salida social de la crisis, que se concreta en la defensa de lo público y de los Derechos Humanos. Los afiliados y simpatizantes de esta formación, por carecer de ideología proletaria, no saben qué hacer ante tal situación, por eso a lo máximo que aspiran es a colocarse en distintas administraciones como sus jefes o abandonar el barco pasando a las filas de la fracción o el pasotismo. Los votantes de esta formación huelen esta podredumbre, pero no saben cómo actuar, entregándose a la desilusión o al trasvase, pasando a las filas del nuevo partido de los de abajo.

Tabla 3

Fuentes: BOJA Nº 62, 30 marzo, 2004; BOJA Nº 63, 1 Abril 2008; Resolución Junta electoral Andalucía 12 de abril de 2012; INE-Nota de prensa 2 febrero 2015-Censo electoral Andalucía. (*Los datos de 2015 son aún provisionales)

Con un incremento en el censo electoral de 104.065 personas ha descendido la abstención en 241.379 personas, lo cual es significativo porque representa cerca del 4% del censo electoral. En estas votaciones se ha roto la tendencia al aumento continuado de la abstención, (aumento del 10% en 2012 respecto al 2008). Seguramente que la caída de la abstención viene como consecuencia del trabajo que ha realizado Podemos entre un sector importante de los jóvenes, al crearles la ilusión de que el sistema se puede reformar por sí mismo si se está atento a los “desajustes” que se producen. Podemos ha abierto una veta para reanimar la confianza en el sistema, de que es posible arreglar las cosas con la voluntad de los ciudadanos honestos y su participación en la política para llevar adelante la cruzada por la regeneración democrática. Si el PP y el PSOE representan la casta política del régimen oligárquico, la que se quiere perpetuar por todos los medios y con ello garantizar su dominio, Podemos representa la colaboración de clases, la “hermandad” de los ciudadanos frente a la casta oligárquica, para afrontar los problemas sociales al margen de las clases sociales y de las condiciones capitalistas de producción.

En cuanto al análisis político de clases se pueden extraer las siguientes consideraciones:

A los distintos partidos que han logrado representación parlamentaria hay que meterlos todos en el mismo saco, dado que todos, en mayor o menor medida, representan los intereses de la burguesía española y la defensa de su posición en contexto del imperialismo internacional. El análisis político no puede ser presa de la concepción sociológica burguesa que separa a las distintas formaciones políticas entre derechas e izquierdas o arriba y abajo, puesto que ello embellecería a los que formalmente se incluyen en el campo de la clase obrera (izquierda) para granjearse la simpatía de los trabajadores con el objetivo de apoyar el proyecto burgués, a diferencia de los que pertenecen al campo de la burguesía (derecha), votos de corte puramente burgués.

Los burgueses, cuando van a votar, lo hacen reafirmando su posición de clase, esto es, sabiendo que con ello van a afianzar el sistema político que defiende y salvaguarda sus intereses económicos y políticos como clase dominante. Sin embargo, cuando lo hacen los obreros, los distintos sectores de la clase obrera que votan no reafirman su posición de clase, inconscientemente refuerzan el sistema político que le somete a ser muletilla de la política general de la burguesía.  Ahí radica la diferencia entre el voto de la burguesía y el de la clase obrera, aunque esta tenga una gran superioridad numérica, lo que en realidad hace es legitimar la política de su enemiga de clase, la burguesía. Los dirigentes y cuadros de los partidos reformistas y revisionistas que dicen representar a la clase obrera sí son conscientes de esta diferencia, puesto que actúan convenciendo a la clase obrera, de que tiene que colaborar con la burguesía para mejorar sus condiciones de vida y trabajo.

El revisionismo no aprende de su experiencia, de la inutilidad y de la traición de su acción democrático-burguesa pues no le reporta nada valioso a los sectores más consciente del proletariado; todo lo contrario, se aleja cada vez más de las aspiraciones de estos sectores de crear una alternativa revolucionaria al capitalismo basada en el marxismo-leninismo. Esta opción asienta su posición en la incomprensión del marxismo-leninismo, y de las aspiraciones pequeño-burguesas y reaccionarias de sus dirigentes y cuadros por ocupar cargos políticos en los aparatos del Estado burgués. Como si el hecho formal de ganar unos sillones a costa de rebajar los principios de la teoría revolucionaria y debilitar aún más la influencia política del proletariado, fuera un hecho trascendental para el futuro de la clase obrera.

Una política revolucionaria debe tener en cuenta que no basta con argumentar por el boicot en las elecciones burguesas, sino que además se debe trabajar ante los procesos electorales en tres aspectos, que a nuestro entender son:

·        Criticar decididamente el revisionismo por su posición democrático burguesa basada en la falta de principios y por tanto de legitimación del sistema de dominio burgués.

·        Contrarrestar con argumentos sencillos pero determinantes la posición equivocada de los sectores obreros que participan en la liturgia del voto, con el propósito de que comprendan que su acción favorece a la burguesía y perjudica seriamente la lucha de la clase obrera.

·       Argumentar que la abstención debe tener un contenido activo, no conformándose sólo con no ir a votar, sino que el objetivo es elevar el nivel de conciencia de los sectores más proclives a la revolución en la dirección de construir el partido comunista que dirija la revolución proletaria.

¿Para Qué Sirve Tu Voto?

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Elecciones autonómicas andaluzas 2015

GR7.1

GR7.2

DIEZ RAZONES PARA NO VOTAR

GR8.3.1

GR8.3.2

(hojas repartidas en barrios y empresas)